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El desahogo de Pico y la euforia de Luisana desde uno de los palcos.
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Que su primer título haya sido en Buenos Aires, me parece un regalo de Dios”, dijo Lopilato.
 

Domingo inolvidable

 
Mónaco levanta la copa y posa con dos de sus ídolos, aparte del español Carlos Moya: Guillermo Vilas y Gabriela Sabatini.
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Chapita
 
Juan Mónaco

"Cuando vi a Lu con los ojos llenos de lágrimas, me emocioné"

A los 22 años consiguió, en el legendario Lawn Tennis Club, su primer título ATP. Pleno, lo festejó con su novia, Luisana Lopilato –quien lo alentó desde la tribuna–, con su familia y con sus amigos. “Ahora quiero ganar Roland Garros”, dobla la apuesta el tenista de Tandil, quien ya es el número 58 del mundo.
 
No te das una idea de lo contento que estoy! Cuando veo a mi gente festejando, siento que todo el esfuerzo que hice valió la pena”.
Juan Mónaco mira al cielo y sus ojos se humedecen. Toma aire y continúa: “Hace unos meses murió mi tía, una de las personas que más me ayudaron en mi carrera. Este torneo también es para ella. Seguro que también está festejando, allá arriba”, vuelve a conmoverse Juan (22 años, natural de Tandil, ciudad que podría considerarse la capital nacional del tenis, con tantas figuras surgidas de allí, como los Pérez Roldan, Zabaleta y Del Potro), que hace unos minutos se dio un gusto inolvidable: derrotó por 6-1 y 6-2 al italiano Alessio di Mauro en la cancha central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, y se quedó con la Copa Telmex, el primer torneo de ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) de su carrera, logro que le permite ser desde esta semana el número 58 del ranking mundial, su mejor posición hasta el momento.

Y ahora, a seguir festejando…”, agrega tras recibir su trofeo y correr hasta el vestuario, donde se desata un carnaval de cánticos, con él como centro y con varios invitados especiales: Leo, Ignacio, Matías, Leonardo, Francisco y Santiago (La banda, sus incondicionales amigos en el tenis y cuando van a la cancha de Estudiantes), Alejo (su primo); Andrés (su hermano, tan idénticos que parecen mellizos), Cristina y Héctor (sus papás, que no paran de llorar) y… claro: Luisana (su novia desde hace tres meses), con quien sella tamaña felicidad a través de un rotundo y sonoro beso en la boca. “Estoy chocha –admite Lopilato, que durante la tarde mantuvo un loable bajo perfil–. Y muy emocionada porque Juan es un chico que se mata por el tenis. ¡No sabés la garra que le pone! Un ejemplo a imitar. Y que su primer título haya sido en Buenos Aires, rodeado de sus afectos, me parece un regalo de Dios”.

Los organizadores, con Eduardo Puppo a la cabeza, vienen a buscar al héroe de la tarde para la conferencia de prensa. De fondo, perdidos en el vestuario, continúan los festejos: “¡Se viene el Lobo, campeón, Lobo campeón!”, gritan, burlándose de Gimnasia y Esgrima, el clásico rival de los “pinchas”. Mónaco sonríe y apaga su celular, que no para de sonar.

–Recién Luisana nos decía que lo que te acaba de pasar es un regalo de Dios. Tu primer título y en Buenos Aires…
–Sin dudas. Viví una de las semanas más lindas de mi vida. Lo importante, como dice el Cholo (Diego Simeone), es que fui “día tras día”. Sin embargo, y aunque sé que para salir campeón hay que ganarles a todos, debo reconocer que me tocó una zona bastante difícil.

–¿Cuál triunfo disfrutaste más?
–Si debiera elegir uno en especial, me quedo con el del viernes, cuando le gané a Moya. Porque fue en la cancha central y porque Carlos siempre fue un referente para mí.

–¿Pudiste dormir la noche previa a la final?
–Poco (risas). Igual traté de despejar mi cabeza, de no pensar a tiempo completo en la final. Me puse a jugar a la Play Station. ¡No sabía qué hacer!

–¿Y entretanto hubo muchos llamados y mensajes de texto con Luisana?
–Los de siempre. La verdad es que estamos muy bien. Los dos somos parecidos. Por esto también es que, como te comenté recién, siento estar viviendo uno de los momentos más felices de mi vida.

–Al terminar el partido, saltaste a la tribuna para festejar con tus amigos y la buscaste a ella para besarla. ¿Eso estaba preparado?
–No, me salió de adentro. Porque los chicos siempre estuvieron a mi lado y quise agradecérselos. Festejar mi primer título junto a las personas que más quiero es algo que nunca olvidaré. Y lo de Lu, bueno, cuando la vi con los ojos llenos de lágrimas, también me emocioné y quise besarla.

–Da la sensación de que hoy sos una persona feliz dentro y fuera de la cancha. ¿Nos equivocamos?
–No. Estoy bárbaro. Siento que en mi carrera di ese salto que tanto esperaba. Igual, no me voy a conformar. ¡Ahora quiero ganar Roland Garros! Y en mi vida personal también estoy muy bien. El Pincha dio la vuelta en diciembre, tengo al lado a la mujer que amo y acabo de salir campeón. Más no puedo pedir...

por Sergio Oviedo
fotos: Javier Moreno y prensa de la Copa Telmex

 
   
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