“A las mujeres nos gusta jugar a ser independientes, pero en el fondo queremos que nos mimen” – GENTE Online
 

“A las mujeres nos gusta jugar a ser independientes, pero en el fondo queremos que nos mimen”

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No es que Gianella Neyra (28) haya soñado con ser actriz y todas esas cosas: simplemente tuvo la suerte -o el don- de estar en el lugar indicado en el momento justo. Y las cosas le pasaron. Como le pasó un día resignar su sueño de estudiar Biología marina cuando eso de los desfiles para la parroquia le empezó a divertir más que jugar a la pelota en la vereda ("porque vivía en una cuadra en la que eran todos varones; mi padre, Jesús, jugó en la Selección peruana en los '70 y, bueno, ¡qué iba a hacer!") y después se le transformó en una profesión temprana ("porque mi madre era de las mujeres que pensaban que 'si vas a hacer algo, hazlo bien', y entonces me llevó a estudiar modelaje"). Y ella, obediente, fue a las clases. Y los desfiles y las campañas gráficas no tardaron en llegar, y entonces el rostro de Gianella, con sus 16 años, inundó las calles de Lima. Todo sin quererlo demasiado. Y así, con la misma fatalidad, llegó la televisión: "Me gustaba un chico y me había enterado de que iba a ir a un casting. Entonces pensé: 'Buenísimo. Voy yo también, nos eligen a los dos y ya está'. Pero al final me eligieron a mí y a él no. Así que terminé animando un programa de música y al chico no lo volví a ver más", se ríe Gianella. Que así empezó su periplo por el mundo de la tevé.

-¿Y cómo siguió?
-A partir de eso me llamaron a un casting para una novela de jóvenes que se llamaba Malicia. Querían sacar una camada nueva de actores. Y fue un casting como de dos meses, de taller, casting… taller, casting… en los que subí como diez kilos de los nervios, porque todos los días teníamos que presentar una escena nueva. Y te iban diciendo, tipo Operación Triunfo pero sin cámaras: "Vos sí, vos no…". Y al final quedé como protagonista de la novela, no me preguntes cómo…

-Y todo por seguir a un chico…
-Sí, totalmente. Casualidad pura. Y el programa terminó siendo una revolución, porque en Perú hacía quince años que no se hacía ficción. Tenía 40 puntos de rating. Parecíamos Menudo, más o menos (risas). Por eso yo creo mucho en el destino. Es sabio: se encargó de decirme: "Tú te quedas acá"… Y ahí colgué mis ideas de Biología marina.

Las algas y los crustáceos quedaron en una anécdota más, y al furor de la novela juvenil le siguieron novelas y más novelas romanticonas. Después llegó el teatro "y me alucinó. Tener a la gente ahí, esa magia que se genera, me pareció apasionante. Y dije: 'Ya está, esto es lo mío'. Y me fui cuatro meses a Nueva York a estudiar el método Strasberg, porque sentía que no estaba siendo consecuente con mi carrera. Me daba como vergüenza decir 'soy actriz' cuando nunca había estudiado".

-¿Y te sirvió?
-Sí, gracias a Dios conseguí que no me colgaran el rótulo de "actriz de telenovela", que a veces es muy ingrato. Pero por suerte pude hacer cine, actuar en el teatro nacional, hacer teatro en verso… Y pude conseguir que me vieran como actriz, porque si te encasillan en el molde de modelo-conductora-actriz, fuiste. Es la peor combinación. Es el camino que todo el mundo detesta. Y yo lo había seguido al pie de la letra… (Risas)

-Y después de eso, el pase al exterior…
-Tenía ganas de hacer cosas nuevas, así que agarré mis petates y me fui a Colombia a probar suerte, pues. Había hecho Girasoles para Lucía, que fue la primera novela que se vio afuera, y eso me había abierto muchas puertas.

-¿Y por qué no rumbeaste para México, la Meca del culebrón latino?
-Mira, nunca tomé a México como una opción para trabajar, porque nunca me gustaron sus novelas. Las detesto... No me creo la forma de actuar que tienen allí. Así que hice algunas audiciones en Bogotá y, justo cuando había conseguido para hacer un policial, me llamaron de Argentina para participar una semana en Buenos vecinos. Y estando acá me ofrecieron hacer Yago, pasión morena. Obviamente me interesaba más Buenos Aires como medio artístico. Más temible como experiencia, también… Y mira ahora, que me quedé.

-Decisión acertada. Hasta terminaste casándote acá…
-¿Te das cuenta? En la época de Yago… yo estaba en un momento de crecimiento y no quería engancharme con nadie. Pero en el canal me estaban haciendo una especie de trabajo en conjunto para buscarme a alguien. El peluquero del canal siempre me decía: "Ay, yo te voy a presentar a alguien que es divino para ti: Segundo Cernadas". Yo no tenía idea de quién era. Y después, a los meses, viene una amiga y me dice que conocía a un actor que era para mí, que justo estaba yéndose afuera, pero que era divino, y me vuelve a sonar el nombre. Entonces yo le dije: "Bueno, ya está, por curiosidad llámalo y hagamos una comida en casa, así lo conozco". Y bueno, lo conocí. Y resultó que sí era para mí.

-¿Amor a distancia?
-Sí. Cuando lo conocí se estaba yendo a Miami a probar suerte, y le pareció copado que una actriz peruana le diera algunos consejos... No sabía de mis oscuras intenciones...

-El también tendría sus intenciones…
-Sí, las tenía…Y al tiempito viajamos los dos a Perú y trabajamos en la misma novela, Bésame, tonto. Y fue una experiencia bastante intensa, sobre todo porque fue la primera vez que trabajamos juntos. Fue como conocer a plenitud mi pareja, aunque a veces volaban platos. Después volvimos, hice Cantame un cuento, me casé, hice Culpable de este amor y seguidito ¿Quién es el jefe?, que sale de lunes a viernes a las ocho de la noche por Telefe. ¿Anotaron?

-¿Y qué te sedujo de hacer una sitcom?
-Que era un riesgo. Y eso me divertía. La sitcom es un género que era solamente norteamericano, y ahora estamos tratando de hacerlo un poco nuestro también. Además tenía muchas ganas de hacer algo distinto a la novela.

-¿A esta altura la novela ya es un karma para vos?
-No, para nada. Pero con estas cosas estoy aprendiendo muchísimo. Aunque a veces, después de grabar, me vuelvo a casa pensando: "Dios mío, el ridículo que estamos haciendo". Todas esas caras… Además, mi personaje baila mal, canta mal, es torpe, es tonto. Nada que ver conmigo..

-Suponemos que sos perfecta…
-Ja, ja… Claro... Pero, hablando en serio, creo que todo el lado descontracturado del personaje es muy mío. Soy así, medio caótica. A veces me creo la Mujer Maravilla, pero necesito un abrazo de mi esposo como cualquiera. A las mujeres nos gusta jugar a ser independientes, pero en el fondo deseamos ser mimadas, apachurradas y cuidadas.

-¿Seguís con ganas de tener muchos hijos?
-Me muero de ganas. Me encantaría. Pero, por lo mismo, quiero tener tiempo para disfrutar esa etapa… Por ahora, tengo claro que primero está el trabajo.

“<i>Con Segundo nos encantaría tener muchos hijos</i> –confiesa Gianella–. <i>Pero en<br />
estos momentos, la prioridad es el trabajo</i>”.

Con Segundo nos encantaría tener muchos hijos –confiesa Gianella–. Pero en
estos momentos, la prioridad es el trabajo
”.

“Nunca tome A Mexico como una opcion para trabajar, porque jamás me gustaron las novelas mexicanas. Las detesto... No me creo la forma de actuar que tienen allA”

“Nunca tome A Mexico como una opcion para trabajar, porque jamás me gustaron las novelas mexicanas. Las detesto... No me creo la forma de actuar que tienen allA”

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