“Ahora, lo primero que necesito es recuperar la alegría y la pasión por el tenis” – GENTE Online
 

“Ahora, lo primero que necesito es recuperar la alegría y la pasión por el tenis”

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Como si se tratara de una foto vieja y desteñida del pasado, atrás quedaron aquellos días donde el Mago arrasaba con todo lo que se cruzaba por su camino. Primero perdió esa fama de imbatible que lo llevó a conquistar nueve títulos y a ubicarse tercero en el mundo. Luego, sin darse cuenta, se desdibujó de su cara aquella sonrisa pícara que lo había acompañado desde el primer día que empuñó una raqueta. Y por último, tal vez lo más grave, dejó de sentir pasión por el tenis. Para muchos, el quiebre se produjo tras perder increíblemente aquella final de Roland Garros 2004 ante Gastón Gaudio. Como si se tratara de un embrujo, las lágrimas que derramó aquella tarde en París lavaron su talento y le fueron quitando la alegría.
Hoy, a 25 meses de esa derrota, Guillermo sólo consiguió sumar un título. El último fue en julio de 2005, en el Abierto de Umag, en Croacia. En el medio, se operó el hombro derecho, cambió tres coachs para intentar mejorar su juego y descendió 38 puestos en el ranking. Y los números en rojo no terminan: en lo que va de este 2006, Coria jugó 24 partidos, de los cuales ganó 11 y perdió 13, siete de ellos en primera ronda: “Antes –confiesa resignado–, ganaba los partidos sin esforzarme. Ahora siento que no me sale una”.

Como si esto fuera poco, un rumor se instaló en algunos medios periodísticos: “Coria se estaría por separar de su esposa Carla, y ya existe en tribunales una demanda por diez millones de dólares”, se dijo. Y hasta hubo algunos que argumentaron que el motivo de la ruptura, “era por cuestiones de infidelidad”. Lo que había comenzado como un simple chimento, cobró la fuerza de un huracán y terminó por desplomar la paciencia del matrimonio. Por esta razón, sumado a este nuevo desafío, Coria decidió cambiar de aire. Se instaló en Chile en busca de la “confianza y la alegría perdidas”, y contrató al ex tenista argentino Horacio de la Peña como nuevo entrenador. Junto a Carla, ya están viviendo en un coqueto apart en el barrio Providencia, la Recoleta chilena. Allí, tras un duro entrenamiento, Coria recibió a GENTE para hablar de todo. Su tenis, su vida personal, sus broncas y sus sueños.

–¿Qué te genera verte tan lejos del nivel que alguna vez mostraste?
–Mucha tristeza… (hace un largo silencio). Vengo de unos meses bastante complicados y difíciles. Estoy pasando por el peor año de mi carrera. Y hasta no hace mucho tiempo se me hacía muy difícil motivarme para seguir.

–¿Llegaste a pensar en dejar el tenis?
–No de manera definitiva, pero sí por un tiempo. Tuve muchas lesiones que me impidieron terminar varios partidos y eso me desmotivó demasiado. Pero amo al tenis, y aunque las cosas no me estén saliendo como quiero, no voy a tirar la toalla.

–¿Qué explicación le encontraste a este bajón?
–Perdí las ganas. Así de simple. Además, tomé algunas malas decisiones que obviamente trajeron malos resultados. Todo eso me llevó a un pésimo estado anímico y caí en un pozo muy grande.

–¿Intentar cambiar tu saque fue una de esas malas decisiones de las que hablás?
–Por ejemplo. Mi meta siempre fue ser número uno del mundo y, para eso, todos mis golpes tenían que ser diez puntos. Como mi saque era uno de los más débiles, intenté sumarle potencia. Pero no le encontré la vuelta; arriesgué demasiado y tantas dobles faltas hicieron que perdiera la confianza en mi juego. Pero hoy mi problema no es sólo el saque… porque cuando lo meto, juego el punto y lo pierdo porque no estoy bien ni de derecha, ni tampoco, estoy motivado. Llegué a ser el número tres del mundo y no pude disfrutar de esos torneos que siempre quise jugar.

–¿Cómo se explica?
–Es que durante tres años estuve a full, pensando todo el día en el tenis. Y llegó un punto donde quería disfrutar de otras cosas: estar más tiempo con mi señora, con mis amigos, con mi familia…

–¿Pagaste el precio de haber vivido casi exclusivamente para el tenis?
–Sin duda. A los 7 años me iba solo de Venado Tuerto a Buenos Aires de jueves a domingo para jugar, y a los 13 me fui a vivir solo a los Estados Unidos. Lo hice porque me encantaba el tenis, pero hoy siento que tanta exigencia me llevó a un estrés muy grande.

–Cuesta entender que esto lo diga alguien que a los 24 años consiguió casi todo lo que se proponía en su profesión, que tiene asegurada su vida económica, que goza de buena salud…
–Es verdad, pero también están las otras cosas que no se ven. Te la pasás viajando todo el año y estás mucho tiempo lejos de tu casa y de tus afectos. Llega un punto en que no aguantás más. El tenis depende mucho de la cabeza y, cuando no estás bien, no hay manera de disimularlo.

–¿Recurriste a un psicólogo?
–No, trato de hablarlo mucho con Carla: ella ve las cosas desde afuera y eso te da otro punto de vista. Después tengo a mi familia, mis amigos, y los profesionales con los que trabajo. Me apoyo mucho en Jorge Trevisán, mi preparador físico, y en Angel Cotorro, mi médico.
Los rumores y la tormenta

–¿Y cómo está la relación con tu esposa?
–Muy bien... Ojalá estuviera en el tenis como en mi vida personal. Carla es una gran compañera, una muy buena ama de casa, mi cable a tierra.

–¿Por qué se habrá dicho que estaban separados?
–Tal vez porque quisieron buscar un motivo extratenístico a mi mal momento... Esos rumores me dolieron mucho y me hicieron bastante daño.

–¿Cómo te enteraste?
–Me llamó Carla llorando desde Rosario. Hacía unos días se había vuelto al país para rendir un final de su carrera (ella estudia para contador público), y acá sus padres y hermanos le contaron que muchos periodistas estaban diciendo eso.

–¿Cuál fue tu reacción?
–Mucha impotencia por no poder estar a su lado para abrazarla y tranquilizarla. Después me dio bronca porque la mataron: dijeron que me había engañado con Mariano (por Zabaleta)… todas estupideces. Que digan cosas de mí, ya estoy acostumbrado. Pero me dolió que hablen así de ella, que nunca se mete con nadie, que no le gusta salir en ningún lado, que es de un perfil muy bajo y que hasta rechazó un montón de ofertas para trabajar en el exterior, por no exponerse.

–Y hasta lo llegaste a hablar con Zabaleta, ¿no?
–Sí, lo charlamos en Polonia y Mariano no lo podía creer. Decidimos no salir a desmentir nada, porque no tenía sentido. Por eso hasta ahora nunca quise hablar de este tema. Está todo en manos de mis abogados. Pero te insisto que esos rumores no influyeron en mi juego. De esto me enteré en los últimos tres torneos, y mi nivel cayó mucho antes. Si me fue mal fue por mi culpa, no por Carla ni por nadie.
De cara al futuro

–Hoy se te vio entrenando con muchas ganas. ¿Recuperaste el entusiasmo perdido?
–Estoy con muchas ganas, pero no me voy a apurar. Quiero trabajar, hacer una buena base de físico y entender todo lo que Horacio me está corrigiendo. Sé que no va a ser fácil adaptarme a tantos cambios, pero la idea es arrancar el 2007 con todo, para ganar el Abierto de Australia. Aunque te aclaro que antes de ganar un torneo quiero recuperar la alegría y la pasión por el tenis.

–¿Y qué Coria vamos a ver: el tipo tranquilo de hoy o aquel jugador que festejaba hasta los errores del rival?
–Debo encontrar un equilibrio, porque aquella personalidad me generó problemas en el circuito. El hecho de luchar punto por punto y de festejar todo hizo que muchos se molestaran. Tuve problemas con Massú el año pasado, con Gaudio en su momento, y eso también me dolió.

–¿Sentís que no sos un jugador querido?
–No, para nada. Con Gastón tuve un roce, pero pasó. Después vivimos juntos la Copa Davis en Eslovaquia y no hubo ningún problema. Nunca más me volví a pelear con nadie en el circuito, y en cuanto a los argentinos, tengo una muy buena relación con todos.

–Volvamos a la Davis: si Argentina le gana a Australia y pasa a la final, ¿te ves en el equipo?
–Ojalá. Voy a hacer todo lo posible para estar en esa final. Sé que los chicos que están ahora van a tener la prioridad, pero si hago un buen trabajo y me acompañan los resultados, confío en que Luli (Mancini) me tenga en cuenta. Esa será mi próxima meta: el incentivo para volver a ser el de antes.

Coria posa en el balcón del apart que alquiló en Santiago junto a su esposa, Carla. En Chile intentará volver a ser el jugador al que todos veían como el sucesor del otro Guillermo, Vilas.

Coria posa en el balcón del apart que alquiló en Santiago junto a su esposa, Carla. En Chile intentará volver a ser el jugador al que todos veían como el sucesor del otro Guillermo, Vilas.

La reciente contratación de Horacio de la Peña –su tercer coach en los últimos tiempos– implica instalarse en Chile, donde el ex tenista argentino tiene su campo de entrenamiento. Junto a Guillermo, como siempre, está su mujer, Carla.

La reciente contratación de Horacio de la Peña –su tercer coach en los últimos tiempos– implica instalarse en Chile, donde el ex tenista argentino tiene su campo de entrenamiento. Junto a Guillermo, como siempre, está su mujer, Carla.

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