Mercedes Morán
“Es más difícil manejar 4 hijos que 80 empleados”
Podés preguntarme la edad, pero yo puedo no contestarte… Aunque seguro la vas a
buscar en el archivo (hace puchero). –Prometemos que no. Ahora, ni arrancamos y
ya surgió la coqueta que toda mujer esconde dentro.
–Bueno. Una madre tiene derecho.
Responde Mercedes Morán, y nos lleva directo al tema. “
Lía, mi Lía, es
alguien que transitó una exitosa carrera profesional, hasta que decidió
dedicarse a la maternidad. Ahí le surge un conflicto que la atormenta. Claro, es
más difícil manejar cuatro chicos que 80 empleados. Aparte, si bien la acompaña
una excelente pareja, el devenir cotidiano esterilizó un poco la relación en
cuanto a pasión y romanticismo”, redondea quien ha criado y cría a señoritas
de 30, 29 y 11 años. “
Hay varias situaciones que me recuerdan lo tumultuoso
de educar niños, porque a veces se te agota la paciencia, y eso genera culpa.
Okay, se trata de una misión; uno siembra para que cosechen ellos. No obstante,
equivocarse en el rol de madre genera una enorme desdicha. ¿Mafalda sostenía que
los hijos y los padres se reciben el mismo día? Ocurre que asumir que la tarea
puede resultar trabajosa, cansadora y aburrida es como acusarse de anti-madre.
Por ello, me parece que el tratamiento que le da la serie te permite revelar lo
que nos sucede a muchas”.
Sobre la certeza del autor Marc Cherry respecto a que la clave del boom en los
Estados Unidos radica en haber convertido en protagonistas a las “
de 35 para
arriba, las que la sociedad comienza a apartar laboral y sexualmente”, Morán
coincide. “
Hay un endiosamiento de la juventud y una especie de descarte de
la madurez –entiende–.
Yo me descubrí plena cuando llegué a la madurez,
porque pude conciliar la experiencia con sentirme todavía vital y repleta de
deseo e imaginación. La considero una etapa fantástica. Al margen, reconozco que
el paso del tiempo es un tema difícil en la cultura actual, que rechaza a
aquellos que superamos los 25. Ya ni siquiera es un problema de los 35 o los 40.
Hay chicas que a los 30 creen que ya dejaron atrás lo mejor y empiezan a
deprimirse. Yo doy fe de que no es así”, sentencia seria.
–¿No?
–Hay mucahchitas que a los 30 sienten que ya dejaron atrás lo mejor y empiezan a
deprimirse.
–¿Qué les aconsejaría, entonces?
–Yo doy fe de que no es así.
Araceli González
“Las mujeres, por naturaleza, nos sentimos insatisfechas”
Jura que por estas horas no para de atender llamados y recibir gente de
mantenimiento, y que no descansa de hornear tortas y cuidar cada detalle del
doble festejo que viene organizándoles a sus hijos, quienes el fin de semana
cumplieron 8 y 18 años; jura, en síntesis, que “ahora mismo ves un ama de
casa desesperada. Igual, por lo general, me la banco”, enfatiza Araceli
(39).
–El “por lo general”, ¿qué excluye?
–Admitamos que hubo instantes en que los chicos lloraban, aparecía tu marido
para exigirte equis cosa, venías recargada y sentiste ganas de acogotar a todo
el mundo, tomarte un avión y desaparecer por diez días. Decí que existe cierto
raciocinio, si no, en ocasiones hasta pensaste en convertirte en la protagonista
de Mujeres asesinas. Sucede que el instinto femenino, desde que jugamos
con las muñecas, es respirar hondo y bancarte las obligaciones. El ejemplo:
cuando hay separación, se va el marido, no la esposa.
–Si analizamos con detenimiento, Desperate housewives plantea el caso de señoras
que se mudan a las afueras, consiguen el tipo de vida que soñaban, y de repente
toman conciencia de que no les alcanza. Usted, que tiempo atrás decidió
instalarse en un barrio privado, ¿sigue insatisfecha?
–Por naturaleza, las damas nos sentimos insatisfechas, vamos corriendo la línea
de deseos. Supongo que los hombres también. Creo. Te dejo la inquietud… En lo
íntimo, mudándome, busqué seguridad para mi familia, aire puro, tranquilidad. Mi
objetivo ahora apunta a un crecimiento espiritual, a bajarme del Fórmula Uno que
manejé siempre.
–En cuanto al aspecto material, ¿qué? La Gabriela que encarnará se muestra
frívola y desconfiada, busca el lujo y no deja de sacar tajada.
–Desde aquel primer Fiat 600 que compré a 2.000 australes tras cobrar mi
campaña de Guess y llevar la plata en el Ferrocarril Sarmiento adentro de
la media, los autos son mi debilidad. Me encanta el último que sale. Después,
obvio, las carteras, los zapatos y la ropa interior. No sé, puedo considerarme
algo ambiciosa, porque me agrada trabajar y vivir bien, pero nunca cruzaría el
límite de la honradez, mi esencia. Gabriela no mide precio ni consecuencia.
–¿Y Araceli González aún no se consiguió un jardinero que le entibie la parte
vacía de la cama?
–No. Tengo varios jardineros, pero todavía no los testeé. Yo, eh. Me enteré
de que por la zona varias ya comenzaron a hacerlo.
Carola Reyna
“¡Odio que el Día de la Madre me regalen una tostadora!”
–No se enoje, Carola (41), pero así vestida, con tanto refinamiento y
tanta delicadeza, se asemeja peligrosamente a la Bree de Marcia Cross.
–Error. Ella es el ama de casa perfecta, o pretende serlo, en realidad. A
Bree (Vera, en la Argentina) le resulta mucho más importante la apariencia que
la forma. En lo bello, en cocinar rico, en la foto de la familia radica su
esencia, pese a que por debajo se mueven feo sus estructuras. Yo la
representaría como un precioso jarrón de porcelana que, a medida que te acercás
más y más para verlo, surge más y más resquebrajado.
–¿Y usted?
–Un ama de casa desastrosa. De-sas-tro-sa. Vaga e irresoluta en cuestiones
prácticas tipo poner orden en los placares. Terrible. Ni te cuento lo que me
costaba levantarme para llevar a mi chico, hoy de 15, al colegio. Tampoco me
obsesiona la apariencia. Al contrario, adoro el estilo informal. Y ¡odio que el
Día de la Madre me regalen una tostadora! Sin embargo…
–Picó. Quien jure que no hay ni medio aspecto para identificarse con su
personaje, que arroje la primera piedra o calle.
–Quizá mi exigencia radique en el trabajo. En el trabajo soy igual de
perfeccionista que una mujer suiza y en la vida, igual de espontánea que una
brasileña. Jamás escondo mis emociones. Además, reconozco mi condición de medio
controladora, y que necesito la atención de mi gente. Amo demasiado. Típico de
hija única: Carola Reyna siempre quiere la coronita puesta.
–Ergo, el pobre de Boy Olmi se debe encargar de tener su hogar en orden,
impecable.
–Por lo pronto, se desempeña bastante mejor que yo en la cocina. Lo que me
encanta es observarlo nervioso cuando intenta encender aparatos, enchufar
cables, etcétera, etcétera. En serio, adoro descubrir a mi esposo como un amo de
casa desesperado.
–Ya que la manzana se ha convertido en el símbolo internacional del programa,
¿reconoce pecadillos puertas adentro?
–¿Quién no ha mordido la manzana prohibida alguna vez? Los reconozco... Los
reconozco puertas adentro.
Gabriela Toscano
“Mantener en orden el hogar merece nominaciones al Nobel”
Yo no puedo creer que el domingo 13 de agosto hayamos salido en la tapa y en
una página completa del suplemento de espectáculos de The New Yok Times”,
continúa sorprendiéndose Gabriela Toscano (40). “Quizá recorrimos el período
de convocatoria, ensayo y grabación de forma tan natural, que nunca tomamos real
conciencia de en qué nos habíamos metido”, acepta maravillada.
–¿E imaginó qué sería de su vida si le sucediera lo mismo que a Susana?
–El marido la dejó por la secretaria, y anda ansiosa por recomponerse,
volver a enamorarse, entregarse, recuperar la pasión de una pareja.
–No nos contestó…
–Conociéndola y conociéndome, y buscando un contacto en común en lo que
respecta a cierta condición de mujeres afectivas y voladas, supongo que me
encontraría bastante perdida sin mi marido desde hace catorce años y mi hijo de
11.
–Cuando se le complica el día, entre el trabajo y las obligaciones familiares,
¿no se siente perdida también?
–Considero que mantener en orden el hogar merece nominaciones al Nobel. Dame
el nombre y apellido de una señora que no haya deseado esfumarse un instante de
la faz de la Tierra ante la responsabilidad de llevar adelante su casa.
–Disculpe, ¿no exagera?
–Partamos de la maternidad que, confesémoslo, en ocasiones cansa. No sé si
el parto es un momento cuuuuuuumbre. Yo no lo pasé de lo mejor. Una amiga
embarazada, hinchada de líquidos y súper molesta en lo físico, me lanzó la otra
semana: “Si ésta es la dulce espera, ¡cómo será la amarga!”. Después, el
día a día. A mí no me gusta cocinar, colgar ropa, planchar, lavar platos. Sólo
me divierte ir de compras al supermercado. Entonces, aquello me cuesta un
esfuerzo. Lógico, cuando te toca hasta intentás disfrutarlo. Incluso, por
fortuna, a mí me acompaña un marido que cambió pañales, asiste a reuniones
escolares, prepara desayunos y viandas. Pero nada quita que resulta brava la
cosa. Lo importante, entiendo, es aceptarlo y decirlo.
–Aceptarlo, decirlo, mostrar la ropa sucia, ¿el gran secreto de Amas de casa
desesperadas, verdad?
–Verdad. Indaga en los aspectos ocultos. A través de la comedia dramática de
suspenso en cuestión van a sentir un sabor agridulce. Como el de la realidad.
Romina Gaetani
“Todas las argentinas vamos a identificarnos”
–Por qué decís que a la americana que interpreta mi rol y a mí nos une la
misma pasión por los músicos?
–Fácil. Porque Nicollette Sheridan anda en pareja con Michael Bolton y usted,
con Fena Della Maggiora.
–(Risas) No, para nada estamos de novios con Fena.
Romina Gaetani no duda en su respuesta, y prosigue: “Mi papel es el de una
señora muy sensual y muy sexual, que se resguarda detrás de la armadura que
levantó a su alrededor para mostrarse segura. Tiene varios amantes y ninguna
amiga. Sufrida, abandonada de pequeña por sus padres alcohólicos, creció en un
instituto de huérfanos y… Antes de avanzar, entiendo que no existen demasiados
puntos de contacto conmigo. Sí admito uno puntual. Nos parecemos en que ambas
descreemos de la falsa amistad. Si no encuentro nada en común con equis
individuo, o no me inspira al menos honestidad, prefiero abrirme”, afirma,
advirtiendo que uno de sus objetivos centrales a la hora de vestirse de Carla
reside en no imitar la versión original. “El personaje americano describe a
una mujer de 36 años, por lo que necesito despegar de la Romina de 29
implementándole un tinte particular, que me permita inspirar credibilidad a
pesar de la diferencia de edad. ¿La solución que encontramos? Componerla desde
el grotesco”.
En referencia a las afinidades o desavenencias con nuestro público femenino,
Romina –que no seguía ni sigue el programa, salvo por haber observado la primera
temporada entera no bien la convocaron– sostiene que “aunque narra costumbres
americanas, la adaptación desnuda similitudes. Claro, los 38 millones de
habitantes no residimos en un barrio privado como el de la calle Wisteria Lane
(aquí, Manzanares), pero los conflictos que ellas experimentan consigo, con sus
familias y con sus parejas, sí nos pegan de cerca. Hay paralelismo. No sé si
somos tan conservadores. Me parece que las argentinas nos bancaremos las
críticas que destilan los libretos e, incluso, que todas vamos a identificarnos
en algo”.