Al natural

En el físico de Pampita no hay huellas de sus dos embarazos. “Me encantó cambiar el color del pelo y animarme al flequillo. La rubia se fue, pero puede volver. Ser embajadora de una marca como Garnier me permite estar renovada y generar tendencias”, afirma.
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Celosos

“Con Benja somos celosos, pero no nos damos motivos… No creo que eso reavive la pasión. Yo no hago lo que tampoco quisiera que él me haga a mí”.

Coqueta

“No digo mi edad, por coquetería y porque no creo que sea algo que me defina. Soy súper femenina: siempre estoy muy cuidada. No ando en jogging, por ejemplo… ¡pero tampoco recibo a Benja con taco aguja!”.
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PAMPITA

“Me gustaría casarme: apuesto al amor para toda la vida”

Como nunca, la top model se anima a las confesiones más profundas. Enamorada del actor chileno Benjamín Vicuña –quien la convirtió en madre de Blanca y Bautista–, debutó en cine en el país trasandino y está a punto de radicarse en Madrid. Además, inicia una etapa de renovación, sin la tutela de Dotto Models. “En la tele hay mucho por hacer”, adelanta. Y quita el cerrojo de su intimidad: el pasado, los celos, los hijos, la pasión y el matrimonio… en boca de la más sexy.
 
Nada?
–Absolutamente nada.

–¿Ni siquiera…?
–Te juro que no. ¿Qué personalidad tendría hoy si todo hubiesen sido rosas? Necesité caerme, levantarme, tropezar, equivocarme. Eso es la vida. A mí me gusta ser quien soy, y tiene mucho que ver con todo lo que viví.

A primera impresión, Carolina Ardohain parece una joven dócil, optimista en demasía. Camaleónica al extremo, la modelo supo mutar de múltiples maneras hasta llegar a “ser quien soy”. ¿Pampita, la sex bomb de las pasarelas argentinas? Sí, claro. Pero además, esa madre de dos hijos (Blanca, de tres años, y Bautista, de uno y medio), en pareja desde hace cuatro con el galán chileno Benjamín Vicuña (30), y que defiende como una bandera el ideal de familia. Su única prioridad, dirá. Pero sin renunciar a “transitar la vida poniéndole el corazón a todo, experimentando a cada paso”. Algo que se refleja en esa existencia seminómada, que ahora la encontrará instalada por ocho meses en Madrid. “A Benja le salió un trabajo para protagonizar una miniserie en la televisión española, y nos vamos todos”, explica, enérgica. Esa misma audacia se traduce en sus constantes cambios de look, en esa cabellera que va –sin peajes– del castaño al rubio platinado, y que ahora, por caso, impacta con un tono “dulce de leche, de la nueva línea de Garnier”, según apunta la diosa. Pero de tonta, ni un pelo. De eso, justamente, tratará esta nota...

En la imponente suite presidencial del Faena Hotel + Universe, y tras una producción fotográfica que demoró algo más de cinco horas, la sonrisa de Carolina permanece intacta. “Dale, charlemos”, invita. Y comienza su propio autodefinido: “Todo lo que soy fue absolutamente buscado. Aunque jamás lo había soñado, nunca renegué de mi fama”.

–¿Entonces no cambiarías nada de tu vida?
–Absolutamente nada.

–¿Ni siquiera tu casamiento con Martín Barrantes?
–No. Todas las experiencias me hicieron cambiar, madurar y crecer. Sería rarísimo haber tenido una vida color de rosa. Y lo aclaro: mi vida no es, ni fue, color de rosa. ¡Lo han visto todos, ja ja! Y lo mejor fue que la gente me permitió ser, con todo lo bueno y lo malo que me pasó. No me juzgaron. Igual, cuando tomé decisiones difíciles, no intenté acomodarme a las expectativas del resto. Nunca me olvidé de mi individualidad. A pesar de todo, siempre me sentí una privilegiada. Imaginate si viviera de verdad en una caja de cristal… ¿Qué personalidad tendría? Necesité caerme, levantarme, tropezar, equivocarme. Eso es la vida. A mí me gusta ser quien soy, y se lo debo a todo lo que viví.

–Haber sido madre, obviamente, te cambió.
–Como mujer, sí. Siempre supe que cuando tuviera hijos las cosas serían distintas. En los momentos en que la pasé mal, pensaba: “Algo bueno se viene; algo va a pasar”. Y así fue. La familia me da muchísimo. No necesito fuegos artificiales para ser feliz.

–Te vas a radicar en Madrid. ¿Fue una decisión difícil para la familia?
–Para nada. Los chicos están súper contentos. Para ellos, su hogar es donde estemos nosotros. No viven las mudanzas de un modo traumático. Para Benjamín es una gran oportunidad de afianzarse en el mercado europeo. ¡Y para mí también! Ya estoy viendo propuestas, para conducción y como actriz. Además, Madrid es hermoso y tenemos muchos amigos allí. No me vas a creer, pero todavía no sabemos dónde vamos a establecernos... Y Blanca está re contenta: ella sabe que cuando era más chiquitita fuimos allá, así que está muy entusiasmada. La aventura es enorme.

–¿Cómo te llevás con el dinero?
–¡Soy re tacaña! No gasto casi nada. Tengo la suerte de que me regalen ropa hermosa, zapatos increíbles, pero no me compro. Con los chicos gasto lo normal. Quiero que vivan una infancia como la mía, que desarrollen su imaginación. No tienen el último juguete, por ejemplo.

–Tu vestidor, entonces, no impactaría a una mujer normal…
–¡Para nada! Es un placard común y corriente, sin lujos. Aparte, me prestan mucha ropa que devuelvo, porque prácticamente no puedo repetir un modelo.

–Con Vicuña llevan cuatro años de pareja. ¿Los celos son tema resuelto?
–Somos celosos, pero no nos damos motivos. Yo no busco que me celen: me gusta vivir en paz. Y no le hago lo que tampoco quisiera que él me haga a mí… Ni creo que eso reavive la pasión.

–¿Los hijos le quitaron erotismo a la pareja?
–Para nada. Ellos no nos restaron nada; al contrario, sumaron cosas. Nos seguimos deseando y amando como siempre. Yo no me guardo nada; estoy siempre al cien por ciento en todo. Me gusta transitar mi vida así.

–¿Y en la intimidad nunca hay preparación especial?
–A ver… Soy súper femenina. Siempre estoy muy cuidada. No ando en jogging, por ejemplo. Pero no lo hago por él: soy así naturalmente. En la intimidad pasa lo mismo: no soy una dejada… ¡pero tampoco lo recibo con taco aguja! Eso sí: siempre soy súper apasionada.

–¿Estás con ganas de casarte?
–Me gustaría. Sé que algún día se va a dar. Es lindo estar casados, es un rito importante. Y cuando tenés hijos, me parece importante para ellos. No tengo la ansiedad de hacerlo ya: hay mucho que organizar… Requiere tiempo, y hoy por hoy estamos muy ocupados.

–¿Todavía creés en el amor para toda la vida?
–Absolutamente. Apuesto a eso. Conozco ejemplos de parejas que se amaron hasta el final… Y si tantos pudieron, ¿por qué nosotros no? También deseamos un tercer hijo, pero tenemos que estar establecidos en un lugar.

–¿Los rumores no debilitan a la pareja? Ustedes vivieron un año bravo…
–Con Benjamín nos inventaron millones de cosas, pero nunca lastimaron nuestra confianza. A la hora de la verdad, sabemos que, para los dos, nuestra familia es el centro de todo. Es una base muy fuerte, que difícilmente se pueda perder. Estas cosas que se dicen no nos pueden afectar… Al menos mientras sean esporádicas, como lo son. He vivido momentos más intensos mediáticamente, así que ahora me siento en un lugar re bueno, ja ja. Pero no te voy a negar que a veces me cansa que haya tan poca responsabilidad a la hora de tirar un chisme o un rumor.

–En lo profesional, ya no estás en el staff de Pancho Dotto. ¿Tomaste vos las riendas de tu carrera?
–Sí, me independicé de Pancho. Quiero estar más comprometida con mis proyectos, pero no hubo pelea. De Dotto Models tengo recuerdos hermosos, y nada los va a apagar. Pero arranqué una etapa nueva: necesito diversificarme. Creo que en la tele hay mucho por hacer, por ejemplo. Y no le tengo miedo a nada. Hasta hice una pequeña participación en cine (debutó en el film Súper, protagonizado por el propio Vicuña, con buena recepción de la crítica). Me animé porque era algo chiquito y sabía que podía afrontarlo.

–La última: estás viajando a España... ¿Te animarías a ser una chica Almodóvar?
–¿Por qué no? Siento que tengo mucho para dar. A mí no me dan miedo los desafíos. Al contrario, estoy súper motivada.

Por Mariel Fuentes. Fotos: Santiago Turienzo.
 
Comentarios
 
De: davi
Publicación: 14/11/09
me muero por verte de frente
pampita muero por saludarte en tu mejilla
 
Chapita
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Chapita
Chapita