Mucha risa por aquí...

 
En su paso por la tevé, Tito pudo mostrar sus emociones: lloró y también aprendió a reírse. Junto a su mujer, Marcela, están en un momento feliz.
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Titomanía

 
El delirio de los fans en la puerta del teatro Candilejas 2. Y el momento más festejado de la obra: Tito practica un strip tease (más cómico que sexy) con Nazarena Vélez, puntal de la comedia que encabeza junto a Paula Chaves y Peter Alfonso.
 

Sexy y chistoso

 
El momento más festejado de la obra: Tito practica un strip tease (más cómico que sexy) con Nazarena Vélez, puntal de la comedia que encabeza junto a Paula Chaves y Peter Alfonso.
 
TITO

“Me pasaron tantas cosas... ¿Por qué no hacer un programa infantil?”

El subcampeón de Bailando es ídolo total en la Villa. Antes y después de cada función de Despedida de soltero, sus fans de todas las edades lo acosan. El y su mujer, Marcela Villagra, dicen que “está buenísimo el cariño de la gente”. Y cuentan que, desde hace un tiempo, están buscando un hijo para agrandar la familia.
 
Ahí está el segundo, el subcampeón, el que ocupó el lugar reservado –según los exitistas– para el mejor de los perdedores. Pero ahí está, casi sin poder moverse ni al llegar ni al salir del teatro, cegado por los flashes de mil fotos, rodeado por sus fans, que –si viene al caso– hasta se van a parar a saludarlo a los gritos en medio de la obra. Si no fuera porque Héctor Tito Speranza (38) es gigante (no tanto de altura –mide 1,85–, sí por la montaña de músculos que construyó en el gimnasio), podría ser aplastado por tanto cariño. El veredicto es claro y contundente: el subcampeón de Bailando 2011 ganó ahí donde es más difícil entrar: en el sentimiento de la gente.

Ahora está en Villa Carlos Paz, donde cuando no pisa las tablas de Despedida de soltero (Candilejas 2) está rodeado de naturaleza y momentos de silencio, que se incrustan en la vorágine que es su vida (y la de su pareja, Marcela Villagra, 40) en el último año y medio. “Es cierto que nos cambió la vida, en todos los aspectos. Ya no podemos caminar solos por la calle. Antes, los domingos llevábamos a nuestros sobrinitos a comer y a los jueguitos; ahora es complicado”, dice Tito.

–Eso puertas afuera. ¿Y adentro, Tito?
Tito: No, entre nosotros no cambió nada.
Marcela: El tema es afuera. Está buenísimo el cariño de la gente. Pero no podemos parar a tomar un café en cualquier lado, o ir a un shopping. Lo que uno pretende es relajar un poco, nada más.
Tito: Siempre se acercan con respeto y buena onda, y eso no es poco.

–La popularidad trae cosas buenas... y también tentaciones. ¿Cómo manejan el tema de los celos?
Tito: Dios hace las cosas por algo. Todo esto llegó en el momento justo. Sabemos cómo somos, y qué queremos. Además, tentaciones hay en todos lados.
Marcela: Tengo carácter, y sé qué hacer si lo encaran mal. Pero su popularidad no me genera celos. Yo quiero que a él las cosas le vayan bien.

–Tinelli los casó en cámara. ¿Qué chances hay de que se repita, pero de verdad?
Marcela: Fue terrible aquello (ríe). El tema lo charlamos siempre, sobre todo al principio de nuestra relación, que ya lleva doce años. Después fue pasando, no se dio, y ahora no es una prioridad, aunque no tenemos nada en contra.
Tito: Hoy pensamos en cosas como agrandar la familia. Estamos buscando tener hijos, pero Dios dirá.

–Cuando apareciste en ShowMatch eras un custodio más de Ricardo Fort. Se suponía que no debías despertar simpatía, sino más bien lo contrario. Y te ganaste a la gente.
–Es cierto. Será porque nos toman como patovicas, sobre todo los adolescentes, porque son los “patos” quienes no los dejan entrar a los boliches. Los grandotes siempre tenemos el rol de malos. Pero yo no soy un patovica, y cuando fui custodio me manejé tranquilo. Los chiquitos y adolescentes me tiraban buena onda.

–¿Cuál fue la clave?
–Vieron un tipo trabajando, un profesional. Y un pibe común, como cualquier chico de barrio, que pegó un trabajo así y después encontró la televisión.

–Algo vio Tinelli...
–Siempre lo hablamos con mis amigos. Había cinco tipos más con Fort, y me eligió a mí. Al principio me ponía nervioso, se me secaba la garganta, me salía voz de pito, tartamudeaba. Yo no manejaba todo eso, y no sé si ahora lo hago. Si hasta en la final me puse muy nervioso.

–¿Podrías ser su amigo fuera de cámara?
–Tenemos códigos parecidos, pero hay que ver si él quiere. Hay que ser respetuoso. No soy confianzudo, ni le digo “Marce”, por más simpatía que le tenga. Eso sí: le voy a querer ganar siempre a lo que juguemos, por más que él haga trampa como al básquet.

–Bueno, pero gracias a eso jugaste nada menos que con Manu Ginóbili.
–Gracias a Marcelo, sí. Pensá que yo jugué 28 años al básquet. El año pasado fue la primera vez que falté a una temporada. Me gustaría mucho ir a verlo a San Antonio alguna vez. Nunca pude viajar a los Estados Unidos; sería maravilloso. Yo me identifico con Ginóbili o con Oberto, al que también pude conocer, porque hice las mismas cosas: viajar a un pueblito en un micro destartalado. Bueno, después ellos llegaron lejos y yo seguí jugando con mis amigos, jaja.

–¿Te da miedo que este presente se corte?
–No. Tengo claro que si un día se apaga la luz, tendré que seguir. Nunca renegué de los trabajos. Si tengo que agachar la cabeza y volver a laburar de otra cosa, lo haré. Pensá que empecé en una concesionaria de autos en quinto año, porque soy técnico en automotores. Después me metí en la Facultad de Ingeniería, hice hasta materias de tercer año. Después hice logística y armado de piezas en una empresa de ortopedia. Toda mi vida hasta ahora fue entre eso y la parte deportiva.

–Y ahora... ¡actor!
–Hago de un profe, así que un poco es lo que soy. Está bueno, me divierto. Y cada vez lo disfruto más. Mucha gente esperaba que fuera un continuado de Bailando, pero no. Hay muchas horas de ensayo y sacrificio. Tuve que poner el mil por mil. Roberto Antier y Atilio Veronelli me tuvieron mucha paciencia.

–Adrián Suar dijo que te veía en un programa infantil. ¿Te animarías?
–Tengo muy buena onda con los nenes, con mis sobrinitos (los mellizos Lucas y Vicente, de 6, que lo visitan en Carlos Paz). Me ha pasado en los veranos, cuando trabajaba en colonias, que los más chiquitos, de tres, cuatro años, antes de irse me venían a saludar. Y no era conocido, eh... Ahora, hacer un programa... no sé. Aunque me han pasado tantas cosas que, pensándolo... ¿por qué no? Me tendría que probar. Si me decías un año atrás que me veías en Bailando tampoco te creía.

–¿Y si este año es a vos a quien le toca bailar, Marcela?
Marcela: Algo se dijo, aunque no hubo un ofrecimiento concreto. Pero no digo que no.

–¿Quién baila mejor de los dos?
A dúo: Eso lo tenemos claro: los dos bailamos mal.

Por Hugo Martin. Fotos: Fabián Mattiazzi.
 
   
Comentario
De: luis
Publicación: 20/02/12
particular
te mereces sos de pueblo adentro
Chapita
 Chapita
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Chapita