Personajes
OREIRO & MOLLO

Esperando a Merlín en su paraíso escondido

A sólo un mes de la fecha de parto, Natalia y Ricardo descansan en su nueva casa de Uruguay, donde ya se imaginan junto a Merlín Atahualpa. Rodeada de naturaleza, la pareja se ve feliz como nunca. Antes de volver a Buenos Aires para el nacimiento de su hijo –cerca del obstetra y del resto de la familia–, se dedican a cuidar la huerta y agradecer a la vida por tanto amor.

Ruta vacía. Oscuridad de medianoche. Algunas luces se divisan a lo lejos como un rumor silencioso. Casi no hay olor a río, aunque está ahí cerca, y los autos pasan con una calma que no es la de los lugares de moda. Es 27 de diciembre y Ricardo Mollo y Natalia Oreiro llegan a su chacra en Uruguay, su nuevo refugio, y se internan en una paz de otro tiempo. Durante los últimos días de diciembre, a sólo un mes de la fecha de parto, un gallo cantará a sol y sombra, imperturbablemente. Y Ricardo arreglará el jardín. Y Natalia, escondida bajo su techo, atrás de sus paredes, acostada en sus sillones, buscará y rebuscará la manera de matar las ansias, de apurar la espera, y de ir –poco a poco– convirtiéndose en la madre que será, dejando de ser la mujer que fue.

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Nueve meses. Doscientos setenta y cinco días. Seis mil seiscientas horas. Trescientos noventa y seis mil minutos. ¿Qué se puede hacer en ese tiempo que nos cambia la vida para siempre? ¿Recorrer Asia casi en su totalidad? ¿Leer a buen ritmo los siete tomos de En busca del tiempo perdido? ¿Rodar una película, una serie y varias publicidades promoviendo el cuidado del medio ambiente? ¿Grabar un disco y tocar en el Luna Park con Omara Portuondo y el Buena Vista Social Club? Sí, tal vez. Pero nada, por más milagroso que parezca, superará el hechizo del embarazo. Y Natalia Oreiro, a sus 34, lo sabe. Y Ricardo Mollo, a sus 54, también. Juntos, como la pareja que son desde hace diez años, esperan para fines de enero la llegada de su primer hijo, aunque no el primero en la vida de Ricardo, que ya es padre de Martina Aldabel (28) y María Azul (22). En este último dato se encuentra otro no menor: el del nombre. El líder de Divididos y su hermano, Omar Mollo, han creado una tradición por la cual las iniciales de sus hijos son siempre MAM, como la banda que otrora tuvieran. Y ya que las tradiciones están para respetarlas, el hijo de Natalia se llamaría Merlín Atahualpa Mollo.

DEL OTRO LADO DEL RIO. Construyeron su nueva casa en Uruguay bien a su estilo: alejada de la civilización, con muchas flores, sin lujos y con una huerta de donde sacar sus propios alimentos, ya que ella es vegetariana y macrobiótica. Allí se instalaron para descansar, pero no para dar a luz. “Vivo en Argentina, tengo mi vida en Argentina, quiero que sea argentino. Va a ser rioplatense igual, como yo. Mi obstetra es argentino. Yo quería tenerlo en casa, con un parto en el agua, pero él dice que en una primeriza no conviene, así que le voy a hacer caso y nacerá en una clínica. Tengo fecha para fines de enero”, explicaba Natalia a GENTE hace pocos meses.

Leé la nota completa en la revista GENTE de esta semana.

Por Joaquín Sánchez Mariño. Fotos: Julio César Ruiz y Enrique García Medina

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