«Ahora los hombres somos más demostrativos con los sentimientos» – GENTE Online
 

"Ahora los hombres somos más demostrativos con los sentimientos"

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Es domingo y el sol mendocino se cuela entre los viñedos de Malbec,
Chardonnay y otra docena de variedades que rodean el predio de 170 hectáreas,
propiedad de la bodega Familia Zuccardi. La noche anterior, Alfredo Alcón ha
interpretado a un viejo y decadente actor, mañoso y nostálgico que invade la
casa de su hijo. Y Nicolás Cabré, a un hijo inseguro, un eterno incomprendido
que, aún en sus diferencias, encuentra similitudes con ese padre que lo invade.
El gran regreso se llama la obra, que tiene producción de Pol-ka y que los ha
traído hasta Mendoza para interpretarla. Pero eso fue anoche. Ahora, el sol, el
vino y la charla.

-Alfredo, tu personaje es un señor mayor que se vuelve conflictivo para su
entorno. ¿En la sociedad ocurre lo mismo? ¿Los viejos son una molestia para el
resto de la gente?
Alcón:
Mirá, esta obra genera tantas lecturas, pero sobre esa en particular te
diría que no se trata sólo de los viejos, sino de la gente. Hemos copiado esa
costumbre norteamericana de poner entre paréntesis la edad de la persona ....

-¿Como un límite a su capacidad?
Alcón:
Y… si a los 40 ya es difícil conseguir trabajo, imaginate los más viejos.
Esto pasa también porque no nos preocupa reflexionar sobre cómo vivir de una
manera digna.

-Y en esa dignidad, ¿cuál es el límite para expresar el afecto?
Alcón:
A veces creemos que nos pueden querer sólo cuando contamos nuestras
carencias.

-Nicolás, ¿los jóvenes son más libres para expresar su afecto?
Cabré:
Con Alfredo charlamos sobre cómo se ha ido modificando esa conducta donde
antes el hombre no lloraba, donde no había contacto físico con el padre, pero
las cosas están cambiando. De hecho, ahora los hombres somos más demostrativos
con los sentimientos.

-¿Te pasa en tu vida?
Cabré:
Tengo una relación preciosa con mi familia, a pesar de que soy cerrado
para algunas cosas.

-¿Por qué?
Cabré:
Porque siempre me fijo en que los demás pueden tener demasiados problemas
para encima cargar con los míos.

-¿Cómo sos en familia?
Cabré:
Mi familia sabe lo que me puede estar pasando sin que yo tenga que
demostrar, y quizás su ayuda venga respetando mis tiempos o intensificando los
silencios.

-En un pasaje de la obra, el padre se siente feliz por haber dicho todo lo que
llevaba dentro. ¿Necesitamos estos diálogos más seguido en una familia?
Alcón:
Lamentablemente, en la vida uno no tiene la oportunidad de dar grandes
monólogos como en las obras clásicas. En lo cotidiano hablamos casi balbuceando
y sin la belleza con la que los poetas deslumbran y sintetizan. A veces sólo
damos señales de humo y según la mirada del otro, los gestos, los movimientos,
intuimos, sólo intuimos, lo que le está pasando al otro. Pero las palabras
suelen mentir en ese vértigo que es el mundo verdadero.

-¿Qué debemos aprender?
Alcón:
Sobre lo líquido que es el ser humano no hablamos, ni tampoco de que esa
fragilidad es con la que crea, con la que inventa la alegría, ama, odia, y cree
que puede mejorar el mundo a pesar de que algún día morirá.

-Nicolás, ¿esta obra te provocó alguna de las sensaciones de las que habla
Alfredo?
Cabré:
Trabajar juntos es un regalo de la vida, son de esas oportunidades únicas
e irrepetibles.

-Alfredo, ¿cómo es este Nicolás que por momentos parece hostil, distante, sobre
todo en su relación con los medios?
Alcón:
Es un chico completamente honesto, entrañable.

-Les cambio el tema, y les pregunto por una herida que tiene hoy nuestro país,
la inseguridad, los secuestros. ¿Cómo viven este clima de angustia?
Alcón:
Es muy difícil opinar. Diría que hay de base una injusticia social que
sufre mucha gente y eso es caldo de cultivo para sacar lo peor de cada uno. Si
yo ahora tuviera ocho años, y mi viejo trabajara en una fábrica, con suerte
sería cartonero, y no hubiera podido estudiar teatro. Ni sabría de su
existencia.

-¿Tienen miedo cuando andan por la calle? ¿Toman precauciones?
Cabré:
Tengo cuidado, pero no miedo. Creo también que se genera una fantasía de
que somos tipos millonarios. Alguien con muy mala leche inventó que me había
comprado un auto por U$ 50.000; hay que tener cuidado con estas cosas.

-¿Qué miserias humanas desprecian más?
Alcón:
La indiferencia.
Cabré: La falsedad y, obviamente, la mentira.
Alcón: Hay miserias en esta vida, pero también hay amor. En la obra, el padre
(Boris) le cuenta a su hijo (Enrique) cómo su madre pronunciaba su nombre y este
sonaba hermoso y único en sus labios

-¿Existió o existe esa mujer que ha pronunciado sus nombres como ninguna otra?
Alcón:
Machado dice: "Dicen que el hombre no es hombre, mientras no escuche su
nombre de labios de una mujer"
. En mi caso, más de una vez, y eso es lo malo
Cabré: (largo silencio) Mi abuela.

-Y qué pasa con los gustos, ¿morochas o rubias?
Alcón:
¡¡¡Teñidas!!! No sé, es muy difícil contestar eso.
Cabré: Morochas, sin ninguna duda.

"Tenía siete años y corría a la azotea de mi casa para jugar al teatro", dice Alcón. "Yo de chiquito era eufórico, era el alma de la fiesta, me divertía
actuar"
, dice Cabré. Las palabras son el correlato de dos hombres distanciados
en el tiempo de su generación, pero unidos en el goce inasible y pertinaz por
actuar, siempre actuar.

En <i>Vulnerables</i>, la tira de <i>Pol-ka</i>, probaron la ficción de ser padre e hijo, y el duelo actoral brilló en la pantalla. Hoy repiten la fórmula, pero sobre las tablas.

En Vulnerables, la tira de Pol-ka, probaron la ficción de ser padre e hijo, y el duelo actoral brilló en la pantalla. Hoy repiten la fórmula, pero sobre las tablas.

En los viñedos de las bodegas Zuccardi, los dos brindaron por su presente. Cabré dice que aprende de Alcón. Alcón dice que disfruta con Cabré. La edad no es una barrera.

En los viñedos de las bodegas Zuccardi, los dos brindaron por su presente. Cabré dice que aprende de Alcón. Alcón dice que disfruta con Cabré. La edad no es una barrera.

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