“A la Presidenta la acompaño desde la consecuencia, no desde la obsecuencia” – GENTE Online
 

“A la Presidenta la acompaño desde la consecuencia, no desde la obsecuencia”

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La puerta de la casa de Julio César Cleto Cobos (52; Cleto a secas aquí en Mendoza) se abre una vez más durante la entrevista con GENTE y alguien entrega un regalo inesperado: un pallet con 30 huevos. Un símbolo que se reprodujo en afiches e imágenes tras su voto de desempate en el Senado –el número 37, el que sentenció a la Resolución 125 y al aumento de las retenciones–, y que ahora le provoca al vicepresidente una tímida sonrisa.

–¿Tuvo miedo cuando le tocó votar? Porque en la tarde del miércoles usted aparecía sonriente, y en la madrugada del jueves, con el empate en la votación, le cambió la cara.
–¡Y qué te parece...! ¿A vos no te hubiera cambiado? En esas horas hablé con mi familia. Mi hija me envió mensajes de texto pidiéndome que votara como lo hice. Hubo amigos que me dijeron que me convenía acompañar. Pero a la larga, el corazón te dice qué es mejor. Me dejé llevar por eso. Pero miedo, no, no tuve. A los 23 años me incorporaron al Ejército en El Pehuenche, al sur de Mendoza, por el conflicto del Beagle. Estaba listo para combatir. Después de esa experiencia estoy preparado para todo. No le tengo miedo a nada.

–¿Y en quién pensó mientras daba su voto en el Senado?
–En mi viejo, Fermín, que era peronista de la primera hora. Su primer infarto lo tuvo cuando murió Perón, en el ’74. Falleció en el ’91; era un gran tipo. Yo soy el único mendocino de la familia. Mi padre era de Villa del Parque, en la Capital Federal.

–Y además de mendocino, le salió radical...
–Mi viejo decía que tenía dos desgracias en la vida: que yo fuera radical y su nieto, hincha de Boca; él era de River, como yo. Pero me hubiera entendido.

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Afuera, en los escasos siete metros de frente de la casa de ambientes pequeños y sencillos de la familia Cobos, la peregrinación de agradecidos es incesante. El teléfono fue desconectado porque no paraba de sonar. Hasta que Cobos dijo “basta” (o quizá fue su mujer, María Cristina Cerutti –45–, que detesta la exposición pública y obligó a su marido a que sacara a los medios de la puerta), y después de una conferencia de prensa en el hotel Huentala durmió allí algunas horas, luego pasó a saludar a su madre (que padece Alzheimer y está internada en un geriátrico) y desapareció de la vista de todos. Algunos dijeron que marchó a Uspallata, otros a Chacras de Coria, y unos pocos al country Dalvian –propiedad de la familia Vila–, donde el vicepresidente alquila una casa, y adonde llegó su mujer, cargada de papeles y carpetas, en la tarde del sábado 19.

Los voceros de Cobos de las últimas horas, Alfredo Cornejo (intendente de Godoy Cruz) y su hermana Alicia (sí, como Kirchner, Cobos tiene una hermana Alicia y una mujer Cristina), prefirieron no dar precisiones sobre el lugar elegido por el vicepresidente para descansar. Las tensiones, el sueño escaso del viernes, y el largo viaje en auto desde su casa en Ezeiza hasta Mendoza (con paradas en cada pueblo de la ruta 7 para saludar a los productores rurales que hoy lo idolatran), lo habían agotado.

Me sorprendió el impacto que tuvo en la sociedad –le dijo a GENTE–. En las estaciones de servicio, desde el empleado que está en la bomba (surtidor en la jerga mendocina), hasta la chica de la caja, el que limpia el baño, todos me saludaban. No quiero interferir con los sociólogos, pero creí interpretar que la gente quería vivir tranquila, que le sacaran una angustia que ya llevaba cuatro meses, que veía un país que tiene todas las chances de forjarse un futuro y estaba interferido por este problema”.

–¿Y ahora que el Gobierno derogó la Resolución 125, se terminó el conflicto?
–Sí. Se abre una etapa más rica, de planificación a largo plazo, de proyectos. Mi discurso dio claros ejemplos. A saber, los impuestos al vino espumante eran del 12 por ciento, y los suspendió Kirchner cuando yo era gobernador, a cambio de obligar al sector a invertir más dinero de lo que el Estado recaudaba por ellos. Esa medida generó un efecto multiplicador grande, puestos de trabajo. Yo hubiera propuesto algo similar en el tema de las retenciones.

–¿Conceptualmente estaba de acuerdo con la Resolución?
–Estaba de acuerdo con las retenciones, con la movilidad de la norma.

–¿Y con el monto del 44 por ciento?
–Me parecía que había que retocar ese porcentaje. Me asesoré e indagué, y sabía que había que incluir otros productos que se debían incentivar, como trigo y maíz, que no estaban incluidos, porque la medida sólo hablaba de girasol y soja. Pero estaba de acuerdo en que una parte de la recaudación se destinara a las economías regionales. Mire: en nuestra zona los pequeños productores no tienen 100 hectáreas, tienen una o dos, nada más. Tenemos que cuidarlos, porque son los que aportan lechuga o cebolla, y eso sí repercute en la canasta familiar. En el consumo de los argentinos es más importante el tema del tomate, la lechuga y la papa, por ejemplo. Pero en el espíritu de la medida estaba de acuerdo. No dije ni que había que derogarla ni que era inconstitucional.

–¿De las alternativas que se presentaron, está más cerca de la que aportó Felipe Solá en Diputados, o la de Carlos Reutemann en Senadores?
–La de Reutemann beneficia mucho más al sector agropecuario. La de Solá está en el límite de lo que podían aceptar los ruralistas. Me pareció la más equilibrada.

–¿Por qué el Gobierno se cerró tanto...? Disculpe: le digo “el gobierno” como si usted no formara parte, y es uno de los miembros del Poder Ejecutivo...
–Yo soy parte del Poder Legislativo. Presido el Senado, y llegué a ese lugar porque me eligieron en una fórmula.

–Pero cuando Cristina viaja, usted ocupa ese cargo.
–Está bien, pero... ¿voy a cambiar a un ministro o a emitir un decreto mientras ella no esté? No, es la realidad. El 99,9 por ciento de mi tiempo es presidir el Senado. Lo demás es una formalidad. Si hay algún problema, no voy a hacer lo que yo quiera. En cambio, mi cargo es más activo en el Legislativo. ¿La Presidenta podría haber votado el otro día como lo hice yo? No. Hay que dejar de lado esa duda de si formo parte del Ejecutivo. Por mí no pasan ni los ministros... Mire cómo salieron algunos ministros a criticarme. Si hubiera dependido de mí, les habría pedido la renuncia.

–¿A qué ministro le pediría la renuncia?
–No me corresponde. Pero que quede claro: yo fui en una fórmula, pero no por eso debo decir a todo que sí, o coincidir siempre. Cuando dos personas piensan igual, es porque una no piensa. Y acá estábamos en una situación que no podía ser “todos a favor o todos en contra”. Además, mi anhelo no era llegar al voto desempate. Por eso propuse un cuarto intermedio, para que hubiera consenso. Traté de decirles: “Muchachos, acuerden, porque la ley también tiene cosas buenas. ¿Por qué encerrarse en una postura?”. Esa fue mi intención. Le pregunto: ¿el país hubiera sido mejor si yo votaba a favor? Seguramente no.

–Hubiera seguido el conflicto.
–Exacto. Y hoy el conflicto está resuelto.

–¿Por qué en nuestro país todo parece cuestión de vida o muerte?
–Sí, hay una tendencia. Acá ya parece que hay una crisis institucional... Para mí hace falta “mendocinear” un poco la política nacional.

–¿En qué?
–En Mendoza hay una institucionalidad muy fuerte. A nivel nacional se ven como anormales cosas que en Mendoza no lo son. A mí me han modificado proyectos, me han anulado leyes, y yo también he vetado algunas de la Legislatura. Pero es normal. Debe ser que en Mendoza hay tres partidos, y una muy buena Constitución: no hay reelección, y ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano, ni mi esposa me pueden suceder en la gobernación. Están previstas todas las cuestiones.

–En Mendoza no hubiera sido posible Cristina Kirchner presidenta, entonces.
–Acá no se podría. Yo ya tengo una Cristina, de todos modos (ríe).

–¿Y cómo es su Cristina?
–Es más brava, se lo aseguro. Pero volviendo a lo político, cuando yo tenía que mandar algo a la Legislatura, llamaba a los presidentes de los bloques y les decía: “Mírenlo durante 15 días, a ver dónde podemos ponernos de acuerdo”. ¿Cuál es el problema? Si algo no me salía, no era el fin del mundo. ¡Y en el tema del campo estábamos hablando de una resolución!

–Todavía no lo llamó nadie del Gobierno. ¿Cómo ve su futuro?
–Asumiendo el rol que tengo. Y con una buena relación. Hay que dejar pasar el tiempo.

–Cuando Scioli fue vicepresidente, al comienzo del mandato de Kichrner, fue castigado por una mera declaración sobre aumento de tarifas. ¿Cuando usted asumió con Cristina, tuvo en cuenta aquel antecedente?
–Bueno, uno lo sabe. Pero hablar de castigo de un Poder hacia otro, no lo entiendo... A lo mejor puede haber menor confianza conmigo, o menor cantidad de consultas, pero no depende de mí.

–¿Vio los afiches que lo muestran como San Martín?
–No los he visto. Es una exageración...

–¿Está en carrera para ser presidenciable en el 2011?
–No... Recién voy a pensar mi futuro político, o mi retiro, unos meses antes de terminar el mandato. Ni se me pasa por la cabeza la elección a presidente.

–Le recuerdo que alguna vez también me dijo que no le habían propuesto ser vicepresidente, y que el Gobierno no necesitaba un vice radical.
–A lo mejor en ese momento no me lo habían propuesto.

–Tiempo después me dijo que iba a acompañar a Cristina en todas sus decisiones. ¿Por qué esta vez no?
–No crea, la he acompañado. Hoy sé que la imagen y la popularidad del Gobierno creció después de la decisión que se tomó en el Congreso. Yo la acompaño desde la consecuencia, que es mejor que desde la obsecuencia. Creo que ella va a entender que la estoy ayudando.

–Sin embargo, en el Chaco, Cristina habló de traiciones y sugirió que usted era quien iba a entender.
–No me di por aludido.

–Pichetto, jefe del PJ en el Senado, lo trató de Judas.
–Mire, si no analizamos ni reflexionamos sobre lo que pasó, bueno... El oficialismo tenía una mayoría dominante en el Congreso, de hasta dos tercios. Entonces, que no se fijen tanto en mi voto, que desempató, sino en por qué llegaron al empate. Es el primer análisis. ¿Somos todos traidores?

–Máximo Kirchner dijo que usted debería renunciar.
–Qué digan lo que quieran, yo no voy a renunciar..

–¿Cómo imagina el reencuentro con Cristina?
–Como el de la noche en que cenamos en la fiesta de las Fuerzas Armadas: “Hola, Julio”; “Hola, Cristina.”

–¿Y con Néstor?
–Lo mismo.

–Pero él no tiene el mismo carácter que ella.
–(Ríe) Los dos tienen carácter. Bah, los tres lo tenemos.

– Usted parece tranquilo. ¿Es de explotar?
–Soy tranquilo, pero una vez me quebré un hueso de la mano golpeando una mesa.

–¿No se debería alejar Néstor del centro de la escena para que funcione mejor el gobierno de Cristina?
–Tiene que actuar con prudencia, porque, sin querer, puede originar una pequeña sombra sobre ella.

Viernes 18. Una vecina saluda a Julio Cobos en la vereda de su casa mendocina, en la calle Joaquín V. González. En esta provincia, el vicepresidente es conocido simplemente como Cleto.

Viernes 18. Una vecina saluda a Julio Cobos en la vereda de su casa mendocina, en la calle Joaquín V. González. En esta provincia, el vicepresidente es conocido simplemente como Cleto.

El vicepresidente con una foto de su familia en el comedor de su casa. Y la ceremonia del mate junto a su mujer, Cristina, que lo acompañó desde la dramática madrugada del jueves 17.

El vicepresidente con una foto de su familia en el comedor de su casa. Y la ceremonia del mate junto a su mujer, Cristina, que lo acompañó desde la dramática madrugada del jueves 17.

Cobos prefirió alejarse de la Capital Federal y refugiarse en parientes y amigos. Es aficionado a las maratones de media distancia y a trotar por el Parque San Martín de Mendoza.

Cobos prefirió alejarse de la Capital Federal y refugiarse en parientes y amigos. Es aficionado a las maratones de media distancia y a trotar por el Parque San Martín de Mendoza.

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