De dónde venía? Nadie lo sabe con certeza. La noche anterior había
participado de una demostración de box en el balneario
Robinson Crusoe,
de Pinamar. Compartió ring con otro ex campeón mundial, Jorge Locomotora Castro.
Después fue hasta el bingo, donde su amigo Daniel La Tota Santillán le dedicó
una canción. De madrugada desanduvo el camino hacia Mar del Plata. Pero no
planeaba regresar a casa aún: acordó con algunos amigos hacer una escala en un
boliche de la avenida Constitución. Ahí se abre un paréntesis: nadie puede
precisar qué hizo Rodrigo La Hiena Barrios desde las siete de la mañana hasta la
hora del primer choque. ¿Acaso importa? Sí, es fundamental para la causa
judicial. Puede demostrar si estaba intoxicado o no.
Su rastro reaparece recién a las 15:30 horas del domingo 24 de enero. La
Hiena maneja su camioneta BMW X5 negra por la zona de La Perla. Es un lujo,
modelo 2008, que compró el 30 de diciembre, apenas un día antes de comenzar sus
vacaciones en Mardel. ¿Su valor? Poco más de 80 mil dólares. El ex campeón del
mundo de los superplumas conduce a toda velocidad, ahora por la avenida
Independencia. Zigzaguea entre el tráfico. Tiene la ventanilla baja, los vecinos
lo reconocen. Al 700, en el cruce con la calle Ayacucho, embiste a un Fiat 147
celeste que está detenido frente a un semáforo en rojo. “Pensé que iba a
cambiar la luz del semáforo y que el auto iba a arrancar”, dirá después ante
la Justicia. Lo golpea en la parte posterior izquierda. El auto sale despedido
violentamente. La conductora sufre la quebradura de uno de sus brazos. Y su
amiga, en el asiento del acompañante, se rompe la nariz contra el tablero. El
impulso empuja al Fiat hasta el otro lado de la calle. Y, en la senda peatonal,
arrastra a una familia completa. Graciela Morales (43) sufre excoriaciones
múltiples. Horas más tarde, en un llanto, recordará: “Escuché el impacto y
descubrí que el auto se nos venía encima. Traté de tirar a mi hija para atrás,
pero no hicimos a tiempo. Nos golpeó a las dos. Pero yo estoy viva...”.
Su hija, Yamila Vanesa González (20), embarazada de cinco meses, quedó debajo
del auto. Está bañada en sangre, con una fractura expuesta de fémur. Morirá
horas más tarde en el Hospital Interzonal. Su novio, Sebastián Ceballos (23)
sólo sufre algunos raspones. Al igual que su hermana menor, Eliana González
(16), que sale prácticamente ilesa. El Fiat 147 recién detiene su marcha cuando
impacta contra un Mitsubishi gris estacionado junto al cordón. El Mitsubishi, a
su vez, golpea contra un Ford Orion azul, también estacionado, que se monta
sobre la vereda y atropella a otras dos mujeres, que sufren lesiones leves. Los
testigos llaman al 911 y pocos minutos más tarde llega la primera ambulancia.
LA PRINCESA. Yamila González y Sebastián Ceballos se conocían desde
siempre. Pero comenzaron a salir hace seis meses. La noticia del embarazo los
sorprendió, es cierto. Pero celebraron su confirmación. Desde entonces, sin más
certeza que la intuición, repetían que su bebé sería una nena. “Recién
teníamos fecha de ecografía para confirmar el sexo en los primeros días de
febrero. Pero en la autopsia confirmaron que era una nena... Ludmila, íbamos a
llamarla Ludmila...”, dice Sebastián. Programaron sólo tres días de descanso
en el verano. “Teníamos muchos planes para nuestra vida juntos. No nos
tomamos vacaciones más prolongadas porque estábamos ahorrando todo lo que
podíamos para nuestro bebé”, recuerda Sebastián Ceballos.
Pensaron viajar a Gualeguaychú, pero finalmente se decidieron por Mar del
Plata. Como no podían arriesgar, consultaron el pronóstico meteorológico por
Internet. El viernes 22, con clima perfecto, Yamila González se despidió de sus
compañeros de trabajo en el pasaje subterráneo que cruza la avenida 9 de Julio,
a la altura del Obelisco. Durante el fin de semana, el local de diarios y
revistas antiguas donde trabajaba permanecería cerrado. Volvió apurada a su casa
en Bella Vista para armar el bolso. El sábado 23 por la mañana, en la Terminal
de Retiro, abordó el micro junto a su pareja, su mamá y su hermana menor. Esa
misma tarde, los cuatro disfrutaron juntos de un excelente día de playa. El
domingo 24 planeaban repetir el programa. Para ahorrar, salieron de su hotel
después de almorzar. Caminaron por Ayacucho hasta la avenida Independencia.
Esperaron pacientes el semáforo. Recién cuando se detuvo el tránsito bajaron del
cordón de la vereda y empezaron a marchar por la senda peatonal. Dieron un par
de pasos, nada más... hasta que Rodrigo La Hiena Barrios se cruzó en su camino.
Sebastián Ceballos define: “No sé cómo no me mató a mí. Si no me corría,
me mataba. Y te digo la verdad: hubiese preferido que me matara a mí y no a mi
señora. ¿Por qué a ella, Dios?”. Yamila tenía proyectos para su futuro.
Estudiaba profesorado de idiomas, con especialización en inglés y portugués.
Además, decía que el año próximo iba a sumar también el japonés. Llegó
consciente al Hospital Interzonal. Pero sin lucidez, en estado de shock. Se la
veía sudorosa, pálida e hipotensa. Además, estaba bañada en sangre. La
recibieron en el shockroom y de ahí la enviaron a Cirugía. El feto, su
embarazo de 23 semanas, ya no presentaba latidos. Todas las lesiones se
presentaban en el sector izquierdo de su cuerpo, en los órganos macizos. Le
extirparon el bazo y un riñón. A las diez de la noche la declaran muerta. El
lunes 25 al mediodía le practicaron la autopsia en el Cementerio Parque, cerca
de donde Rodrigo Barrios abandonó su 4x4. Ya de regreso en Bella Vista, sin
consuelo, Sebastián repite: “Quiero a mi princesa y a mi bebé conmigo. La
amaba con locura; quería pasar mi vida con ella. En un segundo, Barrios me quitó
todo. No se detuvo ni le importó. ¿Sabrá ahora lo que ha hecho?”.
ESCAPE SIN GLORIA. La Hiena se da a la fuga. “No sabía que había
heridos: me fui para evitar el escándalo”, dirá en su declaración ante el
juez. Sin siquiera detenerse, dobla por Ayacucho. Y, una cuadra más adelante, se
pierde por la calle Catamarca. Ahí conduce en contramano. Su abogado, el doctor
José Vera, dice: “Técnicamente, su escape no cuadra en la figura de
‘abandono de persona’. Barrios se fue de la escena porque creyó que era un
accidente de tránsito común, sin víctimas”. El ex campeón maneja
frenéticamente. En algún momento, vuelve a la avenida Independencia. No sabe
hacia dónde ir; sigue siempre derecho. Pasa cerca del Estadio Mundialista y
bordea el Cementerio Parque, donde la avenida se convierte en ruta. Todos en Mar
del Plata conocen esa cinta asfáltica como “el camino viejo a Miramar”.
Siete kilómetros más adelante, la lujosa BMW X5 vuelve a chocar. Ahora se lleva
por delante a una Ford F100 que circulaba en su mismo sentido. El conductor,
Víctor Cerasseo, describe: “Yo iba a 70 kilómetros por hora, por lo que
calculo que él iría al doble, a unos 140... El golpe me tiró para la banquina.
Casi pierdo el control y choco contra unos postes de luz. Mi mujer estaba
aterrada, porque llevábamos a nuestros dos hijos con nosotros”.
La Hiena se detiene cien metros más adelante. Camina hacia Cerasseo. “¿Estás
bien, maestro?”, le pregunta. Y pide disculpas. A los ojos de la esposa de
Cerasseo no parece borracho. “Ojo, quizá estaba bajo otros efectos...”,
arriesgará después en televisión. El boxeador, que tiene sangre en la nariz,
habla con dificultad. Toma la iniciativa: “Te doy mis datos. Vos pasame los
tuyos, así después arreglan los seguros”, dice. Cerasseo asiente. La Hiena
regresa a su camioneta, que tiene el frente destruido. Y, en lugar de buscar sus
documentos, toma el volante e intenta un nuevo escape. Pero la BMW X5 no puede
más: su radiador está roto, sin agua. Aguanta apenas un kilómetro más. Y se
planta. Barrios camina al borde de la ruta. Habla por teléfono, pide que lo
vayan a buscar. “¡Urgente!”, grita. ¿Adónde están ahora los amigos del
campeón? Se mantiene prófugo durante más de cinco horas. A las diez de la noche,
acompañado por su abogado, se entrega a la Policía. Y, en su primera
declaración, fija posición: “Me obnubilé”, dice.
EN EL CAMINO DE MONZON. La Hiena pasó su primera noche de encierro en
la comisaría de Coronel Vidal, un pueblo a 60 kilómetros de Mar del Plata. Allí
donde suelen mandar a los “peces gordos” y a los policías que confunden
el camino en la Costa. Al cierre de esta edición, todavía no se conocían los
resultados de los análisis de sangre que le practicó la Policía Científica. “Barrios
asegura que no bebió alcohol y dice que no estaba bajo los efectos de ninguna
droga”, declara el doctor Vera. Rodrigo La Hiena Barrios tiene problemas con
el alcohol. Lo confesó públicamente en más de una entrevista. También en GENTE.
“A veces, cuando me paso con la bebida, exploto”, reconoció. El 11 de
diciembre último apareció borracho en el programa Animales sueltos. Y
arremetió a patadas contra el auto de Jorge Acero Cali, campeón de kick boxing y
guardaespaldas de Guillermo Moreno. Mucho antes juró haber vencido su adicción a
la cocaína. En caso de comprobarse que manejaba intoxicado, su situación podría
empeorar. Por ahora, es simplemente una especulación. A principios de año,
Rodrigo confesaba su sueño para este 2010: “Volver a ser campeón del mundo”.
Ahora mismo espera su traslado al penal de Batán. El mismo destino de otro ex
campeón del mundo: Carlos Monzón.