“En la sociedad argentina se volvió peligroso ser joven”

Sergio Sinay analiza la cruda realidad que viven hoy los adolescentes

Escritor, periodista y autor del libro La sociedad de los hijos huérfanos. El femicidio de Anahí Benítez, de 16 años, y el suicidio de una chica de 15 en plena clase de Geografía, son el reflejo de un drama donde imperan la violencia de género, el acoso callejero y el bullying. Según las últimas cifras conocidas, cada día mueren diez argentinos de entre 10 y 19 años.

13/08/2017

Actualidad

Entre La Plata y Lomas de Zamora hay 80 kilómetros de distancia. Sin embargo, durante la última semana estas ciudades se vieron más unidas que nunca. Sus habitantes, y también los del resto del país, lloraron la muerte de dos adolescentes.

“Buscan a Anahí Benítez, una joven desaparecida en Lomas de Zamora”, titulaban varios matutinos el lunes 31 de julio. Mientras familiares y amigos de la estudiante de 16 años marchaban para pedir por la aparición de Anahí, el intento de suicidio de Lara, de 15, conmocionaba a la ciudad de La Plata. “Continúa internada en terapia intensiva en el Hospital San Martín. Su estado es muy grave”, informaban desde ese nosocomio. Las cifras que vinculan a los jóvenes con la muerte son contundentes. Según el informe Para cada adolescente una oportunidad, de Unicef, en Argentina, sólo en 2015 murieron 3.533 adolescentes de entre 10 a 19 años, lo que representa diez muertes diarias. Seis de esas diez se deben a causas externas, entre las que se destacan los accidentes de tránsito, los suicidios y las agresiones. En estas últimas podrían incluirse –por qué no– los femicidios. De acuerdo con el registro nacional elaborado por la organización Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), en nuestro país es asesinada una mujer cada 26 horas. ¿Las más afectadas? Las jóvenes. El trece por ciento de las víctimas tiene entre 16 y 20 años.

“En la sociedad argentina se volvió peligroso ser joven”, apunta Sergio Sinay, escritor, periodista y autor del libro La sociedad de los hijos huérfanos. Y sigue: “Los femicidios se repiten y, mientras buscamos a los asesinos, perdemos de vista que las jóvenes están en riesgo porque son indefensas”.

–Amén del contexto social, ¿es la adolescencia un momento de vulnerabilidad?

–La adolescencia siempre fue una etapa difícil en la vida de las personas. A veces los adultos se olvidan y les queda la idea de “juventud, divino tesoro”, que en realidad es un recorte de los momentos agradables de aquella época. A los jóvenes les cuesta transitar la adolescencia, porque la identidad y la psiquis están en construcción. Durante ese período –que va de los 13 a los 18– nada es estable, y eso a veces genera inseguridad, angustia o impaciencia.

–¿Qué diferencia hay entre los jóvenes de hoy y los de hace treinta años?

–En lo formal, no transitan la misma adolescencia. El contexto es distinto, pero las emociones humanas son las mismas. Las personas que dicen “no entiendo a los jóvenes, en mi época éramos diferentes”, es como si se hubieran ido a dormir y hubieran amanecido rodeados de extraterrestres. Cualquier conducta adolescente que parezca disruptiva para los grandes, es un pedido desesperado de “Mirame”, “Guiame”, “Acercate”, “Ayudame”.

–¿Y cómo se guía a un adolescente?

–Ellos necesitan y buscan referentes todo el tiempo. Hay padres que les tienen miedo: creen que si opinan algo con lo que su hijo no está de acuerdo se va a romper el diálogo. No es así. Dialogar no es sinónimo de estar de acuerdo en todo, sino de intercambiar ideas distintas con respeto. Hablar, decir, preguntar: “Te veo triste. ¿Te pasa algo?”. La relación padres/hijos no es entre pares. Ni de amigos. Es asimétrica y tiene que ser así, para que cada uno cumpla con sus funciones.

“MI MISION PRINCIPAL ES EL SUICIDIO”. “El jueves voy a suicidarme en la escuela y lo voy a transmitir en directo”, anticipó Lara (15) en la red social Voxed.net. Y siguió: “Voy a robarle el revólver a mi papá antes de salir para el colegio y pienso pegarme el balazo en la primera hora, así que si no se quieren perder el directo, van a tener que estar atentos a las 7.50 de la mañana. Tengo cinco balas. Si en ese momento da para matar a tres o cuatro compañeros, joya; pero mi misión principal es el suicidio”. ¿Qué la llevó a tomar semejante decisión? Según fuentes de la investigación, una de las hipótesis podría estar vinculada al bullying. “El hostigamiento existió siempre. La diferencia es que hoy en día adquirió formas más masivas debido a las redes sociales”, explica Sinay. Con respecto a ese tema, la serie Trece razones –que cuenta la historia de una joven que se quita la vida y deja grabados trece casetes, en los que detalla los motivos de su decisión–, de Netflix, abrió la polémica. Tal como reveló un informe en el Journal of the American Medical Association (JAMA), durante los 19 días posteriores al lanzamiento de la tira hubo entre 900 mil y 1.500.000 más búsquedas de lo habitual relacionadas con el suicidio. “La frase ‘cómo suicidarse’ aumentó un 26 %, ‘suicidarse’ un 18% y ‘cómo matarse uno mismo’, un 9%”, dijo el coautor del estudio, Mark Dredze, profesor de Ciencias Informáticas en la Universidad Johns Hopkins.

–¿Es posible que un producto televisivo incite a los adolescentes a quitarse la vida?

–No. Los suicidios se cocinan a fuego lento. La mayoría están vinculados a falta de amor, de presencia y de diálogo familiar. Lamentablemente en nuestra sociedad funciona mucho esto de buscar un culpable para no hacerse cargo. Hoy es Trece razones, pero la realidad es que siempre hubo programas de televisión con contenido violento. Una serie no va a insertar desde afuera algo que no se haya estado gestando en el interior de una persona.

–Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes.

–La idea de la muerte, como muchas otras ideas emocionalmente extremas, suele estar en la mente de los adolescentes. Coquetean con ella porque no tienen una gran comprensión de lo que verdaderamente es. En algunos casos, como el de la adolescente francesa que transmitió su muerte vía Periscope, quieren hacer del suicidio un espectáculo. Hay una fantasía de que ellos también van a ser espectadores de esa puesta en escena y que, además, van a recibir muchos “Me gusta”. Pero la realidad es que no van a verlo, porque van a estar muertos.

–¿Cómo se puede generar conciencia de que la vida vale la pena?

–Hay que explicarles que la muerte no es un episodio más sino que, literalmente, se acaba la vida. Pero para que a un chico le importe o le asuste que su vida se acabe, tiene que haber razones para seguir viviendo. Creo que cuando alguien intenta suicidarse no quiere morir, sino dejar de vivir de la manera en que lo está haciendo.

–Y en eso la familia y la escuela tendrían un rol fundamental, ¿verdad?

–Primero la familia. La escuela no puede reemplazar a los padres, ni viceversa. El colegio no es un taller mecánico donde vos dejás a un chico a la mañana y lo pasás a buscar a la tarde. Hay que estar presente siempre. Mi teoría es que ésta es una sociedad donde hay muchos huérfanos de la peor orfandad, una orfandad con padres vivos. Padres que no están dónde y cuándo tienen que estar. De manera física y emocional, en la transmisión de valores y en la educación. Cuanta mayor presencia, atención, diálogo, amor y cumplimiento de funciones paternas y maternas haya, menos episodios de este tipo habrá.

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