«Ahora solo quiero ganar en el amor» – GENTE Online
 

"Ahora solo quiero ganar en el amor"

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"¡Veinticinco años ya! Parece increíble…”.

Guillermo
sonríe y aunque pasó un cuarto de siglo, aún mantiene intacto
el recuerdo de aquella copa: “Fue uno de los momentos más emocionantes
de mi carrera”
, dice sobre el triunfo de 1977, cuando se llevó
Roland Garros. Pero siempre, detrás del deportista está el
hombre. Y ese de aquella etapa de gloria (con una serie de 50 partidos consecutivos
ganados y un total de 14 campeonatos oficiales en su haber) reconocía tiempo
después a GENTE: “Nunca estuve más solo en mi vida.
Era un cardo. Solo, solo. La gente puede pensar que fue una temporada espectacular;
yo deseaba que terminase rápido”
.

Hoy, a punto de cumplir
los 50, Vilas se convirtió en un verdadero embajador (ad-honorem,
obvio) de nuestro país. ¿Un ejemplo? El más concreto de todos
lo vivió en Europa hace tan sólo una semana.

Jueves 6 de
junio, nueve de la noche en París. El restó Club des Loges,
en el estadio Roland Garros, abre sus puertas a 300 invitados. La cena, una de
las más esperadas y el must de la copa desde 1974, prometía
esta vez ambiance argentine. Juan Larena (asesor de la Federación
Francesa de Tenis), desde París, y Daniel Scioli, desde Buenos Aires, ultimaron
los detalles para que la comida fuera inolvidable. Y nadie se desilusionó.
La Secretaría de Turismo y Deporte de la Nación se encargó
de que nada faltara: banderas en celeste y blanco, asado, vino tinto traído
especialmente desde nuestras bodegas, orquesta de tango y bailarines en escena.
Y Guillermo Vilas, el invitado de honor.

“Fue increíble,
verdaderamente emocionante. ¿Sabés que hasta relanzaron la ropa
que usé cuando gané el Roland Garros? Me hicieron un póster
gigante con la imagen mía de aquel Torneo, estuve invitado a la cena de
los Campeones (a la que asistieron todos los que ganaron el abierto francés),
ocupé el asiento de honor, y le entregué el premio al español
Albert Costa, el nuevo campeón”
.

–¿Y no
extraña un poco aquella adrenalina del peloteo?

–Fue una muy
linda etapa. Pero no. No tenía vida.

–¿Ahora sí?
–Por
suerte, sí. Sigo ligado al mundo del tenis, pero desde otro ángulo
menos estresante.

–Vilas, ¿siente que tiene herederos en
nuestro país?

–En los últimos años el tenis argentino
hizo el mejor de los papeles. Yo estoy muy contactado con todos los chicos. Pero
no hay uno que me guste más que otro, todos son muy parejos: Coria, Gaudio,
Cañas, Acasuso, Squillari…

–Como embajador deportivo,
muchos le deben estar preguntando por la difícil situación del país.
Usted, ¿qué les contesta?

–La verdad. Que en la Argentina
hay problemas como en todos lados, pero que tiene unos lugares increíbles
y para conocer y disfrutar. Con respecto a la política en sí, nuestra
imagen se va a reforzar en la medida en que los gobiernos se respalden en la gente.
Nadie puede pretender ser respetado si entra al despacho de Rivadavia pateando
puertas. Hay que darle a la gente la posibilidad de elegir qué clase de
gobierno quiere.

–Una vez confesó que en el 77, durante
su mejor etapa, se había sentido verdaderamente solo. Hoy, lejos del tenis,
se lo ve muy bien acompañado. ¿El amor era una materia pendiente
en su vida?

–Nunca hablé de mi vida privada y no voy a cambiar
ahora, a punto de cumplir los cincuenta. Lo único que puedo decirle es
que ahora sólo me interesa ganar en el amor. Ya no me importa la frivolidad,
sólo trabajar el espíritu.

Y en esto, mucho tiene que ver
Been Pheangphatou, su novia tailandesa de 22 años con quien convive desde
hace ocho meses. Las palabras al oído y las manos enlazadas por debajo
de la mesa dejaron bien en claro la última jugada del gran tenista argentino.

por
Mariana Montini
desde
París: Danielle Raymond
fotos: Jorge SclarVilas fue el invitado de honor de Roland Garros.

Vilas fue el invitado de honor de Roland Garros.

En Francia no se despegó ni un segundo de Been Pheangphatou. Cuando Willy ganó este torneo en 1977, todavía faltaban tres años para que su novia tailandesa naciera.

En Francia no se despegó ni un segundo de Been Pheangphatou. Cuando Willy ganó este torneo en 1977, todavía faltaban tres años para que su novia tailandesa naciera.

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