Para vivir un gran amor

 
Cacho y Marina, su flamante novia. Hace cinco meses comenzaron a hablar, después de que ella le regalara una canasta con cafés y tés de la marca que produce su familia. “Me divierto mucho; me quiere mucho. Es una gran amiga y compañera”, dice él.
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“Ya soy un muchacho grande. Y no es que haya sentado cabeza: la abrí. No soy el de los 30 años, cuando estar con un bombero muerto me daba lo mismo. Ahora estoy más exigente”
 

Cara de tramposo, ojos de atorrante

 
Cacho, divertido, lleva a Marina a jugar hasta con las facturas del desayuno. Después, un beso para sellar el buen momento. El cantante se levantó con una remera Armani, pantuflas y barba de algunos días.
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CACHO CASTAÑA

“A los 20 o a los 70, sin amor no podría vivir”

Cacho Castaña, además de cumplir siete décadas, presenta a su nueva pareja. Es Marina Rosenthal Cabrales, 36 años, psicóloga y miembro de una tradicional familia marplatense. En una charla íntima, el más porteño y atorrante de los cantantes confiesa cómo la conquistó y cuál fue su fórmula para recuperarse de su peor año –en el que estuvo internado en coma–: el tratamiento con células madre y plasma que lo tiene “hecho un pibe”.
 
Suena el timbre en el departamento de Cacho, se abre la puerta y aparece, rubia y flaquísima, la última conquista del matador: Marina Rosenthal Cabrales, 36 años, psicóloga, marplatense, prima hermana de Martín Cabrales (dueño de la marca de café que lleva su apellido). Y capaz de recitar, sin repetir y sin soplar, los nombres de los 12 remedios que toma el cantautor cada jornada. No es un día más: Cacho Castaña cumple, este 11 de junio, 70 años. Entonces, el ritual –como en cualquier pareja de novios– se repite: velita, beso y un desayuno compartido. Ya hablará de ella en esta charla.

–Cuando cumpliste 69 reuniste a ocho personas. Los 70 los festejás con 150. Pasó un año. ¿Qué te pasó a vos?
–Pasó de todo. Cosas malas. Estuve una semana en coma, un mes en terapia, volví a caer de nuevo con una neumonía. Y después de estar en coma, ¡cómo no voy a festejar así!

–Decían que estuviste en manos de Dios. ¿Viste la famosa luz blanca, el túnel y todo eso mientras estuviste en coma?
–Mirá, no vi ni una luz blanca ni un túnel, ni semáforos; nada. Cuando me desperté me cayó la ficha. Me fui: habrá sido como el ensayo de la muerte, como dormir una siesta. Pero bueno, las cadenas de oración, las de energía, ahí funcionaron. Es creer o reventar, y prefiero creer.

–¿Ahora cómo estás de salud?
–Estoy bárbaro, muy bien.

–Pero seguís fumando. ¿Cuántos prendiste hoy?
–Dos. No llego a un atado. Pero antes no era sólo el pucho. No me cuidaba en las comidas, era muy desordenado. Ahora hago gimnasia día por medio, corro, camino, tomo agua mineral, hace como un año y medio que no tomo alcohol, no me drogo... ¡Algo tengo que hacer! ¡Si no, es muy aburrido! Pero todos me dicen que largue el pucho, primero los médicos. ¡Es fácil ser médico acá! (ríe)

–¿Te dan muchas pastillas?
–Sí. Cuatro a la mañana, seis a la noche y cinco en el medio. Para todo: para el corazón, para los stents, la circulación... para los jugadores, ¡para todo! Soy un laboratorio caminando.

–¿La pastillita azul te la prohibieron o seguís dándole?
–Esa siempre está, sí... Es un vasodilatador: eso de que hace mal al corazón es mentira. Podés tomarla tranquilo (se ríe), y si querés, tengo. Y hay una pastilla china que salió, que es superior al Viagra. No te duele la cabeza ni te da calor en la cara, y tiene efecto pro-lon-ga-do (ríe y extiende las manos).

–¿También hacés una terapia con células madre con el doctor Cahe (que lo había visitado temprano)?
–Sí, es una mezcla de células madre con medicina ortomolecular. Viene a ser el plasma con vitaminas. Quitan de las células madre el plasma, lo vitaminizan y te lo inyectan. Muy bueno. Eso me hace sentir un pibe...

–El corazón también lo tenés bien...
–Muy, muy bien.

–Me refiero a que habías dicho que no te ibas a enamorar más... y mirá.
–¡Digo tantas cosas...! Ni yo me tomo en serio. Soy geminiano, no estoy bien del mate. Un día me gusta una cosa, al otro día otra. Pero siempre que sean mujeres, jaja...

–¿A Marina cómo la conociste?
–Fue después de un recital mío acá. Debo haberle parecido Michael Jackson, porque al otro día recibí una canasta grande de Cabrales, con cafés, tés. "¡Qué grande!", pensé yo. Y venía con una tarjetita. La llamé para agradecer, y le dije: "Tanto café que me mandaste, vamos a tomar un café...".

–¿Cuánto hace que están juntos?
–No tengo la fecha exacta, pero desde que empezamos a hablar... unos cuatro, cinco meses.

–Ahora que estás otra vez de novio, ¿cómo vas a hacer con una de tus máximas? Porque alguna vez confesaste que un vaso de vino y un poco de sexo no se le niegan a nadie.
–Ya soy un muchacho grande. Y no es que haya sentado cabeza: la abrí. No soy el de los 30 años, cuando estar con un bombero muerto me daba lo mismo. Ahora estoy más exigente, quiero halagarme más, tomo agua mineral, me ordené la vida, los horarios. Estoy más prolijo en todo. Lo que no cambia es que a los 20 o a los 70, sin amor no podría vivir. Después de la separación estuve de luto, la pasé mal. De a poco te acostumbrás a vivir con el dolor. Hasta que aparece alguien y otra vez empieza todo.

–Ya lo creo: te casaste cinco veces.
–¡¿Cinco?! Nooo, casarme casarme, por Iglesia y todo, sólo dos: con Diana María y con Andrea. Después hubo truchadas, como el casamiento umbanda (con Selva Mayo) o el de los gitanos con Mónica Gonzaga. ¿Pero viste que en la Iglesia dicen que el hombre no separe lo que Dios ha unido? Bueno, Dios no vino a mis casamientos, no estuvo presente.

–¿Por qué no tuviste hijos?
–No se dio. No fue porque no los busqué o por otras cosas. Ahora ya no tengo paciencia para criar uno. Son destinos, Perón tampoco los tuvo, Chaplin sí y a los 77... Entonces ¿quién te dice que no me caiga la sorpresa?

–¿Cuándo fuiste más feliz en estas siete décadas?
–Ahora, en serio. Nunca pensé que a los 70 me iba a sentir tan bien, ni que iba a ser tan feliz. Me siento pleno, bien de salud, cuando parecía que era boleta. Me cayó la ficha y empecé a darles bola a cosas que antes no veía. Me di cuenta de que mañana es más tarde de lo que uno piensa. Por ahí va la cosa.

–Mirá para atrás. ¿Cambiarías algo?
–Sí, muchas cosas. Si volviera a nacer, no haría lo mismo. Hay muchas travesuras que no volvería a cometer. No te las puedo decir, porque son bastante transgresoras y no vienen al caso. Pero me hicieron mal: me agredía a mí mismo, me olvidaba de mi entorno, de la familia... La gente que te quiere sufre.

–A pesar de todo, tampoco es que con algún exceso como la droga –de la que alguna vez hablaste– hayas superado todo límite...
–No, no... Nunca me internaron por la droga. He tomado, como cualquier atorrante de mi edad. Eso por supuesto que lo cambiaría también, claro. Pero más bien hablaba de equivocaciones, de torpezas...

–¿Te queda algo por hacer?
–Siempre queda algo. En mi caso, lo que más me gusta hacer son canciones, grabarlas, hacer un disco más. Ya llevo 53... Estoy acá en casa y agarro la viola, agarro el piano...

–A los 14 años eras profesor de piano, ¿no?
–Y a los 13 tocaba el piano con la orquesta típica de Oscar Espósito.

–Eras un nene. ¿Cómo hacías para actuar de noche en los boliches?
–Iba a los piringundines, sí. Pero me acompañaba mi viejo, que no me dejaba ni a sol ni a sombra. Si hasta llevaba pantalones cortos... Ahí aprendí la noche. Pero era otra noche... Ahora son madrugadas, jaja.

–Cacho, de los que no van a estar en tu fiesta, ¿a quiénes te gustaría tener?
–(Se le quiebra la voz un momento) A los míos, a mis viejos y mis dos hermanos.

–Imaginate que mañana llegás y los encontrás acá. ¿Qué les dirías, y qué te dirían ellos a vos?
–Mi vieja me cagaría a pedos, con toda seguridad. Mi viejo y mis hermanos estarían contentos.

–¿Por qué te cagaría a pedos tu mamá?
–Porque la volvía loca: yo era muy travieso. Le presentaba una atorranta por semana y le decía que era mi novia... ¡Aparecía con cada gato, jaja! Y mi vieja se iba a la cocina y me hacía señas de que me iba a cortar el cogote; era divertido.

–Eso, a los 20...
–A los 20, a los 22 y a los 30 y pico.

–¿Nunca te aceptó una novia?
–Sí, a la Gonzaga y a Marisol Fígoli me las aceptó. Y a Andrea (Sblano, su reciente ex) también. Ella estuvo diez años conmigo, fue una mina genial y la quiero muchísimo. Hasta somos socios. Y nos cuidamos. Así es la vida.

–La vida, ahora, te acercó a Marina.
–La pasamos muy bien: me divierto mucho, me quiere mucho. Es una gran amiga y compañera.

–Vos tuviste romances desde Susana hasta... no se qué cantidad de mujeres.
–Jaja... No sé cuántas. El único boludo que las cuenta es Julio Iglesias.

–Pero después de todas ellas, ¿qué buscás ahora en una mujer?
–Nada. Buscando, uno a veces se equivoca. Hay que dejar que te elijan ellas.

Por Hugo Martin. Fotos: Cristian Beliera.
 
   
Comentario
De: gachi
Publicación: 18/07/12
saludos
bueno que decir ella la conosco es mi amiga es divina que dios la bendiga a ella y toda su flia hay que disfrutar la vida
Chapita
 Chapita
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