En la provincia de Cádiz, a unos ochenta kilómetros de Marbella, aparece
Sotogrande, una urbanización residencial con palmeras de seis metros de alto y
canales de aguas verdes. La Perla de Europa la llaman los españoles. El paisaje
tiene algo de Saint Tropez, pero también de Venecia, aunque aquí no navegan
góndolas sino cruceros de millones de euros. Muchos magnates europeos amarran
sus barcos o tienen sus casas de veraneo, como el popular futbolista Raúl
González, goleador del Real Madrid.
Pero en Sotogrande no se habla demasiado de fútbol. La urbanización tiene los
mejores campos de golf de Europa, y desde mediados de agosto, en Santa María –su
club– se juega la Copa de Oro de Polo. “Como máxima atracción está el
argentino Adolfo Cambiaso, que en estos momentos es el mejor del mundo”, lee
un hombre en el diario Europa Sur, que se distribuye por toda la Costa del Sol,
sobre el mar Mediterráneo. Adolfito (33) no venía a Sotogrande desde 1999. Y
este año está solo: su mujer, María Vázquez (33), y sus hijos, Mia (5) y
Adolfito (2), se quedaron en su casa de Cañuelas. “Dejé de viajar a muchos
torneos; ya no aguanto tanto tiempo sin mi familia”, explica él en el balcón
de su casa con vista al puerto.
Cambiaso conversa, gesticula y toma unos mates con galletitas y queso crema.
Hace un rato acaba de ganar su primer partido con Loro Piana, el equipo de Alfio
Marchini, uno de los patrones que siempre vienen a la Argentina. “El siempre
está para la Copa de Diamantes, que yo organizo; no le podía fallar”,
completa Adolfito.
–¿Te cuesta viajar?
–Y, la verdad que sí, pero es mi trabajo. Incluso me gustan más los caballos que
el polo, pero hoy la prioridad de mi vida es la familia. Ahora estoy acá porque
son sólo quince días, pero no quiero moverme más. Si es necesario viviré del
campo… No sé… Me pondré a trabajar de otra cosa, pero ya no quiero viajar sin mi
mujer y mis hijos.
–¿Podrías mantener todo el “circo” sin jugar?
–Me tendría que achicar, y no sería tan grave. Produciría la mitad de los
embriones que hoy produzco, tendría menos caballos. El tema es que ya no quiero
estar lejos de mi familia. Son muchos años de viajes y distancias.
–¿Cómo hiciste para que tu mujer, María, se bancara tanto ajetreo?
–Uno va forjando su relación de una manera y ella me conoció así, sabiendo que
mi vida era esto: viajar, jugar al polo y estar en el campo porque, básicamente,
no sé hacer otra cosa. Cuando nos conocimos, yo ya tenía 10 goles de hándicap y
viajaba por el mundo a los torneos importantes. Ella también tuvo sus trabajos y
a veces nos separábamos. Pero son cosas muy habladas.
–Dicen que tu mujer es la única a quien escuchás cuando estás un poco
cerrado.
–Es la que me acomoda la cabeza. Cuando está todo bien, tengo mucha gente para
joder, pero cuando está todo mal, María es la que trata de acomodarme. Igual,
tengo una cabeza muy complicada…
–¿Hasta qué punto ella puede influir en una decisión importante?
–El año pasado yo no quería jugar Palermo. Lo tenía casi decidido, y ella me fue
trabajando para que no me bajara. No estoy conforme de cómo jugué, aunque podría
haber sido peor. Pero María fue la que me motivó para hacerlo lo mejor posible.
Adolfo sigue masticando galletitas. Pasaron dos horas de su partido en el
club Santa María y está cansado: “Llegué con poco entrenamiento. Me fui dos
semanas al campo en Córdoba, con María, Mia y Poroto (así le dice a su hijo)
y me dejé estar un poco. La verdad, terminé muerto”, cuenta. Siguen los
mates y en el plasma de 26 pulgadas hace zapping, siempre con deportes y
repeticiones de los Juegos Olímpicos. “La Selección de fútbol fue
impresionante: le ganó a Brasil regulando. Me encanta Messi, es un monstruo. El
tipo que siempre intenta, el que hace todo diferente y divierte. Por eso lo
adoran los chinos…”, define a su jugador favorito –en una comparación
caprichosa–, justo el que más se parece a él: “Creo que no se puede comparar
el fútbol con el polo. Pero yo soy un poco más egoísta que Messi, porque juego
para divertirme, aunque después el espectáculo salga lindo”.
Adolfo está abonado a la frase: “Soy un convencido de que se juega como se
vive. En el polo y en la vida, soy cero táctica y pura intuición. No medito
mucho las cosas. Me muevo y trabajo con gente que me entiende y me conoce”.
–¿Te hubiera gustado que el polo fuera deporte olímpico?
–Sí. Sería emocionante estar, pero no lo haría a cualquier costo. Por ejemplo,
no aceptaría que pusieran hándicap, porque sería una falta de respeto para el
país. Imagináte: los pasaríamos por encima a todos, porque el polo se juega en
todo el mundo, pero los seis equipos de alto hándicap son argentinos.
–¿Cómo formaría la Selección argentina de polo?
–Como dicen los técnicos de fútbol: “Habría que convocar a los mejores del
momento”. ¿Hoy? Juan Martín Nero, Gonzalito Pieres, Pablo Mc Donough…
–Con vos…
–Bueno, si es por mí, jugaría con La Dolfina, mi equipo completo: Lucas
Monteverde, Mariano Aguerre y Lolo Castagnola.
–¿Son el mejor equipo del mundo?
–Nosotros ganamos tres Palermos seguidos y somos el cuarto equipo en la historia
del polo que llega a los 40 goles. Eso es llegar al techo en este deporte. A
partir de ahora, la curva empieza a descender. Y la lógica dice que el cuarto
Palermo tendríamos que perderlo pero, ¿si lo ganamos…? Yo, mientras juegue, voy
a querer ganar todo. Aunque la edad me vaya pasando factura…
–Hoy te caíste del caballo durante el partido. ¿Eso duele más que hace
cinco años?
–Por ahora duele de la misma manera. Aunque te cansás un poco más. Como te dije,
venía de un descanso con mis hijos en Córdoba, que disfruté mucho y me ayuda a
seguir con las pilas recargadas. Pero me olvidé de entrenar. Ja, ja.
–¿El talento polístico se hereda? ¿Tu hijo es un potencial número uno?
–No lo sé, pero del lado de mi mujer no hay ningún deportista, así que empezamos
mal. “Si es amargo, va a ser culpa tuya”, siempre la jodo. A mi hijo le
puedo enseñar a criar caballos o a jugar al polo. De otra cosa no sé. Me
encantaría que le guste y que juegue. Pero, lo haga bien o mal, voy a quererlo
de la misma forma.
–Por las dudas, tus hijos ya tienen sus petisos…
–Sí tienen varios. Me divierte que tengan una vida relacionada con la naturaleza
y el deporte. De alguna manera yo los acerco a eso, y María se encarga de
insertarlos en la ciudad, en el cine, por ejemplo. Pero esto que compartimos no
lo hago pensando en el futuro: yo me crié así, y trato de transmitirles eso.