A la cabeza

 
Velo en el CENARD, jugando el juego que mejor juega y que más le gusta. "Descubrir a los 10 años que los ciegos usaban una pelota acompañada de sonido, para mí fue una mágica revelación", memora.
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Silvio

 
"Cuando hay un Mundial, mis rivales me quieren tocar la cara, para ver como soy. Imagináte los coreanos buscándome y gritando mi nombre".
 
Silvio Velo

"El fútbol, gracias a Dios, es para todos"

Nació hace 32 años en San Pedro, está casado, tiene cuatro hijos y lo llaman el Maradona de los ciegos: no sólo ganó el último Mundial de Fútbol en la especialidad, sino que además, salió goleador en los últimos tres. Tímido, talentoso, admirable, así es la vida del capitán de Los Murciélagos, nuestro Seleccionado Nacional de no videntes.
 
Camina raudo por los pasillos del Instituto Román Rosell, mientras abraza con su abrazo a la pelota de fútbol número cinco. Avanza esquivando obstáculos y personas. Saluda una y otra vez a los conocidos de turno. Enfila hacia el gimnasio y, sin dudas ni indecisiones, penetra en la primera de las tres puertas, la única que le permite el acceso. En rigor, si uno no supiera que es no vidente, nunca se daría cuenta. Es más: si uno además se enterara de que Silvio Mauricio Velo (32) es el mejor futbolista ciego del mundo, entendería el por qué.

"LA ESCUCHABA VENIR… Y TRATABA DE JUGAR". Sin soltar su gran aliada, la pelota, Silvio recuerda aquella infancia en San Pedro: "Soy ciego de nacimiento, por un problema de cataratas. Pero eso no me impidió jugar, porque lo mío es natural. Escuchaba venir la pelota… y trataba de jugar igual. Era tanta la pasión que tenía por el fútbol que siempre le daba para delante. Tanto que los chicos del barrio me venían a buscar", agrega quien como hijo de una familia numerosa -son 11 hermanos entre los que el único no vidente es él- tuvo una "niñez feliz", aunque las dificultades para que siguiera estudiando hicieron que se radicara en la localidad de Tigre, más próxima al Instituto para ciegos Rosell de San Isidro, donde ingresó como interno para poder estudiar a través del sistema Braile. Allí, cargando años de potrero, se encontró con una gratísima sorpresa. "Cuando llegué al instituto a los 10 años, descubrí que los ciegos jugaban ¡con una pelota acompañada de sonido! Para mí fue una mágica revelación. Empecé a jugar con los chicos, hasta que comenzaron a incorporarse las reglas internacionales y se armó un reglamento para fútbol de sala".

El dato podría completarse así: nucleados en la FADEC (Federación Argentina de Deportes para Ciegos), el fútbol en esta especialidad comenzó su historia de competencias regionales en 1997, cuando un grupo de técnicos de España, Brasil y el actual DT de Los Murciélagos -el Seleccionado Nacional Argentino- Enrique Nardone redactaron el primer borrador del reglamento, luego aprobado por la FIFA (Federación Internacional del Fútbol Asociado) y la IBSA (Asociación Internacional de Deportes para Ciegos). Las reglas serían casi las mismas. La única variante: unas bolillas que van dentro del gajo y producen sonido mientras la pelota gira. "Si salís a marcar, tenés que gritar 'Voy' -cuenta aparte Silvio-, para que el que lleva la pelota pueda saber qué hacer y evitar golpes. Además, se juega en una cancha vallada sin tiro lateral y con una venda en los ojos para igualar las diferentes discapacidades visuales y que no haya ventaja". Los únicos que ven son los arqueros, informa. Y resume la táctica: "Lo más importante es el oído... y la cabeza. Debés tener incorporada la geometría de la cancha. Y sí, es como en el fútbol convencional: si no tenés cabeza no jugás a nada".

"NUNCA VI TIRAR UN CAÑO NI UN TACO, PERO LOS SÉ HACER".
Silvio ejecuta uno y otro jueguito, aunque siempre que la pelota esté tocando el piso. Sabe que sorprende. Sin embargo, hace culto de la modestia y espera el pie del periodista para seguir hablando:

-¿Qué pasa por tu corazón cuando jugás?
-Emoción. Aunque reconozco que tengo condiciones naturales para el deporte. He corrido como atleta… ¿Qué te quiero decir? Que nunca voy a desentonar. Hago lo que me digan. Ahora, si me preguntás qué es lo mejor que hago, dónde me siento mejor, es en una cancha.

-Cuando la hinchada te ovaciona, ¿no te sentís un poco el Maradona del fútbol ciego?
-No, yo sólo juego. Sé que soy distinto pero nada más. El orgullo es para mi familia, mis afectos y mis colegas. Nos estamos haciendo populares de a poco. En especial, desde el Campeonato Mundial que ganamos durante el 2002 nada menos que en el Brasil (allí resultó goleador con siete tantos), y desde aquella hermosa propaganda ("La discapacidad depende de las reglas del juego", para T&C, donde un equipo integrado por Hernán Crespo, Román Riquelme, Claudio López y Matías Almeyda entre otros, perdió -y bien en serio- 0-7 con Los Murciélagos).

-¿Te sentís un referente?
-Me eligieron el mejor jugador del mundo y eso no te pasa todos los días. También soy reconocido por los equipos de los países que compiten. Cuando hay un mundial, mis rivales me quieren tocar la cara, para ver cómo soy. Imaginate los coreanos buscándome y gritando mi nombre. Pasé algunas fronteras increíbles.

Silvio Velo no para de recibir abrazos y demostraciones de afecto, ya sea en el Instituto Román Rosell, donde trabaja como auxiliar en el área de deportes, o en el CENARD (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), donde entrena con el Seleccionado. Gracias al apoyo de la AFA (Asociación de Futbolista Asociados), de la Secretaría de Turismo y Deportes de la Nación y de la solidaridad de la empresa Billoch, puede trasladarse a diario desde su casa de San Pedro para trabajar o entrenar. Es cordial y a la vez tímido, condición que pierde sobre una cancha, con una pelota en sus pies.

-¿Quién es tu ídolo?
-Obviamente Maradona, por todo lo que me contaron. Está más allá de todo. Pero me gusta mucho Riquelme. Lo conocí personalmente. Me encanta su humildad y cómo cuida la pelota y maneja los tiempos y al equipo.

-¿Te quedan sueños por cumplir o ya no?
-Obvio. Uno, ganar las Paraolimpíadas de Atenas 2004. Ya clasificamos. Ojalá la consigamos. Y después, seguir jugando. Yo nunca vi tirar un caño a nadie ni meter un taco, pero los sé hacer, hermano. Porque gracias a Dios el fútbol es uno solo y lo podemos jugar todos.

Alejandro Barbieri
fotos: Diego García

 
   
Comentario
De: MARITO
Publicación: 04/06/11
SILVIO Y SU NIÑEZ
SABIAS QUE SILVIO A JUGADO AL FUTBOL CON UNA PELOTA IMPROVISADA...CUANDO SE ROMPIA LA DE PLASTICO Y NO TENIAMOS OTRA , YO ARMABA UNA CON UNA BOLSA DE NYLON RELLENA CON PAPELES Y TAMBIEN CON PASTO.....Y SILVIO JUGABA CON NOSOTROS NORMALMENTE..... SIMPLEMENTE PORQUE DE NIÑO YA ERA EL MAS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS......
Chapita
 Chapita
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