Como en casa

 
Hace dos años que Paulo Coelho eligió a la pequeña ciudad de Tarbes -a 120 kilómetros de Toulouse- como su refugio, su lugar para encontrar inspiración.
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Del papel al cine

 
Coelho se encontró en Londres con Laurence Fishburne -el Morpheus de Matrix-, quien actuará y dirigirá El Alquimista en Hollywood.
 
Paulo Coelho

"Cuando era hippie, en materia de sexo probé de todo"

Tiene 55 años y es el segundo autor más leído del planeta. Sus novelas son traducidas en 41 idiomas y lleva vendidos 60 millones de libros. Hoy vive en la ciudad de Tarbes, en Francia y al pie de los Pirineos. Allí, recibió a GENTE para presentar Once minutos, su última novela, en la que habla sobre sexo y espiritualidad. Dice que es millonario, pero que no le importa el lujo. "No quiero caer en los lugares comunes de los ricos".
 
Todos tenemos un lugar en el mundo, incluso los peregrinos. Paulo Coelho vive en dos habitaciones del Henri IV, un hotel de tres estrellas sin más lujos que aire acondicionado y televisión por cable. Su refugio está ubicado al pie de los Pirineos, en el corazón de la pequeña ciudad de Tarbes, un puñado de manzanas cuyos atractivos turísticos -una catedral del siglo XII, un parque de flores, y un haras que alguna vez supo criar campeones- tan sólo merecieron unas pocas líneas en la última edición de la guía Michelin.

-¿Por qué eligió Tarbes, Coelho?

-Siempre me hacen la misma pregunta y, sinceramente, no sabría cómo explicarlo.

-Usted es un hombre de fortuna, podría vivir en cualquier lugar del mundo...
-Quizá sea por ello que elegí Tarbes, ¿no? No encuentro una razón que justifique mi estadía aquí, pero tampoco la necesito.

Paulo Coelho conoció Tarbes hace diez años, cuando visitó por primera vez a la Virgen de la vecina ciudad de Lourdes. Y echó raíces poco después, cuando repitió Tarbes para recorrer El camino femenino. "Tú sabes, El camino masculino es La ruta de Santiago: sabes de dónde sales y adónde llegas, tu problema es el espacio. En cambio en El camino femenino tu problema es el tiempo: tienes que quedarte en un sitio por equis días, que en mi caso fueron setenta. Hoy, una década después, sigo en Tarbes, adonde me siento en casa y ya me han nombrado Ciudadano Ilustre...", resume orgulloso el autor de El Alquimista, libro que, en poco tiempo, Hollywood convertirá en película, con 80 millones de dólares de presupuesto, Jeremy Irons en uno de los protagónicos, música de Peter Gabriel, los paisajes de Jordania ambientándolo todo y la actuación y dirección de Laurence Fishburne -el Morpheus de Matrix-, quien hace quince días se reunió con Coelho en Londres para acordar detalles de la película, cuyo estreno está previsto para fines del 2004.

Coelho acaba de publicar su última obra. El tema central de esta novela es el sexo, y tiene como hilo conductor la historia de María, una prostituta brasileña. Su título fue inspirado en una novela de Irwing Wallace que trata de una batalla legal por la publicación de un libro que describe minuciosamente los siete minutos que dura una relación sexual. Sin embargo, Coelho consideró el cálculo de Wallace "un tanto conservador" y bautizó su trabajo Once minutos.

-¿Se puede describir al sexo como un acto de once minutos?
-En su diario, María escribe: "...las personas que me tocaron el alma no consiguieron despertar mi cuerpo, y los que tocaron mi cuerpo no consiguieron llegar a mi alma". Este es un problema común a casi todos los que vivimos sobre la Tierra. Y cuando esta disociación ocurre, el sexo se reduce a once minutos.

-¿Por qué se decidió a escribir sobre sexo?
-Porque todo en este mundo gira alrededor del sexo: la seducción, la moda, el poder... El sexo es un sitio lleno de mitos y tabúes, en el que la mentira está permitida. Todos mentimos alguna vez para dar placer o para agradar: "tuve un orgasmo fantástico", "sos la mujer más maravillosa del mundo"... ¿Por qué nos comportamos así en algo tan importante? Siempre quise abordar el tema, aunque no encontraba un hilo conductor. Finalmente, cuando conocí a esta prostituta y me empezó a hablar de la vida sin amor y del luchar contra todo, supe que tenía un punto de
partida.

-Antes de llegar al punto final, ¿pudo descifrar por qué nos comportamos así en el sexo?
-Porque vivimos en un mundo lleno de patrones. El patrón sexual está basado en una serie de mentiras tales como el orgasmo vaginal, la virilidad por encima de todo, mejor fingir que decepcionar... La gente vive sus relaciones sexuales bajo una presión asfixiante. Los que mienten "hago el amor todos los días" han creado un parámetro inalcanzable para el común de los mortales. Estas actitudes dejaron a millones de personas frustradas, infelices, con sentimientos de culpa.

-¿Por qué, a pesar de tantos avances tecnológicos y médicos, el cuerpo femenino sigue siendo un jeroglífico indescifrable para la mayoría de los hombres?

-No tengo ni la más mínima idea. De todas formas creo que el objetivo no debe ser descifrar, sino entregarse por completo. Se trata de guiar y ser guiado por una relación. El problema es que cuando estamos en la cama nos comportamos como niños: no nos atrevemos a preguntar y seguimos el viejo manual.

-¿Cuánto tuvo que aprender de mujeres para escribir Once minutos?
-Utilicé los conocimientos que fui adquiriendo a lo largo de mi vida. Mi primera mujer fue muy importante en mi vida sexual. Ella era eslava, once años mayor que yo, me enseñó que vivimos en un mundo de tabúes, y me habló del mito del orgasmo vaginal por primera vez. Después, cuando era hippie, en materia de sexo probé de todo y en las formas más exageradas. Sí, imagine lo que quiera... Y el resto proviene de mis charlas con María, y de las enseñanzas sadomasoquistas de mis amigos...

-¿Sus amigos son sadomasoquistas?

-(Ríe). Sí, y yo también me sorprendí en un principio. No lo sabía, pero todos tenemos un sadomasoquista en nuestra cuadra. De cada cinco personas, una debe ser sadomasoquista.

-¿Cuál fue el comentario de su mujer luego de leer el libro?
-Ella fue la primera en leerlo y le encantó. Dice que cada vez comprendo mejor mi lado femenino.

-El lado femenino, un concepto difícil para los que crecimos bajo el estereotipo de "el macho latino"...
-El lado femenino no tiene nada que ver con sexo, sino con una percepción distinta del universo. El arquetipo del macho sudamericano es una tontería, no existe. Hay muchos más machos en otros países. Odio esos prejuicios con Latinoamérica, me vuelven loco.

Aún resistido por los críticos, Paulo Coelho, cuya obra fue traducida a 41 idiomas, es el segundo autor más leído del planeta (el primero es el novelista norteamericano John Grisham), con 60 millones de libros en todo el mundo, de los cuales un millón y medio fueron vendidos en la Argentina.

-¿Cómo es su proceso creativo?
-Yo escribo un libro cada dos años, cuando siento que el universo comienza a organizarse para que así sea. Cuando finalmente me siento frente a mi computadora, el texto ya está escrito en mi alma y lo desarrollo de una manera muy espontánea, sin siquiera utilizar apuntes.

-¿Cómo definiría su estilo?
-(Ríe). Yo soy "coelhista puro": un estilo muy directo y basado en la sinceridad.

-¿Le molesta que aún muchos definan sus trabajos como "de autoayuda"?
-Sinceramente, yo no sé qué estilo es "de autoayuda". Es más, vaya a cualquier librería de Francia y no va a encontrar ningún escaparate con ese rubro.

-¿Qué siente usted al saberse el segundo autor más leído del planeta?
-Un gran orgullo. Me siento capaz de compartir un poco de mi alma. Pero al mismo tiempo soy consciente de que la gloria es transitoria. Siempre escucho a las celebridades quejarse de la fama y eso es una tontería: todos tenemos nuestra privacidad cuando la queremos. A mí la fama me dio la posibilidad de escribir "Gracias señor Bush", un artículo contrario a la guerra de Irak que se editó en todo el mundo y fue el más leído en la historia. Es decir, gracias a mi fama tengo voz, opinión.

-Lo que también lo deja al filo de la tentación de opinar respecto de todo...
-Soy muy terminante al respecto. Cuando no sé de algo, simplemente digo: "No tengo ni idea". Pero es cierto, muchos periodistas creen que tengo respuestas para todo. ¡Si hace poco me preguntaron qué pensaba del último modelo de Peugeot!

-¿Sus lectores lo hacen sentir un maestro, un gurú?
-Ellos son muy inteligentes y, como tales, saben que yo no tengo nada para enseñar sino mucho para compartir.

-¿Cuáles son sus lujos, aquí en Tarbes?
-(Piensa). Viajo sin más equipaje que mi teléfono celular y una tarjeta de crédito: salgo de mi casa con lo puesto y en cada destino siempre tengo quien se encargue de todo. Puedo importar mis cigarrillos desde Brasil... Todos me dicen: "¡Paulo, pero tú tienes tanta plata que podrías vivir en el lujo!". Y es cierto, tengo muchísimo dinero, pero aquí no siento que me falte nada. La vida de hotel no es mala, incluye room service. No creo que sea necesario caer en los lugares comunes de los ricos. Por ejemplo, me encantan las Ferrari, pero ¿qué podría hacer aquí con una Ferrari si Tarbes es una ciudad de montaña? Yo me había impuesto quedarme aquí un año, aunque ya voy por el segundo... Pero no puedo permanecer en Francia más de seis meses al año porque si no debo pagar impuestos aquí. Y si bien no estoy seguro de adónde vayan a parar, prefiero pagar impuestos en mi país y creer que de este modo estoy ayudando a los brasileños.

Pasaron dos horas y la charla llega a su fin. Coelho se despide con un apretón de manos, posa frente a cámara, y regresa a la altura de su segundo piso en el Henri IV. Tan sólo algunos segundos después, regresa al lobby con un arco entre manos. "¿Querías saber de mis lujos? -vuelve a la carga-. En Río de Janeiro yo era campeón mundial de pinball. Acá tengo un arco y practico kyudo en las montañas. Es mi forma de relajarme, un verdadero lujo que sólo algunos nos podemos dar..."

Jorge Martínez Carricart
otos: Leandro Montini
(enviados especiales a Tarbes, Francia)

 
   
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