«A mí la vida nunca me regaló nada» – GENTE Online
 

"A mí la vida nunca me regaló nada"

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La rubia que brilla, polemiza, se desnuda, provoca suspiros, conmociona con sus curvas, se emociona hasta el llanto cuando relata su vida. Y lo hace como un torbellino, sin esperar preguntas, casi como una confesión. La Ritó ahora se muestra como una chica vulnerable, muy lejos de la vedette que exhibe su cuerpo sin inhibiciones en Mar del Plata. Y dice así:

A mí la vida nunca me regaló nada. Todo lo que tengo lo gané con trabajo, no le debo nada a nadie. Hoy soy La Ritó, un sello que la gente reconoce en la calle. Pero para llegar hasta acá tuve que pelearla solita, remar contra la corriente, correr detrás de las necesidades, atender a mi familia… Viví momentos muy feos cuando era chica. Mi viejo, Delfor, murió de cáncer cuando yo tenía 9 años. Mamá quedó sola a cargo de un restaurante. Cada vez que volvía del colegio, me arremangaba al lado de mi vieja y trabajábamos juntas, las dos a la par. Limpiaba el salón, lavaba platos, atendía las mesas… Entonces, ya sabía que quería ser actriz: tenía adoración por los espejos y me gustaba pretender que era otra persona. Siempre fui muy pizpireta y coqueta. Mi juego preferido era disfrazarme de señora sexy. Entonces iba al ropero de mi mamá y me ponía pulseras, aros y los zapatos de tacos altos, y me paseaba disfrazada por toda la casa. Siempre fui una payasa, me encantaba actuar. Y amaba maquillarme y jugar a ser otras personas. Mi gran sueño era estar en Cantaniños. Yo le insistía a mi vieja para que me llevara, pero ella me pinchaba el globo: ‘Nena, callate que vos no sabés cantar’, me decía. Entonces ya sólo me dedicaba a bailar, hacer natación y jugar al tenis. Mi primer trabajo fue como promotora. Después fui vendedora, secretaria e, incluso, profesora de gimnasia. Mamá me enseñó a ser generosa y yo la ayudaba cada mes con algo de plata para mantener la casa. Alicia, mi vieja, falleció cuando yo tenía 22 años. También de cáncer. Y ahí nos quedamos solas mi hermana Mariel y yo. Nadie nos dio una mano. Al mismo tiempo, casi por casualidad, llegué a la televisión. Mi primer trabajo fue en Petardos, con Hugo Sofovich. Sabía que para que se fijaran en mí tenía que ponerle el cuerpo a la cámara: mostrar cola y lolas. Después hice revista con Jorge Corona, Nito Artaza y Antonio Gasalla. Y puse toda mi carne sobre el escenario. El cuerpo me ayudó a entrar en el mundo del espectáculo, pero no quería vender toda mi vida un lomo atractivo. Por eso, con el tiempo empecé a relajarme, descubrí que ya tenía un nombre propio y podía mostrar algo más de mis condiciones artísticas. El sueño empezaba a hacerse realidad. Me perfeccioné, estudié actuación, baile, canto… Hoy siento que lo logré: todos me reconocen en la calle. Soy La Ritó, mi propia marca registrada”.

La Ritó acusa 26 años. Cada noche brilla junto a Jorge Corona en El viaje del humor, sobre el escenario del teatro Tronador. Aún exhibe sus curvas en cada función. Y la platea suspira agradecida. Ahora descansa en el living de la mansión que alquiló en el barrio residencial Los Troncos. Frente a la puerta de calle, María Eugenia hizo instalar un espejo para mirarse antes de salir. “Desde chiquita tengo obsesión por los espejos. Creo que son los únicos que te revelan la verdad. Muchos hombres y mujeres te pueden decir que estás hermosa, pero la verdad sólo se refleja en un espejo”, asegura.

–Intuyo que, como en el cuento, usted también pregunta a su espejo quién es la más bonita…
–No, nunca me creí la más linda. Reconozco mis armas de seducción y sé cómo utilizarlas. Pero sólo me gusta llamar la atención cuando hago fotos o subo a un escenario. En la intimidad soy de otra forma. Soy una mujer juguetona, pero no me gusta estar en pose todo el tiempo. En mi casa soy una antidiva, prefiero andar descalza, sin maquillaje ni tacos altos. Pero antes de salir me miro en el espejo por lo menos cien veces, soy muy perfeccionista y estoy en todos los detalles. Creo que es una forma de respetar al público, tanto a los hombres como a las mujeres.

–A propósito, ¿cuál es su relación con el público femenino?
–Tengo mucha llegada con las mujeres. Creo que cuando me oscurecí el pelo y me saqué un poco de lolas, empecé a verme como una mujer más natural. Ya no era la chica plástica con exceso de siliconas y pelo platinado que había sido… Eso me permitió hacer ficción y acercarme más a las amas de casa y a los chicos. Las mujeres no me ven como una loca que todas las semanas cambia de hombre, porque hace cinco años le soy fiel a mi novio, Marcelo Salinas. Además, les gusta que sea frontal y que diga siempre lo que pienso.
–¿Y no cree que ya es hora de formalizar, María Eugenia?
–Sí, soñamos con casarnos y tener hijos. Quizás este año nos casemos y ya pueda empezar a armar mi gran proyecto: formar una familia de verdad.

Cuando no habla de amor, María Eugenia no le teme a la guerra. Y dispara con artillería pesada. No tiene reparos a la hora de fijar sus objetivos. Silvina Luna, Luciana Salazar, Pamela David… Dice: “No saben cantar, mucho menos bailar, y basan sus carreras en estrategias de marketing sin más argumentos que las curvas de sus cuerpos. Además, algunas están un poco gorditas…”, insiste. Y como broche final, se tira contra Moria Casán: “Moria está para filmar Jurassic Park”.

–Fue protagonista de todas las peleas del verano…
–(Interrumpe). Yo soy frontal e impulsiva, digo y hago lo que pienso. No busco pelea. Tampoco quiero provocar escándalos. A veces me escucho en la televisión y me arrepiento de mis dichos. Ya es tarde, lo sé… No soy una mujer mala, pero tampoco soy hipócrita. Creo que digo las cosas que la gente no se anima a decir. Me encanta opinar y creo que mis críticas son constructivas.
–¿También tiene tiempo para la autocrítica? ¿Reconoce sus zonas erróneas?
–Sí, pero prefiero no decirlas porque la gente fijaría más su atención en estos detalles. Me gusta mi cuerpo. Antes que lo preguntes, te digo que no me molesta mi altura. Dicen que soy petisa, algunas me llaman bonsai, pero las modelos de hoy no son todas altas. Además, ninguna mujer es perfecta. Yo sólo pretendo encontrar mi equilibrio cada día. Y necesito que mi cuerpo esté en armonía con mi interior.

María Eugenia tuvo una vida difícil: “<i>Mi viejo, Delfor, murió de cáncer cuando yo tenía 9 años. Mamá quedó sola a cargo de un restaurante… Para llegar hasta acá tuve que pelearla solita</i>”.

María Eugenia tuvo una vida difícil: “Mi viejo, Delfor, murió de cáncer cuando yo tenía 9 años. Mamá quedó sola a cargo de un restaurante… Para llegar hasta acá tuve que pelearla solita”.

El cuerpo me ayudo a entrar en el mundo del espectaculo, sabia que tenia que mostrar cola y lolas para que se fijaran en mi. me perfeccione, estudie actuacion, baile y canto. hoy siento que logre mi sueño: soy la rito, una marca registrada"">

"El cuerpo me ayudo a entrar en el mundo del espectaculo, sabia que tenia que mostrar cola y lolas para que se fijaran en mi. me perfeccione, estudie actuacion, baile y canto. hoy siento que logre mi sueño: soy la rito, una marca registrada"

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