El campeón sin corona

 
"Yo fui campeón del mundo a los 22 años y no supe mantener el equilibrio. Estuve muy mal, en la joda. Ahora sólo quiero recuperar mi corona", asegura Rodrigo en el B-12 de Punta Mogotes.
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La Hiena en familia

 
Rodrigo Barrios posa en su carpa del B-12 de Punta Mogotes junto a su mujer, María Laura, y su hija menor, Yamila. "Son las primeras vacaciones de mi vida y no me las voy a olvidar nunca", confiesa.
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Chapita
 
La Hiena Barrios

"No quiero terminar como Monzón o Gatica"

Es el más carismático y polémico de los boxeadores argentinos. A los 25 años, mientras espera su chance para recuperar el título de campeón del mundo, disfruta de sus primeras vacaciones en Mar del Plata. Y confiesa: "A los doce años fumé mi primer cigarrillo de marihuana". "Cuando fui campeón del mundo tomé cocaína a morir". "De chico yo era lo que se dice un rastrero: salía a robar bicicletas, billeteras…" . "¡El que le pega a una mujer es un p…! Yo lo hice y estoy arrepentido" .
 
La Hiena se reconoce "cabeza de tacho".
-¿…?
 -Sí, cabeza de tacho. ¿Y qué querés? A mí nadie me enseñó a gastar mi plata. Por ahí busco precios en el supermercado y dos horas después me gasto un fajo en el mejor champagne. A mí me gustan los relojes caros, los brillos… Y eso es cosa de cabeza de tacho. Ese es uno de los motivos por los que voy a la psicóloga, para aprender a cuidar la plata.

Rodrigo Barrios ríe como una hiena, por supuesto. Exhibe dientes perfectos, aunque su nariz partida y algunas cicatrices en su rostro delatan su profesión: es boxeador, el más polémico del país.

-¿Todas las marcas que lleva en su cabeza las recibió sobre un ring?
-Casi todas. La nariz me la partió un colombiano en el 97. Me agarré tal calentura que lo llené de manos y le gané la pelea. Después, estas dos rayitas me las hice en la calle en un combate, un día que me dieron la cabeza contra una fuente… De chico yo era muy patotero y a veces me agarraba contra veinte, pero nunca fui para atrás. Imaginate que en tercer grado me mandaron a un psicólogo para que dejara de pegarles a los chicos…

-Imagino que también alguna vez ha cobrado…
-Como chancho. Pero no muchas veces, ¿eh? Yo sé pelear en la calle, que es completamente distinto del boxeo. Ahí el peso no tiene nada que ver… ¿Sabés cuántos grandotes me comí?

-¿El ring es más seguro que la calle?
-Mil veces. En un ring nadie te puede pegar un tiro o dar un puntazo. Lo peor que te puede pasar es que te peguen con el codo o con la cabeza. En la calle me corrieron con una barra y un cuchillo…

Rodrigo Barrios terminó la primaria a los golpes (sin eufemismos, claro). Abandonó definitivamente su guardapolvos seis meses después de haber comenzado el primer año del secundario. Entonces, ya tenía decidido ser boxeador. Y se hacía llamar el Ratón Barrios. "Era el apodo de mi tío, que boxeaba en la misma categoría que yo. El tipo llegó a estar número uno del ranking argentino, pero perdió dos oportunidades para ser campeón", cuenta Rodrigo. La Hiena creció junto a su madre y seis hermanos en una suerte de conventillo, siempre en Tigre. "Mi viejo era árbitro de boxeo, pero se mandó a mudar. Mamá era asistente geriátrica y laburaba desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche para bancar la casa. Nunca pasamos grandes necesidades, pero aprendimos a comer una vez por día", asegura Barrios. Todas las semanas, Rodrigo prendía el televisor para ver un ciclo de boxeo llamado Los miércoles del Luna. Y a los once años pisó por primera vez un gimnasio.

-¿Cuándo supo que tenía pasta para campeón?
-Siempre. A los doce años ya hacía exhibiciones y me pagaban 20 pesos por noche. El problema es que después de las peleas empezaba el baile y yo me mamaba. Pero sabía que iba a ser campeón del mundo. Me acuerdo de que un día mi vieja me despertó a los palazos con la escoba mientras me gritaba: "Sos un vago, andá a laburar que el boxeo no te va a dar nada".

-Rodrigo, usted dijo que el aprender a cuidar su dinero era "otro de los motivos" por los cuales va a la psicóloga. ¿Cuál es el motivo principal de su terapia?
-Es que yo no quiero terminar como Monzón ni como Gatica. Y no voy a terminar así porque tengo ayuda psicológica y una buena familia que me apoya. Espero nunca llegar al punto de ver mal o hablar mal… Yo sé que una buena trompada te puede dejar ciego, pero no creo que llegue a esa instancia porque soy un pibe sano.

-Entiendo que no siempre fue un pibe sano. Usted mismo reconoció que en el pasado fue adicto a las drogas…
-Yo tomé merca a morir. Y tuve muchos problemas con el alcohol también. La primera vez que tomé drogas fue a los doce años, cuando probé marihuana. Después pasé a la cocaína. Tomaba milonga en los ranchos y desaparecía tres días, hasta que una vez vino mi entrenador y me dijo: "Rodrigo, la cocaína es mujer. Y si vos te dejás dominar por una mujer, sos un p…". Y eso me quedó dando vueltas en la cabeza…

-¿Cuándo cortó con la cocaína?
-No hace muchos años. Cuando gané el título mundial fue mi peor momento… La cocaína la dejé hace cuatro años, pero seguí con el alcohol. Yo me mamaba hasta olvidarme de mi nombre todos los días. Ahora me tomo mi champancito de vez en cuando y listo… No puedo arruinar mi carrera con la milonga o el éxtasis.

-¿Qué hubiese sido de su vida sin el boxeo?
-Sería chorro, seguro. Tal vez ya me hubiera comido un tiro en la cabeza y hoy estaría muerto. De pibe me gustaba salir a robar, me producía mucha adrenalina. Yo era lo que se dice un rastrero: afanaba bicicletas, billeteras…

-¿Salía a robar armado?
-¿Fierros? Jamás. Yo apuraba de palabra y nada más. Los miraba fijo y decía: "Dame todo o te reviento". Y los tipos se vaciaban los bolsillos…
En el 97, ya boxeador amateur y consagrado, un periodista deportivo lo bautizó la Hiena. Poco después se hizo profesional del boxeo y se alzó con el título sudamericano. Finalmente, en el 99 se convirtió en campeón del mundo entre los superplumas. "Y ahí me cambió la vida de punta a punta", resume la Hiena.

-Imagino que hoy las mujeres lo ven lindo…
-Obvio. Cuando empecé, un entrenador me dijo: "Ahora vos sos un negro cabeza hueca. Pero el título del mundo te va a convertir en un tipo hermoso, inteligente". Y tenía razón. En los mismos boliches donde antes me discriminaban por no tener las mejores zapatillas o el pelito cubano, ahora soy vip. Lo importante es mantener el equilibrio.

-¿Usted supo mantener ese equilibrio?
-No. Yo gané el título del mundo a los 22 años y nadie me enseñó a ser famoso. Nunca me creí Dios, pero sí un angelito. Ahora comprendí que es normal que la gente se quiera sacar fotos conmigo. Si yo peleo en la tele…

-También se paseó ante cámaras discutiendo problemas de alcoba con su ex mujer…
-Sí. Yo fui a la televisión y me equivoqué al hablar de mi intimidad. Ahora no falta el estúpido que me grita en la calle: "Che, dejá de pegarles a las minas…".

-¿Es cierto que ha golpeado a su ex mujer?
-Sinceramente, sí.

-Usted sabe que, en los códigos de la calle, quien le levanta la mano a una mujer es por lo menos un cobarde…
-¡El que le pega a una mujer es un p…! Pero yo llegué a situaciones límite insostenibles en las que parecía que era yo o ella. No me justifico y me confieso arrepentido, pero yo solo sé por qué me pasó.

-Imagino que más de uno intentará provocarlo para luego hacerle juicio y sacarle algún dinero…
-No es negocio: mi plata no les va a alcanzar ni siquiera para las cirugías. Es reconstrucción facial, usar dientes postizos de por vida, enderezarte la nariz…

-¿Nunca tuvo miedo sobre un ring?
-Jamás. Yo tengo tanta confianza en mí y me la aguanto tanto arriba del ring que si en la vida me hubiera aguantado la mitad no habría hecho tantas estupideces.

-¿Le gustaría que su hijo Mauro repitiera su carrera como boxeador?
-Me encantaría. Pero primero que termine el colegio, la secundaria y curse una carrera universitaria. Porque si le va mal con los guantes y no tiene nada más, no le va a quedar otra que remisear. Y si mi hija Yamila me dijera que quiere ser boxeadora, también la dejaría.

-¿No es una payasada el boxeo femenino?
-Creo que sí. Y tiene que ver con que a los hombres les gusta ver a las minas pelear en el barro…

-¿Va a volver a ser campeón del mundo alguna vez?
-Voy a ser supercampeón. Quiero ganarle a Popó Freitas, que es la estrella de la categoría superpluma y sacarle las coronas de la OMB y la AMB. Que quede claro que yo no perdí mi título de campeón del mundo, sino que me lo sacaron por malas negociaciones… Sobre el ring sólo perdí una pelea y por descalificación. Mi récord es de 41 peleas, con 37 ganadas, una perdida, una empatada y una sin decisión. Son 27 K.O.

-Drogas, alcohol, riñas callejeras… ¿Cómo pudo escapar de aquella vida?
-Siempre se puede despegar. Todos podemos ser lo que alguna vez soñamos. Te voy a contar una anécdota: una noche dormía con mi hijo y soñaba con tener un auto. Cuando me desperté, descubrí que estaba haciendo las maniobras con la cabeza de mi hijo. Después gané el título del mundo y me compré mi primer auto, pero yo ni sabía manejar… Me acuerdo de que traté de subir una rampa de una estación de servicio y el auto no llegaba, como si no tuviera fuerza… ¡Y qué iba a subir si tenía el freno de mano puesto! ¿Ves? Esas son cosas de cabeza de tacho…

Jorge Martínez Carricart
fotos: Matías Campaya

 
   
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