Segundos afuera

 
Rama, con protector bucal y la guardia en alto, enfrenta a su oponente arriba del ring. La comparación con Monzón, por supuesto, fue inevitable.
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Entre las sogas

 
Arriba del ring, Rama durante los tres rounds de exhibición en los que peleó contra el boxeador profesional Vicente Halley, en el boliche W Lounge.
 

La hora de los guantes

 
A fines de los 70, Amílcar Brusa le vendaba las manos a Carlos Monzón antes de un entrenamiento. Atrás, la diva, entonces su pareja.
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Chapita
 
Jorge Rama

“Monzón me gustaba mucho, pero Susana me gusta más…”

El jueves 13, el novio de la diva número uno se calzó los guantes y subió al ring. Allí dio una exhibición de tres rounds en el W Lounge, uno de sus boliches de Montevideo. El motivo: juntar fondos para el Palermo Boxing Club, el gimnasio de barrio donde entrena todos los días y que funciona como verdadero semillero del box del Uruguay.
 

Primero la izquierda: varias vueltas bien apretadas alrededor de la muñeca, la palma y el dorso de la mano. Después la derecha: otras tantas vueltas bien apretadas alrededor de la muñeca, la palma y el dorso de esa otra mano. El gimnasio es como el de cualquiera de las películas de Rocky: un sótano mal iluminado, con paredes húmedas y despintadas, un par de bolsas colgando del techo, un par de pósters de viejas glorias del boxeo, unos cuantos puchingballs, un ring en el centro, unos cuantos tipos muy transpirados dándole y dándole a la bolsa, saltando la soga, transpirando un poco más y la chicharra que suena cada tres minutos.

Ahí dentro, en ese sótano, sentado en un banquito de metal, Jorge Rama (35) se está terminado de vendar las manos antes de su entrenamiento diario. Tiene puesta una remera azul con logo de Nike, un jogging también azul con franjas blancas a los costados y unas zapatillas deportivas. Es mediodía y, como desde hace cuatro años, Jorge hace un alto en su rutina laboral para entrenar. Aunque acá, en el Palermo Boxing Club de Montevideo, el gran semillero del boxeo del Uruguay, en realidad él no es ni Jorge ni Rama ni el novio de Susana: es “El Gallego”. Después de vendarse las manos, entonces, El Gallego empieza su entrenamiento. Primero salta la soga durante veinte minutos frente al espejo para entrar en calor, después se calza los guantes, le da un rato al puchingball y sigue con la bolsa. Izquierda, derecha, izquierda, un gancho, un cross, un jab y así… Robert, su entrenador, lo sigue de cerca y le dice: “Rotá más el pie izquierdo cuando tirás el gancho, Gallego”. Y Jorge rota un poco más el pie izquierdo. “Girá más la cintura y terminá con la mano bien arriba, Gaaaallego”, le vuelve a decir. Y Jorge gira un poco más la cintura, termina el golpe con la mano más arriba. Después sube al ring. Y durante media hora hace guantes con uno de sus compañeros. Más ganchos, más derechas profundas, más jabs, más cortitos. “Gallego, levantá más la guardia”, le dice Robert. Y Jorge levanta la guardia. Después una ducha rápida, se cambia la remera por una camisa Polo, el jogging por un jean, y de vuelta al trabajo en su BMW azul.

Este, sin embargo, no es un entrenamiento más: mañana por la noche, el Gallego va a participar de una exhibición en su boliche del Parque Rodó, el W Lounge, junto a Vicente Halley, un boxeador uruguayo. El jueves 13, mientras en Buenos Aires Susana Giménez va a estar al aire con su programa diario, Jorge va a subir al ring para pelear. Sí, la diva ahora ya no tiene por qué extrañar la rudeza de Monzón: lo tiene a Rama.

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Mucho antes de que sus caminos se cruzaran en un cumpleaños de la diva en Miami y después en otras tantas cenas de conocidos, cuando él todavía estaba casado con Eunice Castro y ella estaba recién separada de otro JR (Jorge Rodríguez), mucho antes del comienzo del romance, de los primeros flashes que los encontraron juntos, de las primeras confirmaciones, mucho antes de todo eso Jorge Rama era un empresario que además era fanático del boxeo y que miraba por televisión las peleas del Roña Castro, la Hiena Barrios, y, por supuesto videos de Carlos Monzón.

–¿Así que te gustaba Monzón?
–Sí, de aquella época admiraba a Ringo Bonavena, a Galíndez, pero sobre todo a Monzón. Yo era muy chico cuando peleaba, pero vi algunos videos.

–Es decir que te gustaba Monzón antes de conocerla a Susana…
–Sí… (risas); igual Monzón me gustaba mucho, pero Susana me gusta más, eh…

–¿Y le pedís a Susana que te cuente de él? Lo conoció bastante…
–Sí, muchas veces le pregunto y ella me cuenta, o me muestra fotos de esa época. Tiene un montón.

–¿Hace cuánto estás boxeando?
–Hace tres, cuatro años, más o menos. Antes y durante mucho tiempo hice full contact, pero después dejé. Hasta que hace unos años, Luis, un amigo, me invitó al club. Y desde entonces es como mi segunda casa. Me sacó adelante en momentos en que estaba mal… ¿Viste que el deporte te hace bien a la cabeza...? Y Robert, el entrenador, es como un hermano.

–¿Nunca se te cruzó por la cabeza pelear en serio, por lo menos una vez?
–Nooo, ya tengo 35 años; no estoy para eso. Dejame con mis negocios que con eso más o menos me defiendo… (risas)

–¿Entrenás todos los días?
–Sí, todos los días paro al mediodía un rato para entrenar un par de horas. Hago un poco de bolsa, salto la soga, hago un poco de guantes y salgo a correr por la rambla. Y después, los fines de semana, me voy a Punta con Susana, así que no voy al gimnasio.

–¿Y en la chacra de Susana tenés alguna bolsa o algo para seguir entrenando?
–No, allá tengo algunas pesas y hago gimnasia con Susana. Salimos a correr a veces. Y el resto del tiempo descansamos.

–¿No tenés pensado mudarte a Buenos Aires?
–Por ahora no; tengo todos mis negocios acá. La empresa importadora de bebidas, y los boliches, el W Lounge, Coyote, La City en la ciudad vieja, y otro en Atlántida, como para pagar las cuentas, ¿viste?

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El jueves a la noche, entonces, mientras Susana hace su exitoso show por la pantalla de Telefe, Jorge Rama, con una musculosa y un short azules, sube al ring. En la otra esquina lo espera el moreno Vicente Halley, boxeador profesional. Son tres rounds en los que JR y su oponente intercambian crosses de derecha, ganchos de izquierda, directos a las mandíbulas… En las gradas, la gente va musicalizando la pelea con los gritos. Cross de derecha, y la gente grita: “Ahhh”. Gancho de izquierda, y la gente grita: “Uhhhh”. La comparación con Carlos Monzón es inevitable, hasta que se termina el primer round y suben las conejitas de Playboy a desfilar sobre el ring con unas bikinis muy, muy finitas… ¿Monzón? ¿Quién era ese Monzón?

por Juan Morris. fotos: Julio Ruiz y Archivo Atlántida
 
   
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