“A la felicidad hay que buscarla todos los días” – GENTE Online
 

“A la felicidad hay que buscarla todos los días”

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Me gustan los cambios drásticos. Hay que animarse a jugar a ser otra, alguien nuevo… Es como empezar de cero”, dice esta Carolina Pampita Ardohain (31) que abandonó el rubio platinado con el que deslumbró durante el verano y, sin escalas, se convirtió en la gran morocha nacional. “Ahora mi pelo es color dulce de leche. Así de rico y así de argentino… Como yo”, se ríe mientras la peinan en el estudio de Gabriel Machado, donde se realiza la producción fotográfica de la campaña de Garnier, siendo las siete de la mañana en punto y mientras el termómetro marca que la ciudad amanece con un grado de temperatura.

–¿Y no te da ni un poquito de miedo empezar todo desde cero?
–¡Nada de nada! Está buenísimo que la gente te vea distinta en tu trabajo y que en tu casa vuelvan a sorprenderse. Hay que ser camaleónica.

“QUIERO TENER MAS HIJOS”. Está más flaca (“47 kilos, pero cero dieta”, jura), más fibrosa (“las horas de danza me cambiaron el cuerpo”, confiesa), y con las curvas muy marcadas (“ahora no estoy haciendo nada de gimnasia, porque trabajo todos los días en Chile y cuando vengo a Buenos Aires no paro”, asegura). Mientras posa para las fotos, mete su dedo en el pote de cartón de dulce de leche y se deja tentar.

Cuenta que está organizando un viaje a Londres para toda la familia. A saber: Benjamín Vicuña (30), su pareja desde hace más de tres años, ahora teñido de rubio por exigencia del personaje que interpreta en la obra La gran noche, que está haciendo en Chile, y hombre “fascinado con esta mujer increíble”; Blanquita, que el 15 de mayo cumplió tres años y lo festejó en el nuevo departamento que compraron sus papás en Buenos Aires, con amiguitos, traje de princesa y torta hecha por su mamá; y Bautista, que nació el 29 de febrero de 2008 “y por eso tuvimos que hacerle la fiesta de su primer añito el 1º de marzo”, justo antes de mudarse a su nueva casa en un country en las afueras de Santiago. Conformada así la familia, todos se subirán al avión para quedarse en la capital de Gran Bretaña hasta el 30 de julio. “Vamos todos los años a visitar a la mamá de Benja, que vive allí”, cuenta Pampita.

–¿Qué dijeron en tu casa cuando te vieron morocha?
–Blanquita estaba fascinada. Ella quiere parecerse a mí, me copia en todo. Gritaba: “¡Tu pelo ahora es igual que el mío, mamá!”. Es coqueta y le gusta que salgamos vestidas casi igual. Si me ve con calzas, corre a ponerse calzas…

–¿A Benjamín le gustó?
–No sé. Preguntale a él (se ríe).

–¿Me vas a decir que Bautista balbuceó algo?
–Bautista está enamorado de mí, me sigue a todas partes. Pero Blanca está muerta con su papá. Le dice que lo ama. “Sos lindo, papá”, le secretea al oído y lo besa, se abrazan todo el tiempo… ¡Ahí no puedo ni competir!

La producción le llevará dos días: uno para gráfica y otro para tevé. Como cada mañana tendrá que poner el despertador a las cinco y media en punto para llegar a horario al estudio, durante esta semana será Benjamín quien se levante a calmar un llanto con un chupete o a cambiar un pañal si fuera necesario. “No es algo que hablamos, se da naturalmente. Cuando le toca trabajar a él en horarios complicados, me levanto yo; y si no, lo hace él. Benja es muy compañero, un papá que ayuda en todo. Adora a sus hijos. Con Blanca juega a las escondidas, a la casita y ella le prepara el té, dibujan, hacen muñecos con plastilina… ¡Uyyy, cuando se entere que conté que se sienta a jugar a la casita se muere!”, dice y se ríe con ganas.

–¿No sintieron nunca que los chicos les quitaban tiempo como pareja?
–No me quitaron nada, sino todo lo contrario: me dieron una felicidad que no había imaginado. Si algo cambió, fue para mejor. Compartir el día a día en familia te enriquece como ser humano. Si me das a elegir, soy más pro-familia que pro-noviazgo.

–¿Acaso quieren agrandar la familia?
–Ahora me tengo que organizar con estos dos, que son chiquitos, pero me encanta estar embarazada: es el momento de mayor plenitud para una mujer. No vamos a buscar un bebé ya, pero soñamos con una familia casi numerosa: de tres hijos… o cuatro. Dios dirá.

“BUSCO LA FELICIDAD TODOS LOS DIAS”. Mientras algunas luces se apagan, Caro habla bajito. Y cuenta que Blanca y Bautista la ayudaron a crecer, a mirar la vida de una manera distinta y a preocuparse por dejarles un mundo mejor. Envuelta en su diminuto vestido color chocolate, confiesa: “Soy una persona positiva: veo el vaso medio lleno, no el medio vacío. Hoy, cuando aparecen rumores sobre mi vida, ya no me enojo: a lo sumo me agarro una rabieta de quince minutos y después me olvido. No es que no me importe, sino que la vida me dio tanto que sería muy injusto no agradecerlo y disfrutarlo. Estoy en una etapa de madurez y armonía”.

–¿Hiciste análisis para lograr esta armonía?
–No, nunca fui a un psicólogo. Los chicos y los años me ayudaron a crecer. Soy como cualquier mujer: no tengo una vida color de rosa, como algunos pueden fantasear. Sé que la felicidad hay que buscarla todos los días. Pero aprendí que está más cerca de lo que uno se imagina, en las pequeñas cosas. Sólo hay que abrir bien los ojos.

–¿Dónde encontrás hoy la felicidad?
–En esta tranquilidad que logré, en ver crecer a mis hijos, en sentirme acompañada, en dormir tranquila porque los míos tienen techo y comida, salud y mucho amor. Con eso soy feliz. Y es lo único que me importa. “Hay que ser camaleónica y animarse a los cambios drásticos. Es como empezar de cero, todo un desafío”, dice mientras posa para la campaña de Garnier, a cargo de Gabriel Machado. Primero fue rubia, ahora castaña, y “pienso aceptar el pelirrojo o cualquier otro color”, sintetiza.

“Hay que ser camaleónica y animarse a los cambios drásticos. Es como empezar de cero, todo un desafío”, dice mientras posa para la campaña de Garnier, a cargo de Gabriel Machado. Primero fue rubia, ahora castaña, y “pienso aceptar el pelirrojo o cualquier otro color”, sintetiza.

“Cuando aparecen rumores ya no me enojo; a lo sumo, me agarro una rabieta. No es que no me importe, sino que la vida me dio tanto que sería muy injusto no disfrutarlo. Estoy en una etapa de madurez y armonía”

“Cuando aparecen rumores ya no me enojo; a lo sumo, me agarro una rabieta. No es que no me importe, sino que la vida me dio tanto que sería muy injusto no disfrutarlo. Estoy en una etapa de madurez y armonía”

En el estudio de Gabriel Machado, Pampita trabajó desde las siete de la mañana a las nueve de la noche. Se comió casi medio kilo de dulce de leche entre toma y toma (“me pierde más que el chocolate”) y controló cada detalle de la producción.

En el estudio de Gabriel Machado, Pampita trabajó desde las siete de la mañana a las nueve de la noche. Se comió casi medio kilo de dulce de leche entre toma y toma (“me pierde más que el chocolate”) y controló cada detalle de la producción.

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