Presa de la mentira

 
Belu cuenta su increíble historia: “Me hice amiga de las tres presas más pesadas del penal. No me dio miedo, me sentí aliviada. Me vieron como un pollito mojado y me tendieron una mano”, asegura.
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En el banquillo

 
El 2 de abril, María Belén Téllez y Jessica Almada fueron absueltas. En el mismo juicio, que duró menos de dos horas, Alejandro Panno (a la derecha de la imagen) fue condenado a 11 años de prisión.
 

Camino a la libertad

 
La imagen del reencuentro reflejó en todos los medios de comunicación.
 
Belén Téllez

“Estoy despertando de la peor pesadilla”

Tiene 22 años y trabaja como modelo. El 29 de octubre de 2006 fue detenida en España, acusada de narcotráfico. Su manager llevaba 16 kilos de cocaína en sus valijas… Estuvo un año y medio encerrada en la cárcel de mujeres Wad Ras. Finalmente, en un juicio que duró menos de dos horas, decretaron su inocencia. De regreso en Buenos Aires, cuenta su odisea: “Mi vida se detuvo en el tiempo, dejé un año y medio en la cárcel”, asegura.
 

Aún en el hall del aeropuerto de El Prat, a través de una hoja de vidrio, Barcelona se les presentaba como una ciudad fascinante. Ya estaban oficialmente en España: habían pasado los puestos de Migraciones y Control Aduanero. María Belén Téllez (22) y Jessica Almada (21) recogieron sus valijas de la cinta. A pocos metros de la puerta de calle, cuando se detuvieron para esperar a su manager, un oficial de la Guardia Civil les dio la bienvenida: “¿Ustedes viajan junto al señor Panno? ¿Me acompañan, por favor?”. Lo siguieron hasta una sala vecina. En el centro de la habitación, sobre una mesa, descubrieron cuatro maletas revueltas. El representante de modelos Alejandro Panno, director de Web Model Argentina, ya estaba esposado. Continúa María Belén: “Nosotras no entendíamos nada. Otro policía agarra unos paquetes que había entre la ropa y empieza a gritar: ‘¿Ven esto que tengo aquí, señoritas? Esto es droga’. Nos piden que les enseñemos nuestras valijas. Se las mostramos, las revuelven y no encuentran nada. Uno de los guardias concluye: ‘Estas niñas no tienen nada que ver’. Suspiro. Pero muy poco, porque al minuto aparece otro uniformado en la sala. ‘¿Quién es María Belén Téllez?’, pregunta. Levanté la mano, resignada. Ahí me dice que todas las valijas, incluso las de Jessi y las de Alejandro, habían sido despachadas a mi nombre. Yo pensaba que todo era una trampa, algo ajeno a nosotros tres. Nos llevaron a la comisaría del aeropuerto, nos leyeron nuestros derechos y nos anunciaron: ‘Van a tener que esperar unos días en un calabozo, hasta que se les asigne un abogado’. Sufrí un shock tremendo. No me desmayé pero de ese día, del maldito 29 de octubre de 2006, mi primer día en España, no recuerdo nada más”.

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Las encerraron bajo diez llaves, a diez portones de la calle, en la cárcel de mujeres Wad Ras. Junto a otras reclusas, acusadas de mil delitos. Incluso de los crímenes más brutales. María Belén Téllez pronto aprendió los códigos de la cárcel. La regla número uno: “No te metas con quien no vas a poder”.

–¿Y cómo sabés que no vas a poder con alguien?
–Te das cuenta a simple vista. Es evidente.

También, le dijeron, debía evitar a las drogadictas. Y jamás llamarlas ‘yonkis’. Le recomendaron no mezclarse con las asesinas. ¿Cómo iba a reconocerlas? “Con el tiempo, las sacás enseguida –insiste María Belén–. Las asesinas quedan mal de la cabeza, caminan como zombis”. Le sugirieron tratar con respeto a las funcionarias, reconociendo siempre sus límites de reclusa. Y le advirtieron que cualquier desacato, por menor que fuere, sería penado con una traumática estadía en Chupano. “Es un calabozo mínimo, aislado, sin comunicación con el mundo exterior. Ahí la cabeza te trabaja mucho, no sabés cuándo vas a salir. Nunca me mandaron a Chupano, gracias a Dios”, asegura.

La bautizaron otra vez, con nombre de tumbera. Su alias resultó poco original, falto de inspiración: “la sudaca”. ¡Había demasiadas sudacas en el mismo pabellón! María Belén concluyó que sus posibilidades de salir ilesa del encierro eran mínimas. Si alguna de sus compañeras pretendía agredirla, ¿cómo iba a defenderse? ¡Apenas medía 1,62 y pesaba 59 kilos! Aun con el apoyo incondicional de Jessica Almada, ¿cuánto durarían? En su primera tarde presa, mientras lloraba en un rincón, otra reclusa le susurró al oído: “Vos no te metas en nada, quedate cerca de mi grupo. Nosotras te vamos a proteger”. Santo remedio. Más tarde, hizo rancho con otras tres reas: “Una morena de Santo Domingo, una chica chilena y otra española. Al tiempo descubrí que eran las tres presas más pesadas del penal. No me dio miedo: por el contrario, me sentí aliviada. ¿Qué hacían conmigo? Creo que les di pena. Me vieron como un pollito mojado y me tendieron una mano”, asegura.

La sudaca les contó su historia. Les dijo que estudiaba veterinaria, aunque pensaba en cambiar de carrera. Les dijo que vivía en casa de sus padres, en el barrio de Palermo, ciudad de Buenos Aires. Sí, en Argentina. Que era hija de Francisco, administrador de propiedades. Y que su mamá, Claudia, trabajaba como maestra de escuela. Que su hermana mayor, Soledad (25), pronto se recibiría de obstetra. Y que su hermano menor, Francisco (19), estaba a punto de terminar el secundario. ¿Soñaba con ser modelo? Sólo lo hacía para divertirse y pagar sus estudios. Quizás algún día probaría suerte con la actuación… Y ya no pregunten: no tiene novio. “El resto de la historia la conocen”, terminó. Claro, ‘el caso de las modelos argentinas’ hacía eco en televisión.

La rutina en Wad Ras comienza puntual a las siete y media de la mañana. Las presas deben esperar de pie, junto a la cama, la primera requisa del día. Después, cada una puede elegir entre un variado menú de actividades. Por ejemplo, María Belén Téllez estudió cosmetología, siguió un curso intensivo de informática y aprendió catalán. También dictó clases de aerobics. Los almuerzos y las cenas en el penal son contundentes, aunque el menú pronto se vuelve reiterativo: “Comimos bien, aunque siempre lo mismo. Nos tenían a pollo, pescado y arroz. Yo me imaginaba esas ranchadas de película, los cucharones de polenta… ¡Pero hasta nos daban papas fritas! Adentro corre el rumor de que a la comida le ponen hormonas para apagar el apetito sexual de las presas. Algo de cierto debe haber, porque engordé ocho kilos”, asegura. Las detenidas pueden disponer de su propio dinero. Las mismas monedas que se utilizan tras los muros y unas tarjetas que equivalen a cinco o diez euros. ¿Su destino? Un almacén con productos básicos llamado “Economato” y una cafetería en el patio del penal. Belén disponía del dinero que le depositaba su padre, aunque fue asaltada dos veces: “Me sacaron la billetera del cuarto. Creo que fue una alemana grandota, pero nunca se la fui a pedir”.

La mayoría de las peleas suceden frente al teléfono. “Ahí todas están apuradas. Y te matan. Una tarde, estaba por alzar el aparato cuando vino una rumana y me sacó de un empujón. ‘Primero estoy yo. ¿Por qué? Porque sí. Si no te parece bien, te rajo la cara’, me dijo. ¿Qué podía hacer yo? Nada. Pero justo apareció mi amiga dominicana, que le puso una mano en el hombro y le dijo: ‘A la chica no la amenazás… o te la vas a ver conmigo’. No tuve más problemas”, recuerda Belu. También aprendió que las venganzas se cobran por las noches: mientras dormía escuchó cómo violaron a otra reclusa, muy cerca suyo, por un asunto de drogas…

Los domingos en Wad Ras están consagrados a la fe. Las internas pueden asistir a misa y confesar sus pecados en una capilla interna. Belén Téllez jamás faltó a una celebración del culto católico. Entre oraciones, conoció a una reclusa brasileña llamada Amanda, que estaba haciendo el catecismo. Se hicieron amigas, claro. Y, cuando Amanda recibió el sacramento del bautismo, eligió a Belén como su madrina. Mucho tiempo después, cuando la modelo regresó a la Argentina, el primer llamado que recibió fue el de su ahijada desde Wad Ras.

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La instrucción judicial duró seis meses. Después, nadie aportó más pruebas a la causa. La fiscalía apoyó su acusación sobre los dos puntos débiles del caso. No entendían por qué todas las maletas estaban a nombre de María Belén Téllez. ¿Cómo explicarles que existe un aeropuerto llamado Ezeiza? Y tampoco les quedaba claro para qué habían viajado los tres a España. “Si pensaban ocuparse como modelos, ¿por qué no habían solicitado la correspondiente visa de trabajo?”, insistían. Las pericias concluyeron: cuatro de las seis valijas estaban ocupadas con droga. Todas salvo las que María Belén Téllez y Jessica Almada reconocieron como propias. El total de la droga secuestrada fue de 16,2 kilos de cocaína de máxima pureza (más de un millón de euros en el mercado europeo). Si bien Alejandro Panno se reconoció responsable del equipaje y desvinculó a las jóvenes del hecho, los tres fueron acusados de narcotráfico. Parecía un caso fácil para la defensa de las modelos… Pero el proceso extendió sus tiempos hasta los límites permitidos. Por su condición de extranjeras, el tribunal temió una posible fuga y les negó la excarcelación. Se sucedieron más de diez meses sin novedades. El miércoles 2 de abril, “el caso de las modelos argentinas” llegó a juicio. El debate oral duró menos de dos horas. Comenzó a las 11.20 y terminó a las 13:05. En ese lapso, las chicas y su ex manager declararon ante el tribunal. Después, la jueza Ana Ingelmo se retiró de la sala para deliberar. Tan sólo le llevó una hora concluir que María Belén Téllez y Jessica Almada eran inocentes. Aunque Alejandro Panno, quien dijo que no había preparado las maletas y no reconoció culpa, fue condenado a once años de prisión.

Definitivamente libre, Jessica Almada se desnudó en la portada de Interviú. María Belén Téllez regresó a Buenos Aires y aún lucha por mantenerse vestida. La tentación es fuerte: le ofrecieron convertirse en conejita de Playboy, ser chica de tapa de cuanta revista masculina existe en el kiosco… Quizá baile por un sueño junto a Marcelo Tinelli o se incorpore a algún elenco de televisión. Por las dudas, repite: “Siempre quise ser actriz”. Al final, resume su historia: “Siento que mi vida se detuvo en el tiempo, mientras que las vidas de los demás siguieron adelante. En estos diecisiete meses de encierro me perdí el crecimiento de mi ahijada. Se recibió mi hermana de obstetra y yo no estuve. Tampoco acompañé a mi hermano en su graduación de bachiller. Me dijeron que en televisión me trataron de ‘mulita’ y de prostituta… Yo me comí un garrón por nada, pero no guardo rencor. Después de tenerme un año y medio encerrada, la Justicia española dijo que soy inocente. ¿De quién fue la culpa? Ni idea, no me interesa. Me estoy despertando de una pesadilla. Hoy prefiero pensar que tuve mala suerte. Mucha”.

Por Jorge Martínez Carricart
Fotos: Diego García
 
   
Comentario
De: Fernando
Publicación: 03/05/08
Nota Belen
Me alegro que por fin que las hayan dejando en libertad y absueltas. Les deseo todo el éxito del mundo
Chapita
 Chapita
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Chapita