Just Married

 
Luego de la fiesta, Nacho y Nicole posaron en la suite principal de la estancia La Candelaria. En aquella misma habitación que alguna vez recibió a los príncipes Máxima Zorreguieta y Guillermo Alejandro, los novios pasaron su noche de bodas.
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¡Sí, quiero!

 
Ambos acompañaron su afirmación con unas palabras: “Te conocí hace diez años y siempre supe que eras vos”, le dijo ella. Y él le contestó: “Te voy a amar hasta el final”.
 
Nicole Neumann

La boda de Nicole

A los 24 años, la primera lolita Argentina se casó con el modelo y músico Juan Ignacio Herrero. Fue una celebración íntima para 130 invitados en una exclusiva estancia de la localidad de Lobos. Hubo música de arpas, un cortejo de perros, caballos con plumas blancas, trajes de época y bailes latinos. Todo al pie de un castillo de estilo francés. “Ahora sólo pensamos en agrandar la familia”, dijo la mayor de las Neumann.
 
Nicole Neumann (24) llegó a la capilla de la estancia La Candelaria –más allá de Lobos, a orillas de la ruta 205 en el kilómetro 114,5– montada sobre un brioso alazán. Veinte palomas blancas anunciaron su arribo. Ingresó en la nave central de la iglesia del brazo de su abuelo Kurt, alemán de pura cepa. Juntos caminaron veinte pasos sobre una alfombra roja regada con pétalos de rosas blancas. Música de fondo: una extraña versión de un tema de Enya ejecutada en arpa. Juan Ignacio Herrero la esperó al pie del altar. Detrás de la novia, como todo cortejo, irrumpió su inseparable perra Luna con una almohadilla sobre el lomo que contenía las alianzas. No hubo lágrimas hasta entonces. El padre Diego Pumará –de Vicente López– celebró la boda. Y los novios, micrófono en mano, manifestaron sus votos.
Primero fue el turno de Nacho: “Hace diez años te vi por primera vez. Pasaron muchas cosas desde entonces… Y ahora estamos acá. Te amo con toda mi vida y quiero que estemos juntos para siempre. A pesar de que estoy un poco loco, claro. Algo pasa con nosotros. Quizá sea unión cósmica o alguna de esas cosas de las que siempre te hablo y vos llamás chamuyo. Pero algo hay, sin dudas. Te amo, te tomo como esposa y me la re aguanto a pesar de que a veces no me es nada fácil conciliar con todo este mundo que nos rodea. Pero ya te lo dije: te amo. Y lo escribí también en una canción que se llama ‘Hasta el final’, ¿te acordás? ‘Si hay un final, te amo…’”. La platea le respondió con una ovación. Luego fue el turno de Nicole, más breve aunque también contundente: “Hace diez años mi corazón te eligió. Pasó mucha agua bajo el puente, pero siempre supe que eras vos. Hoy te tomo como mi marido para amarte y cuidarte por siempre”. Y se besaron, claro. Recién entonces cruzaron alianzas. “En oro blanco, con sus iniciales y la fecha grabadas en su interior”, precisaría luego el joyero Diego Zanotti. Sobre el final Nacho Herrero pidió la palabra, giró hacia sus invitados, y les dijo: “Están todos acá. Aveces las relaciones no son como uno quisiera… Pero si ustedes nos están acompañando en este momento tan especial es porque los elegimos con el corazón. Sepan ayudarnos y apoyarnos. Tiren buenas ideas y buenas ondas. Sobre todo en esos momento difíciles que, conociéndonos, seguramente tendremos”. Los novios saludaron en el atrio, por supuesto. No hubo lluvia de arroz. Y el ramo de Nicole cayó en manos de su amiga Julieta Estévez.

EL LOOK DE LOS NOVIOS. Nicole Neumann usó un diseño de Verónica de la Canal. Para diferenciarse de sus invitados, eligió un modelo con reminiscencias del siglo XIX con falda de tul arrepollada con aplicaciones de perlas, corta por delante aunque con una larga cola desmontable. Y un corset de brocato de seda con moldería original de la época, prenda que otrora se usaba como ropa interior. Luego del vals cambió su vestido por otro sí inspirado en los años veinte: enagüa de satén de seda natural con quillas de encaje chantillí bordada con pequeños cristales que hacían juego con su tiara. “Una de las cosas más originales fue el ramo de Nicole, que en vez de ser un ramo, en realidad, fue una cartera de flores naturales, con un camafeo de perlas y cristales de una cartera antigua, diseñada especialmente para que hiciera juego con el vestido. Sobre la base de cada prenda se hizo cada accesorio”, explica Verónica de la Canal. Los zapatos fueron una creación de Ricky Sarkany. Durante toda la noche, Nicole respetó la tradición de las novias: “Llevé un vestido nuevo, un estraples en encaje viejo, una tiara prestada y me cosí una cintita azul en el escote. Además, tengo la medalla de San Benito que me dio mi suegra”, confesaría después. Su cabeza fue responsabilidad del estilista Iván Ures, quien eligió un peinado actual con tendencias de época: ondas al agua adelante, semi recogido atrás y un tocado de tres florcitas blancas en conjunto con el ramo. El color de su cabello fue una mezcla de rubios extra claros con unas pinceladas apenas más claras para marcar ondulaciones.
Nacho Herrero usó un traje color manteca de crêpe de seda. Un saco siete octavos, una camisa de hilo de color blanco y un jabot de puntillas de hilo que se repetía en los puños. En lugar de corbata, eligió un broche antiguo de piedras en color ámbar que hacía juego con sus gemelos. Y una faja tableada en Príncipe de Gales.

AL MAL TIEMPO...  La idea original de Nicole y Nacho era celebrar su boda al aire libre. Sin embargo, la lluvia frustró aquél plan original. La ceremonia religiosa se llevó a cabo en la capilla del lugar. Y la recepción, que en principio se iba a desarrollar en livings montados en el medio del campo, tuvo lugar en el casco principal de la estancia La Candelaria, un castillo de estilo francés construido a principios del siglo XX. Los novios pretendían montar su pista de baile bajo las estrellas, pero tuvieron que conformarse con una carpa gigante que había quedado armada luego del casamiento que se celebró la noche anterior. Allí montaron una suerte de altar, con dos tronos de madera bajo una araña de cristales y una campana en tul blanco. Y un escenario en el que luego Nacho Herrero entonaría sus más logradas composiciones. El parque vecino al castillo –cien hectáreas diseñadas por el prestigioso paisajista Carlos Thays– fue decorado por los novios con esculturas de roca y mármol en figuras renacentistas, águilas y pumas.
El menu. El catering fue responsabilidad de la empresa Valdemoros. La recepción incluyó degustaciones frías: canapés, bruschettas meditárreneas, crostini, röesti… Luego hubo langostinos, ratatouille, philo de roquefort y jamón serrano. Pero la mesa principal fue dividida en menúes temáticos. Hubo un buffet tex mex –con tacos y fajitas, claro– que evocó los años de Nacho en México. También un lomo strogonof con spätlze en honor a la familia Neumann, de ascendencia alemana. Y algo de sushi para recordar que se trataba de un casamiento fashion. La mesa de postres incluyó espejos de frutas fileteadas, una mesa interminable de dulces y un show de crêpes a la vista. La torta de bodas fue una torre de profiteroles rellenos con crema de chocolate, dulce de leche y licor. Alcanzaba un metro de altura y resistió impávida el ritual de las cintas. Cada cinta llevaba en su extremo dijes con formas de animales diseñados por Zanotti. La ganadora de la alianza –también en oro blanco, idéntica a la de los novios– fue Loli Roldán Bergés.

LA FIESTA INTERMINABLE. Nicole Neumann y Nacho Herrero vivieron su boda como en un reallity show. Desde la mañana del domingo, los acompañaron cuatro cámaras de un programa que compró los derechos de la boda. Por la tarde, incluso durante la celebración de la boda, frente al altar, los novios llevaron micrófonos corbateros. La noche siguió un estricto cronograma de actividades. En la recepción un mago entretuvo a los invitados. Los novios ensayaron un breve vals con uno de los temas de Drácula, el musical de Pepito Cibrián. En una pantalla gigante proyectaron después el álbum fotográfico de cada uno de los novios. El portfolio incluyó desnudos prematuros y también aquellas memorables primeras fotos de la pareja, allá en Punta del Este, con topless y algunas contorsiones incluidas. Entonces, los medios aún llamaban a Nacho El enmascarado. El novio después subió al escenario y, durante 40 minutos, interpretó lo mejor de su repertorio. Luego Nicole ofreció a sus invitados un baile latino y sensual. Carlinho, el profesor de danzas de la novia, improvisó una divertida clase en el centro de la pista. Por último, se largó el carnaval carioca. Con cotillón y todo. Ofició de wedding planner el RR.PP. Gustavo Greco.

NOCHE DE BODAS. La fiesta terminó después de las cinco de la madrugada. Agotada, aunque con una sonrisa, Nicole declinó la invitación de Nacho para bailar “un último tema”. Los invitados ya se habían retirado y algunos familiares dormían en las habitaciones del complejo colonial de la estancia. Todos se llevaron el souvenir: un portarretratos plateado con forma de corazón que encierra una foto de los novios en blanco y negro. Nicole y Nacho ocuparon entonces la suite principal del casco de La Candelaria (la misma habitación que alguna vez recibió a los príncipes Máxima Zorreguieta y Guillermo Alejandro). Antes, Nicole disparó algunas definiciones:  “Nos amargó la lluvia, pero finalmente todo salió como lo soñamos.”  “Todavía no definimos adónde vamos a pasar nuestra luna de miel. Pero queremos que sea tan especial como este casamiento.”  “Ahora sólo tenemos que pensar en agrandar la familia. Queremos cinco hijos: tres biológicos y dos adoptados. ¿Cuándo? No tenemos apuro…

Jorge Martínez Carricart con Juan Morris fotos: Leandro Montini, Diego Soldini y Machado/Cicala.
 
   
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