Un amor de película

 
Ambos estaban emocionados, felices y muy románticos. Se conocieron cuando él tenía 16 años y ella 14. Y nunca más se separaron.
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Fiesta millonaria

 
Coria hizo el primer corte de la gigantesca torta de cuatro metros. En su pecho, la banda roja riverplatense.
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Chapita
 
Casamiento

"Cuando deje el tenis, hasta cinco hijos no paramos"

El sábado 27, en San Nicolás, el mejor tenista argentino, de 21 años, dio el sí en la iglesia Espíritu Santo. Su flamante esposa es Carla Francovigh, una hermosa rosarina un año menor que él. Después de la espectacular fiesta para 300 invitados, los novios tuvieron su noche de bodas. Sin embargo, la luna de miel tendrá que esperar varios meses porque el primero de enero Coria debe viajar para disputar el Abierto de Qatar.
 
A la salida de la iglesia, las gotas de lluvia empaparon sus caras jóvenes e inocentes al igual que hace cinco años y tres meses, cuando sus miradas se cruzaron por primera vez. Como si se tratara del final de una película romántica, Guillermo Coria (21) y Carla Francovigh (20) salieron del altar y se unieron en un beso profundo en la puerta de la iglesia Espíritu Santo, del barrio de SOMISA, mientras recibían el aplauso de más de 200 personas empapadas por el diluvio torrencial que caía en San Nicolás. Sin dudas, la palabra FIN, con dulce música de fondo, debería ser el cierre de esta historia de amor. Una historia que nació cuando tenían 16 y 14 años, respectivamente, y que el sábado terminó de cristalizarse.

EL PRIMER SET DEL AMOR. Corría setiembre del año 1998 y el calendario deportivo anunciaba que la Argentina se enfrentaba a Eslovaquia por la Copa Davis. Coria tenía 16 años, un futuro prometedor y un plan para ese fin de semana: asado y fútbol con sus amigos de Venado Tuerto. Pero un llamado arruinó sus planes: "Tenés que estar presente en los partidos", algo que cumplió de muy mal humor. El domingo 28 se jugaba el tercer punto y el partido se iba a prolongar casi diez horas por el mal tiempo. En una de las reiteradas interrupciones, Guillermo fue a comprar un choripán y cuando volvía a la tribuna, un flash: "Me quedé impactado. Era como que de repente, en ese contexto, entre toda esa gente, estaba Carla, la mujer más linda del mundo. Y cuando nos miramos, quedé petrificado. Siempre voy a decir que lo nuestro fue un amor a primera vista", cuenta Guillermo a GENTE. "Esa noche lo único que hice fue pensar en ella. De casualidad me enteré que jugaba al tenis en una escuelita de Rosario y que su profesora era conocida de papá. Al día siguiente nos presentó. De los nervios no sabía qué decir... Encima perdimos la serie y todo era un bajón. Pero yo sentía que eso no iba a quedar ahí...".

Y las palabras de aquel adolescente enamorado, el mismo que hoy ocupa el quinto puesto en el ranking mundial, fueron un presagio: "Fui a jugar un torneo a Rosario y aunque habían pasado once meses, cuando volvimos a cruzarnos, sentí lo mismo que la primera vez. Se me aflojaron las piernas y el corazón latía más y más rápido. Ahí me di cuenta que en verdad estaba enamorado. Y no quise dejar de verla nunca más. Hoy, en este momento te confieso: soy un tipo feliz. Nunca quise tanto a alguien como a Carla. Ojalá que este amor dure para siempre".

UNA NOCHE MAGICA. Los fuegos artificiales iluminaron el cielo cuando la pareja ingresó al salón del hotel El Colonial, donde los esperaban los 300 invitados, entre ellos colegas del mundo del tenis. Minutos antes habían tenido un breve contacto con la prensa, todo perfectamente organizado por Bárbara Diez, de Wedding Planners, responsable también de los casamientos de Julieta Ortega y Mariana Fabbiani.

La novia lucía un espectacular vestido blanco -confeccionado por el diseñador Claudio Cosano- y El Mago, un smoking 7/8 de crèppe italiano. Y para demostrar que su otro amor -el que siente por River Plate- también es incondicional, debajo del saco tenía una camisa blanca de etiqueta con una banda roja que le atravesaba el pecho, todo diseñado por Tito, de Matices. Llegaron los saludos y la primera sorpresa de la noche: seis violinistas arrancaron con los acordes de un vals que se extendió por más de media hora; entonces Guillermo le preguntó a Graciela y a Oscar -sus padres y padrinos de la boda- si ellos se habían emocionado tanto el día que se casaron. A metros de allí, Carla hablaba con sus papás, Edgardo y Gabriela, quienes también fueron padrinos: "Aunque sé que todavía tengo que terminar mi carrera (estudia Ciencias Económicas) no quisiera separarme ni un minuto de mi esposo".

La cena, dispuesta en un salón de estilo colonial, comenzó a las 23.15 y tuvo un selecto menú: tourneado de lomo en salsa oscura de hongos de pino macerados en cerveza negra y papas dauphinoise con zanahorias glaseadas. Una perlita fue el vino: Malbec y Cabernet Sauvignon de Bodegas Salentein, el mismo que se sirvió en la boda de la princesa Máxima Zorreguieta. De postre, pie de frutos del bosque, pavlova, brownie, sorbet de crema e hilos de caramelo.

Tras el brindis llegó el corte de la enorme torta -medía cuatro metros-, que estaba adornada con cintitas rosas para las amigas de la novia y celestes para los amigos del novio. Aunque todas las mujeres esperaban la ceremonia del ramo de flores al aire, Paula las dejó con las ganas: "Me acompañó desde la iglesia y me lo voy a llevar a casa", admitió entre risas. Hubo un rito que los amigos de Guillermo cumplieron cada media hora: llenaban con champagne y helado una de las copas que el tenista ganó en su carrera y tomaban de ella después de levantarla con las dos manos.

Los más divertidos bailaron hasta las 7.10 de la mañana al ritmo del conjunto Opera Prima, y el carnaval carioca estuvo adornado por un cotillón traído especialmente de Rosario. Cuando un amigo le preguntó a Guillermo si estaba preparado para ser padre, le respondió: "Por ahora no pensamos en tener hijos. Una vez que me retire vamos a planear una familia numerosa. A los dos nos encantan los chicos y hasta tener cinco no paramos".

Aunque la luna de miel deberá postergarse por unos meses (el primero de enero Coria viajará a Doha para jugar el Abierto de Qatar), a las siete de la mañana los novios saludaron y se retiraron a una de las suites del hotel a pasar la noche de bodas. Entonces, los vidrios de las ventanas volvieron a empañarse con las gotas de una tenue lluvia. La misma que caía cuando se conocieron, la misma que los bendijo el día de su casamiento y que, por lo visto, los va a acompañar en los momentos más importantes de su vida.

Sergio Oviedo
fotos: Alejandro Carra y familia Coria (fotógrafo: Ruizrusso.com.ar)

 
   
Comentario
De: fede
Publicación: 05/04/11
amor ciego
el dia que coria se descuide te voy a agarrar y te voy a hacer el amor durante toda la vida
Chapita
 Chapita
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Chapita