“Ahora los barrabravas salieron de la cancha y actúan afuera” – GENTE Online
 

“Ahora los barrabravas salieron de la cancha y actúan afuera”

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Hoy, los árbitros lucen casacas de colores. De hecho, en la final del Mundial de Alemania entre Italia y Francia, Horacio Elizondo llevó una camiseta colorada. Tan roja como la tarjeta que le aplicó a Zinedine Zidane, el astro francés, y que se convirtió en el ícono de esa competencia. Sin embargo, en su vida diaria, a Elizondo (44 años, casado, cuatro hijos) parece gustarle vestirse de negro. Como los referís de antaño. Pasó por Mar del Plata, dio una charla ante empresarios, y allí habló con GENTE.

–Le guste, o no, siempre lo van a recordar por esa acción: la expulsión de Zidane.
–Para mí fue una decisión más. Aunque suene frío, un árbitro tiene que ser precisamente así, frío, y una final tiene que representar un partido más. ¿A qué le podía temer en ese momento? La gente, los intereses, todo eso se puede pensar en la previa, pero no en el partido. Cuando yo marcaba una infracción, era el “equipo blanco contra el azul”, y los jugadores son el número que llevan en su espalda. Y así, el tratamiento es igual para todos. Tiene que ver con la justicia y con el respeto.

–¿Volvió a encontrarse con Zidane alguna vez?
–No, pero me encantaría. Porque ni yo tengo un problema con él, ni él con los árbitros. En la FIFA me lo dijeron: “Ni Zidane ni Francia tienen algo con usted, sino con Materazzi”.

–¿Lo sorprendió que, tratándose de una terna argentina, los convocaran para impartir justicia en el partido más importante del Mundial?
–A ver… El proceso cultural argentino está en decadencia, pero ese mismo hecho nos permite un entrenamiento distinto al de otras sociedades más desarrolladas. Desde que uno sale de su casa, hasta que regresa, tiene que resolver una cantidad enorme de problemas que no están relacionados solamente con su actividad. Entonces, cuando lo llevan a un lugar organizado, con todo a disposición, y sólo tiene que dedicarse a su función, hasta parece sencillo hacerlo, aunque suene pedante. Los argentinos tenemos una cualidad, que es la creatividad. Porque necesariamente hay que ser así para ir adelante por la ausencia de elementos. Pero la pregunta existe, claro. Y tiene que ver con otra cosa también. Acá lo tuvimos a Reutemann, un excelente piloto, criticado por no haber sido campeón del mundo, sino subcampeón. Me pregunto: ¿ser segundo es ser perdedor? Lo mismo pasa con el fútbol. Todos creemos que tenemos los mejores jugadores, que vamos a ganar el Mundial, y hace tres que vamos y tenemos grandes percances. Nadie ve que la Argentina está entre los diez mejores equipos del mundo, pero no entre los tres mejores.

–¿Será porque nos cuesta trabajar en equipo?
–Tenemos grandes individualidades, pero cuando nos someten a un trabajo en equipo somos más reacios, porque siempre queremos sobresalir. Es parte de un proceso cultural. Al argentino le cuesta incorporar al otro, se paraliza. En otros países, el desarrollo del trabajo en equipo tiene otros resultados, porque los preparan desde chicos.

–A su regreso, ¿hubo una luna de miel con las hinchadas?
–A medida que pasa el tiempo, se diluye el recuerdo. Ahora, cuando me tienen que insultar, me insultan. Pero hasta en ese momento siento que me comprenden más que a otros. En ese sentido, el Mundial me ayudó.

–Lo quiero llevar al fútbol local. Más allá de las fechas que se juegan quién sabe cuándo, del público visitante que se permite o no según sople el viento, lo único seguro y concreto es que cada vez hay más violencia.
–Sí, porque la sociedad está cada vez más violenta. Y nosotros, los argentinos, respiramos fútbol. Sin embargo, ahora hay una diferencia: las barras salieron de la cancha y actúan afuera. Antes también… pero el tema era más clandestino. Hoy es visible.

–Barrabravas como Rafael Di Zeo en Boca y Alan Schlenker en River ya son casi empresarios de sus hinchadas.
–Si no me dicen que son barras, jamás lo pensaría. Ahora hay mucho dinero de por medio. El Abuelo fue un precursor en eso, fue el primer barra brava profesional. Parecen una fuerza de choque de dirigentes y políticos, un ejército para cuestiones personales. Porque, ¿qué pito tocaban barra bravas en el Hospital Francés? Y bueno, están en la cancha, en un sindicato… La ex vice alcaldesa de Barcelona, Pilar Rahola, dijo acá, en una charla, algo espectacular: “Allá también sale la gente a protestar a la calle. Pero con una diferencia. Nuestro gobierno no la subvenciona, y ustedes sí”. Por eso la gente no se quiere meter en política. Y ésa es la Argentina nefasta.

–¿Por qué en Inglaterra pudieron desterrar la violencia de las canchas y acá parece imposible?
–Pero atención, que los hooligans fueron erradicados de su país, pero fuera de allí no. Van a torneos de la UEFA y las policías están prevenidas, porque hacen cualquier desastre. Dentro de una sociedad como la inglesa, dos jugadores pueden pelearse a las piñas, y quizás el árbitro no les saca tarjeta roja, pero les habla y ellos entienden que el tema terminó ahí y que no habrá revancha. Pero un inglés no tolera ganar con malas artes. Por eso fue tan preponderante el gol con la mano de Diego en México. Quizá, con el tiempo lo han aceptado, pero de la boca para afuera, para adentro no.

–A propósito de Diego, ¿usted dirigió a Maradona alguna vez?
–En su última época. No sabía cómo entrarle, hasta que un día lo toqué en el hombro, le bajé la mano hasta la muñeca y lo sujeté con firmeza. Y se deshizo, porque sintió afecto; que yo, así, le decía que estaba con él, que no era tan malo como a él le parecía, pero que tampoco le tenía miedo. Y descubrí que uno no conoce la historia de cada jugador, pero a veces, el afecto es la mejor forma de sedar.

–Vuelvo a lo anterior: ¿El derecho de admisión, las canchas sin público visitante, pueden solucionar algo?
–El derecho de admisión podría aportar algo, pero es un arma de doble filo, porque nadie querría ser discriminado. Y con respecto a la prohibición al público visitante, no me pareció una buena iniciativa. Veo que todos quieren hacer algo para frenar la violencia, pero nadie sabe bien qué. Y es porque la decisión no se busca entre todos, sino que cada sector va para su lado.

–Ustedes, los árbitros, también son un sector involucrado. En algún sentido, los problemas en este campeonato comenzaron cuando el presidente de Gimnasia y Esgrima, Juan José Muñoz, amenazó a Daniel Giménez. ¿Por qué no tienen más participación?
–Desgraciadamente no actuamos, o apenas lo hacemos con esfuerzos individuales. Desde que en el 90 se creó otro sindicato (SADRA) las aguas en el referato están divididas y no tenemos peso en el fútbol.

–¿Se necesita una renovación en la AFA?
–No sé cómo se puede hacer. Quizás no haya alguien que pueda estar en el lugar de Grondona. No sé, habría que preguntarle a él si va a estar mucho tiempo más… En líneas generales, para no escaparme, la Argentina necesita un recambio y nuevos dirigentes. Los que hay, ya demostraron que no pueden hacer un cambio cultural.

–¿Le ofrecieron meterse en política?
–Sí, pero no sé qué les debo representar a los políticos. Es muy difícil que yo diga “jamás” y “siempre”, pero hoy pienso que cuando deje el arbitraje buscaré algo por el lado educativo. En política, desde que nací hasta hoy, no vi demasiada humanidad, educación ni buenos ejemplos. Porque antes de caer en una estructura política, uno es libre pensador, y dice cuáles son sus ideas. Pero cuando entra en el sistema, no sé qué pasa, pero el sistema los come.

–Dijo que querría estar en temas de educación cuando se retire. Y usted ya fue profesor, y en una escuela para discapacitados. ¿Qué recuerda de aquella experiencia?
–Trabajé en dos: en la Escuela Blanca, en Adrogué, que no existe más, y en la Escuela Fronteras Abiertas de Quilmes. En esta última entré a trabajar a los 23 años porque un compañero de Educación Física me pidió que lo reemplazara 15 días. Me recibió la directora, me llevó a un patio para hablar, y de pronto me grita: “¡Cuidado!”… Una maceta me pasó volando al lado de la cabeza. Me doy vuelta y estaba un chiquito que se llamaba Marcelo –me acuerdo– y sufría psicosis. El nene se fue y la directora me dijo “Para él, ésta fue una demostración de afecto”. Dije, “si esto es afecto, en dos días termino en un hospital”. Pero de a poco los fui entendiendo. A los 15 días me llamó mi amigo y me pidió una semana más. Cuando me volvió a llamar le dije: “No vuelvas, porque yo no me voy más de acá”.

Elizondo en Mar del Plata, hace tres semanas. Para él, “<i>la prohibición al público visitante no me pareció una buena iniciativa. Veo que todos quieren hacer algo para frenar la violencia, pero nadie sabe bien qué</i>”.

Elizondo en Mar del Plata, hace tres semanas. Para él, “la prohibición al público visitante no me pareció una buena iniciativa. Veo que todos quieren hacer algo para frenar la violencia, pero nadie sabe bien qué”.

Eso fue el 9 de julio de 2006 para Elizondo. En el alargue del partido final entre Italia y Francia, le sacó tarjeta roja a Zinedine Zidane después de un cabezazo del francés al italiano Franco Matterazzi. Desde ese momento, el árbitro argentino es muy respetado en todos los círculos.

Eso fue el 9 de julio de 2006 para Elizondo. En el alargue del partido final entre Italia y Francia, le sacó tarjeta roja a Zinedine Zidane después de un cabezazo del francés al italiano Franco Matterazzi. Desde ese momento, el árbitro argentino es muy respetado en todos los círculos.

En Mar del Plata habló ante empresarios.

En Mar del Plata habló ante empresarios.

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