“A los 30 me siento más libre, más comprometida y más mujer” – GENTE Online
 

“A los 30 me siento más libre, más comprometida y más mujer”

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Amigo, ¡me estás matando con las moneditas! –lanza Natalia Marisa Oreiro Iglesias levantando los ojos de la computadora, en la que mira las fotos para las que acaba de posar.

–¿Moneditas? –le replica el periodista, parado a su lado, con las manos en los bolsillos, jugando con algunas que guarda allí.
–¿Cuántas notas me hiciste ya? Varias. Te comenté que me hinchan los ruiditos raros, y que cuando me pasa eso, lo digo. ¿O no?

–Verdad. Por un momento pensamos que los 30 le habían hecho perder la paciencia.
–Vos sabés que no. Ni la paciencia ni la memoria.

–Detenemos el ruidito y le consultamos sobre la primera imagen que guarda de su vida, aunque la recuerde brumosa.
–Una que forjó mi personalidad. Jardín de infantes público, 3 años. Mientras mis compañeritas llevaban el típico guardapolvo cuadrillé de dos tiras, que se ataba atrás, mi mamá me había hecho en la misma tela otro con dos pollitos adelante y una enorme falda fruncida con volados. Entonces, me arremangaba los pantalones, escondiéndolos, y parecía que usaba un vestido de princesa. En serio, llamaba la atención. Y mirá cómo quedé (risas). Mi madre me ayudó a que yo fuera lo que soy.

–Treinta años cumplidos obligan a un balance. Consideremos el 19 de mayo de 1977, su día de nacimiento, la fecha clave de la década inicial. ¿Cuál sería el hecho?
–Perfecto, creo en los astros… El hecho sería el desarraigo. A los 6 volé con mi familia (Mabel, hoy 56; Carlos, 58 y Adriana, 33) hacia Málaga, España. A mis padrinos les iba bárbaro allá. Empezó el desapego de los afectos, los amigos, los juguetes. No funcionó, y al par de años regresamos. Me mudé con mis padres en veintiséis oportunidades y cursé la escuela en barrios distintos. Así, me convertí en una persona que se amolda a las nuevas estructuras y sabe socializar. A los 8 me metí a estudiar teatro.

–Saltemos a la segunda década, déle.
–Destaco el 20 de mayo de 1994. Apagué diecisiete velitas y al día siguiente me vine para acá. Antes, a los 12, había debutado en el comercial de tampones o.b. A los 15 llegué a paquita de Xuxa. A los 19 protagonicé Ricos y famosos. A los 20 filmé Un argentino en Nueva York. A los 21 llegó Muñeca brava…

–Stop. Entró en la última década, Oreiro, la de mayor exposición, suceso y despliegue mediático. ¿Qué fecha elegiría de la misma?
–Obvio, el 31 de diciembre de 2001, cuando me casé con Ricardo (Mollo; 49). Ya cumplimos el quinto aniversario.

–¿Cómo llega Oreiro a los 30?
–Contenta. Resulta gracioso, porque cuando era chica –más chica– sostenía que a esta edad me iba a retirar y me veía con hijos, transformada en una persona casi vieja. Y ahora siento que recién estoy arrancando. Tampoco imaginaba lo que me pasó. Siempre fantaseé que volaba, cantaba, bailaba, actuaba. Pero la realidad superó mis fantasías rosadas. Porque yo soñaba con lo que conocía, y eso ni se acercaba a la realidad que vivo.

–¿Se aprende a ser una celebridad?
–Se aprende a no padecerlo. En cierto momento la fama me desbordó. Al arranque de la década que dejo atrás, no comprendía lo que sucedía afuera: que novela exitosa, que segundo disco, que gira internacional… ¡Era demasiado! Aparte, me había separado. Por suerte el tiempo te permite relajarte, madurar.

–Confíenos en qué lo nota por dentro. ¿En qué se siente más madura, más atrevida?
–Ahora me animo a elegir y tirarme de cabeza para papeles a los que antes me negaba.

–¿Y por fuera? ¿En qué siente que su cuerpo cumplió 30?
–¡Qué malo sos!

–Okay, la ayudo. ¿Le apareció alguna cana?
–Ninguna.

–¿Arrugas?
–No tengo. Igual, por la piel, necesitaría volver a usar cremas y tomar bastante agua.

–¿Nota que se le aflojó alguna parte?
–(Tose) Algo. Cosas que con los entrenamientos de la Monita se habían endurecido, pero que cuando colgó los guantes a fines de 2006… ¿Para qué matar la fantasía del público? Lo que se me mantiene bien parada es la colita. Tetitas nunca tuve demasiadas, así que de arriba zafé.

–Dentro de la bañadera, desnuda ante el espejo… ¿se gusta más o menos que antes?
–Ni me miro, y evitá poner cara de que miento. Aparece tanta imagen exterior mía, que delante de los numerosos espejos de casa paso de largo.

–Si no se mira y colgó varios, ¿significa que los puso Ricardo?
–Pará. Los puse yo, porque adoro que se refleje la luz que entra por las ventanas. Incluso si encontrás fotos mías, son casuales, con gente ajena al ambiente.

–¿Ya cayó rendida ante la tentación de alguna cirugía?
–Caí, la de mi apendicitis (risas). Me encantaría ser una actriz de 60 años y que los directores me puedan convocar porque necesitan a una mujer de 60 años. Es lo que opino hoy. A los 60 retomamos el tema. No estoy en contra de las cirugías sino de las fábricas de caras iguales. ¿Por qué te creés que me retoco el lunar en las producciones? Me parece bárbaro mostrarme personal. Lo mismo el botox. Te saca expresión.

–Cuerpo y alma: recién aseguró que aprendió a tirarse a la pileta en lo laboral. A los 30, ¿siente que evolucionó más como mujer o como profesional?
–¡Espero que como mujer! No van de la mano. Hay grandes artistas que son poco personas, y al revés. Ojalá consiga combinar ambas.

–Bueno, en su caso parece avalar los dichos, involucrándose en causas como las de Greenpeace, a favor del ambiente, y OIM, contra la trata de personas. ¿De dónde provienen tamañas inquietudes?
–Calculo que de la educación que recibí. Aunque también depende de la sensibilidad y la conciencia. Mis padres me enseñaron a vivir sin hacerle daño a nadie, sin despilfarrar y sin quedarnos con nada de nadie. Si en su momento partimos a Europa se debió a que habíamos comprado una casa en Carrasco –la mejor zona del Uruguay–, y luego papá perdió el empleo: nos endeudamos, vendimos, pagó y nos quedamos secos. De regreso, las placas de aglomerado con que embalaron la heladera y los artefactos para transportarlos en el barco nos sirvieron de placares. Igual éramos felices, y dormíamos tranquilos. A veces uno es más feliz cuando menos tiene, cuando usa de auto un cajón de manzanas. Además, ellos me promovieron los deportes y la naturaleza (fui scout). Descubro a los chicos pegándole a la pelota en un balcón o manejando futbolistas delante de una pantalla, y me deprimo. Yo me trepaba al cerro, me metía en los basurales a divertirme y agarrar cosas. Desde luego, más me deprime la explotación infantil. Colaboro de varias formas. Y como soy popular, me escuchan más que a un anónimo. Mi intención es informar. “Esto es lo que pasa. Ahora, hacé con eso lo que te parezca”. Lo tomo como una obligación y una necesidad. Me siento una ciudadana comprometida.

–¿Suele votar en la Argentina?
–Todavía no. Necesitás cierta cantidad de tiempo de estadía. Aún soy residente. Me encantaría participar. Mirar para el costado no me va. El porvenir de un país depende de quienes lo habitamos.

–¿Tiene alguna preferencia política?
–Soy socialista. Me apasiona la política. Provengo de una familia donde se discutía abiertamente al respecto. De chiquita me comí Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. En el secundario cuestionaba la historia que nos planteaban. Uno no puede quejarse y no ir a votar.

–Supongamos que pudiera emitir su sufragio aquí, ¿sabría a quién elegir?
–Mmmm… Nunca votaría en blanco. Sería apoyar al que obtenga la mayoría. Yo apuntaría a la minoría, para tratar de buscar un cambio. Me gusta Lilita Carrió. En la Capital elegiría al Partido Verde.

–¿Anda bien informada de la actualidad?
–Leo el diario en papel. Clarín los lunes, martes, miércoles, viernes y sábado, Página/12 los jueves, y los domingos, La Nación.

–¿Enciende el televisor?
–Claro. Aparte, soy fanática de Six feet under. Prefiero poner una buena serie a…

–¿Antes que los Gran Hermano?
–Uf, me aburren soberanamente. Quizá como me la paso componiendo vidas de otros, no me interesan las historias ajenas. De última, si tuviera que decidir, preferiría algo que muestre un talento. La gente que participa en Bailando por un sueño se mata, hay producción, hay brillo, hay vestuario, hay coreógrafo. Lo otro no lo entiendo.

–¿La llamaron de ShowMatch?
–Llamaron, y también para que actúe en Mujeres asesinas, para que conduzca, cante, modele. Me da un poco de vergüenza, pero me ofrecen tantas cosas y tan diferentes… Soy como multitarget.

–Digamos que su gran desafío es acertar al elegir. ¿Cómo escoge?
–Acudo a la sinceridad y no permito que me atrape la ambición. “¿Es un desafío para mí? ¿Por qué?”, me consulto de entrada. O si algo me da miedo, me planteo animarme, enfrentarlo. No sé… Si bien me apasiona la comedia y es donde mejor la paso, ahora tendría que profundizar en el drama. Lo que sí, aprendí a dejar que me sorprendan, como me pasó con Sos mi vida. Yo iba a rodar unas películas. De repente apareció el proyecto, me negué y me negué hasta que paré la pelota. “¿Por qué le escapo?”, frené. Y me propuse, como ejercicio, tirar lo que tenía abrochado y aceptar el ofrecimiento de Pol-ka y Canal 13. Gané en libertad de decisión.

–Notable decisión la suya, porque para el próximo miércoles 23 de mayo usted suma tres nominaciones al Martín Fierro (Telecomedia, Tema musical y Actriz de comedia/humorístico), entre las once que le corresponden al ciclo. Con la mano en el corazón, ¿si la obligaran a escoger…?
–Mejor programa.

–Perdón, ¿no el Oro a Oreiro?
–¿Pensás que me lo van a dar a mí? Ni en p… Aparte, una comedia nunca ganó el Oro.

–Siempre existe una primera vez.
–Enloqueciste. El Oro es para gente muy importante. No proyecto ganarlo.

–Usted es gente importante del medio. ¿Acaso no le llueven ofertas? A propósito, ¿existen primicias, anuncios concretos?
–Firme, uno. Tipo septiembre voy a lanzar con mi hermana una línea de prendas femeninas. Tres estilos: bohemia, clásica y pin ups, mi onda. Ambas estudiábamos Diseño y Confección cuando yo tenía 12 años. Si iba a una fiesta, ella me ayudaba a mutar cortinas viejas en vestidos estrafalarios. Nos juramos que cuando creciéramos fundaríamos una marca. Se recibió de diseñadora en 2006 y le propuse cumplir el anhelo. Pusimos un tallercito de seis personas en Chacarita. El local lo vamos a abrir en Palermo, cerca de casa. No puedo adelantar el nombre. Natalia Oreiro seguro que no.

–Fácil, ¿las Oreiro S.A.?
–Eh, soy muda. No lo tomo como un negocio. Es una manera de acercarme a mi familia.

–¿Entonces en televisión, cine y música aún no abrochó proyectos?
–Habrá un cuarto disco, que saldrá cuando deba. Me gustaría irme a la montaña y no bajar hasta terminar de componer las letras.

–¿Sonará en él alguna guitarrita de Mollo, el líder de Divididos?
–Tal vez (risas)… Luego, practico canto a diario, preparo una gira por Rusia, Polinesia, Africa, Israel; abundan los guiones, las reuniones con productores y directores y hay propuestas del extranjero, de España y Rusia. Iría a probar suerte afuera. Pero para regresar, eh. En 2000 había recibido una propuesta de Quentin Tarantino. Por mi situación personal (ríe), resolví (resopla)… Se reunió con mi antiguo representante, observó el video de Tu veneno, y le dejó un mensaje: “I want to talk with Natalia!”. Yo dejé Los Angeles porque se me incendiaba todo en la Argentina (vuelve a resoplar), y me abrí (tercer gesto de resignación). Una estúpida.

–¿Va a festejar cocinándole una cena a su marido? ¿Organizará una fiesta?
–Punto uno, yo no cocino. Punto dos, de entrada pensé festejar con Ricardo en el Himalaya, después, en organizar una gran fiesta. Me decidí por un viaje cercano.

–¿Lugar?
–Disculpáme, además de muda soy sorda. No escuché la pregunta. Respecto a los regalos, me cuesta recibir. Es un problema. Igual que los ruiditos. Prefiero dar.

–Retornamos al comienzo. ¿Cómo se imagina en los próximos diez años?
–Igual que ahora, pero más tranquila. Aunque la gente, cuando me encuentra, arriesga un “Sos igual a tu personaje, un torbellino”. Y no soy igual. Me encanta que no se sepa en forma real cómo soy. Al contrario, me considero tranquila en mi hogar, con mis cosas. No tengo auto, PC, reloj, celular, manager. Y aprendí a ser paciente, como a cuidarme. El poder de la mente es fuertísimo, para bien y para mal.

–Falta que nos adelante cuál será la fecha clave de la década que acaba de iniciar.
–Seguramente, la del nacimiento de mi primer hijo.

“<i>Quiero convertirme en madre. El amor y la devoción que tengo por mis ahijaditos Mía, Bruno y Lucio lo demuestran adentro mío. Pero todavía el cuerpo no me lo pide. Ya ocurrirá</i>”, adelanta Nati.

Quiero convertirme en madre. El amor y la devoción que tengo por mis ahijaditos Mía, Bruno y Lucio lo demuestran adentro mío. Pero todavía el cuerpo no me lo pide. Ya ocurrirá”, adelanta Nati.

“<i>Resulta gracioso, porque cuando era chica –más chica– sostenía que a esta edad me iba a retirar, y me veía con hijos. Y ahora siento que recién estoy arrancando</i>”.

Resulta gracioso, porque cuando era chica –más chica– sostenía que a esta edad me iba a retirar, y me veía con hijos. Y ahora siento que recién estoy arrancando”.

“<i>Admito que en cierto momento la fama me desbordó. No comprendía lo que sucedía afuera. ¡Era demasiado! Por suerte el tiempo te permite relajarte, madurar</i>”.

Admito que en cierto momento la fama me desbordó. No comprendía lo que sucedía afuera. ¡Era demasiado! Por suerte el tiempo te permite relajarte, madurar”.

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