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"A Margarita me le declaré después de ver tres películas de Palito Ortega"

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Era el Virrey de Liniers. Ahora es el Rey de La Boca. Merece ambos títulos: seis campeonatos en Vélez, otros tantos con los xeneizes, éxitos que lo convierten en el técnico más ganador del fútbol argentino. En todo el mundo se habla de él y son muchos los equipos europeos que sueñan con tenerlo sentado en el banco. Pero todos estos logros no alteran en nada su vida. 

El viernes 29 de junio, un día después de que Boca se consagrara bicampeón de América, se levantó a las siete de la mañana –costumbre que le quedó de cuando trabajaba como canillita–, tomó mate con su esposa Margarita y leyó
La Nación y Olé, los dos diarios que recibe en su piso de Barrio Norte. Después comenzaron a armar las valijas para las vacaciones en París, donde pasarán una semana. Luego, durante tres días, recorrerán la Costa Azul. Pero antes de embarcar en el vuelo 417 de
Air France, el gran DT tuvo tiempo para hablar con GENTE.

–¿Pasó el susto?
–¿Qué susto?

–El de la final…

–…(Se ríe) Sabíamos que el Cruz Azul era un equipo duro, por eso llegó hasta la última instancia. Pero no imaginaba que íbamos a sufrir tanto. Jugamos mal en los noventa minutos, pero por suerte nos pudimos recuperar en los penales. Y bueno, las finales hay que ganarlas. Lo demás queda para la charla de café.

–Bien. Ya es hora de que revele la fórmula…
–¿Qué fórmula?

–La del éxito.
–…No hay ningún secreto. Si tenés buenos jugadores, seguro que te va a ir bien. Y yo tuve la suerte de poder contar con planteles excepcionales. El fútbol es simple: los jugadores y los técnicos, a veces, lo complicamos.

Así, fiel a su estilo, empezó la charla. Y siguió con el relato de sus comienzos:
Mi pasión por el fútbol nació en los viejos potreros de Villa Real, un
barrio porteño que linda con Devoto y Versalles. Me acuerdo que cuando me
expulsaron del colegio San Rafael –un establecimiento religioso donde estudiaba comercial–, un sacerdote le dijo a mi mamá: ‘Este chico tiene una pelota en la
cabeza
’.”.

Y a pesar de que su madre, Julia Elena Ferrari (que lo abrazó en la puerta del vestuario la gloriosa noche del jueves 28), quería que su hijo fuera contador, Carlos se inclinó por las canchas. Acompañado de Carlos Amor, su padre, llegó a Vélez cuando tenía 11 años y allí hizo las divisiones inferiores. Al mismo tiempo, trabajaba como canillita en el puesto de venta de diarios que la familia tenía en San Martín, cerca de la cancha de Chacarita. 

Y siete años después, el gran esfuerzo tuvo sus frutos. Con el abuelo Juan Francisco mirándolo desde la platea, debutó en Vélez en 1967 frente a Boca, paradoja del destino. Y enseguida vinieron los goles, los triunfos. Su vida cambió para siempre:
Yo me acuerdo de que de chico vivía en una casa en la calle Tinogasta, que compartía con mis padres y mis hermanos Eduardo Rubén y María Alicia. Tenía dos piezas, un comedor y calle de tierra. Y después de jugar cinco años en Vélez, me fui a jugar a Francia. Y salté a vivir en un castillo. Era tan grande que había habitaciones que nunca visitábamos. Quedaba en las afueras de Reims y tenía como 600 metros
cuadrados
”.

–Y de toda su carrera, ¿cuál es el hecho que más lo marcó?
–A los 20 años, tenía un entrenador que no me ponía nunca. Cuando le preguntaba por qué, me decía:
Es que vos estás para jugar en el Real Madrid”. Y yo me preguntaba cómo iba a estar para jugar en España si no jugaba en Vélez. Eso me sirvió como entrenador. Porque yo a los chicos nunca les miento. Los dejo espiar por la cerradura, pero la puerta se la tienen que abrir ellos. No les regalo nada. Que se lo ganen.

–¿Es cierto que también les pide que sigan con sus estudios secundarios y que les aconseja cómo invertir sus primeros sueldos? 
–Uno trata de aportar su experiencia de vida. 

UN LUCHADOR. En 1974 sufrió una gravísima lesión. “Ese año conocí el dolor y aprendí lo que era sufrir. Estaba jugando la Copa de Campeones para el Reims ante el Barcelona, en París, y sufrí
una triple fractura en la pierna izquierda. Muchos pensaron que era el final. Pero reaparecí a los 5 meses y 10 días; trabajé muy duro para volver. Por eso, si yo superé todas las adversidades, ninguno de mis equipos puede entregarse sin
luchar
”.

Después continuó su carrera en el Reims, y luego lo hizo en el París Saint Germain y el Racing de Estrasburgo. En Francia, fue cinco veces goleador del año, y la crítica lo consideraba uno de los mejores jugadores del mundo. Obtuvo varios premios, pero el reconocimiento que más valoró fue integrar un seleccionado francés elegido mediante el voto popular.
Fui el primer extranjero que lució la camiseta tricolor”, explica. A los 30 años volvió a la Argentina y jugó hasta los 35, en Vélez. Volvió a Francia, y se retiró el 1º de julio de 1984. En total jugó 546 partidos y convirtió 407 goles:
es el octavo goleador de la historia del fútbol mundial. 

En ese mismo 1984 debutó como técnico en el Reims. Su exitoso ciclo en Vélez comenzó en el 93. Y llegó a Boca en el 98. En la primera charla, les dijo a los jugadores:
Lo más importante es el grupo. Porque el grupo puede salvar a uno. Pero uno no puede salvar a todo un
equipo
”.

Margarita María Pilla, su mujer, lo acompaña a todos lados. Cuando Boca juega de local, ella lo mira desde el palco del presidente Mauricio Macri. Y en los últimos viajes, también estuvo a su lado:
Fue mi primera novia. Y hoy, 29 años después, la quiero como el primer día”, cuenta el DT. Y agrega:
“Todavía me acuerdo la tarde que me le declaré. Fue en 1971, después de ver tres películas de Palito
Ortega
”. Fruto de ese amor nacieron sus dos hijos Brenda y Mauro: “Gracias a Dios, hoy toda la familia está junta en Buenos Aires. Ahora que mi hijo desarrolla mi página de Internet
(www.carlosbianchi.com), puedo disfrutar de Louis Alexandre y Paul Nicolás, mis dos
nietos
”. 

Y todos lo acompañan en uno de sus mayores sueños: la Fundación por un mundo
mejor
, que ayuda a chicos huérfanos y carenciados. La encabeza, desde hace un año, junto a su amigo Jorge Guinzburg. Habilitaron un número de la solidaridad (0605–111444): Cada llamada significa un aporte de cinco pesos, que se transforma en
una bolsa de cemento para el complejo San Marcos Sierra, que se levanta en Córdoba para albergar la monumental obra de amor de la hermana Theresa Varela. Ese es su mayor orgullo:
Poder ayudar a los que menos tienen me produce mucha alegría. Para mí eso tiene mucho más valor que cualquier título”.Con su mujer, Margarita María Pilla, en el lobby del hotel en el Distrito Federal, luego del partido de ida. Ella lo acompaña a todos lados. Ahora están de vacaciones en Francia.

Con su mujer, Margarita María Pilla, en el lobby del hotel en el Distrito Federal, luego del partido de ida. Ella lo acompaña a todos lados. Ahora están de vacaciones en Francia.

El abrazo con el <i>Patrón</i> Bermúdez tras la definición por penales ante el Cruz Azul de México. Boca ya era bicampeón de la Copa Libertadores de América.

El abrazo con el Patrón Bermúdez tras la definición por penales ante el Cruz Azul de México. Boca ya era bicampeón de la Copa Libertadores de América.

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