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"Afuera, cuando hablan de la Argentina, dicen: '¡Qué pena de país!'"

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Se lo percibe tremendamente argentino. Parece mentira que lleve cuarenta años lejos, trabajando y ganando fama. Y más mentira parece que su país, la Argentina, fuera el último en reconocerlo y aplaudirlo.
"Por amor y no por revancha", dice, está por poner proa a Buenos Aires para celebrar sus cuatro décadas con el canto. Hoy, ahora y aquí, en su enorme jardín de Boadilla del Monte, a 40 kilómetros de Madrid -entre otros, tiene por vecino a Rapahel- está Alberto Cortez (60). Al lado, su mujer desde hace treinta y siete años (la pintora belga Renata Govaerts, de 58 años), sus dos perros
-Vladimir y Tuta- y sus tres gatos. Está preparando sus valijas para volver a su tierra por tres semanas. Cantará sus poemas en el porteño teatro
Gran Rex, en su La Pampa natal, en La Plata, Mendoza, Rosario y hasta cruzará las fronteras para actuar en Santiago de Chile y Punta del Este.
Andar por andar andando se llamará la gira con la que cumplirá sus primeros cuatro décadas con la
canción. Casi nada.

-Cuarenta años de canto. ¿Primera reflexión, o emoción, o recuerdo?
-Lo mejor de ese tiempo es lo que me dejó en el corazón. La cabeza te traiciona, pero los sentimientos, jamás. En ese tiempo encontré a Renata, y viví, y vivo, protegido por su amor.

-¿Es cierto que ella, todos los días, le regala una flor?
-Sí. Es una historia muy bonita. Mis comienzos fueron duros: no fui un boom inmediato,
ni me hice millonario en tres días, como algunos. Al principio, por falta de dinero, ella no podía acompañarme, y me esperaba en un departamento alquilado, en Madrid.

-Sospecho que de esa circunstancia nacieron canciones…
-Buena sospecha. Sí. Nacieron Esperarte y Esperándome.

-¿Cómo entró en juego la flor?
-Para que Renata no estuviera tan sola, le pedí al florista de la esquina que todos los días, a las nueve de la mañana, le llevara una rosa. Parece una cursilería, pero ella se sentía muy acompañada, y guardaba cada una de esas rosas.

-¿Por qué cambió la mano?
-Con el tiempo, escribí la canción Te llegará una rosa cada día, donde cuento esa historia. A partir de entonces, ella, que tiene mano verde, las cultiva, y me devuelve el gesto.

-¿Buenos Aires fue su primer puerto en el canto?
-No. En Buenos Aires era un simple estudiante de abogacía recién llegado de Rancul, La Pampa. Mi padre me mandaba plata para la pensión, y yo, para juntar unos pesos más, iba con una guitarra al hombro y cantaba tangos y boleros en los
piringundines del Bajo.

-¿Edad de aquella aventura?
-Tenía 20 años, era muy alto, muy guapo, y las coperas me ayudaban bastante.

-¿Cómo recaló en Europa?
-Cantaba en una orquesta, la San Francisco Jazz. Hicimos una gira por el país. En los intervalos, yo tocaba folklore. En Santiago de Estero vino a vernos Hugo Díaz, y unos días después me llamó:
"Me salió una gira por Europa. Venite conmigo, mi mujer y unos
bailarines"
.

-Un dado en el aire…
-Sí. Pero mi padre me dijo: "Si no hacés eso a los 20 años, ¿cuándo?" Y el 2 de julio de 1960, en barco, partí. Debutamos en Amberes (Bélgica), como el
Argentine Internacional Show

-Sospecho que no a teatro lleno…
-¡A teatro semivacío! Pero entre el público estaba un productor de discos, me llamó…, y a los tres días grabé
Las Palmeras, un tema todavía vigente en España, y algunos boleros.

-¿Qué pasó con el empresario que lo contrató en Santiago del Estero?
-Se escapó con mi contrato, y quedé atado a ese papel, sin un peso, pasándola muy mal, y anclado en Alemania.

-Más que un bolero, un tango cruel.
-Pero una empresaria se apiadó de nosotros, nos invitó a comer a su casa, y le pedí que me dejara telefonear a Bélgica…

-Y hubo sorpresa.
-Mayúscula. Del otro lado del tubo, alguien me dijo: "¡Por fin aparece! Su disco es el número
uno"
. Volví, y pasé del cero al infinito: me dieron un auto último modelo y me mandaron a un sastre para que me vistiera de pies a cabeza. De golpe, éxito en Bélgica, televisión en Alemania, y…

-¿Y?
-¡Renata! Vino la primera noche. Estudiaba castellano para leer a algunos poetas en su idioma original, y quería escuchar a un cantante argentino…

-¿Hubo flechazo?
-No… Todo fue muy tranquilo y de largo recorrido. Nos entendimos y nos quisimos de a poco, pero para siempre.

-Después del despegue, ¿qué?
-Me fui a los Estados Unidos, porque mi manager me vio pinta de latin lover para hacer cine. Dios mío: de un pueblo de La Pampa a
Hollywood… Pero no quise pagar el precio.

-Extraña renuncia…
-Estaba enamorado de Renata. La llamé, me declaré, le pedí su mano y le dije:
"Tomate un avión mañana y vení a Los Angeles". Respuesta: "Imposible. Tengo 20 años y vivo con una familia que tiene sus
reglas"
. Pero se tomó el avión…

-Loco amor…
-Y amor viajero. Nueva York, París (allí aprendí francés), Madrid. Alquilamos un departamento y nos casamos. 

-¿Empezó a ser el Alberto Cortez famoso?
-No. Eran los años 60 y había una mediocridad musical enorme. Yo cantaba aquello de
"Lo que pasa es que la banda está borracha, está borracha...". Horrible. Un día me dije:
"Canto lo que quiero, o me dedico a otra cosa". Y planté bandera. 

-¿Primera canción de esa toma de conciencia?
-En un rincón del alma, escrita por mí, y canciones de Atahualpa Yupanqui, Jaime Dávalos, Pablo Neruda. El primer gran momento fue el 22 de abril de 1967, en el Teatro de la Zarzuela, con un unipersonal (algo imposible en esa época). Y funcionó.

-Fue un pionero.
-Sí. Cuando vivís en un mundo muy mediocre y levantás un poco la cabeza, sos pionero. Me atreví a decir aquello de
"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla", de Antonio Machado. ¡Le mojé la oreja a la dictadura de Franco, nada menos! Pero mi verdadera carrera empezó con Cuando un amigo se va, dedicada a mi padre muerto…

-¿Qué pasó entre usted y su país?
-Pasó… un gran fracaso. Fui en 1972 e hice un lamentable programa de televisión:
El pueblo quiere saber, con Pinky, Lucho Avilés y un panel de estudiantes que me hacían preguntas… Después canté en el Luna Park, contratado por Héctor Ricardo García… ¡y no fue nadie! Bajé la cabeza y pensé que nunca más volvería… Pero cuatro años después me llamaron para hacer un aviso del vino
Casa de Troya

-Extraño modo de retornar.
-Pero puse una condición. Que un mes antes pasaran un spot de tevé anunciándome como un cantante argentino que triunfaba en el mundo, y con
Cuando un amigo se va como música de fondo. Fue un exitazo…

-Y el gran-gran-gran retorno triunfal, ¿cuándo?
-En 1977, en el teatro Coliseo. El público me recibió de pie, como pidiéndome perdón por tanto anonimato. Lloré mucho. Y quince años más tarde, la consagración total: Canté en el Colón con la Sinfónica de La Plata. Fue el 7 de septiembre de 1992. Es la fecha… 

-¿Le gusta volver al país?
-Tengo sentimientos contradictorios. Carlos Menem, en un momento muy difícil, fue muy solidario: convocó en pleno enero a los médicos que lo operaron a él para que me ayudaran a salir de una gravísima crisis cardiovascular, y después me albergó en la quinta de Olivos para que me recuperara del todo. La gente, que tiene una gran tendencia a la confusión, se enojó conmigo… Más tarde, en un concierto, antes de cantar
A mis amigos, dije: "Ellos son Víctor Heredia, el Nano Serrat, Daniel Frega, Carlos
Menem"
, y se desató una tremenda silbatina. Me enojé mucho, porque ninguno de los que silbaban hizo nada por mí. 

-¿Cómo actuó el periodismo?
-Una mujer dijo por radio: "Encima de que nos ponen más impuestos, tenemos que pagarle la enfermedad a Alberto
Cortez"
. ¡Mentira! Pagué hasta el último centavo. Fue como una puñalada en el alma, y decidí no volver nunca más. Pero fue una reacción de momento: sé que me quieren mucho, y por eso volví muchas veces.

-¿Qué piensa de la Argentina de hoy?
-Recibo noticias graves. Un día me llamaron de una radio, y un oyente me dijo:
"Nosotros queremos tanto a los españoles… Recibimos a Serrat y a Sabina con los brazos abiertos, ¡y ahora nos roban Aerolíneas!" Lo paré en seco. ¿Qué tienen que ver Serrat y Sabina con eso? ¡Qué demagogia! 

-¿Qué le dicen de la Argentina en el extranjero?
-"Qué pena de país". Y siento una puñalada…

-¿Volvería a vivir allá?
-No. Amo a la Argentina, y la critico desde el amor, no desde el resentimiento. Pero allá pasaría a ser
"el flaco de la esquina", y vos no me harías esta entrevista. Es terrible, pero es así. 

desde Madrid: Teresita Ferrari
fotos: Damián Fiszman
En 1981, con el Martín Fierro. Para entonces, el público argentino lo seguía incondicionalmente.

En 1981, con el Martín Fierro. Para entonces, el público argentino lo seguía incondicionalmente.

Con su mujer, la pintora Renata Govaerts. <i>, confiesa.">

Con su mujer, la pintora Renata Govaerts. "Hace 37 años que nos casamos. Yo le mandaba cada día una rosa, y hoy ella me regala, cada día, una rosa a mí", confiesa.

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Con Joan Manuel Serrat, "uno de mis mejores amigos".

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