“A los 40 me siento más sensual y libre que nunca” – GENTE Online
 

“A los 40 me siento más sensual y libre que nunca”

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Casi no puede bajar del remise que la trajo desde su piso de la calle Virrey Loreto, en Belgrano, hasta la mansión de La Horqueta, en San Isidro, donde en breve iniciará la nota con GENTE. Sin embargo, rehúsa la cortés ayuda de un caballero. Quizá se trate de orgullo. Quizá se trate de una actitud que la distingue. Lo demostrará quince segundos después, ya de pie, avanzando lenta pero firme hacia el peluquero, la maquilladora y el periodista:

–Parece que le pegaron fuerte los 40 –le comentamos al saludarla.
–Chistoso –sonríe por obligación, se levanta un poco sus lentes espejados y mira amenazante–. Y pensar que hoy tenía ganas de hacer fotos con transparencias.

–Linda oferta. No desistirá, ¿verdad?
–Lógico que no. Conseguíme un café que algo lindo va a salir.

Sí, es orgullo nomás. Y sí, es una actitud que la distingue. Porque Andrea del Boca no contará que se desplazó la tercera y cuarta vértebras cargando a una colega en la grabación de su telenovela Sálvame María. Tampoco contará que apenas durmió unas horas, ya que anoche festejó sus 40 años con medio centenar de invitados, durante la íntima fiesta donde asombró luciendo un vestido de color turquesa (algo insólito en ella). Ni contará tampoco que mañana deberá levantarse a las cinco de la mañana para viajar a San Luis.

–Podríamos preguntarnos cómo alguien perdura 36 años en este medio, poniendo la cara y el cuerpo en forma continua, y pareciera que un par de actitudes suyas que acabamos de averiguar se encargan de responderlo.
–En mi carrera he pasado por momentos convulsionados, por crisis, etcétera, y la gente sabe que acostumbro a jugármela por lo que siento. Si tengo que mudarme de provincia en familia para apostar a un proyecto, me mudo. Resulta paradójico. Hubo un momento en que me aparté un poco del trabajo, me corrí para estar más pendiente de otras cosas –como mi hija– y llegué a preguntarme: “¿Me seguirá recordando y queriendo el público?”. Y compruebo que sí, que de lunes a viernes vuelvo con una clásica novela de amor a las 15:30 por el 9, y que le estamos ganando a Telefe, el canal líder, sin entregar plata, premios ni nada. Al punto que debemos extender nuestra estadía en San Luis hasta diciembre. Hoy, repasando mis cuatro décadas de vida, comprendo que sigo siendo quien soy porque en la vida jamás fui de andar con piloto automático. Soy de ir a 250. Adoro los desafíos.

–¿Qué otra enseñanza reciente reconoce haber obtenido?
–Aprendí a confiar en los sentimientos. La maternidad me ha hecho crecer mucho. Abrí una fundación con mi nombre a favor de los derechos del niño. Estoy transitando un momento en el que no quiero ir a pelearme con nadie, sino que quiero sumar. Tengo montones de proyectos. Incluso, un tiempo atrás estudié dirección y producción en la Universidad de Nueva York y aunque los profesores me estimulaban: “Animate”, yo sentía que no era el momento. Ahora siento que lo mejor está por llegar. Lo que no cambió es mi matrimonio con el público. En realidad, el único matrimonio que tengo es con el público, y renovamos los votos año tras año. Si uno es fiel con lo que siente, quiere, le gusta, la gente lo premia.

–¿Cuántas veces se casó en la ficción?
–Unas dieciocho.

–Contemos: un matrimonio con el público, dieciocho en cámara, ¿por qué ninguno en la realidad? ¿De chica, de adolescente, no se imaginaba casada, luciendo vestido blanco, ramo y anillo?
–Si tengo que ser sincera, no sé si alguna vez me imaginé casada. Sí con hijos, no sé si casada. Ayer tocábamos el tema. Mis padres están casados desde hace casi medio siglo y mis hermanos también están casados. Y creo que, aunque no tuve la fantasía de Susanita, sí me parecía que debía seguir la tradición de formar una familia. Sin embargo, admito que en el interior sentía que no encajaba. Me llevó bastante darme cuenta –y ahora lo sé– de que tener una familia no tradicional, como la mía con Anna, no está mal, y de que aunque no te casés con papeles no quedás fuera del mundo. Hoy siento que si me caso voy a perder la independencia, a mí misma. Antes, la mujer era la señora de… Creo en la pareja, el amor, la familia, el matrimonio, pero no sé si dentro de lo preestablecido. Antes me daba pudor decirlo, pero ahora no: no sería nada raro que no me casara.

–Acaba de patear el tablero, Andrea.
–Decidí no hacer nada por el convencionalismo de lo que marcan las pautas de la sociedad. ¿Viste cuando te piropean? “¡Qué bien se te ve! ¿Estás de novia” ¡¡¡¡¡No!!!!! Uno puede sentirse óptimo sin andar en pareja. Estoy más cerca de comprometerme con alguien en una playa desierta que de organizar una fiesta, las mesas, el vals. Y otro de los balances que hice viene por el lado de la fidelidad, los celos. Esa cosa de posesión te va limitando, te asfixia como pareja. Eso de “no tenés que mirar a otra o a otro”. Yo no sé si soy una persona fiel.

–Perdón… ahora partió nomás en dos el tablero.
–(Risas) Digo que soy fiel a lo que siento. Si yo amo a alguien voy a serle fiel porque lo amo, no por una exigencia del otro. Es otro mandato que deseo desterrar.

–Volvamos al primer mandato que desea desterrar: el del matrimonio. Tuvo cuatro relaciones conocidas. ¿Alguno de los señores le pidió la mano?
–O no se atrevieron o no se dio. Es difícil.

–¿Hubiese aceptado?
–Con uno sí.

–¿El nombre comienza con J? ¿Un tal JS o Jeffrey Sachs?
–Tal vez. Eramos parecidos. Nos gustaban el trabajo, los desafíos, ir para adelante, y eso atrae mucho. Hoy transito una etapa en la que escucho mucho. A veces se te acercan y arrancan tanteándome: “Yo te tengo mucho respeto”.

–…“pero quiero faltártelo”, agregan.
–Me rodea una imagen equivocada. Muchos me creen muy tranquila, muy suave, que mi familia me domina. ¡Si supieran la verdad! No soy ninguna chica frágil. Todo lo contrario. Me gusta romper el molde. Y disfruto cuando se me acercan.

–Enumeremos. ¿Qué requisitos debiera cumplir el supuesto candidato?
–Somos una sociedad machista y para estar al lado mío debe ser alguien plantado. Yo no me considero una persona competitiva pero, bueno, mi carrera es muy importante. Algunos hombres la han sufrido peor que si les hubiera sido infiel con otro hombre. “Salís conmigo y te vas ocho meses a trabajar a Europa”. Por ahí en mi juventud buscaba a un caballero con bastante diferencia de edad, para que estuviese más afianzado y seguro de sí mismo. ¡Cosa que ahora estoy variando!

–¿Va por los de 20?
–Mayores.

–¿30, 40, 41?
–Cerca. De poca diferencia.

–Acá le acerco un formulario que nos llegó, para completar. En el casillero que dice De novia, debe marcar Sí, No o Más o menos.
–Pará, es como “estoy un poquito embarazada”. Se está o no se está.

–Usted, ¿está o no?
–¿Embarazada? Sólo en la novela.

–¿De novia?
–¿No hay una opción: “Estoy muy feliz”? Tampoco quiero rotularlo. No estoy buscando novio, marido ni padre para mi hija. Como dice la filosofía del samurai: vivo el momento. He amado de manera intensa, he penado de manera intensa, quiero vivir de manera intensa este momento, pero sin rótulos.

–Avancemos. El siguiente ítem exige Colocar el nombre o las iniciales del/los novios sobre la línea punteada.
–Estoy en una etapa en la que no tengo que darle explicaciones a nadie. Una cosa que aprendí a defender es mi soltería.

–Humildemente, uno pensaba en JR. Pasamos de JS a JR.
–Jorge Rama está con Susana.

–Apuntemos al blanco. ¿Qué le regaló Jorge Rodríguez, el productor de Sálvame María, para el cumpleaños? No conteste “rosas amarillas” porque nos levantamos, la saludamos y partimos.
–Las rosas amarillas significan…

–¿Significan?
–Dejálo ahí.

–Mmmm. En teatro, luto, en televisión, mala suerte. De regalo, ¿qué significa?
–Dejálo ahí. Sólo te cuento que el primer ramo que me mandaron, de adolescente, era de rosas rojas. Llegué a un lugar en la isla de Capri y tenía inundada la habitación de ellas y una dedicatoria: “Sos la chica diez”. Lo firmaba alguien muuuuy conocido de la Argentina.

–¿Quién?
–En una de ésas lo ponga en la autobiografía que estoy escribiendo.

–¿De verdad? ¿Cuándo saldrá? ¿Se atreverá a reconocer en tales páginas algún otro romance aparte de los conocidos?
–Habrá muchas anécdotas. Pero la estoy haciendo de a poco, sin fecha. Sigamos con lo de las rosas… Entonces, mi hermana me instruyó: “Las rosas rojas es pasión; las blancas, pureza, y las amarillas, dicen,…”. Dejálo ahí. No me gustan las rosas amarillas. Prefiero jazmines o peonías.

–¿Y qué le mandó Rodríguez?
–Red Lojo me envió un muy lindo ramo de flores naranjas.

–Otra sorpresa es descubrirla en jeans. Hay una Andrea del Boca renovada, pareciera.
–Empecé a usarlos en 2004. Se relaciona con la comodidad y con una actitud actual de relajarme. Me gusta cómo me calzan.

–¿Cómo se cuida?
–¡Pará! ¡¿En qué sentido me lo preguntás?!

–Desde lo estético.
–Aaaaaahhh. Nada de gimnasio. Hago yoga y bailo salsa cuando puedo. Ya no entro en el condicionamiento ni en la presión femenina. La he sufrido antes, pero ya no. Te repito: me relajé en asumir y vivir ciertas cosas. Haber arrancado de tan chica en un medio que castiga el rollito me hace llegar a la conclusión de que, si no hubiese tenido cerca la contención de mi familia, por ahí hubiese sido anoréxica. Mi carrera ha sido generosa porque mi éxito no ha pasado por lo físico. Pero a veces la presión –no sólo para las artistas, sino para la mujer en general– es demasiado grande. Como que siempre debés estar divina, de excelente humor. Y te enganchás en la locura, dejando de ser real y poniendo en peligro la salud. En un momento dije: “Este es mi cuerpo, mi envase, así vine al mundo. No soy modelo y no mido 1,70 ni 90-60-90 pero, a cambio, hay cosas que sí tengo”. Por herencia tengo curvas, tengo de dónde sostenerme sí, sí…

–¿Le importa qué dice la balanza, cuánto pesa?
–No tengo ni idea. He bajado bastante corriendo por las praderas de San Luis. Me cuido por una cuestión de salud. Pero a mí me encanta la comida. Yo soy italiana. La cuestión es que de a poco me reconcilié con mi cuerpo. Ejemplo: cuando era adolescente, la moda era estar bronceada. Y yo soy blanca y alérgica al sol. Y al principio lo vivía pésimo. Me decían: “Ay, ¿no tomás sol?, ¿Tomás luna?” Me ponía cosas. Hasta que un médico me sacó la venda: “En realidad, lo tuyo es una inversión”. Y ahora, a los 40, todos me ponderan la piel. Es una carrera de resistencia. Hay que saber tener paciencia, quererse y respetarse a uno mismo. Yo tengo boca grande. En una época no se usaba, pero ahora las mujeres se inyectan colágeno. Otra, el escote: las mujeres somos inconformistas. Las que le ponen siliconas, las muestran porque les costaron caras. Las que tenemos busto grande de nacimiento solemos esconderlas. Hasta que semanas atrás me decidí, consejos de amigos de trabajo mediante: “Si lo heredé, y si haberle dado de mamar a mi hija determinaron este escote, mostrémoslo”. Y quienes lo descubren ahora, miran y te lanzan sorprendidos: “¡Epa!

–Hablemos del escote. ¿Cuánto tiene ahí?
–Igual que con el peso: ni idea. Pero a los 40, te aseguro, vengo con todo. Me siento sensual y libre como nunca. Lo sensual va por el lado de la imagen, pero en especial por lo interior. Sensual y feliz. Por suerte no hay presiones.

–¿Ya no hay presiones en su vida?
–Ya no hay. Ni propias ni ajenas.

–¿Cuándo fue la última vez que besó en la boca?
–Anteayer… En una escena.

–Vamos, Andrea.
–Seguí con otra pregunta más tranqui.

–¿Defínanos cómo es el sexo a los 40?

–¡Fantástico!

–Perdón… Pensé que iba a sostener que todavía… Porque acaba de cumplirlos el último martes 18.
–Más detalles que ése no doy. Ja ja ja.

“<i>Muchos me creen muy tranquila, muy suave, que mi familia me domina. ¡Si supieran la verdad! No soy ninguna chica frágil. Todo lo contrario, te aseguro. Me gusta romper el molde</i>”, enfatiza la actriz.

Muchos me creen muy tranquila, muy suave, que mi familia me domina. ¡Si supieran la verdad! No soy ninguna chica frágil. Todo lo contrario, te aseguro. Me gusta romper el molde”, enfatiza la actriz.

“<i>De a poco me reconcilié con mi cuerpo… Haber arrancado de tan chica en un medio que castiga el rollito me hace llegar a la conclusión de que, si no hubiese tenido cerca a mi familia, por ahí hubiese sido anoréxica...</i>”

De a poco me reconcilié con mi cuerpo… Haber arrancado de tan chica en un medio que castiga el rollito me hace llegar a la conclusión de que, si no hubiese tenido cerca a mi familia, por ahí hubiese sido anoréxica...

“<i>No sé si alguna vez me imaginé casada. Hoy siento que si me caso voy a perder la independencia. Antes me daba pudor decirlo, pero ahora no: no sería para nada raro que no me casara… Aprendí a defender mi soltería</i>”

No sé si alguna vez me imaginé casada. Hoy siento que si me caso voy a perder la independencia. Antes me daba pudor decirlo, pero ahora no: no sería para nada raro que no me casara… Aprendí a defender mi soltería

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