El gran amor de Letu

 
Convertida en mamá, presenta orgullosa a su primer hijo: Indio. Desde que nació, hace dos meses, que no se separa de él. En noviembre vuelve a la actuación y piensa llevarlo con ella al teatro. “Soy como una leona con su cachorro”, dice.
Recomendá Ésta Nota
Dejá un Comentario
Enviá un Mensaje al Editor
Imprimí Ésta Nota
 

Divina mamá

 
Con Indio y Juampi conseguí formar una familia. Hoy, nada me tienta más que quedarme en casa con ellos o ir de visita a lo de mis suegros”.
 

Grandiosa

 
Valoro enormemente la decisión de Juampi porque tiene 24 años. A esa edad, tomar la responsabilidad de formar una familia que no planeaste es de valiente. Para mí es un gran héroe
Notas Relacionadas
  
“Nunca me importó el qué dirán. Hasta que fui madre, claro”
Por primera vez habla de su relación con Francis Ford Coppola y reconoce que ya no vive con el padre de su hijo.
 Separador 
Leticia Brédice
Con la seducción a flor de piel como siempre, con la sensualidad que la caracteriza.
 Separador 
Leticia Brédice
Diosa argentina por excelencia, la actriz en su esencia más pura.
 Separador 
Leticia Brédice
Una de las féminas más versátiles y camaleónicas de la farándula argentina. Aquí, más sexy que nunca.
 Separador 
Actriz, mamita y, ahora, chica Playboy
Posó desnuda para la edición local de la revista Playboy.
Chapita
 
Leticia Brédice

“La maternidad me hizo sentar cabeza”

A los 30 consiguió formar una familia, la única materia pendiente –dice– que le quedaba en la vida. Hasta entonces filmó todas las películas con las que soñó, estuvo con los hombres que deseó, visitó los países que quería conocer y hasta se dio el lujo de grabar un disco. Ahora, a dos meses de convertirse en mamá y antes de volver a la actuación, se da otro gusto: abre su alma y presenta a Indio, el hijo que la convirtió en una nueva Leticia.
 
El parto es morirse y nacer de nuevo. Y yo, con Indio, renací: hoy soy otra. La chica que todos conocen desapareció”. Así, se presenta. La nueva Leticia, asegurará, tiene dos meses. Es la que se mostrará amamantando, cantando arrorrós y cambiando pañales sin pudor. Es la que hablará por lo bajo para que su hijo no despierte, la que lo acunará entre sus brazos durante toda la charla, la que permitirá sin vergüenzas que los ojos se le llenen de lágrimas cuando diga que nunca antes se sintió tan feliz y orgullosa.

A saber: fue actriz de cine y tevé, cantante, provocadora nata en un cien por cien. De nada se arrepiente hoy, claro. “Durante treinta años me di el gusto de jugar a todo lo que quería: filmé todas las películas que quise, trabajé con los directores que quería, tuve todos los novios que quise, conocí casi todos los países que quise, grabé el disco que quería grabar, salí todas las noches, y muchas más…”, comienza contando ella.

–Entonces, ¿qué pasó?
–Pasó que ya estaba. Había quemado todas las etapas. Y no quería ser más una adolescente eterna. Necesitaba otra vida, algo que me cambie, asumir una gran responsabilidad. Hace tiempo ya que tenía muchas ganas de ser mamá. Deseaba mucho un bebé. Y llegó cuando tuvo que llegar. Cuando quiso Dios, como dicen, ¿no? (risas). Y aunque en un principio no me haya parecido así, vino en el momento justo: porque hoy me siento toda una madraza, soy como una leona con su cachorro.

–¿Cómo viviste tu embarazo tan encerrada?
–Así, encerrada, con el timbre de casa y el teléfono desconectados. Estaba viviendo demasiados cambios juntos, necesitaba estar sola para reubicarme.

–¿Deprimida?
–Para nada. Me despertaba antes de que salga el sol, calentaba el agua para un mate, me hacía dos tostadas, abría un buen libro, encendía la radio para escuchar a Pettinato a las seis de la mañana, después a Pergolini, veía a Mirtha Legrand, dormía la siesta… Nunca había tenido tanta paz. Por ahí, escuchaba que en algún programa hablaban de mí y de Juampi (Juan Pablo Sanguinetti, músico, el padre de su hijo) y no podía creer lo que decían. Por suerte, sé reírme de mí misma. Una de las mejores cosas que tengo, te juro por Dios, es el humor. Tengo tan buen humor que eso me salva de muchas cosas… Todo ese silencio, esa paz, me puso en un lugar muy piola. Me sirvió para cortar con todo, para encontrarme y adaptarme a esta nueva Leticia, con este nuevo personaje mío, mucho más real, ¿no?

–¿Acaso el otro era pura postura, pura ficción?
–Era distinto. Muy distinto. Ya no me interesa provocar. Hoy estoy conectada con cosas más inteligentes: las madres, los hijos, los problemas cotidianos. No hace tanto, cuando compartía una mesa de madres que empezaban a hablar de los colegios, las tareas, las niñeras y demás temas domésticos, yo decía: “¡Ufff… ¿cómo hago para salir de esta mesa y quedar elegante?!" (risas). Hoy, en cambio, me planteo cómo puede ser que la educación pública no esté bien. Me pregunto si lo podré mandar a una escuela del Estado o cómo haré para pagar una privada. La maternidad me hizo sentar cabeza. Indio me cambió la vida, me sensibilizó, me hizo más humana, me abrió los ojos.

–¿En qué más te cambió la llegada de Indio?
–En todo. Soy otra persona. Antes no tenía paciencia, era caprichosa, una especie de Charly García femenina, y me divertía ese rol. Hoy me descubro una mujer paciente. La paciencia es el arte de la paz. Lo noto cada vez que el bebé llora: jamás me estreso. Por el contrario, cuento con toda la tranquilidad del mundo para calmarlo y contenerlo. Me cambió la visión frente a la vida. Otro ejemplo: siempre sostuve que las notas eran para hablar de trabajo y hoy estoy acá, contándote todo esto. Y lo hago porque siento que es la primera vez que tengo algo interesante para contar, algo mucho más importante que cualquier película, algo que me trasciende. Indio es la mejor obra que puedo llegar a presentar, es mi nuevo yo. Me siento la mamá más orgullosa del mundo. Si algún día llegara a reprochármelo, le diré: “Perdoná hijo, mamá estaba muy estúpida con tu nacimiento y quería que todos supieran lo lindo y maravilloso que sos”. Hoy, definitivamente, me importan otras cosas. Me importa mi familia, ser creativa, ser inteligente como mamá, no ir contra mi intuición, mantenerme siempre al frente.

–¿Cómo te gustaría criarlo?
–Cuando sos mamá te cae la ficha de cómo te criaron. Y hoy me doy cuenta de que mi mamá fue muy sobreprotectora y muy cariñosa. Siento un instinto de leona terrible. Después, de más grande, mi vieja me preparó para algo más real, me destetó a tiempo. Y hoy está muy orgullosa de sus tres hijas: somos todas muy trabajadoras y muy valientes. Espero poderle transmitirle a Indio esa crianza, ese ejemplo. Me gustaría que sea un ser libre, un innovador, que luche para que la vida de los demás sea mejor, que tenga una vida luminosa. Me gustaría que nunca se suba a una movida de vértigo y de éxito, que tenga barrio, que sea humilde… Si no sale así, lo voy a amar y defender igual. Siempre será el mejor hijo del mundo. Para mí, hoy, la vida va para adelante con el sol de frente, con mi Xul bien encendido.

–¿Te pegó la depresión post-parto?
–No, estoy sensible, eso sí: por ahí le doy el pecho y cuando me mira a los ojos se me escapa una lagrimita de emoción. Pero depresión no, no tuve.

–¿Cómo lo llamaste, finalmente?
–Indio. Me gustó siempre. Primero le quería poner Indio Luna, después lo descarté, porque el pobre iba a nacer con una lanza en la mano. Después pensé en Indio Sol. En Indio Xul. Y como en el Registro Civil no me dejaron ponerle Indio porque me pidieron que haga unas averiguaciones en la Embajada de México y bueno, estoy en pleno trámite… Hoy, está anotado como Juan Xul Salvador Sanguinetti Brédice, Juan por el papá, Xul por Solar, y Salvador por Dalí, pero todos le decimos Indio.

–¿Cómo es Juan Pablo, tu pareja, como papá?
–Es muy buen padre, y eso me enamora. Cuando recién lo conocí me enloqueció su look despeinado y que andaba por la vida con la guitarra al hombro. Hoy estoy perdidamente enamorada del hombre que duerme entre sus brazos a mi hijo. No sé si hubiera planeado tener un hijo con él. Y, seguramente, él jamás soñó en tenerlo conmigo. Pero hoy, cuando lo veo agarrar al bebé, que lo levanta, lo calma… Me enamora. Que alguien quiera a tu hijo tanto como vos siempre enamora.

–¿Te adaptaste a la convivencia con él?
–Con Juan, por suerte, estamos muy bien. Tenemos diferencias, obvio, pero a ninguno de los dos le cuesta ceder. Fue un muy buen compañero durante todo el embarazo, estuvo en casa, con la partera, en el parto. Todo eso nos ayudó a crecer como pareja. Pensá que fue todo muy loco en un principio, fue un proceso muy fuerte para los dos, porque íbamos a ser padres y nos conocíamos desde hacía muy poco. A la vez, el compartir a Indio desde la panza fue algo hermoso y consiguió que nos fuéramos enamorando el uno del otro y de lo que venía. Con Indio y Juampi conseguí formar una familia. Hoy nada me tienta más que quedarme en casa con ellos o ir de visita a lo de mis suegros. Los papás de Juan son gente excelente, muy comprensiva, muy cariñosa. Están babosísimos con su primer nieto y eso a mí me llena de placer.

–¿Te hubieras animado a tenerlo sola si la relación con Juan se hubiera presentado de otra manera?
–Con él nunca hubiera pasado eso. Pero sí, claro. Pertenezco a una generación de mujeres muy valientes, donde un hijo lo es todo. Y si un marido te llegara a oscurecer esa belleza, obvio que me hubiera atrevido a seguir sola, aunque no es el ideal. Sin dudas, criar un bebé con mamá y papá es lo mejor. Además, no hay nada más lindo que la familia, que estar en armonía de a tres, que estar enamorado…

–¿Enamorada de Juan, de tu hijo o de la situación?
–De todos y de todo. De Juan, de mi hijo, de toda nuestra situación familiar, de esta vida que hoy tengo. Nunca me sentí más conectada con el amor.

–¿Cómo lo conociste?
–Me lo presentaron una noche. Pero eso hoy es lo de menos. Lo importante es que las cosas se fueron dando así, ¿no? Y sin presiones. Hoy estoy con Juan porque lo elijo y él está conmigo porque tiene ganas. Jamás lo presioné. El valora mucho eso de mí. Y yo valoro enormemente su decisión, porque tiene 24 años y a esa edad tomar la responsabilidad de formar una familia que no planeaste es de valiente. Juampi es un gran héroe. Está bueno tratar de seguir adelante por los hijos. Estamos los dos recontentos.

–¿Extrañás trabajar?
–¡Ya vuelvo! En noviembre voy a hacer una comedia dirigida por Norma Aleandro en el Maipo. Trata de cinco mujeres que están encerradas en un cuarto, esperando a que comience la fiesta de un casamiento muy burgués, y todas hablan de cómo es cada una. La mía es la más tranquila, la que no se quiere enamorar, una mujer muy actual. Tengo ganas de volver. Yo pensé que no iba a querer, que me iba a esconder, que iba a desear quedarme un tiempo más en casa, pero no. Me voy a cansar, seguro, pero sé que me va a hacer muy bien.

–¿Y pensaste con quién lo vas a dejar?
–¡Con nadie! Soy una mamá canguro. El otro día se lo dejé un rato a mi hermana porque tenía que hacer cosas y lo extrañé horrores. Pienso llevarlo al teatro, a todos lados. El año que viene vuelvo a la tele y con Indio bajo el brazo. Me encanta que esté conmigo. Me gustan mucho las madres que van a todos lados con sus hijos. Además, soy la mamá que le tocó. Y, por ahora, me va a tener que soportar todo el día.

por: Mariana Montini
fotos: Santiago Turienzo. Asistente: Fabián Mattiazzi
producción: Estefanía Allende.

 
   
Comentario
Sé el primero en dejar un comentario.
Chapita
 Chapita
Enviar Comentario
Ver Comentarios
Ver Notas Relacionadas
Chapita