Bajo la lupa

 
El odontólogo, muy de sport, camina por Belgrano, el barrio donde vive junto a su pareja, Berta “Pochi” André. Hoy, ya en la calle, recibe aprobaciones y también reproches.
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Un cuento chino

 
Barreda en libertad, pese a haber matado a su mujer, sus hijas y su suegra, compra el sábado en el supermercado de su barrio. Luego visitará una farmacia. Por la noche salió junto a su amor actual, Berta “Pochi” André, la mujer de la que se enamoró hace ya casi 18 años.
 

 
 
RICARDO BARREDA

“Por supuesto que me arrepiento de lo que hice”

El odontólogo disfruta de la libertad condicional que le otorgó la Cámara de Apelaciones y Garantías de La Plata. Consciente de que genera amores y odios, se alegra cuando la gente le muestra su apoyo, dice que le gustaría ser DT de su club, Estudiantes, y no le agrada hablar del atroz crimen que cometió en 1992, asesinando a su mujer, a sus dos hijas y a su suegra.
 
Da la sensación de que para sus vecinos, Ricardo Barreda está lejos de ser un asesino cruel que hace 18 años masacró a su esposa –Gladys McDonald–, su suegra –Elena Arrreche– y sus dos hijas –Cecilia y Adriana– en su casa de La Plata. Hoy, para ellos el odontólogo parece significar tan sólo un inofensivo anciano de 74 años erosionado por el paso del tiempo. Guillermo, por ejemplo, tiene alrededor de 30 años, porta la camiseta blanquirroja de Estudiantes –club de los amores de Barreda–, y es uno de los hinchas que lo idolatran. Dice haber compartido con él varios meses en la cárcel de Olmos. “Allá era el mata-familias”, revela. “Así le decían. En la cárcel, ese tipo de personas suelen ser despreciadas. Pero yo lo quiero, porque es del Pincha. Así es la vida. La verdad es que cumplió su condena y tiene derecho a seguir adelante”. “¡Déjenlo en paz!”, grita un vecino e interrumpe la conversación. La gente que no lo quiere habla por lo bajo, susurran: no pueden creer que tenga fanáticos y que la prensa se interese por su vida. Algo está claro: su figura genera amores y odios, pero nunca pasa desapercibida.

“Esto me hace muy bien”, dice el odontólogo cuando sale a comprar a un supermercado chino del barrio, acerca de las constantes muestras de cariño que recibe en los alrededores de la vivienda que habita con Berta “Pochi” André, la docente jubilada que en mayo de 2008 le abrió las puertas de su departamento para que pasara allí sus días. Hoy, André es su sostén afectivo. Tanto, que Barreda suele acompañarla en los acontecimientos sociales de su círculo íntimo.

Es sábado, y el odontólogo se prepara para ir al cumpleaños de la hija de una amiga de su novia, en un colegio católico de Chacarita. Pasado el mediodía, Barreda sale y se topa cara a cara con GENTE.

–¿Cómo son sus primeros días en libertad?
–Bien, todo bien hasta que llegaron ustedes (se mete adentro y cierra la puerta principal del edificio con energía).

Así comienza la charla con el hombre que en 1995 fue condenado a reclusión perpetua. Y tras pasar 16 años preso, el 23 de mayo de 2008 fue beneficiado con una morigeración en las condiciones de detención: pasó a cumplir arresto domiciliario en el departamento de su novia, la Pochi, como se conoce en el barrio a esta docente que se enamoró de Barreda. Es más que evidente que a él no le gusta hablar con la prensa. Se notó en la improvisada conferencia que brindó en un restó de San Telmo el pasado martes. Ahora son las 20.45 horas, y el odontólogo y su pareja salen del edificio. Ella luce un vestido negro con un chal de brillos. El, perfumado y bien peinado, lleva un pantalón blanco y una campera sport bien finita. Guarda un llavero con la figura del Sapo Pepe en el bolsillo izquierdo del pantalón. Y comenta: “Tengo que ir de a poco. Quiero recuperarme físicamente. Voy a aprovechar que puedo salir a la calle a caminar para estar bien. Con el arresto domiciliario estaba muy limitado”.

–¿Está arrepentido del cuádruple crimen que cometió y que lo llevó a prisión?
–Por supuesto, pero no es un tema del que desee hablar de aquí en más.

–¿Lo incomoda la guardia periodística?
– Sí, claro, no voy a negarlo.

–¿Piensa mudarse entonces?
Berta: (Interrumpe) ¡No! ¿Por qué? Si estamos bien nosotros...
Barreda: Hay que irse a Carlos Tejedor. Se me ocurre que por lo menos no debe haber tantos autos como acá.

–¿Está mal de salud?
–¿Preguntás por la tos que tengo? Sí, estoy a la miseria. Vengo mal desde junio o julio del año pasado. Con problemas en todo el sector izquierdo del oído. Tengo estudios hechos de todos los que te imagines. Fumo, puedo llegar a uno o dos cigarrillos por día. Por placer, porque me gusta. Creo que el problema lo tengo acá en la apófisis mastoide (se señala justo debajo de la oreja izquierda). Yo creo que fue por un catarro muy espeso que tuve. Y me vi obligado a ver al otorrinolaringólogo.
Berta: (Interviene otra vez) Eso puede ser por lo que sufriste en la cárcel de Olmos. Ahí está frío y húmedo.
Barreda: –¡No le eches la culpa a eso, porque no tiene nada que ver!

–¿Es cierto que piensa volver a ejercer su profesión de odontólogo?
–Yo me dedicaba a todo menos a la ortodoncia. La odontología es un buen laburo. Todo puede ser... Veremos.
Habla pausado y medita cada palabra, como si un parlamento suyo debiera ser contundente. Seco. Usa frases cortas y simples. Parece tranquilo, pero no lo está.

–¿Escuché mal o usted dijo que quiere ser entrenador de fútbol?
–Ojalá pueda. Ya terminé el curso. El Pincha es un gran club.

–¿Cómo conoció a Berta (Pochi) su actual mujer? ¿Cuánto hace que están juntos?
Berta: Yo soy maestra y fui a visitar a un alumno que estaba en la Unidad 9. Y charla va, charla viene... Ya hace tranquilamente 18 años...
Barreda: (Ahora interrumpe él) No, tanto no.
Berta: Sí, Ricardo... Escuchame... Desde el ’92... ponele el ’94, hasta ahora. ¡Cómo pasa la vida! Parece mentira.

–¿Qué piensa hacer de su futuro? Porque muchos lo aceptan, pero otros no tanto...
–Tengo ganas de escribir un libro, con tiempo. Voy a tirar m... para todos lados. Vamos a ver. Por ahora estoy disfrutando del presente muy tranquilo. Nadie me molesta, y a los que lo hacen no los escucho. Soy un hombre libre, con mis virtudes y mis defectos, que son muchos.
Por María Eugenia Pintos. Fotos: Enrique García Medina.
 
   
Comentario
De: Nana Calixta
Publicación: 02/02/12
Heidi
Little Pussy, bello apodo!!
Chapita
 Chapita
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Chapita