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Ahora es ella la que juega

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El fútbol es así: un enorme motor infinito, capaz de recrear los más remotos escenarios. Desde inexplicables batallas campales por un descenso inesperado, hasta el histérico grito femenino que se agolpa tras una pequeña copa. Y a la vera de ese grito, también impregnado de fantasía, un mago –un semidiós de la misma disciplina– que observa asombrado cómo su mujer le sigue los pasos. Metáforas al margen, la escena muestra a Carlos Tevez (27) mirando a Vanesa Mansilla (28, su pareja, la madre de sus dos hijas, Florencia –6– y Katie –1–) jugar la final de un torneo de fútbol en el club Northchamps, de San Isidro. Lo cierto es que con el “32” en la espalda, digno homenaje a su mentor, Vane entró junto a su equipo, Imua, a la cancha de fútbol en la que se enfrentaría a Cup por la Copa de Oro.

El primer tiempo estuvo parejo. Imua empezó arriba por 2-0, aunque antes del entretiempo un gol en contra dejó las cosas 2-1. La segunda parte arrancó sin Vanesa en el campo. Pronto Pamela, la goleadora, tiró una pared con Sol, quien definió cruzado ante la salida de la arquera: 3 a 1 y asunto liquidado. Entonces volvió Vanesa al field, tímida, helada por el frío reinante, pero divertida. Carlitos, al otro lado de la reja, comentaba con sus amigos mientras se reía: “Ahora seguro que la mete; le tengo fe”. Y casi. Pamela otra vez domina la pelota, mete una pisada digna del Apache y abre a su izquierda. Amaga a ir, y frena. La defensora la mide. Una de sus compañeras la arenga: “¡Dale Vane, pateá!”. Carlitos comenta: “Le da miedo pegarle al arco”. Y ella da un paso adelante y carga a la derecha. Pretende cruzarla. Aprieta los dientes e impacta. Sin embargo, justo en ese vertiginoso instante la defensora le pone su pie adelante. Vanesa no llega a frenar e impacta la pelota con tal fuerza que el tobillo de su oponente se dobla. La defensora grita de dolor. El árbitro llama al médico y pide una camilla. Vane se discupa, aunque sólo le había pegado a la pelota. Finalmente la rival se para y se va trotando. El partido continúa. Hacen un pique. Luego vendrán dos goles más y la sentencia: Imua 5, Cup 1. Vuelta olímpica y bicampeonato. Una fiesta a la que Carlitos al principio no se anima. Luego sí. Entra a la cancha y posa junto con las ganadoras. Imua se apilona en el piso al grito de “¡dale campeón!, ¡dale campeón!”, para después entonar: “¡populares, populares!”.

Las divinas, si es que siguen existiendo (bueno, Brenda Asnicar ya no existe para el corazón de Carlitos), quedan relegadas del festejo. Vanesa está feliz, si bien prefiere, y de manera bien educada, evitar las preguntas del periodista). La campaña es impecable: le ganaron en cuartos de final a El Pami, en semis por penales a Partido Obrero, y a Cup en la definición. Justo levantamiento de copa, baño de champagne y posterior almuerzo de campeones. Por la tarde habría relax en su casa de Zona Norte, donde la pareja y la hija mayor andarían en cuatriciclo, y por la noche, el equipo compartiría una cena de coronación invitada por el mismo Carlitos. Un Carlitos Tevez que parece tener claro el precepto: para ganarte a la chica (o reconquistarla), primero hay que ganarse a las amigas. Habrá que ver ahora si cuando las cosas vuelvan a la normalidad y sea él quien juegue (en la Copa América, que arrancará el viernes próximo) y ella quien aliente, la senda de la victoria sigue acompañando a la familia. Diestra, con garra, ganadora, digna mujer de su hombre. Vanesa Mansilla y una finta para dejar atrás a la rival.

Diestra, con garra, ganadora, digna mujer de su hombre. Vanesa Mansilla y una finta para dejar atrás a la rival.

Carlitos, mate en mano, el sábado al mediodía, acompañando a su mujer, quien decidió homenajear a su pareja luciendo el número 32 que usa El Apache en el Manchester City. Ella no tiene la gambeta ni la potencia de él, pero sí parece gozar del mismo cariño del público. En la final no pudo marcar, aunque sí en la semi, cuando su equipo empató 3-3 antes de ganar por penales.

Carlitos, mate en mano, el sábado al mediodía, acompañando a su mujer, quien decidió homenajear a su pareja luciendo el número 32 que usa El Apache en el Manchester City. Ella no tiene la gambeta ni la potencia de él, pero sí parece gozar del mismo cariño del público. En la final no pudo marcar, aunque sí en la semi, cuando su equipo empató 3-3 antes de ganar por penales.

La formación de Imua, con Tevez apoyándolo.

La formación de Imua, con Tevez apoyándolo.

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