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"Ahora me siento más mujer"

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El domingo 22 de julio cumplió 26 años. (“Lo festejamos acá, con 50 personas. Una gallega fantástica que tiene un restaurante cerca nos hizo la paella. Soy muy familiera, y somos un montón. Calculá que tengo 5 hermanas. No me hago problemas. Comprás 50 platitos descartables por 4 pesos y después los tirás”). Su casa en un barri o cerrado de Pacheco (donde vive desde que se casó con Matías Camisani, hace cuatro años) fue ampliada en cien luminosos metros. Cardozo y Chicho, sus dos exóticos gatos persas, se pasean ahora cómodamente y los dos mil CD de Matías (con música de Nepal incluida) encontraron el lugar exacto.

Hace tres meses, Dolores Barreiro fue mamá de Valentino, un bebé súper que durante toda la nota intentó apoderarse de mi grabador. “Va a ser muy mal criado: es primer nieto de las dos familias, primer sobrino de toda esta gente grande”). Después de siete meses de ausencia y de haber engordado 13 kilos, se mató para volver a ser la de siempre y aún más: hoy reaparece más sexy y segura que nunca.

–¿En qué cambió tu vida después de Valentino?
–Si salgo a la noche, y vuelvo a las seis después de tomarme unos vinos, olvidate de que puedo dormir hasta el mediodía. Valentino se despierta a las 8 en punto. A esa hora le doy la teta, y se queda tranquilo. Siempre me gustó estar en casa. Pero ahora tengo más ganas de llegar temprano para poder bañarlo con Matías. Empezamos a bañarlo con nosotros en la ducha, y mucho no lo convence todavía. Pero es un santo, hace dos meses que duerme ocho horas. Se mata de risa todo el tiempo, come y duerme. Y yo ahora me siento más completa, más segura, más sensual, más mujer. Sin dudas, es mi mejor momento.

–¿Qué hiciste para recuperar tu figura?
–Durante el embarazo no me cuidé para nada en las comidas. En realidad, no me cuido mucho, porque vengo de familia de flacos. Bah, yo desconfío de la gente a la que no le gusta comer. Algo raro tienen... Ahora sí me cuido. Estoy haciendo gimnasia a full en casa con Florencia Cardoner. Empecé al mes de tener a Valentino. Como mínimo, tres veces por semana. Cuando puedo, hago más. También voy a un gimnasio cerca de casa y me mato con los aparatos. Y dejé de comer porquerías: chocolates, helados. Engordé 13 kilos con el embarazo, pero podría haber engordado menos. En resumen, ya recuperé mi peso: 55 kilos.

–Toda una proeza.
–Te puedo asegurar que sí. Hasta dejé de fumar y de tomar alcohol. A lo sumo, un pucho después de comer.Voluntad y di y una copita.ciplina tengo, pero no es fácil ponerte las pilas al mes de tener el bebé. Porque estás agotada, con las ojeras de no dormir, y empezar con las pesitas te cuesta un montón. Además, cuando acabás de parir estás hinchada, y las caderas tardan nueve meses en volver a su tamaño anterior. No es fácil. Dotto (Pancho, su representante) llama por teléfono y dice: “¿Y? ¿Estás haciendo gimnasia?”, y mi profesora le contesta: “Decile que es un hincha pel... Que se dé cuenta de que estás haciendo un esfuerzo enorme”.

–¿Hubieras preferido esperar un poco más antes de volver con todo?
–No, no, porque los tiempos no están para largas vacaciones. Me dediqué a full a la gimnasia y el régimen, porque quiero estar bien. Si no laburara en esto, por ahí me hubiera relajado unos meses más. Igual estoy bien otra vez –sensual, con la cola más parada– porque me maté para estar 10 puntos. ¡Crecés tanto de golpe cuando sos mamá! Al principio estaba medio desorientada, me agarró un poco de angustia: si llora, si le pasa algo. Pero después te da seguridad acercar a tu bebito, que te reconozca como su mamá, y se calme. Eso te da un entusiasmo, una energía que potencia tu propia energía. Me di cuenta ahora que volví a hacer fotos. Tengo otra seguridad con la cámara.

–¿En algún momento pensaste que se terminaba tu imagen sexy, ratonera?
–Nunca. Hoy me siento más sexy y completa que nunca. La maternidad me subió más arriba todavía. Hoy me siento más mujer, más atractiva. Lo único que me da miedo es criar a Valentino sin problemas. Yo pensaba: “Esto que hizo mi mamá no lo voy a hacer”, y en realidad, cuando tenés un hijo, entendés todo. Y decís: “¡Pobres, qué laburo les dimos!”. Mi vieja tuvo 6 hijos.

–¿Y vos cuántos pensás tener?
–Tres hijos estaría bueno, o cuatro. Pero seis no. Tampoco quiero esperar cinco años para tener otro, y que se lleven un montón.

–¿Por qué Valentino?
–Lo decidimos a último momento. Yo quería un nombre italiano, pero están todos muy usados. Si era nena se iba a llamar India o Nina. Como el apellido de Matías es Camisani Calzolari, yo quería un nombre bien italiano. Pero a él no le gustaba Valentino porque iban a creer que era por el diseñador. Nada que ver. Le dije: “A mí me importa un pito”. Soy bastante decidida.

–¿Lo llevás a todos lados con vos?
–Sí, con mi mamá, que es una santa que trabaja para mí todo el día. Abandonó su casa. Mi papá la llama y la reta. Y Bernardita, mi hermana más chiquita, está bastante celosa. Empecé a trabajar recién hace un mes y medio. Estuve viviendo en el Hilton, porque allí filmaba un comercial. Me dieron tres cuartos, así que se quedó mi mamá con Valentino, Matías, toda la familia. Laburé re-tranquila. Para nuestro aniversario de casados, el 21 de junio, fuimos a comer a un restaurante hindú con amigos y lo llevamos a Valentino también.

–¿Por qué les gusta esa onda de la India?

–Nos gusta la India. Terminé en diciembre de hacer El Rayo, y nos fuimos en dulce montón para allá: mis hermanas Guadalupe y Trinidad, mi cuñado y un amigo que es como un hermano. Estuvimos en la India, Tailandia y Vietnam. Me fui con cinco meses de embarazo, y volví con siete. Mamá estaba desesperada, me llamaba todos los días: “Dolores, no te van a dejar viajar. Volvé”. Cuando estábamos en el aeropuerto, la llamé: “Relajate, mamá, ya tengo la tarjeta de embarque en la mano”. En el avión, al lado de mi hermana viajaba un chico hindú. “Voy a visitar a mi tío que tiene un restaurante”, nos dijo. Nos encanta esa comida. Y ahora Matías empezó a estudiar el sitar (la cítara), que es un instrumento hindú.

–¿Tu relación con Matías cambió en algo después del bebé?
–Es como que hay algo más profundo que nos une de otra manera.

–Si a la noche llora, ¿quién se levanta?
–No llora nunca a la noche. Pero si se despierta a las tres de la mañana con hambre, soy yo la que bajo a hacerle la mamadera. Empezamos a darle mamadera porque se quedaba con hambre. El pediatra de Valentino –que es el tío abuelo de Matías– me dijo: “Dale de comer cada tres horas. Ponele los horarios vos”. No quiere saber nada con esa onda de “libre demanda”. Matías está aprendiendo a ser padre. Se lo dejé una sola vez, porque tenía que cumplir un trabajo con un sitio de Internet, y se puso como loco: no sabía cómo agarrarlo, cómo hacerlo dormir. Valentino todavía duerme con nosotros en el cuarto.

–Hace poco tiempo te habías operado las lolas, ¿no?
–Nunca me operé las lolas. Todo el mundo dice eso, pero no es cierto. Mi maquillador escuchó que yo me voy a los Estados Unidos a inyectarme un producto que es ¡carísimo! en las lolas, que no te deja cicatriz. Es un invento. Si me quedan muy mal, por supuesto que me las voy a operar. Pero no creo. Con gimnasia se consiguen maravillas. Además, hice mucha natación de chica.

–¿Nunca te operaste de nada?
–Me puse un poquito de colágeno en los labios hace seis años. En ese entonces no había las inyecciones de Bioplastic que hay ahora, que además generan tejido. A mí me lo puso una bestia que había operado a mamá de las lolas hace 12 años.

–¿Volvés este año a la tele?

–La idea era empezar un programa en agosto. Pero como está el país, es arriesgado. En los canales levantan programas, bajan sueldos. Ahora el ajuste llegó a todos lados. Lo sé porque estoy firmando contratos. La situación es crítica, estamos tocando fondo.

–Pero igual vos tenés trabajo.
–Sí, pero me angustia. En lo que queda del año, quiero aprovechar lo que no hice el año pasado: desfiles. Los que se hagan, porque la gente de la industria textil también está mal. Estoy haciendo varias campañas. Yo voy a sobrevivir. Pero mis hermanas, mis cuñados, mis amigos, que estudiaron y son profesionales, no consiguen trabajo, se quieren ir del país. Mi hermana Guadalupe es cocinera. Cocinó por televisión, y en un restaurante de Barcelona. Es bárbara, pero no encuentra trabajo. Me da bronca y digo: “Toda esa gente que afanó tanto, ¿por qué no devuelve? No digo mandarla presa: que devuelva la plata… 10 palitos uno, 5 palitos otro, 20 palitos aquél, y más o menos salimos”.

–¿Vos nunca pensaste en irte del país?
–Tuve propuestas para irme a Milán o Nueva York (de la gente de Ford y Elite), pero siempre me fue muy bien acá. Me solidarizo con lo que está pasando, y me toca de cerca con mi familia.

–¿Y Matías qué hace? ¿Sigue con los desfiles?

–Está más dedicado a la música. Tiene una banda nueva. Sábados y domingos están grabando un disco nuevo en el estudio que les prestó Spinetta. Su nueva banda se llama Cuarto espacio. Matías toca la guitarra, y está aprendiendo el sitar con un profesor que estudió en la India. Por ahí lo incorpora a la banda. Ya lo hicieron los Beatles.

–¿A El Rayo no volvés más?
–No. El Rayo ya está. La idea es hacer un programa nuevo, en vivo, de entretenimientos, con entrevistas. Tengo muchísimas ganas de volver a la tele. Pero quiero hacerlo con todo, con una superproducción y ahora no es el momento.

–¿Cuánto tiempo más vas a seguir desfilando?

–Un par de años más. Me veo con muchísimo futuro en esta profesión. No sé si por el lado del modelaje. Por ahí haciendo comerciales o gráficos. Los desfiles no duran mucho: cada vez hay más chicas nuevas.

–¿Y como actriz?

–Mirá, el otro día hice el comercial de Lux, y el director quedó fascinado. “Vos tenés que actuar”, me dijo. Tuve propuestas para actuar, pero pienso: “Tendría que estudiar”. Además, soy muy tímida, y no sé si me veo en una clase de teatro.

–¿Valentino recibió muchos regalos?
–Muchísimos. Yo, flores y el bebe mucha ropita. Pancho (Dotto) le trajo una camiseta de River, sabiendo que somos de Boca. Se la dimos a un amigo para que la fuera a cambiar, y Pancho se re-ofendió.

–¿Y qué te regaló Matías?
–Nada. Yo le dije: “Los hombres regalan cuando nacen los hijos. Preguntale a tu papá si no le regaló a tu mamá cuando naciste vos”. Me contestó: “Esas son cosas de tu familia”. Matías no me regaló ni un ramito de flores. Pero para nuestro aniversario de casados me trajo una caja china antigua divina, y unos zapatitos marroquíes. De cualquier manera, yo sabía que Matías iba a ser un buen padre, porque es muy sensible. El bebé fue superbuscado. Decidimos que queríamos tener un hijo y no nos costó nada: en 10 días quedé embarazada. Con un hijo dejás de lado los histeriqueos.

–Me imagino la chochera de los Barreiro y los Camisani con Valentino.
–Están enloquecidos. Mi papá, Horacio, y el papá de Matías, Luis, son muy amigos. Se van juntos a navegar en el barco de mi padre, que se llama Liuba. Se pelean, se cargan y es como una competencia a ver quién es el que está más tiempo con el nene o a quién le sonríe más. Entonces mi suegro lo llama: “Horacito, vos sabés que estoy acá con el gordito y recién me dijo: ‘Hola, Lu’. Entonces papá le responde: “No, Luli, vos entendiste mal. Lo que quiere decir es Liuba, y no le sale bien”. Están re-babosos. Igual que las abuelas y las tías. Se pelean por tenerlo. “Dámelo, ya lo tuviste mucho tiempo. Me toca a mí”. No le veo buen futuro a este péndex.

Renée Sallas
fotos: Santiago Turienzo
producción: Sofía Delger e Inés Azumendi
agradecimientos: Aridza Bros, Lonté, Razza, tapicería Soler 4509 y Paula Cahen d'Anvers
peinó: Sergio Lamensa Una de las grandes bellezas argentinas de nuevo en escena. Dolo se hizo esperar tres meses -Valentino nació el 16 de abril-, pero retornó.

Una de las grandes bellezas argentinas de nuevo en escena. Dolo se hizo esperar tres meses -Valentino nació el 16 de abril-, pero retornó.

Perfil a perfil, Dolores y Valentino. Dice ella: Si salgo a la noche y vuelvo a las seis después de tomarme unos vinos, olvidate de que pueda dormir hasta el mediodía. A las ocho, arriba para alimentar a Valentino".">

Perfil a perfil, Dolores y Valentino. Dice ella: "Si salgo a la noche y vuelvo a las seis después de tomarme unos vinos, olvidate de que pueda dormir hasta el mediodía. A las ocho, arriba para alimentar a Valentino".

No cree que regrese a la televisión este año. Reconozco que siempre me manejé en una elite privilegiada. Pero ahora el ajuste llegó a todos lados. La situación es crítica. Y me toca de cerca con mi familia", pena Dolores.">

No cree que regrese a la televisión este año. "Reconozco que siempre me manejé en una elite privilegiada. Pero ahora el ajuste llegó a todos lados. La situación es crítica. Y me toca de cerca con mi familia", pena Dolores.

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