estrenan La cordillera

Ricardo Darín y Dolores Fonzi hablan del cine, la tele, las redes sociales y la actualidad nacional

Ella es la actriz que más trabajó con Ricardo (60) y él, el actor que más lo hizo con Dolores (39). Esta semana estrenan La cordillera, de Santiago Mitre, donde Darín encarna a un presidente argentino y Fonzi a su hija, “en medio de una relación amor-odio que generará polémica”. Aquí, en exclusiva, hablan del cine, la televisión, las redes sociales y la actualidad nacional. “Argentina sigue siendo el país de las oportunidades”, afirman.

15/08/2017

Actualidad

Nunca soñé con ser presidente –dice Darín–. No me vibra por ahí.
–Yo tampoco –se suma Fonzi–. Sin embargo, cuando veo tantas cosas para arreglar, me surge la fantasía... Arrancaría por legalizar elaborto.
–Yo de entrada haría especial foco en vivienda, salud y alimentación. Me reuniría con mi equipo y preguntaría: “¿Cómo se abordan?”. Y luego, con una mirada más larga, apuntaría a la educación, la base de todo.
–¿... Y si armamos una fórmula, Richard?

 

Los reportajes simultáneos con dos personalidades reconocidas y veneradas pueden representar un problema o una solución para aquel al que le toque escribirlos. ¿Qué lo determina? El bruto de la desgrabación. ¿Mediante qué aspecto? Cuanto menos intervenga el entrevistador, mejor será la nota. Casi un axioma del periodismo, que Dolores María Fonzi y Ricardo Alberto Darín acaban de apuntalar en los 53,08 minutos de conversación con GENTE, a raíz del estreno de La cordillera, filme que protagonizan pero, en especial, de un aprecio mutuo y una vocación compartida.

Ricardo: Trabajar con ella es una beca. No sólo por lo actoral: se trata de una compañera de lujo.
Dolores: Resulta difícil encontrar a un colega como él, que tome de manera tan cariñosa las sugerencias. Nos conocemos desde El aura, hace...
R: ... doce años. Compartimos una mirada amplia. A los dos nos gusta dirigir, explorar un guión, exprimirlo. Pero lo que yo destaco de Dolores, al margen de su creatividad y sentido del humor, es cómo te ayuda a sacar lo mejor. En ese sentido, nos parecemos.
D: Repetir lo que emana Ricardo suena a cliché. Es un señor actor. Todos nos embelesamos bajo la energía que impone en el set. Mientras a varios colegas no podés aconsejarlos –prefieren ensimismarse, algo respetable–, él se abre a las sugerencias, igual que yo.
R: Hay una química indiscutible... Igual, te adelanto que no voy a adoptarla. Nuestras familias ya andan entrecruzadas: nos frecuentamos, comemos juntos, existe una gran amistad de por medio.

–Yo nunca trabajé con una actriz tanto como con vos –asombra Darín.
–Cuatro veces –confirma Fonzi–. En El aura, Truman, Nieve negra, y ahora La cordillera. Pero pará, que vos sos el actor con el que más trabajé yo.
–Mmm... No sé. Laburaste bastante con Leo (lo dice por Sbaraglia, mientras carraspea). –Tres veces. Y tampoco te me pongas celoso.

“No existe connotación entre Hernán Blanco y un presidente argentino real –señala Ricardo sobre su personaje en el filme–. Aun conscientes de que va a haber una libre interpretación del espectador, la película no necesita mostrar un color partidario, ya que explora el sistema político en general. Agregarle ideología era cargar la balanza para un lado”. Dolores, que encarna a Marina, la hija, interviene: “Incluso puede ser una mezcla de todos los presidentes que tuvimos. El cine permite esa clase de vuelos”.

–¿Qué es el cine para ustedes?
D: Uffff. Puedo estar todo el tiempo hablando de películas, intérpretes, de directores antiguos y nuevos. Respiro cine.
R: Un milagro. Siempre soñé que le incorporen algunos sentidos, como el olfativo. ¿Y si la escena del bosque que mirás y escuchás oliese a bosque? Ves ahora los filmes del cine mudo y comprendés que aquellos tipos inventaron algo que perdura. El cine es una conmoción. Una película que te atraviesa, como una obra de teatro o un libro, probablemente te modifique algunos pensamientos. Probá sentándote delante de El padrino, con alguna de Scorsese, Woody, Bergman, Kurosawa...
D: A mí sin dudas la última que me atravesó fue La cordillera. Impactante, cine puro.

–¿Y con quién les gustaría trabajar a ustedes?
R: Ya no quiero trabajar. Prefiero ponerme un pijama, pantuflas y tirarme a jugar en la Play (se tienta)... A veces compartís el rodaje con alguien y pensás: “¡Qué bueno sería repetir en otra estructura narrativa!”.
D: O te moviliza un filme e imaginás lo piola de trabajar con su director. No obstante, más que los nombres, nos atrae hacia dónde puede llevarnos un proyecto

–Tu marido nos denunció de hacerle un trabajo subversivo durante la filmación de La cordillera. Y no podemos discutirle –concede Darín–. Vos me cuchicheabas cositas para meter y yo –admito– te obedecía.
–Pará: los dos competíamos a ver quién daba más indicaciones. Hasta que Santiago nos volvía a la idea. Bueno, por algo es mi mejor crítico –admite Fonzi.
–Igual que Flor (Bas) es mi mejor crítica. Notable productora: buena leyendo libros, sabe involucrarse sin invadirte, se le ocurren cosas geniales, no está intoxicada del ambiente. A mi esposa le confío un montón.
–Cierto, es súper práctica. Y no fue sólo la mejor crítica tuya... ¡Lo fue de todo el grupo! (carcajadas).


Se tientan y se ponen serios. Ella toma la sexta de sus siete botellitas diarias de Kanawa juices, que le permiten transitar una dieta détox (desintoxicante). El bebe un sorbo de café y disfruta de un tostado simple. Entonces juegan al ping-pong televisivo. Arranca Dolores: “En casa la tele está monopolizada por los canales infantiles”. Sigue Ricardo: “A veces paso por un ciclo de chimentos, me engancho aunque no sepa quiénes discuten, ¡y hasta tomo partido! Veo de todo. Deportes, documentales: soy de esa clase de retrasado ‘dental’ que puede clavarse observando cómo la hormiga soldado traslada hojitas a su nido”. Continúa Fonzi: “¿Viste la serie Master of None?”. Darín: “None”. Dolores: “¿The Night Of?”. Ricardo: “Sí, con Turturro... Vos tenés que sumergirte en Big Little Lies”, le aconseja.

–Mencionaban la relevancia de sus parejas a la hora del trabajo. ¿Es determinante la opinión familiar antes de incursionar en un rodaje?
D: Puedo tomar la decisión en soledad –lo he hecho–, pero es más divertido hablarlo con Santiago.
R: Depende. De golpe te encontrás con un libro inapelable, y te desafiás: “No sé cómo, pero voy a hacerlo”. Y con otros resulta mejor intercambiar opiniones. En mi caso, además escucho las del Chino (28, actor) y Clarita (23, técnica superior en Bellas Artes), quienes felizmente caminan el sendero artístico.

–¿Qué hay de Lázaro (8) y Libertad (6)? ¿Para dónde apuntarán, Fonzi?
–Pretendo que sean felices haciendo lo que quieran. Sucede que... El otro día mi hija nos preguntó: “¿Puedo hacer la próxima peli con ustedes, Santi?”. No sé si lograré evitarlo. Hoy no quiero pensar en eso.

–¿Cómo 39 años? –arremete sorprendido Darín.
–Sí, ya llegué, el 19 de julio –concede Fonzi bajando la vista–. ¿Vos?
–Cumplí 60 el 16 de enero. Si a los 6, cuando arranqué a full en el medio, me consultabas cómo me imaginaba a los 40, te respondía ‘muerto’; y a los 60, ‘como un anciano’. Y no... Depende de cómo te agarre parado. A mí los 60 me agarran de ida, mirando hacia adelante.
–Si a los 17, cuando debuté en la televisión, me recreaba con 39 pirulos, también aparecía una abuelita. Pero, no, ahora me siento de 14.
–Lógico, vos siempre fuiste una desubicada.


“El otro día, un tipo puso en las redes ‘¿Darín tiene 60?... ¡Qué viejo estoy!’ Me encantó”, admite Ricardo, ingresando en un doble camino serpenteante: la estética y las redes sociales. Sobre el primero, bromea Dolores: “Nos convertimos en actores porque somos demasiado altos para modelos –risas–... Yo me cuido la piel. Como bien... cada tanto. Hago ejercicios. Vos jugás al tenis, ¿no, Richard?”. “Sí –acepta Darín–, y a veces ando en bicicleta y camino, aunque no todo lo recomendable. Necesitaría fortificar las patas. Si ahora no elongo bien, reconozco, termino de practicar deporte y me quedo duro, jajá”.

–¿Cuál es el mayor precipicio que debe sortear un intérprete que, como ustedes, se convierte en celebridad? ¿La fama, los grandes halagos, las temibles críticas?
R: Como es un trabajo de gran exposición pública, el mundo opina, y como el mundo opina, si no te encontrás en eje podés terminar encerrado en tu casa por una semana. De ahí que cuando lográs reconocimiento –no hablo de fama, eh–, empezás a sentirte más a cargo de lo que elegiste. Es un oficio extraño. Cuesta conseguir estabilidad económica y profesional, y en el caso de que la logres, tampoco perdés esa fragilidad intrínseca de que venga uno, te mande un “hoy estuviste como el culo”, y la bala te atraviese fuerte.

–¿Cómo se llevan con las redes, tan tiernas, tan crueles?
D: Sirven de canal directo con el público y entretienen, pero cuidado, porque son un poco adictivas.
R: Siempre me replanteo no darles más bola, y recapitulo.  Ocurre que hay un aspecto del que no me puedo desligar, relacionado a colaborar: ¿Cómo mirar para otro lado cuando desaparece un pibe de 14 años y te piden que ayudes a encontrarlo? Aunque te quiten energía, las redes son una herramienta de enorme utilidad.

–No sé a quién votaré en octubre –cuenta Fonzi.
–Voy a estar de viaje, filmando en España –añade Darín–. Aunque creo que si estuviera, yo sí sabría a quién votar.
–¿Sabrías?
–Sí, pero mejor dejalo ahí… Ya tengo suficientes quilombos.

Mientras Dolores lee en su celular que partió la empleada y los hijos quedaron a cargo de Santiago, vuelve a escena La cordillera, el sexto largometraje justamente de Mitre que, tras ser exhibido en el Festival de Cannes, viene llegando a los cines del país cargado de expectativa general, cartelera callejera y referencias nacionales contemporáneas. “Me interesa la historia argentina desde los testigos directos, como mi abuela Cocó, de 92 años, ¡que tan sorprendida relata las diferencias entre la época de su juventud y la actual!”. Ricardo acota: “Yo busco informarme a través de las controversias, con los que se meten por la hendija y miran más allá de lo que nos contaron. Somos una mezcla de culturas, fruto de las inmigraciones. Nuestros ancestros explican quiénes somos ahora”.

–Santiago declaró en una nota a La Nación que “hoy la gran obsesión argentina es la política”. ¿Dejamos de discutir tanto de fútbol y de chismes?
D: Cuando yo era chica, en mi entorno no se hablaba de política. Con el tiempo surgió un despertar al debate, y dejó de haber sólo una línea de información.
R: Se debe a tu juventud. Es entendible para una comunidad
como la nuestra, a la que le costó tanto pisar la continuidad democrática, viniendo de una dictadura en la que no podías ni mencionar lo que pensabas... Aunque los argentinos ya empezamos a discutir ciertos temas importantes, aún no enfocamos bien cómo apuntar en la misma dirección si diferimos en el método.

–¿... La famosa grieta?
–Si es así, viene de colorados y azules, federales y unitarios. Ella el otro día lanzó una frase luminosa: “En el cine no hay grieta”. Yo sentí que ahí se prendió una luz, surgió una idea reveladora.
D: Es que más allá de que haya partidarios de una u otra idea política, de a quién votemos, el cine es cine, y es uno.
R: ¡Exacto! No te podés transformar en mi enemigo porque pienses distinto. La Argentina sigue siendo el país de las oportunidades, pero requiere del convencimiento de todos. Me cuesta desprenderme de la mirada por ejemplo de mis abuelos, que llegaron a principios del siglo pasado escapando del hambre y se encontraron con un lugar de oportunidades. Tipos que pensaron para adelante.
D: Es el país de las oportunidades, aunque también una tierra amenazada que debe ordenarse. Hablábamos de nuestra área y yo puedo afirmar que, si bien acaba de asumir un nuevo vicepresidente (Fernando Lima) en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, el bolonqui del último año hizo que a mí se me cayeran cinco películas que iba a filmar.
R: Y ahí no hay grieta. Desde los técnicos a los actores, eso nos baña a todos.

Por Leonardo Ibáñez. Fotos: Christian Beliera, AFP, L.R.I. y Pablo Franco y Diego Araya (filme)

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