«Al mundo financiero le cuesta comprender la situac ión de la Argentina» – GENTE Online
 

"Al mundo financiero le cuesta comprender la situac ión de la Argentina"

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"En este rincón…. Pauuuuul O´Neill, peso pesado y presidente de la poderosísima corporación del aluminio y
cabeza del Tesoro Federal de los Estados Unidos! ¡Y en este rincón… Danieeeeel Marx, argentino y reconocido como el experto más importante del mundo en deuda externa de países emergentes!
". El ring side de esta pelea de fondo fue, precisamente, el Fondo (Monetario Internacional) en Washington. En esa lucha desigual, con su aparente timidez, el crédito argentino obtuvo, precisamente, el crédito anhelado, vital respirador artificial para la economía nacional.

Daniel Marx, el viceministro de Economía -de él se trata-, tiene el bien ganado título mejor conocedor de los pasillos del FMI. Sabe a la perfección los nombres y hasta los apodos de los hijos de la mayoría de los hombres que deciden los préstamos para el Tercer Mundo.
Marx sólo duerme bien en el avión. Porque en un día normal trabaja sin límites fijos. Fue a un colegio católico de Morón y estudió economía en la UBA. Tiene 47 años, hace jogging y vive en Martínez. Se casó con María Teresa Shanley -su primera y única novia- hace 27 años. Tienen cinco hijos -la mayor, 24, y el menor, 15-, a quienes vio crecer entre negociación y negociación internacional, aunque nunca dejó de corregirles los deberes por fax. Incluso, cuando uno de ellos se fue a estudiar a los Estados Unidos, no pudo despedirlo en Ezeiza. Tampoco pudo ir al casamiento de un hermano (son seis, una monja) porque estaba pulseando contra Paul O'Neill y compañía.

Daniel Marx -de él se trata- es un hombre parco, casi inescrutable, que jamás arriesga un pronóstico antes de tiempo. "Los resultados se saben sólo cuando termina la negociación", es su primer mandamiento. No usa trajes caros, le gusta el cine italiano y la música clásica, sobre todo, Beethoven. Veranea en un pueblito uruguayo, es de River y, desde el exterior, sigue los partidos por Internet. Su despacho es sobrio y tiene ¡tres computadoras! alineadas sobre un mismo escritorio y conectadas día y noche con los mercados del mundo. Es la mañana del viernes 24 y el viceministro, frente al grabador de
GENTE, tiene la palabra:

"El objetivo del Presidente, el ministro de Economía y el Congreso era llevar a buen término la Ley de Déficit Cero. Y el mandato que recibí para mi misión fue el de conseguir un apoyo financiero del FMI. Claro que para que este organismo pueda avanzar requiere de la conformidad de sus accionistas, que pertenecen a muchos países, entre otros, el apoyo de nuestros vecinos latinoamericanos".


-¿Con quiénes trataron, Marx?

-Con los negociadores del FMI, con los responsables del Tesoro norteamericano, además de estar en contacto permanente con funcionarios del Grupo de los 7 (Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Alemania, Italia e Inglaterra).

-En la Argentina se vivió con angustia la dilatación de la negociación…

-Es que estas cosas tienen su ritmo... Así como nosotros planteábamos lo nuestro, ellos interponían sus objeciones e inquietudes.

-Por curiosidad, ¿cómo plantea usted la estrategia de negociación?

-La podemos comparar a la de un entrenador de fútbol, que se reúne con su equipo para establecer las tácticas a seguir. Hay dos cosas fundamentales: tener un mandato claro y establecer el objetivo a conseguir. A partir de eso, lo fundamental es prepararse y no ir a las apuradas.

-¿Qué? ¿Se entrenaban para negociar?

-Exactamente. Todos los días nos levantábamos temprano y hacíamos ejercicios de comunicación con mucha disciplina. Si uno no se entrena y no se ordena en la cancha, por más brillantes individualidades que tenga el equipo, el rendimiento será mediocre. Sí, hicimos varios simulacros de negociaciones. Utilizamos una carpeta base y cada uno tenía su especialidad. Junto con Federico Sturzzenegger, Horacio Lliendo y otros funcionarios que me acompañaron, teníamos que sentarnos frente a especialistas multilaterales. Ellos llegaron a poner 17 negociadores juntos. No fue fácil. A su vez, el ministro Domingo Cavallo hablaba con Paul O'Neill por teléfono. Yo hablaba más con John Taylor (número dos del Tesoro) y con Ken Deamn (secretario legal de ese organismo).


-¿Y cuánto duraba cada ronda de negociaciones?

-De 30 minutos a tres horas. Y es indispensable invertir por lo menos tres veces ese tiempo para "entrenarse". Por supuesto que así lo hicimos.

-A usted se le atribuyen contactos y amistades directas con hombres clave que mueven las palancas del mundo

financiero: Brady, Kohler, Stanley Fischer y Vito Tanzi…
-Es que después de tantos años negociando, al final terminamos teniendo vivencias importantes en común. Con Vito Tanzi (pope histórico en el FMI) fuimos a comer una noche después de un agotador día de negociación. Me comentaba que le habían hecho una pequeña biopsia. Y de repente, ¡se me desmayó en medio de la mesa! Lo tuve que llevar yo mismo al hospital. Se recuperó plenamente pero me dio un susto inolvidable. Con Tanzi, como con otros técnicos, hay un sincero aprecio mutuo.

-¿Es un juicio equilibrado que a la Argentina le asignen un riesgo país similar al de una nación africana devastada como Nigeria?

-Es que al mundo financiero internacional le cuesta entender la situación de la Argentina. Si seguimos bajando la incertidumbre y si generamos un panorama atractivo, todo cambiará para mejor. Debemos aprovechar esta oportunidad para cumplir con el plan de Déficit Cero. Eso nos posicionará muy bien en el mundo.


-¿Es O'Neill un hombre tan duro? Como mínimo, fue implacable cuando dijo: "Los argentinos tienen lo que se merecen". También aseguró que si no se daba dinero para nuestro rescate financiero, iba a ser un escarmiento para la Argentina y una advertencia para el resto de los países emergentes…

-Mire, O'Neill lo primero que se pregunta es por qué me tengo que ocupar de este problema. Hay que entender que lo único que le interesa a cualquier secretario del Tesoro de cualquier país es gastar menos. Pero al mismo tiempo, él quiere que funcione la economía de la región y por eso estuvo en constante contacto con Cavallo. O'Neill es un pragmático. Y finalmente comprendió: "Para que la Argentina pague su deuda necesita vender más". Y su postura se flexibilizó.

-Usted, que entró en Economía durante el gobierno de Alfonsín, que también fue subsecretario del ministerio en la gestión Menem, que en el 99 con De la Rúa asumió como secretario de Finanzas y que con Cavallo, este año, pasó a ser viceministro de Economía, ¿cuál cree que va a ser su futuro cuando deje de negociar deudas externas?

-Le soy sincero, esa es la única negociación que no tengo idea de cómo seguirá.

por Alejandro Sangenis
asangenis@atlantida.com.ar
fotos: Maximiliano Vernazza
Marx, en la antesala de su despacho. Es uno de los pocos funcionarios que trabajó en los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa.

Marx, en la antesala de su despacho. Es uno de los pocos funcionarios que trabajó en los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa.

Tantos viajes hicieron que Marx se perdiera de ver el crecimiento de sus hijos. Sin embargo, vía fax, nunca dejó de corregir los deberes que ellos traían de la escuela.

Tantos viajes hicieron que Marx se perdiera de ver el crecimiento de sus hijos. Sin embargo, vía fax, nunca dejó de corregir los deberes que ellos traían de la escuela.

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