Comprobó una teoría de Einstein

La doctora en Física Gabriela González, un orgullo para el país y el mundo

Su vida está dedicada a la ciencia y, junto a un equipo de científicos, abrió la puerta a nuevos misterios del universo. Aquí una entrevista para conocer mejor a una de las mujeres más trascendentes de nuestro país y candidata a ganar el Nobel de Física.

19/02/2016

Entrevistas

La doctora en Física cordobesa Gabriela González junto a un equipo de científicos comprobó que “Einstein tenía razón” al captar las ondas gravitacionales de una colisión sucedida hace 1.300 millones de años. Aplaudida y admirada por el mundo dice:

“Esto recién empieza porque los misterios del mundo son inagotables”

–La felicito, doctora.

–Gracias. Pero esa felicitación es para los mil científicos que desde hace décadas buscamos esa prueba.

–¿Qué prueba?

–¡De que Einstein tenía razón!

–¿Qué clase de niña fue usted?

–(La pregunta la sorprende) Una niña normal.

En realidad, una niña predestinada. Su madre, Dora Trembiski, es profesora de Matemática. Su padre, Pedro González, licenciado en Ciencias Económi-cas. Gabriela aprendió a leer muy temprano, según testigos con ¡Upa!, el clásico libro de Editorial At-lántida. En el bachillerato aprobaba todas las ma-terias con ocho puntos o más. Resolvía tan rápido las ecuaciones que, terminadas las suyas, hacía lo mismo con las de sus compañeros, juran otros.

-¿Por qué abrazó la Física?

–Porque creía que esa ciencia responde todas las preguntas. Pero hoy sé que no...

 –Su marido, Jorge Pullin, también es físico. ¿Qué investiga?

–Lo mismo que yo, pero en otra universidad.

–No sólo los opuestos se atraen: también los iguales...

–Pero Einstein decía que “cuando uno cae en brazos del amor, no hay que culpar a la Ley de Gravedad”.

–¿Tienen hijos?

–No. Y los lugares en los que ejercimos nuestras investigaciones nos obligaron a largas separaciones: por ejemplo, seis años a diez horas de auto

–¿Qué  fue exactamente lo  que descubrieron?

–La colisión y fusión de dos enormes agujeros negros, la onda gravitacional que produjeron y el sonido del fenómeno, que captaron nuestros sensores. Eso suce­dió hace... ¡mil trescientos millones de años!

–Pregunta de profano:  ¿cómo saben y pruean que fue ésa y no otra colisión?

–Porque ambos sensores están separados por tres mil kilómetros, y el rebote de la señal en sus es­pejos fue exactamente igual. Desde luego, eso se verifica también a través de computadoras.

–Usted dijo en una conferencia que cuando descubrió ese aspecto –o enigma- de la Física, decidió dedicarle su vida entera. ¿Por qué?

–Gracias a Einstein. Cuando leí sus conclusiones acerca de que era posible medir las distorsiones del espacio-tiempo, fue suficiente. Es otra manera de leer el Universo, su historia y hasta la poesía, el canto y la danza de los agujeros negros.

–Uno los imagina aterradores.

–No más que otros fenómenos.

–¿Este hallazgo es una meta lograda?

–¡No! En la investigación del Universo no existen me­tas. Sólo hay nuevas maneras de leerlo. Lo que nos ocurrió en septiembre nos impulsa a perfeccionar aún más los sensores, las células fotoeléctricas, todo.

–Hace un momento me dijo que el espacio –tiempo es dinámico y nos rodea. ¿También a usted y a mí, ahora, hablando por teléfono?

–Por supuesto.

–¿Si nos quedamos quietos como estatuas, sigue siendo dinámico?

–Por supuesto.

–No corte… Me desmayo y seguimos.

–Es asombroso y no lo es. El Universo, desde el Big Bang, es un libro inagotable. Ignoramos más de lo que sabemos.

–¿Anda Dios por ahí?

–Dios es una decisión y una convicción individual.

–¿Aun cuando Einstein dijo “Dios no juega a los dados”?

–Esa frase fue mal interpretada. Einstein se refirió al orden, a las leyes de la física cuántica. Es una metáfora.

–¿En este momento, mientras hablamos, ¿es posible que haya otra colisión de agujeros negros y sus correspondientes ondas gravitacionales?

–Desde luego. Y también que nos lleguen las se­ñales de otras colisiones de hace millones de años.

–El rumor popular dice que usted y su equipo pueden ganar el premio Nobel de Física. ¿Es así?

–En todo caso, deberían ganarlo quienes empeza­ron estas investigaciones hace décadas. Miles de científicos. Es bueno aclarar que el Nobel no es un campeonato deportivo. Que la observación del Universo, desde que Galileo apuntó al cielo con su telescopio (Nota: En el verano europeo de 1609) hasta lo que logramos en septiembre, no es otra cosa que una continuidad infinita. Porque insisto: las preguntas siempre serán más que las respuestas.

–Otra pregunta: ¿para qué sirve este descubrimiento?

–Por ahora para nada, excepto para seguir perfeccio­nando nuestros sensores. Pero mañana, quién sabe...

–Un amigo me preguntó si esto serviría para viajar en el tiempo, como en las películas.

–No. Desengáñelo.

En 1927, el físico alemán Werner Heisenberg enunció el Principio de Incertidumbre. En palabras simples, “el mismo acto de observar cambia lo que se está observando” En mayo de 2015, en un colosal y casi surrea­lista laboratorio de Ginebra, Suiza, se captó el Bosón de Higgs: hasta la fecha, la imagen más nítida de la partícula que podría haber generado el Big Bang: el comienzo del Universo. Entre los dos hallazgos, más Galileo, más Newton, más Einstein, más una infinita legión de mentes que hurgaron, investigan y seguirán escudriñando los grandes misterios del Cosmos, están Gabriela González y su equipo. Una chica cordobesa que, precoz, aprendió las palabras y los números, y algo más tarde captó la tenue señal de un brutal cata­clismo celeste. Para ello trabajó la mitad de su vida y seguirá hasta el fin, como lo decidió el luminoso día en que se encontró cara a cara con la Teoría General de la Relatividad enunciada por ese genio burlón que solemos ver melenudo, despeinado y sacándonos la lengua. Una vida que vale la pena.

Fuente: Entrevista de Alfredo Serra en Gente

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