Siga el baile, siga el baile...

 
…al compás del candombe, Páez Vilaró volvió a tocar el tambor en las llamadas charrúas. Esta vez lo hizo en Gorlero, la emblemática avenida del Este.
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Manos a la obra

 
A los 84 años sigue, incansable, con sus creaciones en el atelier de Casapueblo. Ahora mismo viene preparando una serie de cuadros con imágenes africanas.
 

El hacedor oriental

 
Pinta en cartón, tela, tambores, cerámicas, en paredes de hospitales y escuelas. “A la hora de retomar mi pasión sentí un gran nerviosismo, temblor, una emoción única”, afirma.
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Chapita
 
Carlos Páez Vilaró

“El arte me ayudó a seguir vivo”

Luego de dos operaciones de corazón que lo tuvieron al borde de la muerte, el genial artista de 84 años retomó sus grandes pasiones: la pintura y las llamadas del Carnaval uruguayo. Recuperado, le contó a GENTE la experiencia, confesó que las mujeres y el sol son su inspiración y aseguró que seguirá poniéndole color al mundo hasta su último aliento.
 

Pablo Picasso decía que la cultura abre la mente de todos. Bueno, coincido: a mí la pintura me ayudó a seguir vivo, me dio oxígeno. Y lo puedo decir ahora, porque el año pasado estuve muy cerca de la muerte, y la vi tan oscura y fría que no me gustó nada. Entonces decidí volver, para seguir poniéndole color y luz a mi vida”, afirma Carlos Páez Vilaró en su atelier de Casapueblo, mientras improvisa imágenes africanas sobre una tela verde. Luego nos cuenta que en 2007 casi no podía hablar, e incluso contestaba sus entrevistas por e-mail, debido a que su corazón había recibido dos intervenciones quirúrgicas que le significaron la inclusión de una válvula mitral para mejorar la circulación sanguínea, y se sentía cansado y agitado. Hoy, recuperado, el artista plástico más reconocido de Uruguay volvió a su Taller del Mar, y habló nuevamente frente a un grabador.

–¿Cómo vivió su recuperación?
–La verdad es que tenía ganas de seguir viviendo y disfrutando de esta tierra. Por ello, de entrada, si me dejás, quisiera agradecer a los médicos de la Clínica Cardiológica de Buenos Aires, a los que me cuidaron en el Centro de Tratamiento Intensivo, a mi mujer, Anette, y a toda la gente que estuvo a mi lado y a la que se preocupó por mi recuperación. Ellos me permitieron seguir adelante y poder volver a pintar.

–Usted dice que le vio la cara a la muerte y no le gustó. ¿Cómo sería si debiera retratarla?
–Oscura, deformada, un lugar donde no deseo estar, porque yo quiero vivir. Mientras me llevaban en camilla al quirófano sentí que ése era mi último viaje, y me vinieron a la mente las escenas y los episodios más lindos junto a la gente que quiero. ¡Y todos transcurrían aquí, en Punta del Este! Y eso que con mi arte recorrí bastantes países, eh. Cuando desperté de la anestesia, uno de los cirujanos me dijo: “Dios quiso que continúe llevando su arte por el planeta”. Ante semejante milagro, comprendí que seguiré creando y poniéndole color al mundo hasta mi último aliento.

–¿Qué sintió en el momento en que volvió a tomar el pincel?
–Un gran nerviosismo, temblor, una emoción única. Quedé desbordado por una extraña sensación de felicidad y angustia. Porque para mí, pintar es escarbar la tela con el pincel, tratando de llegar a lo más profundo de ella.

–Si escarbamos en lo más profundo de usted, ¿qué encontraríamos?
–Al artista, al creador, más que a su obra. Yo me considero un hacedor, un constructor. Siempre consideré al arte como un edificio de departamentos, en el que cada técnica ocupa un piso. Yo, a pura pasión y puro color, recorrí todas las técnicas, porque hice cerámicas, esculturas, pinté, escribí comparsas, dirigí coros, actué en murgas. Caminé y anduve desde el sótano hasta el penthouse. Y todo a fuerza de pasión y color.

–¿Y qué significado tienen los colores para usted?
–Muchos: el gris azulado simboliza el prestigio; el violeta, la aristocracia; el ocre pálido, la pobreza; el rojo fuego, la estridencia. La nostalgia la pinto de azul. El amarillo es el alarido. En el rosado veo el amanecer del amor; en el verde, la vida; en el negro, la oscuridad, y en el blanco, la ansiedad de la tela vacía. Ahí me dan ganas de llenarla de tonos.

–¿Siempre pintó sobre tela?
–Siempre pinté cuando la emoción me venía, y si tenía delante un cartón, mi tela era un cartón, o unos tambores, o cerámicas, o paredes que llenaba de colores. Dejé mi testimonio en escuelas y hospitales de Africa y América. Esa fue mi cruzada. Con mis colores le puse alegría a las calles de los pueblos, al dolor, y de paso hacía un trueque para vivir: cambiaba mi arte por comida, por un techo. Era como un trovador de la pintura.

–¿Qué cosas lo motivan a la hora de pintar?
–Las mujeres y el sol son la fuente de mi inspiración. En la sala del Museo de Casapueblo que le dediqué a mi amigo Rafael Squirru hay cuadros maravillosos dedicados a las mujeres. El me enseñó a ser crítico, a percibir lo que nos rodea con otros ojos.

–¿El arte le ayudó a cosechar amigos?
–Seguro. El arte no tiene idiomas, ni barreras, sino que construye lazos. Por esta casa pasaron muchos amigos: Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, Omar Sharif, Mario Vargas Llosa, Palito Ortega, Shakira, Susana Giménez, María Kodama, Paulina Rubio, Bo Derek, Antonio Banderas, Robert De Niro, Mirtha Legrand y Mercedes Sosa, entre otros. Y tales amistades me las regaló el arte.

–También le regaló su casi infaltable presencia en los fenomenales Carnavales charrúas…
–Cierto. Sólo no pude estar en 2007, debido a mi problema de salud. Pero ahora que estoy mejor, las llamadas volvieron a ser mi gran ritual. Cuando era joven entré por la arcada del conventillo Medio Mundo (célebre lugar de Montevideo, ya desaparecido, conocido como “la cuna del tambor”), acaricié el primero de esos tambores, cubierto con piel de potro, me sentí inspirado y decidí aprender el folklore de la raza negra para luego transformarlo en mi arte. Bueno... A partir de allí pasé a formar parte de su existencia. Por eso, participar de las llamadas es un agradecimiento a todo lo que los negros le dieron a mi arte. Y agradecerles, te aseguro, me hace feliz. Tanto como pintar.

Por Pablo Procopio. Fotos: Julio César Ruiz
 
   
Comentario
De: claudia avila
Publicación: 09/11/12
saludo
Le deseo a ud pronta recuperacion y estoy segura lo será, pues a mi me sucede lo mismo cuando pinto , y puedo decirle que al hacerlo, se produce una magia y un contacto casi espiritual con la vibracion de los colores y en un lugar como Casapueblo debe ser como un paraiso Graaaaaaacias
Chapita
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