A un año de la pandemia: cómo es la situación de los barrios populares del Municipio de Quilmes – GENTE Online
 

A un año de la pandemia: cómo es la situación de los barrios populares del Municipio de Quilmes

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Gente habló con referentes de organizaciones de la sociedad civil sobre VALOR, la plataforma de impacto social colaborativa de Cervecería y Maltería Quilmes que busca contribuir a reducir la inequidad y construir juntos una Argentina mejor.
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Es una tarde caliente de agosto: el sol está radiante, quema. Ayer se murió Charlie Watts y las redes no paran de llorarlo, se registraron los primeros casos de la variante Delta en Argentina y el país espera con atención las próximas elecciones. Pero acá, en esta tarde de agosto, en Falucho y Misiones, en el barrio Itatí de Quilmes, hay silencio: pasa un auto vendiendo chipa, los perros duermen la siesta sobre la calle de tierra y un par de chicos juegan al fútbol en un potrero.

El barrio nació en la década del 50 y fue creciendo con el paso de los años. El año pasado, a raíz de un brote de COVID 19, tanto la Villa Itatí como la Villa Azul tomaron relevancia nacional: fue el primer caso donde se implementó un aislamiento total de los barrios para evitar la propagación de contagios.

Para ese momento, VALOR (la plataforma colaborativa de impacto social impulsada por Cervecería y Maltería Quilmes) ya trabajaba en el lugar en desarrollo territorial junto a organizaciones de la sociedad civil. El programa busca generar impacto positivo en las comunidades impulsando la inclusión y la diversidad y, como foco principal, se proponen reducir la inequidad social. Uno de los primeros lugares donde se puso en marcha la iniciativa fue en Itatí y Azul en 2019, que según los datos del último Censo realizado en 2018, entre ambos barrios suman cerca de 18 mil habitantes.

El barrio Itatí se encuentra ubicado en Quilmes. Cervecería y Maltería Quilmes trabaja en el lugar a través de Valor y su programa de formación para referentes de organizaciones de la sociedad civil.

Los últimos datos de pobreza difundidos por el INDEC, en marzo de este año, indican que en el segundo semestre de 2020 el índice de pobreza alcanzó el 42%. Y, de acuerdo al Observatorio de la Deuda Social de la UCA, más de la mitad de los menores de 0 a 14 años (57,7%) son pobres.

Cómo trabaja VALOR, la plataforma colaborativa de Cervecería y Maltería Quilmes

VALOR se comenzó a gestar en 2019. La propuesta principal del proyecto fue crear un Programa de Excelencia en Gestión, que consiste en 11 módulos destinados a referentes de organizaciones de la sociedad civil (OSC) de todo el país con la intención de fortalecerlos y formarlos en gestión: que puedan accionar ante distintas problemáticas, aprender a delegar en sus equipos y brindar herramientas al trabajo territorial que realizan. El proyecto es colaborativo y se implementa junto a Asociación Conciencia y la Universidad Nacional de La Matanza, institución que otorga un certificado a cada organización que completa el programa.

Pero en marzo del 2020 llegó la pandemia y los planes cambiaron: desde VALOR continuaron trabajando en la formación en gestión pero también identificaron y visibilizaron las necesidades de cada organización. La cervecería activó un plan de ayuda humanitaria y comenzó a fabricar alcohol en gel y pan de cebada, entre otros elementos que distribuían entre las organizaciones.

Ariel Albornoz es trabajador social y colabora con el programa por parte de Asociación Conciencia, en diálogo con Gente explica qué sucede en la cotidianidad de las organizaciones: “Tal vez uno pensaba que solamente el Estado y la política podían intervenir sobre algunas desigualdades y encontrarse con empresas y con fundaciones generaba como cierto prejuicio de decir 'qué se hace ahí'. Fue encontrarme con un mundo de lucha, de complejidad, de reivindicación de derechos. Fue también sensibilizarse con otros tipos de acciones que no tienen que ver totalmente con lo estatal y entender que se puede mejorar la vida diaria de las personas”.

En los últimos años la palabra meritocracia escaló en discursos políticos, en los medios de comunicación y en ciudadanos de a pie. Consultado al respecto de esta cuestión y el estigma que muchas veces pesa sobre las clases populares al momento de hablar de trabajo y educación, Albornoz dice que gran parte de la problemática se encuentra en las carencias del mercado laboral. 

Uno viene con una idea diciendo 'bueno, tiene que haber un mercado de trabajo fuerte, que pueda absorber a todos' . Y te das cuenta que hay muchas limitaciones propias del estado de trabajo que hace que muchas personas tengan que emprender sus propios proyectos. Desde VALOR empezamos a innovar y a fortalecer cosas que ya se vienen haciendo. Por ejemplo, los talleres de emprendedurismo son una propuesta dictada con la idea de que hay un derecho a trabajar. Es decir, no hay algo muy complicado en eso: la gente quiere trabajar, tener su plata, sus vacaciones, mejorar su casa”, cuenta. 

Empleabilidad: es uno de los ejes sobre los que trabaja VALOR. Dictan cursos de emprendedurismo para facilitar una salida laboral.

El programa fue diseñado por el equipo que lleva adelante Vanesa Vazquez, que desde julio asumió el cargo de gerenta en el área de Crecimiento Inclusivo de la empresa. Para diseñarlo pensaron de qué modo, a partir de sus conocimientos dentro de la compañía, podían aportar y ayudar en los barrios y a las OSC. 

Mujeres bellas y fuertes: la historia de tres referentes de Itatí y su trabajo en los barrios 

Son las 16. Acá, en el Centro de Atención Vecinal de Villa Itatí corre un aire fresco y amigable. Adentro, en una de las aulas del lugar, hay mujeres. Escuchan con atención lo que Iván Pavelic, quien les brinda talleres de emprendedurismo, les explica. Hoy están aprendiendo a armar cartucheras a partir de materiales sostenibles. El foco del programa Emprender Valor apunta a que las mujeres tengan diversas herramientas para emprender.

María Fernández es una de las dirigentes que hoy asistió al curso. En 2019, ante la demanda del barrio, abrió un merendero en su casa: el primer día fueron 20 chicos. Ahora son 120 los niños a los que asisten todos los días. Luego se sumaron los adultos mayores, quienes se incorporaron al comedor durante la pandemia.

Vamos puerta a puerta a llevar lo que tenemos: lunes, miércoles y viernes merienda, y martes y jueves comida. La gente del comedor va buscando los tuppers por las casas y luego llevan la comida”, explica en referencia al trabajo diario que hacen las 48 personas que trabajan en su organización. Al principio eran cinco, pero con el correr de los meses se fueron sumando más vecinos a colaborar.

En el mismo año en que abrió la organización alguien de VALOR se acercó para acompañarlas, contarles sobre el proyecto e invitarlas a participar. A través de este proyecto, dice, entendió cómo manejarse dentro de la organización, hasta dónde podía llegar y cuándo es saludable repartir tareas. “Éramos cinco y ahora somos más de cuarenta, imaginate si no apliqué lo que me enseñaron”, expresa.

María Fernández lleva adelante un comedor en el barrio y forma parte de VALOR desde el 2019.

Aunque es real que en el último tiempo la problemática social, originada por la crisis económica generada por la pandemia, se volvió más notoria, los comedores son una de las aristas fundamentales en los barrios populares desde siempre. Así lo recuerda Candela, que tiene 21 años y desde los 11 junto a su familia prepara meriendas en Villa Azul. Ese fuego en el que creció es que la empujó a estudiar Trabajo Social, carrera de la que se encuentra cursando el tercer año.

En 2010 su mamá trabajaba en un merendero que tuvo que cerrar. Al ver la demanda de chicos en situación de calle y que pedían por una ayuda alimenticia, su abuela puso a disposición la jubilación para dar inicio a un merendero en el lugar donde viven. Sigue vigente hasta la actualidad.

Así fue que comenzamos, con merienda. Después sumamos la comida. En la pandemia los chicos no iban al colegio y tampoco asistían al comedor. La gente venía con el tupper a retirar la comida. Somos cinco personas y el merendero está en mi casa. Asistimos a 90 chicos”, detalla.

Candela tiene 21 años. Estudia Trabajo Social y desde los once ayuda en el merendero familiar.

Con los años, además de la comida y la contención, fueron sumando actividades como murga y fútbol. El año pasado el merendero que llevan adelante recibió Capital Semilla, un incentivo económico que otorga VALOR al proyecto ganador de un concurso para que puedan seguir adelante con su propósito. Candela cuenta que ese dinero está siendo utilizado para crear un espacio físico de la organización y se pone contenta porque ahora esos chicos van a tener un lugar dónde sentarse a comer.

Una de las problemáticas que desde VALOR intentan abordar con respecto a los talleres son los temas relacionados a la violencia de género y diversidad. Hicieron un taller sobre noviazgo violento dirigido a adolescentes de Los Chicos de Azul, un club de fútbol mixto. Ariel hace hincapié en la importancia de transmitir a los jóvenes información al respecto del tema y tener herramientas y un ciclo informativo sobre qué es una relación desigual para hacer crecer a la organización.

Taller de velas de soja, uno de los cursos dictados por VALOR en Itatí.

Una vez finalizado el taller y la entrevista, las referentes parten hacia sus organizaciones a preparar las meriendas y comenzar con su distribución. Las OSC con las que trabaja VALOR tienen eje en empleabilidad, nutrición y educación. Algunas organizaciones que ponen el foco en el tema educativo, también suministran alimento a las personas que asisten. Ese es, por ejemplo, el caso de Natalia, que lidera el Centro Educativo Abuela Eduarda.

Natalia Balbuena es morocha, de ojos brillosos. Empezó con el trabajo territorial durante la crisis de 2001, cuando recién terminaba el secundario. Junto a un grupo de colaboradores lleva adelante 'Abuela Eduarda', un centro de apoyo escolar. Por aquel entonces, a Natalia le llamó la atención la cantidad de gente que necesitaba nuevas oportunidades.

Natalia Balbuena, referente del Centro Educativo Abuela Eduarda.

Abuela Eduarda es el único lugar donde los chicos pueden hacer las tareas. Tenemos articulación con las escuelas y vienen 110 chicos. Antes de la pandemia funcionábamos todos los días y dos veces por semana se brindaba el almuerzo. Ahora estamos tratando de retomar la normalidad”, explica.

Y después cuenta cuál es la mayor problemática que aqueja al lugar: desde sus inicios hasta el momento 'Abuela Eduarda' se inunda los días de lluvia. Luego de postularse a una beca presentando un proyecto, este año la organización fue seleccionada por una empresa extranjera para recibir los fondos para invertir en la construcción del sitio. Cómo crear y presentar proyectos es parte de la capacitación de VALOR.

Nuestra intención es fomentar a que los chicos hagan la primaria, la secundaria, que conozcan la universidad, que vean que no solo van chicos de traje. Nosotros somos el puente, queremos generar esa cultura del trabajo, que entiendan que nada es gratis”, cuenta Natalia.

En ese sentido, VALOR la ayudó (además de con asistencia primaria) a poder capacitarse. Una de las ideas que tiene Nachu, como la apodan, es ofrecer clases en Abuela Eduarda a madres jóvenes sobre cómo armar velas de soja, tal como le enseñaron en uno de los talleres de emprendedurismo dictado por Cervecería y Maltería Quilmes.

El subtítulo que da nombre a esta nota pertenece a una canción de una banda argentina llamada El Mató a Un Policía Motorizado. Los versos finales de la letra cumplen a la perfección con el panorama que corona esta tarde en Villa Itatí. Luego del taller, de la entrevista y de algunas fotos para la nota se hace la hora ir al encuentro con el resto de los voluntarios y comenzar con la merienda. Y por el camino de tierra, María, Candela y Natalia se van.

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