25 años en 25 anécdotas – GENTE Online
 

25 años en 25 anécdotas

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AÑO I. Génesis. Joaquín Galán nació el 21 de julio de 1956. Hubo de ser doctor en Ciencias Económicas, pero la música le ganó al Producto Bruto Interno y la tasa de interés. Signo: Cáncer. Mujer: la artista plástica Viviana Berco. Señas particulares visibles: “Tengo muy buen humor, y se me nota. Pero combino horriblemente los colores de mi ropa: despiste total”. Influencia: “Crecí escuchando a Raphael en mi Wincofón”.

Graciela Lucía Galán nació el 23 de mayo de 1961. Hubo de ser actriz dramática, pero la música le ganó a Lady Macbeth. Signo: Géminis. Señas particulares visibles: “Me río todo el tiempo, y de cualquier cosa. ¿Ropa? Según. Tengo días de jeans y zapatillas, y días de boa y plumas”. Modelo: “Me desmayo por Roberto Carlos”.

AÑO II. Retrato de familia. De padres españoles, Joaquín –niño aún– quiso ser torero, porque “España tiraba mucho… Vivíamos mitad en Villa Urquiza y mitad en León”. Después, la vocación cambió de fiesta brava a Bombonera: “Quería jugar en Boca”. Gentes de buen pasar: Joaquín padre, asturiano, tenía restaurante y hotel, “y dos por tres viajábamos a España a ver a la parentela”. Madre: María Ingracia, “toda una madraza hispánica”, según Joaquín y Lucía.

AÑO III. Música, maestro. Allá como por sus 17 años, a Joaquín empezó a tirarle la música. “Formé un grupo, Karmada, y tocábamos temas de Los Beatles. Además, en casa, como buenos españoles, todos tocaban instrumentos y cantaban”. Allá también por sus 17, Lucía estudiaba en el colegio Santa Rosa, pleno centro, tomaba clases de teatro, y ensayaba desgarradores dramas frente al espejo. De canto, ni hablar, “hasta que nuestra madre nos desafió: ‘¿Por qué no cantan juntos?’. Me pareció ridículo: ¡dos hermanos cantando! Pero empezamos el dúo en las reuniones familiares o de amigos… ¡y todos se mataban de risa!”.

AÑO IV. Visita inesperada. En un viaje, medio de rebote, conocen a Luis Aguilé. Al tiempo, el hombre de “ven a mi casa esta Navidad” les cae de sopetón en la casona de Villa Urquiza. Los oye y sentencia: “Ustedes dos tienen algo. ¡Sigan adelante! No hay en el mundo dos hermanos así…”. Es que, calladitos y a solas, “ya habíamos empezado a teatralizar las canciones. Después pusimos hasta el último peso para alquilar un estudio de grabación y contratar a cuatro músicos. Grabamos Tú me prometiste volver y No quise tu corazón. Luisito se llevó el casete y se lo dio a CBS Columbia. Silencio… Hasta que un día nos llamaron: ‘Queremos tener una entrevista con ustedes’. ¡Casi nos morimos!”, recuerda siempre Lucía.

AÑO V. No todas son rosas. Grabado y lanzado al mercado el primer simple (Tú me prometiste volver), primera desilusión: en un mes, y con promoción a todo trapo, no vendieron ni cuatrocientos discos. Pero no está muerto quien pelea. Joaquín le pidió a Armando Barbeito, productor de Show fantástico, que les hiciera “un lugarcito en tu programa”. Barbeito, para no correr riesgos con dos desconocidos, los mandó al mediodía. Pero el Destino les tiró mejores dados: el recital de las ocho y media de la noche –horario de lujo– falló, y llamaron de urgencia a los Pimpinela. Joaquín pidió “una mesa, dos tacitas de café y el estudio a oscuras”. Se rieron: “Pibe, esto no es una telenovela”. Pero tanto fue el cántaro a la fuente que aceptaron. Una semana después… ¡vendieron diez mil discos!

AÑO VI. Una flor roja y negra. Hora del bautismo. Pensaron en llamarse Amanecer, Los hermanos Galé y hasta el sencillo Joaquín y Lucía. Pero recorriendo las páginas de un libro encontraron una flor con sus colores preferidos, rojo y negro: la pimpinela del Caribe. Y como tal (tales) empezaron sus giras: Viña del Mar, Miami, Nueva York (en el Radio City, y con Phil Collins, Yoko Ono y Rod Stewart en el mismo programa, y después en el Madison Square Garden ante veinte mil almas). Y ya no pararon…

AÑO VII. El bombardeo. “Nunca faltan encontrones/ cuando un pobre se divierte”, sentenció José Hernández en su Martín Fierro. La gente sencilla se divertía, pero algunos críticos, otros músicos y sobre todo los rockeros, “querían matarnos”, memoran. Los más piadosos los tildaron de populacheros. Los más crueles, de grasas y de cursis. “Al principio nos dolía, pero la emoción del público nos alentaba cada vez más. Después de todo, a Julio Iglesias lo llamaron ‘el cantante de las mucamas’, y finalmente el mundo acabó pagando con muchos dólares una entrada a sus shows” (declaración conjunta de los Pimpi).

AÑO VIII. Mal de amores. Testimonio de Joaquín a fines de los 80’: “No me di cuenta, pero las giras, los viajes, los largos ensayos, pusieron en peligro mi matrimonio. En enero del ’87, desastre: ¡nos separamos! Ibamos derecho al divorcio. Pero en diciembre hablamos, analizamos el problema, nos reconciliamos, y por suerte funcionó”.

Testimonio de Lucía, misma época: “Me endilgaron mil amoríos: Maradona, Philip Michael Thomas –el de División Miami–, Ova Sabatini… ¡Mentira! Estuve de novia con Guillermo Guido y con Alberto Roca. Punto. En esta profesión necesitás mucho afecto, pero sólo cosechás soledad…”.

AÑO IX. Intermezzo dietético. Cuanto mejor les iba… más comían. “Engordamos, porque –sangre española al fin– somos capaces de matar por una cazuela de mariscos, un pulpo a la gallega, una paella. Pero de pronto, la ropa no nos entraba”. A grandes males, grandes remedios: con lágrimas y dolor en el alma, se entregaron a una dieta feroz…

AÑO X. La hora de la venganza. ¿Populacheros, grasas, cursis? Que cada uno juzgue. Pero los Pimpi anotaron goles en los ex-clu-si-ví-si-mos estadios del rock. Por ejemplo, Obras –inimaginable templo para eso de “Me mentiste, me engañaste”–, donde llenaron hasta el marco de las puertas. O el Coliseo, que atestaron media docena de veces. O el Metropolitan. Y luego, todos los campos de batalla que se les antojaron. Y después fundaron Pimpinela Producciones, con folletos bilingües. ¡Andá a pararlos, don Rock Nacional!

AÑO XI. La hora solidaria. Fundan el hogar Los Pimpinela para la Niñez. Logran, desde allí, que muchos chicos coman, estudien, viajen en avión por primera vez, se acerquen a un mundo que les parecía imposible. Para entonces llevaban vendidos… ¡diez millones de discos! Joaquín tenía un hijo de casi cuatro años. Lucía estaba en pareja con Diego Guelar, entonces embajador argentino ante la Comunidad Económica Europea. Volvían al país después de recorrer medio mundo. Un lujo se han dado: rechazar dos millones de dólares (oferta de un empresario español para que protagonizaran una telenovela). No hay periodista que no les pregunte cuál es su secreto. La respuesta es pura lógica: “Porque aunque en las canciones nos peleemos… siempre hablamos de amor”. Y el amor, ya se sabe, nunca falla…

AÑO XII. Pimpi x 20. Súper híper maxi top (ísimo) vigésimo aniversario de los singer brothers. Han batido varias veces su propio récord. Los discos van por los dieciocho millones en todo el mundo. En el ispa: cinco millones. Shows: dos mil quinientos, vistos por siete millones de almas en doscientas treinta ciudades de veintidós países. Setenta discos de oro y otros tantos de platino. Ocho premios ACE (cronistas de Nueva York). ¿La fiesta? En un Luna Park explotando… ¿Queda algo por decir?

AÑO XIII. Confesiones íntimas. Lucía es nom de guerre: se llama María Graciela. Sentimiento doble: “Alegre por haberme metido en esta aventura, y triste… por dejar de vivir”. A sus padres: “Gracias por educarme en el código del trabajo y del respeto… (Joaquín, su padre, ha muerto joven: a los 62 años). Creo que lo entendí a fondo cuando conocí su aldea asturiana, La Bustariega, un pueblito de treinta casas en una montaña de dos mil quinientos metros, y una cantina como única diversión”. Madre: “Muy centrada, muy sobreprotectora, con los pies bien sobre la tierra, y el nexo que une a la familia”.

AÑO XIV. Confesiones íntimas (II). La verdad verdadera, toda la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad sobre su relación con Joaquín: “Al principio tuvimos diferencias. Es mayor que yo, tuvo grupos musicales antes de que yo empezara a cantar, y siempre decidía todo por sí mismo, sin consultarme: viajes, recitales, contratos. Me costó mucho aceptarlo, y a él, comprenderlo. ¿Ahora? Estamos bastante empatados. A veces se le escapa el Joaquín de ayer, pero las cosas son más de a dos. Los años de terapia nos ayudaron mucho. Hoy nos peleamos, pero por boludeces, por tonterías”.

AÑO XV. Joaquín dixit. “Hago memoria. Soy muy chico y estoy sentado junto a una pared mientras suena un acordeón y mis tías bailan flamenco. Es raro: estoy y no estoy allí, como si me desdoblara. No participo. Pienso. Pero ese clima me invade. No sé si estoy triste o alegre. Si escribiera mis memorias, éstas serían las primeras líneas del primer capítulo”.

AÑO XVI. Joaquín dixit (II). “Una confesión hasta ahora inédita –le dice a GENTE–. Nuestro primer-primerísimo debut. Fue en La Plata, el seis de noviembre de 1981, en un boliche llamado Macondo. Fue algo horroroso. Falló todo: el sonido, las luces… ¡y nosotros! El público nos miraba como a extraterrestres. Fue como para no reincidir, pero no nos deprimimos: nos reímos mucho y le dimos para adelante”. Macedonio Fernández hubiera dicho: “Si fallaba algo más, el show hubiera sido perfecto”.

AÑO XVII. Situaciones límite. Pregunta inevitable, insoslayable y todos los able que el lector se imagine: ¿Alguna vez estuvieron por separarse y seguir cada uno su camino? Según Lucía: “No a tal extremo, pero…” El pero es (fue) así: “Tuve muchos conflictos en mi vida personal. Cuando debutamos, Joaquín ya estaba casado. Pero cuando me casé yo y tuve a Rocío, mi hija, ya no podía ser Pimpinela tiempo completo: soy una madre, y muy estable y presente, no una madre entre gira y gira, que es lo más cómodo. Pero Joaquín lo entendió”.

AÑO XVIII. Sacándose chispas. Brevísima crónica de una confesión, sin más testigo que GENTE:
Lucía: Te ahorro el adjetivo: mi vida fue… ¡mucho más que vertiginosa! Tuve que conocer a mis parejas en los viajes, y echarle la culpa de esa inestabilidad a mi trabajo. Falso…
Joaquín: Fue un escape de otros miedos…
Lucía: Es cierto. Y no fue nada fácil…
Joaquín: Te cuento la verdad sobre el nombre Pimpinela… que en realidad lo inventó nuestro productor.
Lucía: Nos dijo que era una flor caribeña, muy exótica, roja y negra, hermafrodita, conectada con Mercurio y el Sol, que significan éxito, y…
Joaquín: Y yo dije: “Una flor… ¡¡¡flor de boluda!!! Pero nos convenció.
Lucía: ¿Te das cuenta de cómo es Joaquín?

AÑO XIX. Panic attack. Despegue internacional. Año ’84. Festival de Viña del Mar (en aquellos años, célebre). Todo en contra. Cuarenta mil personas. “Los chilenos, que son bravísimos: ¡te bajan a silbidos!, recuerda Lucía. “Además, con el eco de la guerra de las Malvinas, en la que Chile apoyó a Inglaterra… ¿te imaginás? Pensamos que El Monstruo, como en Viña del Mar llaman al público, iba a bajarnos a cachetazos. ¡Pero ganamos la Antorcha de Plata!”.

AÑO XX. El día (o la noche) D. Casi a coro: “El gran momento, la hora de la verdad, el minuto en que decís ‘¡llegué, llegamos!’, fue cuando en la marquesina del Radio City de Nueva York leímos Phil Collins-Pimpinela-Yoko Ono. Ahí mismo, esa noche, ¡nos morimos!”.

AÑO XXI. ¡Idolos! Pero no ellos, sino de ellos. Si Joaquín tuviera que llevarse dos temas a una isla desierta, serían Yesterday, por Los Beatles, y Strangers in the night (¿para qué traducir?), by un tal Frank Sinatra. “Me dan vuelta”, jura y rejura. Y si Lucía ídem: “Me llevaría El viento a través de las alas, en la versión de Bette Midler”. Consejo, lector: si los tiene, cuando termine de leer esta nota, ¡póngalos y déjelos correr!

AÑO XXII. Solo, de noche, y fumando. Believe it or not, Joaquín Galán compone. Y no así como así, cada tanto, un par de temitas. Desde sus días de acné y primeros amores, urdió… ¡doscientos temas! ¿Cómo, cuándo? “Solo, de noche, cuando todos duermen, con guitarra, café y cigarrillos. Es el momento en que más se sufre… y más se goza. Es decir, mi cincuenta por ciento”. Adenda: no hay noticias de que vecino alguno se haya quejado “por esa guitarrita que no me deja dormir”. Buena señal.

AÑO XXIII. El público según Lucía. Ella, la hermana, no compone. Pero conoce el alma humana, porque mucho ha vivido. Y –por supuesto– también, y mucho, el alma del público. Y dice de ese juez, ese abogado defensor, ese verdugo: “Desde el escenario te das cuenta de todo. La gente se ve reflejada como en un espejo. Somos una proyección de ella, y también sus cómplices. Unos sufren, otros se codean, otros se ríen. Y después, cuando bajan a los camarines, tanto en Chicago como en Barcelona, o en Lima, o en Miami, nos dicen: ‘Lo que ustedes cantaron es mi (o nuestra) historia’”. Y como dice el tango: “Es la única verdad/ Es mentira lo demás”.

AÑO XXIV. Drama en la noche. Piamonte, Santa Fe, República Argentina, domingo 14 de enero, año 2007. Ante una muchedumbre, y en pleno show, Lucía cae desmayada. Hubo avisos: en mayo, mientras veía tele en su piso de Belgrano, empezó a respirar a mil y sintió presión en el pecho. La internan en la Favaloro. Batería de análisis. Diagnóstico: “No se registran anomalías”. Cinco meses antes (octubre, 2006), en México, al volver al hotel Zacatecas, donde la esperaban su hija, Rocío, y su ex marido, Alberto Hazán, el mismo cuadro. Informe de la Cruz Roja Mexicana: “Pico de presión, que causó isquemia cerebral y paralizó brazo y pierna derechos”. Ay, ay, ay…

AÑO XXV. Alma, corazón y vida. Ay, ay, ay, sí. Pero rendirse, jamás. Un mes después del desmayo en la santafesina Piamonte, y siempre con Joaquín, se le atrevió al carnaval de Lincoln, provincia de Buenos Aires. Sufrió un mareo –sombra de desmayo–, le dieron aire con un ventilador y le rindió homenaje al primer mandamiento del show business: La función debe seguir. Lucía: alma, corazón y vida. Vida, corazón, alma.

Joaquín y Lucía Galán. Argentinos. Hijos de españoles. Criados al son de la música. El quería ser economista. Ella, actriz dramática. Pero… ¡vean adónde los llevó el destino!

Joaquín y Lucía Galán. Argentinos. Hijos de españoles. Criados al son de la música. El quería ser economista. Ella, actriz dramática. Pero… ¡vean adónde los llevó el destino!

 Con María Ingracia, su españolísima madre, en el Luna Park, la noche del último show. “<i>Ella nos dijo un día: ‘¿Por qué no cantan juntos?’</i>

Con María Ingracia, su españolísima madre, en el Luna Park, la noche del último show. “Ella nos dijo un día: ‘¿Por qué no cantan juntos?’".

  Los hermanos Galán, muy jóvenes, en sus comienzos, “<i>que no fueron fáciles; en realidad, todo lo contrario</i>”, recuerdan.

Los hermanos Galán, muy jóvenes, en sus comienzos, “que no fueron fáciles; en realidad, todo lo contrario”, recuerdan.

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