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“A esta edad ya no creo en la simbiosis: simplemente, busco un compañero”

“A esta edad ya no creo en la simbiosis: simplemente, busco un compañero”

Redacción Gente

Viste el bombón que tengo? Ahora nos vamos diez días de vacaciones a Miami…”. Sentada en el sillón, con las piernas cruzadas tipo indio, de entrecasa pero sin descuidar la sensualidad, Reina Reech (50) invita un mate. El “bombón” que irrumpe en el living, con sus ojos de un color celeste casi transparente, es Bautista, su hijo menor –12 años, fruto de su relación con Pablo Lena– y compañero de viaje desde hace cinco años. “Nos divertimos mucho juntos. Tengo una relación muy linda con mis dos hijos”, reafirma ella. Y termina de encuadrar la situación familiar. “¿Tu papá qué hace en la puerta? ¿Quiere pasar? ¿Subís? Está Juana arriba”, agrega. Y explica que sus dos hijos viven con ella, aunque Juana –20 años, la hija que tuvo con Nicolás Repetto– “cuando trabaja, despega y se alquila un departamento, pero después vuelve”.

Las vacaciones con Bautista son, en realidad, un corto respiro antes del regreso al trabajo. Después del final de Patinando por un sueño, donde es jurado, y de Localidades agotadas –el programa que conduce desde hace cuatro meses los sábados a la noche en Canal 10 de Montevideo– se mete en su rol de directora artística de la obra Deslumbrante, de Miguel Angel Cherutti, que se estrena el 12 de diciembre en Mar del Plata. A eso le suma el cierre de año de sus tres escuelas de danzas y arte. Es que ahora Reina mira las tablas desde abajo. “Me convocan muchas veces para volver al escenario. Si algo me divierte lo hago, pero ahora disfruto más del otro lado. Me encanta mi trabajo. Además, no tengo el vicio del ego, de tener que estar siempre expuesta: es lo que más me molesta de la profesión. Puedo no aparecer, no estar en escena, tomarme mi tiempo de ocio, unos meses para estar en casa, quedarme en casa con los chicos…”.

Pero no es todo. Además de dedicarse a sus hijos y al trabajo, después de varios años de soledad la ex vedette se hizo lugar para empezar una nueva historia. El hombre en cuestión es Sergio Hernández, un empresario uruguayo de 48 años, con quien comparte los fines de semana en Montevideo desde hace tres meses. “Ahora que terminó el programa en Uruguay, veremos si resistimos la distancia, ¿no?”, lanza ella.

–Hace tiempo que decís que tenés ganas de estar en pareja.
–Sí, es que desde que me separé de Pablo (Lena), hace ocho años, tuve una sola relación.

–¿O es que sos muy discreta? Porque nunca te agarran in fraganti…
–No, no es discreción. Me encanuto acá y no salgo, te juro… Hay prioridades en la vida. Ya no tengo veinte, ni ganas de ir a bailar ni de conocer a uno y otro. No me pegó el viejazo, esas ganas de vivir lo que no viví antes. Conocí todo lo que quise cuando era chiquita. No me divierte el touch and go, ni me gusta la gente más joven. Entonces es complicado porque, pasando en limpio, no hay mucha oferta…

–¿Te encaran los chicos más jóvenes?
–Bastante. Pero ni arranco. Nada. Cero onda. No me seducen.

–¿No te ves con un sex toy, tipo Moria?
–¡Noooo! Pero te aclaro que me encantaría volver a enamorarme, porque es un estado maravilloso.

–¿A los 50 encarás la pareja de otra manera?
–Y… Es que de pronto uno tiene otras prioridades. Buscás pasarla bien, compartir las mismas cosas, tener los mismos gustos, cosas en común. Eso es fundamental. Cuando uno es más chico, aunque te parezca que son el agua y el aceite, no te importa nada y vas contra la corriente. Ahora, si veo que la corriente no fluye, suelo mirar para otro lado.

–Te llegó la sabiduría…
–Es que cuando tuviste tus historias, te das cuenta de que, tarde o temprano, esas relaciones no son duraderas. Por ejemplo ahora con Sergio. Te digo: es un amor, la pasamos fenómeno. Pero yo ya terminé mi programa en Uruguay, ya no viajo todos los fines de semana a Montevideo. Ahora me voy de vacaciones con Bautista, después tengo que ir a Mar del Plata. Si bien hablamos de visitas y demás, uno no sabe qué puede pasar, ¿no? Ahora depende de los dos.

–¿Tus hijos quieren que te pongas de novia?
–Les gustaría que yo esté feliz, pero también me ven muy bien sola. Después de mi última separación, decidí que no quería tener necesidad de otro para estar completa. Trabajé en ver qué cosas me gratificaban, más allá de una relación. No creo en la simbiosis ni en la media naranja. Me gustaría que, a esta edad, fuéramos dos completos que tenemos ganas de compartir. Lo que me suena en este momento es la palabra pareja.

–Hablás mucho de tu edad. ¿Te llevás bien con los 50?
–Bárbaro. Cuando te ves y te sentís bien, no te peleás con el número, porque es sólo eso, un número. Y yo siento que tengo una cosa interna muy juvenil, y está bueno. No es sólo físico. Claro, me ocupo de mi estética, de cuidarme en la comida, de hacer gimnasia.

–¿Sos muy obsesiva?
–A esta edad, si no te cuidás y te pasás de la raya, ¡no hay retorno! Te tenés que cuidar o cuidar. Aunque me hincha, hago aeróbic, como sano, hago Pilates…

–¿Cuánto te hincha este esfuerzo?
–Mucho, porque nunca lo tuve que hacer en mi vida. No estaba acostumbrada. Pero bueno, hay edades para todo. En algún momento hay que soltar. Si suelto, va a ser después de que, con un amor, decidamos que ya no nos importa a los dos.

–¿El año que viene volvés a ser jurado?
–Tengo una propuesta, lo estamos viendo. Ahora le agarré el gustito a la fórmula medio año de ocio, medio de laburo. No sé.

–¿Cómo te llevás con los escándalos de Patinando…?
–Mirá, si bien parezco una mujer muy avasallante, soy sensibilidad pura. En cualquier programa me escarban un poco y me pongo a llorar. He pasado por dolores de estómago, angustia, de todo. Porque cuando la agresión es gratuita y cualquiera sale a decir cualquier cosa de vos porque no le gustó la devolución que hiciste, es horrible, muy incómodo. Los primeros años lo padecí más, pero éste decidí volver y despegarme de las agresiones. Como diría Florencia de la V, “que me resbale”. Si yo tengo la conciencia tranquila de que no quiero favorecer ni jorobar a nadie, que digan lo que quieran. En Montevideo conoció a Sergio, un empresario uruguayo. Pasan juntos todos los fines de semana. Mientras Reina trabaja, él la espera en el estudio de Canal 10.

En Montevideo conoció a Sergio, un empresario uruguayo. Pasan juntos todos los fines de semana. Mientras Reina trabaja, él la espera en el estudio de Canal 10.

“Ya no tengo veinte años, ni ganas de ir a bailar ni de conocer a uno y otro. No me divierte el touch and go ni me gusta la gente más joven”

“Ya no tengo veinte años, ni ganas de ir a bailar ni de conocer a uno y otro. No me divierte el touch and go ni me gusta la gente más joven”

En la otra orilla Reina busca a alguien con quien compartir, salir y divertirse.

En la otra orilla Reina busca a alguien con quien compartir, salir y divertirse.

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