Rubia y fatal

Con nuevo look y sus últimos diseños de Las Oreiro: vestido, zapatos y cartera. “Tengo la necesidad de sorprenderme y reinventarme todo el tiempo sin cambiar mi esencia”.
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“No pierdo glamour cuando estoy con un jogging en el jardín de mi casa. Puedo con las dos cosas. Y me gusta ir con jeans a una fiesta: eso también es de diva, porque soy yo”

“Con Ricardo respetamos los lugares y los tiempos del otro. No voy a un restaurante donde sé que me van a perseguir los fotógrafos. Lo pasaría mal y él, mucho peor.”
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Natalia Oreiro

“En mí conviven la diva y la hippie”

A los 30 años ya tiene chapa de celebrity internacional como actriz y cantante. Fue elegida junto con Madonna y Shakira para una campaña de Sedal. Debutó como conductora de tevé en Recurso natural, “porque defiendo los intereses del planeta”, se afianza como diseñadora de moda con su etiqueta y tiene varios proyectos para hacer cine independiente. ¿Hijos? “Por ahora no”. ¿Pareja? “Con Ricardo (Mollo) no debemos demostrarle a nadie el amor que nos tenemos”.
 
El sol resalta una cabellera rubia de estreno, con un batido al mejor estilo Brigitte Bardot. Sus curvas avanzan por la calle Cerrito, y entra a La Mansión del hotel Four Seasons, presidida por más de veinte cajas de zapatos, diez vestidos de noche, tapados y guantes negros y rojos. Exquisita imagen que encandila: Natalia Oreiro (30) y su don para marcar tendencia.
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Aunque suene ostentoso, excepto pieles y joyas, que no me gustan, tengo todas las carteritas que te puedas imaginar, zapatos de todos los colores y tacos posibles, miles de vestidos y muchísimo maquillaje. Puedo pasar horas preparándome para una fiesta y meses pensando qué me voy a poner. Si viajo por trabajo llevo cinco valijas. ¡Cinco! Y si me voy un mes de vacaciones, todo lo que necesito entra en una mochila. En mí conviven la diva y la hippie.

–¿Dos personalidades en una mujer?
–Puedo con las dos, porque no pierdo el glamour cuando estoy con un jogging en el jardín de mi casa, o entre las orquídeas que crío. Y me gusta ir con jeans a una fiesta: eso también es de diva, porque soy yo. Puedo teñirme de rubia y no sentirme tonta en lo más mínimo. Puedo diseñar ropa y no ser frívola.

–Te conocemos morocha, pelirroja, con pelo corto, largo, lacio y con flequillo. ¿Qué hay detrás de esos cambios?

–Tengo la necesidad de estar todo el tiempo reinventándome sin cambiar mi esencia. Mi mamá es peluquera y practicaba conmigo, fui su conejito de Indias. Y aunque parezca una locura, cuando encaro un nuevo personaje elegir su pelo me ayuda a definirlo. Todos estamos en cambio constante, aunque haya quienes prefieran mantener una misma imagen. Yo necesito estímulos diferentes. Por eso me gusta cantar, actuar, diseñar, decorar… Soy muy curiosa y experimento conmigo. Nunca me gustó quedarme en mi casa esperando que las cosas sucedieran, yo salgo a buscarlas.

–Como cuando decidiste dejar tu Uruguay natal…

–Tenía 16 años, había hecho treinta comerciales y supe que Buenos Aires era el lugar para crecer. Hablé con mis padres, que a duras penas lo entendieron, pero me fui. Si esperaba a los 21 quizá me hubiera enganchado con algún novio, estaría casada y tendría ocho hijos. En la vida no me gusta quedarme con las ganas de nada…

–Te eligieron como ícono del Cono Sur para la campaña de Sedal, La vida no puede esperar, en la que compartís cartel con Madonna, Shakira y Marilyn.

–Fue un honor que me eligieran… Las admiro a las tres. Imagináte que de chica yo soñaba con ser Marilyn, y por ella todavía hoy me retoco el lunar que tengo arriba de la boca. Me da un poco de pudor decir que soy un ícono. Me siento una artista que trabaja mucho para evolucionar.

–¿Seguís peleada con la tecnología?
–(Risas) Desde hace unos meses uso celular, pero sigo sin computadora, Internet ni e-mail. Sé que te puede hacer la vida más fácil, pero no le agarro la vuelta… Además, si pongo mi nombre aparecen miles de páginas en muchos idiomas, incluso fotos de cuando yo era chica que nunca vi. Por eso le tengo mucho respeto. Es tal la voracidad de las nuevas tecnologías que trato de dejarlas fuera de mi casa (pide unos segundos para llamar a su marido, Ricardo Mollo, 20 años mayor que ella y líder de Divididos, para que grabe la segunda emisión de Recurso natural, el programa que conduce en Canal 7).

–¿La conducción es otra carrera posible?
–¿Sabés que me di cuenta de que iba a ser conductora en el momento en que empezamos a grabar? ¡Inconsciente total! Es una posibilidad de colaborar en la difusión de temas que son importantes para mí, y la gente lo sabe. Trato de ser yo y facilitar que la información llegue sin la pretensión de la denuncia. Y más allá de que son los gobiernos los que deben tomar decisiones políticas para cuidar el planeta, en el día a día mucha gente, por ignorancia, hace cosas que pueden impactar en el medio ambiente.

–¿Seguís componiendo?
–A veces se me hace difícil, porque no me tomo un mes y me voy al campo a escribir. Desde hace cuatro años estoy preparando el nuevo disco y quiero volcar todas las experiencias nuevas que viví durante este tiempo. Puede ser que termine a mediados de este año, pero tampoco me quiero apurar.

–¿Cómo sigue tu perfil de comediante?

–Me gusta mucho hacerme la payasa. La gente tiene tantos problemas en la vida, y el mundo sufre una crisis tan fuerte, que si tengo el don de hacer reír, ¿por qué no compartirlo? Como actriz, mi desafío es también hacer otro tipo de personajes. Por eso, muchas veces descarto protagónicos en comedias y acepto papeles chiquitos en películas dramáticas producidas en forma independiente.

–¿En tu vida evitás el escándalo?

–Hay quienes basan su carrera en ese tipo de exposición y me parece genial, porque de algo hay que vivir. Pero hay otros que no: les va mal en el amor y se ven inmersos en un escándalo no buscado. Yo tuve suerte.

–¿Por qué?
–Con Ricardo respetamos los lugares y los tiempos del otro. Yo no voy a un restaurante donde sé que me van a perseguir los fotógrafos. Lo pasaría mal y él, mucho peor. A veces aparezco sola en eventos o fiestas y mucha gente debe preguntarse si me siento sola, pero no tengo que demostrarle a nadie el amor que nos tenemos.

–Es difícil imaginarlo a Mollo mirándote en alguna novela…
–Pero lo hace. También graba los programas a los que me invitan y me ayuda a elegir los vestidos. Te sorprenderías de todo lo que él opina sobre mí y yo de él, pero no nos gusta hacerlo público, porque es parte de nuestro mundo.

–¿Cuán grande es tu ego?

–¡Trabajo mucho para que no me devore! Necesito saber que hay algo mucho más importante que el brillo. Si subo a un escenario espero que me aplaudan, y eso habla de un ego enorme, pero cuando bajo trato de aplastarlo, para que no avance sobre la Natalia que más me importa. Los actores sufrimos de esa terrible necesidad de gustar todo el tiempo. ¡Es imposible! Y por si fuera poco, sumé mi marca de ropa… Las Oreiro no es sólo un negocio. Me permite recuperar el tiempo perdido con mi hermana Adriana. Hace pocos días volví de Nueva York con ella. Fue mucho más que ver moda… ¡Hasta patinamos en el Central Park! Eramos dos chicas con ganas de jugar. Estamos recuperando muchos momentos.

–¿Qué te inspira para diseñar?
–Prefiero la calle a los desfiles internacionales aunque, obviamente, los miro. Las ideas aparecen cuando veo a las mujeres que combinan texturas y colores y se las ingenian para tener su estilo. Lo vivo como un juego, aunque con una inversión muy fuerte… (risas).

–Los diseños gustaron. ¿Hoy es tu apuesta más fuerte?
–Es un proyecto chico con una exposición muy grande (en breve abrirán el segundo local en la ciudad de Córdoba). ¡El 16 de abril es el desfile de la nueva colección, y estoy más nerviosa que antes del estreno de una película..! A futuro, quiero participar sólo de la parte creativa, porque me siento esencialmente actriz. Cuando toda esta exposición deje de ser un juego espero darme cuenta, para abrirme a tiempo. Y no estoy hablando de optar por las pastas de los domingos con hijos y nietos... Nada que ver.

–¿Nunca quisiste una familia tradicional?
–De chica iba al galpón de la casa de mi abuela en El Cerro, en Montevideo, y me disfrazaba de Marilyn. Después fui Betty Page. Nunca soñé con casarme y cocinarle a mi marido. Yo elegí otros dos caminos paralelos: uno de vanidad, con la exposición, la belleza, el éxito, los premios, las giras, el dinero. Y otro que tiene que ver con ir al campo, sacar fotos a los atardeceres y tener mi huerta propia. A ambos los llevo bien.

–Estás viviendo tus 30 años. ¿Hubo un balance?
–No ahora. Lo sentí a los 27. En ese momento tuve la necesidad de creérmela más: soy esto y no tengo por qué avergonzarme, he trabajado mucho. Me encanta esta frase de Borges: “Pronto sabré quién soy”. Me miro al espejo y me pregunto: “¿Esto es lo que quiero?”. Una vez escuché que con el éxito vienen la envidia, la avaricia, las presiones y la falta de tiempo, y con el fracaso lo único que viene es el fracaso. Yo sigo eligiendo el éxito…Y trato de no marearme.

–Falta la última pregunta.
–Ya la sé: si quiero ser mamá.

–¿No sentís que el tiempo te corre?

–No. Las cosas cambiaron mucho. Pero todavía tengo tiempo.

¿Te bajarías de los escenarios?
–No lo sé. Quizás ahora te diga que sí y después me ves trabajando embarazada… Hay días en los que fantaseo con la idea, y otros en los que está súper lejana. Me llevo genial con los bebés de mis amigas, tengo tres ahijados, y al mismo tiempo no sé qué haría con una personita en casa (risas). Trato de no planificar la maternidad y dejar que la vida me sorprenda. Supongo que cuando tenga muchas ganas lo buscaré desesperadamente, porque te dije que nunca puedo esperar, ¿no?

Peinó: Sergio Lamensa. Asistente: Margarita Porto
Maquilló: Sebastián Estrada
Agradecimientos: Las Oreiro y La Mansión del Four Seasons

Por Romina Ryan. Fotos: Claudio Divella
Producción: Sofía Delger
 
Comentarios
 
De: esteban
Publicación: 10/05/08
la verdad
es la mujer mas linda del planeta
 
Chapita
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Chapita
Chapita