Como en casa

 
Vero y Diego posan en la puerta del chalet que, a diez cuadras de la concentración argentina. El refugio del técnico en los ratos libres.
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Diego besa su medallita, una cábala constante durante el Mundial.
 

 
Vero hizo especialmente dos banderas en Buenos Aires. La de arriba, la llevó en todos los partidos que la Argentina jugó como local en las eliminatorias.
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Chapita
 
MARADONA INTIMO

“Cuando me enamoré de Diego supe que era para toda la vida”

VERONICA OJEDA. La novia de Maradona acepta por primera vez una entrevista en Sudáfrica. Convenció al DT de la Selección para hacer una foto juntos en la puerta de su casa, y luego habló de todo. Cómo se conocieron. Los cinco años juntos. Los momentos más duros en las internaciones del Diez. El hijo que perdieron. Las tristezas en los momentos difíciles de las Eliminatorias y la alegría de saber que éste es el mejor momento profesional de Diego, a quien “quiero y amo con locura”.
 
No, pará, pará un poco. A mí me gustan las mujeres. Estoy de novio con Verónica desde hace cinco años. Es rubia, muy linda... La mujer que hoy comparte mi vida”. (Respuesta de Diego Maradona a un periodista inglés en la sala de conferencias del estadio Soccer City, luego de la victoria de la Argentina por 4 a 1 ante Corea del Sur).

En su rostro está reflejada la felicidad. La rubia que nació hace 31 años en Villa Fiorito (el mismo barrio del Sur del conurbano bonaerense en el que se crió el mejor jugador de la historia) se pasea con su familia por el Nelson Mandela Square, un selecto shopping en Sandton City, junto a su mamá Rufina, su papá Carlos, su cuñada Heidi, su sobrino Tiano y varios amigos, entre los que se encuentra Victoria, una nena de ocho años que a pesar de romperse tibia y peroné de la pierna izquierda quiso viajar y pasó a convertirse en la nena más mimada del grupo.

Son las cuatro de la tarde y las compras deben ser rápidas, porque todavía nadie almorzó. Louis Vuitton, Foschini y locales de artesanías africanas serán los negocios elegidos por todos. Para el final quedará la tabaquería, en la que Verónica Ojeda compró una caja de 50 habanos Romeo y Julieta Número 2, los preferidos de Diego Maradona. Y antes de sentarse en el restaurante, la foto que ningún integrante se quiere perder cuando salen al inmenso patio y se encuentran con la figura de Nelson Mandela, el hombre que cambió el destino de Sudáfrica, inmortalizada en una gigantesca estatua de bronce de ocho metros de alto. Es lunes en Sudáfrica y apenas falta un día para que la Argentina defina su suerte en el Mundial. Sin embargo, la mujer que desde hace cinco años comparte su vida con el actual técnico de la Selección transmite la misma confianza y tranquilidad que Diego. “Tengo una fe tremenda. Lo veo tan metido y tranquilo que a todos nos llena de paz”, se atreve a decir Verónica, mientras saborea su tostado con jugo de naranja y capuchino.

Es que ella (junto a Dalma y Gianinna) es una de las tres mujeres que más cerca están del hombre que, a pesar de las críticas, se animó a transmitirles su mística a los jugadores argentinos. Cada vez que la Selección tiene día libre, Diego sale con su auto de la concentración de Pretoria hacia la que hoy es su casa sudafricana: un chalet de tres ambientes ubicado en un barrio privado sobre la calle Nicholson, a unas diez cuadras del bunker de Pretoria. Ahí, el sábado, GENTE tuvo la oportunidad de fotografiarlos en exclusiva en la puerta de su casa. Aunque Diego estaba durmiendo la siesta, accedió al pedido de su mujer y con el mismo buzo Adidas que dirige los entrenamientos se tomó una de las primeras fotos junto a Verónica. Hasta acá, un cuento color de rosa.

Pero también hay espinas en el corazón de esta mujer que decidió “dar la vida por el hombre que una noche le pidió permiso a mi papá para sacarme a bailar en la pista del salón Lituano, en Lanús Oeste. Esa noche me enamoró por completo”, asegura Verónica. Para estos días, junio de 2010, ella soñaba con ser mamá. No pudo ser. En enero, el corazoncito de ese bebé en gestación dejó de latir, cuando llevaba tres meses en el vientre de su mamá. “Fue muy duro para los dos. Ahí fue cuando mi familia me dijo: ‘Dale, Vero, arriba el ánimo. Ponete bien y nos vamos a Sudáfrica’. Y acá estamos, fascinados y con la misma ilusión que tienen millones de argentinos”, sigue Verónica, la mujer que, asegura, “le cambió la vida a Diego”.

¿Cómo estás viviendo todo esto en Sudáfrica, con el plus que significa estar ligada a Maradona?
–¡Muy bien! ¡Este país me sorprendió! No es lo que muchos decían: la gente es muy agradable y eso hace que uno se sienta a gusto. Y con respecto a Diego, fascinada con todo lo que le está pasando. Lo veo enchufado y feliz por el trabajo que está haciendo. Es un enamorado de sus jugadores.

¿Eso no te da un poco de celos?
–¿Celos? ¡No! ¡Ellos son sus jugadores y yo, su mujer! Es que en el fondo Diego es un poco de todos. El siempre dice que ama con locura a Dalma y a Gianinna, sus hijas, y sabemos cuánto lo quieren millones de argentinos. Por eso nunca sentiría celos.

Muchos se sorprenden de este nuevo Diego Maradona, un hombre sereno y reflexivo, a punto de cumplir sus 50 años.
–Sí, me lo han dicho. Hace cinco años que estamos juntos, y creo que este período de estabilidad también lo serenó y lo hizo cambiar.

¿Qué hiciste para provocar ese cambio?
–Le demostré que era una persona que iba a estar a su lado siempre, en las buenas y en las malas. Yo viví tres internaciones de él, que fueron muy duras para los dos. En la última estuvimos dos meses juntos, porque no me moví de su habitación. Cada vez que salió hablamos mucho. Fueron charlas profundas, sinceras... y muy dolorosas. Terminábamos llorando los dos, pero sin duda cada una de esas crisis a ambos nos hizo crecer como pareja y como personas.

¿En esos momentos nunca pensaste “¿Qué hago yo acá?”?
–Jamás. Siempre pensé, desde chica, como una mujer grande. Y cuando me enamoré de Diego supe que iba a ser para toda la vida.

¿Cómo es ser la mujer de Diego?
–Al principio es todo fascinación y sorpresa por lo que él provoca en la gente. Pero después te vas acostumbrando. Ya no lo miro como Diego Maradona, sino como mi pareja, el amor de mi vida.

Te lleva casi veinte años. ¿En algún momento la diferencia de edad fue un problema?
–No, porque a pesar de mis 31 años, como te dije antes tuve siempre la mentalidad de alguien mayor. Además, cinco años al lado de Diego te hacen crecer veinte de golpe. Maduré un montón, y hoy pienso como una persona de cincuenta.

Hasta que lo conociste vos llevabas una vida normal. A su lado, todo debe ser cualquier cosa menos “normal”. ¿Te acostumbraste a ir a cenar y que no los dejen tranquilos, por ejemplo?
–Es que si Diego acepta firmar autógrafos y sacarse fotos está todo bien. De todos modos, no somos de salir mucho. Tenemos una vida tranquila y bien casera. Preferimos estar en familia, ver una película o jugar con Bella, nuestra perra.

¿Es la perra Shar Pei que lo mordió en el labio, no?
–Sí. La fuimos a comprar juntos cuando era chiquita.

En su momento no quedó muy claro aquel accidente. ¿Cómo fue?
–Estábamos acostados, a punto de dormir, y Diego notó que Bella estaba echada, medio tirada. Y como tiene insuficiencia renal, se preocupó. Se levantó de la cama y la tomó en brazos. La perra se asustó y lo mordió en la boca.

¿Viven solos en la casa de Ezeiza?
–Sí. Nosotros y la perra, nadie más.

¿Cómo es un día en la vida de Diego? Contá algo de estos últimos meses.
–Nos levantábamos juntos bien temprano, desayunábamos unos mates en casa y él salía para el predio de Ezeiza. Todos los días, estuvieran los jugadores o no. Después, a la noche, cenábamos y hablábamos de todo.

¿Te cuenta cosas de fútbol o de la Selección?
–Me cuenta todo, de fútbol y de cosas que le pasaron en el día. Yo también le hablo de mis cosas. Por suerte, tenemos muy buen diálogo.

¿Fueron duras las Eliminatorias?
–Pasamos por todos los estados. Momentos de mucha alegría, como su debut ante Venezuela o la clasificación en Uruguay, y momentos durísimos, como la vuelta de Bolivia después de perder 6 a 1. Ahí estuvo muy mal, bajoneado... Fue muy duro. Pero para eso estoy yo, para bancarlo y consolarlo en los momentos difíciles.

¿Y ahora, en esas tardes libres en las que llega a tu casa en Pretoria, qué dice?
–Desde el primer día dijo que le encantaba la casa que alquilamos. Después, que me extrañaba muchísimo. Tuvimos tiempo de estar juntos todo ese día. Ahora, cuando viene, disfruta de la familia, tomamos mate, miramos un partido juntos... Se relaja bastante.

Nos decías que el viaje surgió después de la pérdida de tu bebé. ¿Están pensando, de todos modos, en ser padres?
–En realidad, no es un tema que hablemos. Estamos muy bien así y queremos disfrutar este momentos juntos. Pero aquel bebé tampoco fue algo planeado. Si llega en el futuro, bienvenido.

¿Estás con ganas de ser mamá?
–La ilusión siempre la tuve, y sé que en algún momento va a venir. Pero no vivo obsesionada pensando en eso. El próximo año... o el otro... Dios decidirá cuándo será el momento.

Por Sergio Oviedo. Fotos: Diego García y Julio Ruiz.
 
   
Comentario
De: Elena
Publicación: 23/07/10
2010 - 2014

Diego seguir por lo que te dicta tu corazón.Estoy segura que si hubieses ganado a Alemania serías el mejor para algunos. Cuando las cosas salen mal es facil de criticar.Con respeto a la recuperación de Diego por las adicciones la ayuda fue de varios, primero de Diego, que quiso salir de las drogas tambien de Claudia que se banco de todo y el acompañamiento de sus hijas y familia. Verónica Ojeda tiene que seguir el camino que su familia comenzó.

Chapita
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