Nancy con su hijo en Florianópolis, este verano, de vacaciones.
Recomendá Ésta Nota
Dejá un Comentario
Enviá un Mensaje al Editor
Imprimí Ésta Nota
 

En el nombre de Nicanor

 
Nancy Pazos y Diego Santilli en la puerta de la clínica, donde pasan las horas al lado del pequeño.
 

 
“Lo único que deseaba cuando lo estaban infiltrando era poder cambiar de lugar con él. No hay nada más doloroso que ver sufrir a un hijo”
 
Nancy Pazos

“Pensé que mi hijo se moría”

Nicanor, el hijo menor de la periodista y el diputado Diego Santilli, permanece internado en la Clínica de la Trinidad con síndrome urémico hemolítico. Ya pasó a terapia intermedia: está fuera de peligro. Pero estuvo muy grave. Aquí, la dramática historia.
 
Nancy Pazos está pasando el momento más difícil de su vida: el 25 de mayo, Nicanor –su segundo hijo con el diputado Diego Santilli– fue internado en la Clínica de la Trinidad con un cuadro de síndrome urémico hemolítico. Con sólo tres años, ya soportó dos operaciones, varias transfusiones de sangre, y sesiones de diálisis, y está internado en terapia intermedia, pero fuera de peligro.

–¿Cómo empezó todo, Nancy?
–El 24 de mayo a la noche. Doblado en dos, fue la primera vez que Nicanor me dijo que le dolía la panza. A las cuatro de la mañana me despertó gritando por el dolor. Entonces llamé a OSDE y me mandaron un médico. Le diagnosticó una gastroenteritis pero me pareció raro, porque no iba al baño. Al día siguiente, como era feriado, fuimos con él, un amiguito y Teo, mi hijo de cuatro años, al Museo de los Niños. De pronto, otra vez, empezó a gritar que le dolía, y se tiró al piso. Lo llevé al médico, lo revisó y me dijo que no era gastroenteritis. A la tarde, pobrecito, volvió a tirarse de dolor al piso, mientras me decía: “¡Mamá, sacáme la panza! ¡Sacáme la panza!”. Me cambié y nos fuimos a la clínica. Lo toqué y sentí que la panza le quemaba. Lo atendieron de emergencia, le hicieron una ecografía gastrointestinal, detectaron que tenía una invaginación, y decidieron operarlo. Primero le hicieron un colon por enema que fue tremendo, porque gritaba como loco. Esa misma noche lo operaron. El pronóstico no era muy bueno, porque si estaba invaginado, podía tener un tumor o un linfoma. Pasaron dos días, pero seguía con dolor. El domingo a la noche empezó con vómitos. Recién entonces los médicos pensaron que podía ser el síndrome. El lunes, los análisis dieron mal: alta la uremia y bajos los glóbulos y las plaquetas. Para que te des una idea, lo normal en glóbulos es 38 mil, y él tenía 19 mil, y las plaquetas deben ser 180 mil, y Nicanor sumaba 20 mil. El martes y el miércoles empeoró, y tuvieron que hacerle la primera transfusión, además de diálisis. Esa misma noche entró de nuevo en la sala de operaciones. Desde que salió lo dializaron varias veces.

–¿Sigue teniendo dolores?
–Hoy (lunes 5) es el primer día en que no se quejó. Todos los síntomas empezaron a ceder a partir del domingo. Ahora comenzó a mejorar. La sensación es que ya salió, pero sigue dializado, y tuvieron que hacerle más transfusiones.

–¿Por qué le pasó esto?
–Todavía no se sabe. Mis hijos son cero hamburguesa y almuerzan o cenan pescado. A Teo le encanta la ensalada de lechuga. Es casi paradójico que esto me pasara a mí. Pero pasó. Cuando entré acá me enteré de que hasta el día de hoy, este año, se detectaron quinientos casos similares en hospitales públicos. Hay que poner este tema como prioritario, porque deja a los chicos con secuelas importantes para toda la vida. No hay remedios, no hay antídoto. Lo único que podés hacer es rogar que el chico resista.

–¿Cuánto tiempo va a estar internado?
–Ni idea, yo ni pregunto. En un momento, hasta era una buena noticia que lo tuvieran que trasplantar, porque pensé que mi hijo se moría. Lo único que sé es que es un mal de la Argentina.

–¿Y usted Nancy, cómo está?
–Entera, hasta que pase todo. El único día malo fue el lunes 29 de mayo, cuando me enteré de que era el síndrome. Estaba muy pesimista, y no podía verlo. Pero me recompuse, porque tenía que seguir adelante… y aquí estamos.

–¿Y su marido?
–Igual que yo, peleándola. Con algunos altibajos diferentes, porque los hombres son diferentes. Nosotras nos ponemos más las pilas. Ese mismo lunes, mi marido pensaba que ya nos volvíamos a casa, pero yo tenía la certeza de que no era así… Por suerte, Nicanor es muy fuerte, aparte de que tiene una cabeza increíble y es un manejador total. Es político como el padre. Idéntico a Diego, pero con mi carácter… Hoy es el primer día en que siento un poco de alivio, pero todo es lento. No sabemos cómo va a quedar. Pero no me importa, porque está con nosotros.

–¿Con qué sensación se queda?
–Que hay que tomar conciencia de que ésta no es una enfermedad de la pobreza. Atraviesa todo, es transversal, como Kirchner. Es una enfermedad de todas las clases sociales y, también una enfermedad que se puede prevenir. En el 95 por ciento de los casos se produce por la bacteria Escherichia coli, que puede estar en cualquier lado. Ahora hay que mirar para adelante… Lo que sé es que los hijos te duelen. Lo único que deseaba cuando lo estaban infiltrando era poder cambiar de lugar con él. No hay nada más doloroso que ver sufrir a un hijo.

por Florencia Canale
fotos: Fabián Uset y álbum privado de la familia Santilli
 
   
Comentario
Sé el primero en dejar un comentario.
Chapita
 Chapita
Enviar Comentario
Ver Comentarios
Ver Notas Relacionadas
Chapita