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Frente al rancho de Rosas, en San Miguel del Monte, flanqueado por la Guardia del Monte. Domínguez se declara profundamente rosista.
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Epoca de siembra

 
La primera comunión, en la capilla de San Isidro Labrador en su ciudad natal, Chacabuco. Siete de sus compañeros de la parroquia fueron desaparecidos en la dictadura, y al cura José Saccardi, que guiaba el grupo, lo mataron en una villa de Buenos Aires. Con su madre, Nélida Olivetto, portera de la escuela donde estudió. “Ella vendió sus alhajas para que yo pudiera estudiar en la Capital”, cuenta el ministro.
 

Volver a empezar

 
Hace dos años hubiera sido imposible: el ministro de Agricultura en la Sociedad Rural de Monte. Allí, además, visitó el Centro Tradicionalista Martín Fierro, junto al candidato del Frente para la Victoria, Raúl Basualdo, y el Instituto Agropecuario de Monte.
 
JULIAN DOMINGUEZ

“Desde chico supe que, o era cura o hacía política”

Tiene 47 años, y es el ministro de Agricultura que recompuso el diálogo con el campo. Sacó el 53,7 por ciento de los votos en las elecciones primarias del 14 de agosto como candidato a diputado. Tiene una historia de vida increíble: su madre lo crió sola luego de separarse de su padre, alcohólico. Trabaja desde los nueve años y lo mandaron al Sur durante la Guerra de Malvinas. Y tiene cinco hijos, el último, adoptado.
 
Que el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca del gobierno kirchnerista esté invitado a un asado de la Sociedad Rural podría ser un buen chiste, pero es cierto. Aquí, en San Miguel del Monte, donde se cruza la Ruta 3 con la 41, sucedió. Rodeado por la Guardia del Monte, con sus uniformes rojo punzó y sus lanzas de caña tacuara, Julián Domínguez (47) hasta montó a caballo antes de hincarle el diente a la carne que sirvieron luego. Cosas que logra, seguramente, el 53,7 por ciento de los votos que obtuvo como primer candidato a diputado nacional en la provincia de Buenos Aires en las primarias del 14 de agosto. Y, fundamentalmente, el tiempo transcurrido desde la batalla por la famosa Resolución 125. Hoy, la hectárea de campo en la Pampa Húmeda vale 15 mil dólares, seis veces más que en el 2002.

A pocos metros de allí, después de visitar Ghegoil, una planta de procesamiento de soja para producir aceite y expeller, un alimento para aves (claro ejemplo del famoso valor agregado que pregona el Plan Estratégico Agroalimentario que lanzó la presidenta Cristina Fernández en Tecnópolis), la charla.

–¿Ministro, usted tiene campo?
–(Sonríe) No.

–Allá en Chacabuco, donde nació, era uno más de los chicos del pueblo, entonces.
–Yo soy nieto de gringos, de chacareros. Mis abuelos Poseían siete quintas, unas 50 hectáreas. Tenían tambo, colmenas, sembraban maíz, trigo, lo que podían... Mi abuela hacía quesos, dulces, pan. Criaron ocho hijos. Me dejaron el valor, el cariño, la mesa de los domingos, los corderos de Navidad. Mi familia era muy humilde. Trabajo desde los nueve años, cuando quise comprarme mi primer reloj.

–¿Qué hacía a esa edad?
–Vendía helados, barría veredas, trabajé en un estudio jurídico, lavé copas... todo lo que podía hacer para ayudar a mi madre (Nélida Olivetto), que me crió sola, ayudada por mis abuelos, claro.

–¿Por qué lo crió sola?
–Se separó cuando éramos chicos. Papá era alcohólico... A mí todo me costó mucho. Pero la vida me dio muchas posibilidades. Fui a un colegio agrotécnico, el colegio parroquial del pueblo, San Isidro Labrador, donde mi madre era portera. Cuando me fui a Buenos Aires a estudiar Derecho, mi vieja vendió todo, sus alhajas, aros, anillos... Después volví a Chacabuco y fui intendente, después diputado...

–Espere, pero antes de eso, ¿es cierto que quiso ser sacerdote?
–Sí, me planteé la vocación. Desde chico supe que, o era cura, o me dedicaba a la política. Me pasé toda la secundaria en un grupo parroquial. Siete jóvenes de ese grupo fueron desaparecidos, y al cura, el padre José Saccardi, lo mataron en una villa de Buenos Aires. Era adepto a la Teología de la Liberación. Nos metía el concepto de la participación, de la liberación del pueblo de Israel del imperio egipcio y el cruce del Mar Rojo. Yo estaba en el secundario mientras transcurría la dictadura, y me daba cuenta de lo que pasaba. Cuando terminé, advertí que me gustaba más la condición humana, y después de que me mandaran al Sur por la Guerra de Malvinas en el ’82, me dediqué a la política.

–¿Estuvo en las islas?
–No, en Río Gallegos, con el grupo de Artillería 101. Viajaron a Malvinas nueve grupos. Yo estaba en el décimo. Se cortaron las comunicaciones y no fui. Me agarré una hepatitis terrible y estuve en el Sur hasta diciembre. Para nuestra generación, Malvinas es una herida abierta, un territorio que nos pertenece y los ingleses nos robaron.

–Antes me decía que le gustó más la condición humana que la divina. Y, de hecho, tiene cinco hijos: cuatro con su primera mujer (Tomás, Florencia, Agustín y Julio) y uno adoptado.
–Sí, Francisco. La nena, Florencia, me va a hacer abuelo este año, abuelo joven, eh... Con la madre de ellos me separé, y rearmé mi pareja con Andrea, que tiene un hijo de 21 años.

–¿Por qué, teniendo cuatro, decidieron adoptar?
–Es una historia triste. La celadora de esa escuela falleció en el parto de su cuarto hijo, y su marido dos años después. Decidimos ayudarlos. Francisco estudia Arquitectura, su hermano mayor es abogado, el otro es aviador, y la nena está terminando la escuela en Chacabuco.

–Hoy comió un asado en la Sociedad Rural de Monte. En 2009 eso era impensado. ¿Qué cambió?
–Mire, cuando me dijeron que debía agarrar el Ministerio me pegué un julepe bárbaro... Pero puse la cara, como me pidió la Presidenta. Fui a cada entidad, a cada productor. Y tomé las críticas como oportunidad de crecimiento. El Plan Estratégico Agroalimentario es eso: mirar hacia adelante. Nuestro rol, como Estado, es ser garantes del interés general, respetando la opinión de los productores, pero separando los reclamos genuinos de las expresiones más politizadas.

–Hubo un llamado implícito de la Mesa de Enlace a votar contra el Gobierno.
–El problema es cuando los dirigentes del sector mutan en dirigentes políticos. Que se dediquen a la política entonces. La Mesa de Enlace debe entender que, parada en la vereda de enfrente, seguimos perdiendo el tiempo. Y, en definitiva, la gente votó por nuestro modelo de país.

–¿Tiene el mismo diálogo con toda la Mesa?
–Hablo con quienes quieren hablar. Con Coninagro, la Federación Agraria y un sector de Carbap tenemos un diálogo maduro, incluso con algunas líneas de la Sociedad Rural, pero con quienes nos agreden, no.

–¿Después de los dichos de Biolcati sobre plasmas, Tinelli y conformismo, hay vuelta atrás con él?
–Mire, la mirada es para adelante. Se llame como se llame el representante, vamos a buscar el diálogo.

–La última: me dijo que no tiene campo, pero si tuviera, ¿qué haría en él?
–Rotaría soja y trigo, aprovecharía para hacer ganadería y le agregaría valor con una planta de procesamiento de soja, como ésta en la que estamos.
Por Hugo Martin. Fotos: Fabián Uset.
 
   
Comentario
De: claudia
Publicación: 12/10/11
agradecimiento.
Muchas gracias Ministro, por las donaciones a las Escuelas Agrotecnicas del país. Por favor baje las retenciones a los pequeños productores de nuestro pais, a los que tienen menos de 150 hectareas, estos no se llevan la plata afuera del pais, la reinvierten, cambian sus herramientas, mejoran sus producciones. Ferré, 12/10/2011
Chapita
 Chapita
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