“Ahora que me operé la mano puedo abrazar a mis dos hijos” – GENTE Online
 

“Ahora que me operé la mano puedo abrazar a mis dos hijos”

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Pensar que hace 20 años traía mujeres a este living con la excusa de que les iba a mostrar el amanecer”, reflexiona Carlos Andrés Calvo (acusa 49, pero es de 1953) con relación al piso que habita en avenida Libertador frente al Hipódromo de Palermo. Hoy la situación es bastante distinta. En lugar de sus conquistas eventuales de aquel pasado más que inquietante, sobre la mesa ratona, frente al imponente ventanal, juega nada menos que su hija Abril, de dos años, interpretando al payaso Choricito. Forman parte del público Carlín, su papá, Carina Gallucci (36), su mamá, y Facundo (9), su hermano. La pequeña actúa enfundada en un pijama y a Calvo se le cae la baba, literalmente. La misma que antes se le derramaba, pero por señoritas que lo admiraban tanto que visitaban su hogar con bastante asiduidad. Con el correr de los años, el actor superó su afiebrada etapa de galancito inquieto y sentó cabeza después de conocer a su actual mujer. Luego vino el embarazo, el accidente con su auto en el ’99, y el cerebrovascular que complicó su andar en la vida. Y enseguida llegó el viaje a Cuba para iniciar la recuperación y la pelea por sobrevivir con dignidad. “Fue una lucha”, bromea, “pero la verdad, hoy no quiero hablar de eso: prefiero mirar al futuro y disfrutar de esta producción con mis hijos y Cari”, cierra. Lo que el galán maduro no cuenta es que para prestarse a las fotos de GENTE Facu le cobró 100 pesos, que recibió una vez finalizada la nota. “Hijo ’e tigre”, lanza la humorada. Está feliz: hace un mes que se operó del brazo izquierdo para recuperar la movilidad de la mano, y la intervención fue un éxito. Ahora tiene un pequeño yeso que le cubre el pulgar, pero ya lo estira y lo puede colocar detrás de la nuca. “Quiero lograr lo más que pueda”, explica, mientras Facu huye para golear con Boca a San Lorenzo en la Playstation, y Ambar sigue con su unipersonal. Carlín –¿cómo logra que lo sigamos llamando en diminutivo?– sonríe. Y aclara: “Para hablar de la recuperación de mi brazo izquierdo debo hacerlo con responsabilidad. Es cierto que hay mucha gente que padece el mismo problema, pero yo tuve la suerte de que me operó el mejor cirujano del mundo, el doctor Eduardo Zancolli, que me dio mucho aliento y me proyectó posibilidades importantes de mejoría. La idea era recuperar la movilidad”.

–¿Qué fue exactamente lo que te hizo en la operación?
–Un trabajo minucioso e impresionante: achicó la espasticidad –disminución de la amplitud de movimientos–, la dureza, la cosa tensa que tenía en la mano izquierda, esa rigidez que perjudicaba todo mi cuerpo. Ahora tengo la posibilidad de mover bien la mano, de que tenga función, la estiro casi perfectamente. Mejoré, abro casi por completo los dedos y el brazo, cosa que antes no podía hacer. Puedo poner los dos brazos a la misma altura; antes, el izquierdo lo tenía pegado al cuerpo. Me hizo un corte en los músculos, los cambió de lugar. Fue una intervención muy delicada, difícil, pero la practicó con una serenidad increíble. Por eso me entregué totalmente. Mejoró mi calidad de vida.

–¿Cómo incide en tu trabajo de actor?
–De una forma bárbara: a Luisa (Kuliok, coprotagonista en Mujeres de nadie) cuando volví de la operación la sorprendí con un abrazo. Antes no podía, la rodeaba con el brazo derecho. Cuando le di un beso y la apreté fuerte con los dos, se murió de felicidad.

–¿Y qué otros beneficios descubriste?
–Esto me colocó la cabeza en un lugar diferente, me cambió la mirada, la expresión de la cara. Pasé a tener comodidad en el cuerpo, sobre todo en el cuello, me aflojó mucho los músculos y me dio mayor movilidad y función. Lo único que puedo hacer es agradecer porque ya gané. Todavía no debo hablar de un resultado contundente. Falta que me saquen el yeso, pero igual tengo una mejora importante. Me falta perfeccionar. No quiero decir mucho, porque no deseo crear falsas expectativas en quienes puedan leer y pensar que con una operación cualquier dificultad se soluciona. El doc me dijo que voy a poder volver a escribir y jugar al voley.

–Tu vida es muy distinta después de la intervención...
–Me da felicidad todo lo que me pasa a nivel familiar y laboral. Voy por todo. La idea es mejorar todo lo que se pueda. Y si existe también la posibilidad de tocar un músculo para facilitar el movimiento del pie izquierdo y el andar, lo quiero hacer. Siempre con sumo cuidado. La mejora que experimenté me da fe. El doctor Zancolli me habló de la posibilidad de concretarlo y confío plenamente en él.

–¿La operación te dio seguridad a nivel personal?
–¡Ahora puedo abrazar a mis dos hijos juntos, nada menos! Con Facundo lo pude hacer cuando era chiquito, pero mucho no lo podía sostener, y además no me sentía seguro. Te juro que en aquellos momentos sólo lo abracé por las ganas y la fuerza que tenía.

–¿Cómo es un día tuyo junto a ellos? ¿Sos tan chinchudo como te conocemos?
–Trato de estar cerca y acompañarlos. Lo que pasa es que trabajando en una tira como Mujeres de nadie se me hace difícil... Facundo ahora está practicando tenis; lo llevo y me encanta. Quiero que haga cosas que yo no pude hacer de chico. Yo jugué de grande y me dio bronca, porque di ventajas. También va a fútbol y rugby, que me da un poco de miedo, pero me gusta porque es atrevido y tiene mucho espíritu de equipo. Y al fútbol juega de cinco, es derecho, menos talentoso que el padre, un 10 habilidoso, je.

–¿Y con la nena te morís de amor?
–Me hace lo que quiere, me lleva y me trae de la nariz.

–¿Pensaste alguna vez que tendrías una nena y que ibas a ser tan baboso?
–Siempre dije que mis hijos me iban a hacer de todo. Total para mí era una fantasía. ¡Nunca pensé que los iba a tener de verdad! Como venía mi vida, era bastante difícil. Uno ya era complicado; el segundo, imposible. Cuando apareció Facundo dije “ya está”. Sin embargo, tuve la necesidad junto con mi mujer de apostar a la parejita. Quería una mujer, porque tenía toda una historia con ellas. Y Abril me dio mucha alegría. Es la única mujer que avanzo y no me da cinco de pelota: hace lo que quiere. Le pido que me dé un beso, se me acerca, me amaga y después me saca la boca. Me hace el “ole”.

–¿Sos un padre cariñoso o un protestón insoportable?
–Afectuoso, pero uno va aprendiendo a ser padre con el tiempo. Los dos me dan vuelta: el nene no me dio bola durante sus primeros años. Y ahora la nena tampoco. Dicen que los varones son de la madre y las niñas del padre. Mentira. Los dos son de la mamá siempre. Me ven desesperado y deben decir: “Pobre gil; vamos a darle un poco de bola”. Cuando Abril me reclama, se me cae la baba. Y ahora Facundo me dice: “¿Papá, vamos al cine?”. Son cosas que no había pensado que me iban a pasar. Por ejemplo, levantarme a las seis y media de la mañana para llevarlo al colegio. Si quince años atrás a esa hora me acostaba o llegaba a casa...

–¿Te divierte acordarte de los tiempos de pirata?
–Lo que sé es que cuando decía que quería tener una familia, todos se c... de risa.

–¿Cuánto tuvo que ver tu mujer con esta felicidad?
–Me supo llevar y contenerme en un momento muy difícil. Creo que si te confieso que es la mujer de mi vida está todo dicho.

–¿Y cuánto pusiste vos?
–¿Para ser feliz? Puse todo, las ganas que hacían falta. Y en ese momento apareció Facundo y cambió aun más la historia. Fue un designio de Dios, no tengo dudas.

–¿Y Facundo se te parece?
–Se parece demasiado a mí cuando era chico: es cabrón, se aburre fácil de todo, una cosa de locos. Me veo reflejado. Nos acercamos y eso me pone muy feliz. Me encanta ser compinche de mi hijo. A veces me dice: “Papá, mostráme la novela, que hoy no la ví”. Me mata. También se mete en Youtube para ver Amigos son los amigos. La descubrió él solo. Hace dos o tres años le mostraba los casetes y no se enganchaba. La energía que me generan mis hijos es tremenda. Pensar que antes el tiempo libre lo usaba para darme manija en contra. No quiero pensar demasiado, a ver si la termino arruinando.

–¿Hacés terapia?
–Si, Harry Campos Cervera, mi terapeuta, es un fenómeno. Yo digo que los que me atendieron antes me tienen que devolver la plata, je. Ahora tengo una visión más relajada de las cosas.

–¿Cuándo cambia tu historia?
–Cuando me llama Javier Faroni para hacer Casi un ángel, con Mónica Ayos. A partir de ese momento todo cambia, porque empiezo a hacer teatro y veo que puedo. Con Money money y Taxi reventamos boleterías. Sebastián Ortega me dio la oportunidad en tele con El hacker. Yo tengo una energía muy potente; si no, no hubiera superado tantos escollos. A eso sumále que tengo aura de elegido. Soy un protegido, nací con éxito. No cualquiera hace su primer programa de tele y mete 40 puntos de rating como logré yo con El Rafa. Tengo un don, y lo peor que me pasó es que eso me lo tomé como una cosa natural. Y empecé a cometer errores yo solito.

–¿Y el presente?
–Estoy terminando la gira con Extraña pareja, con Pablito Rago. Y le quiero agradecer a Adrián Suar la oportunidad que me dio, porque no me había ido bien de Pol-ka. Era una época en que yo atentaba automáticamente contra mí mismo cada vez que las cosas me salían. No estaba preparado para soportar el éxito.

–¿Qué ves para tu futuro?
–En verano voy a hacer la obra Vidas privadas. Pero no quiero ver más allá. Disfruto el día a día, no proyecto, porque si no, me frustro. Respondo con energía, y la gente confía, me sigue queriendo. Hoy más que nunca quiero cuidar mi físico, porque estoy mayor. Soy un galán maduro. No puedo joder.

Producción: Gabriela Díaz
Agradecimientos: Mimo & Co.

En la intimidad de su living, Carlín  se divierte jugando con sus hijos, Facundo (9)  y Abril (2). “Hoy puedo abrir los dedos y estirar el brazo. Mejoré mi calidad de vida, como hombre y como papá”.

En la intimidad de su living, Carlín se divierte jugando con sus hijos, Facundo (9) y Abril (2). “Hoy puedo abrir los dedos y estirar el brazo. Mejoré mi calidad de vida, como hombre y como papá”.

“Quería tener una hija,  porque tenía toda una historia  con las mujeres. Y Abril me dio mucha alegría. Es la única que no me da cinco de pelota. Le pido un beso, me amaga y después me  hace ‘ole’ y me saca la boca”

“Quería tener una hija, porque tenía toda una historia con las mujeres. Y Abril me dio mucha alegría. Es la única que no me da cinco de pelota. Le pido un beso, me amaga y después me hace ‘ole’ y me saca la boca”

“Dicen que los varones  son de la madre y las niñas  del padre. Mentira. Los dos son de la mamá siempre. Me ven desesperado y deben decir: ‘Pobre gil, vamos a darle un poco de bola’. Mis hijos  me dan vuelta”

“Dicen que los varones son de la madre y las niñas del padre. Mentira. Los dos son de la mamá siempre. Me ven desesperado y deben decir: ‘Pobre gil, vamos a darle un poco de bola’. Mis hijos me dan vuelta”

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