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Paula Chaves: “Quiero volver a casarme, entre el destete de Balta y mi tercer embarazo”

A los 32 –tras la llegada de Baltazar, su segundo hijo, decidió dedicarse full time a la familia. Intima, la figura de Multitalent habla de su campaña anti-cesáreas innecesarias, de su plan de ser doula “para concientizar sobre el buen nacer” y de cómo es ser “la manager” de Pedro Alfonso, su marido. Manías y secretos de una nueva ama de casa.

28/03/2017

Actualidad

No consiguió pecorino, pero –según papá, quien sugirió la receta en un acto casi solidario– el parmesano también vale. Paula Chaves (32) –“cero en creatividad culinaria, pero diez en voluntad”– prepara carbonara, “¡porque no puedo tener a mi marido a rúcula y pechuga!”. Deja de cortar panceta para dormir a Baltazar (el 2 de abril cumplirá seis meses). Y después de una graciosa puja con Pedro (Alfonso, 37) por si Olivia (3) debería decir “malla” o “traje de baño”, les desea suerte en su rato de pileta. Entonces, un suspiro la acomoda en el sofá.

–Ama de casa: ¿elección o circunstancia?
–Hoy elijo ser ama de casa. Hubo un quiebre importante después de un ataque de locura que viví en diciembre: Pedro en Carlos Paz; la ciudad, en caos; mi bebé, estresadísimo... Iba camino al canal (eltrece, donde co-conducía Este es el show en vivo) y quedé atrapada en una manifestación. Tiré el auto por ahí y me metí en una concesionaria a darle la teta a Balta (entonces de dos meses). Llorando, llamé al productor: “¡Basta! No puedo más. Me quedo con mis hijos”. Me tomé un taxi y volví a casa. Así fue como me despedí del programa, desde una tablet. Si el ciclo seguía al aire, yo me bajaba. Venía de tres años sin feriados, un embarazo frente a cámaras y un trabajo en la punta opuesta a casa. Me encanta trabajar, pero nada le gana a una mínima línea de fiebre de alguno de mis hijos. Por ellos, rechazo todo lo que no se adapte a este momento de mi vida. Quedarse en casa es un gran trabajo, sin paga, pero con el tiempo mejor invertido.

–Creí que ya no quedaba registro de antifeminismo en tu generación.
–¡Somos muchas! Todas las mujeres de mi grupo de crianza de WhatsApp piensan así.

–¿Es la tribu de madres cultoras del apego que te acompañaron en el nacimiento de Olivia?
–No. Somos chicas de distintos puntos del país, con las que, sin conocernos personalmente, compartimos experiencias diarias sobre la maternidad. Coincidimos en una cuenta latinoamericana de Facebook, donde chateábamos sobre temas como la medicina respetuosa. Y como nuestras fechas de parto eran cercanas, hicimos privado por WhatsApp para acompañarnos.

 

–Hablemos de eso. Después de instaurar el debate sobre el colecho, levantaste la bandera del parto respetado, con una campaña anti-cesárea...
–¡Sí! Porque investigando, descubrí un mito atroz: una primera cesárea no supone una segunda, como nos hacen creer. La OMS (Organización Mundial de la Salud) reveló que hay un 70% de cesáreas en Argentina, cuando lo recomendado es un 15%. El error es nuestro: acomodamos el nacimiento de nuestros hijos a la agenda de los médicos y dejamos que inventen procesos, para no esperar el tiempo natural de las mamás. Todas salen a parir agitando un pañuelo a toda velocidad. ¿Para qué? Cuando llegan, les enchufan oxitocina artificial para bombear el útero y acelerar el nacimiento. Y claro, si el bebé no está listo quedará alto, por lo cual sus latidos bajarán. Entonces... ¡a cesárea! Lamentablemente, cuesta mucho encontrar un médico que te espere, porque no son 40 las semanas de embarazo: son 41. Yo recurrí al PSI, plan de parto sin intervención –olvidemos que el parto respetado es ley–, y me hice esperar durante dos días. Tuve el trabajo de parto en la clínica, con Pedro y la partera al lado. Balta nació por parto natural, después de la cesárea de Olivia. Tal como aconseja la OMS.

–¿Ya se calmaron los ataques de las madres pro-cesárea en las redes?
–¡Fue terrible! Respeto a quienes prefieren la cesárea –que muchas veces salva vidas–, pero yo sólo intento concientizar antes de la elección. Cómo nacemos los argentinos es un tema heavy, y toda mamá debe tomar el poder frente al sistema médico. Yo investigué, me informé... ¿Sabés por qué hay tantos bebés alérgicos a la proteína de la vaca? Porque no pasan por el canal de parto, o porque muchas veces, cuando se lo llevan a la nursery para calmarles el llanto, les encajan una mamadera... ¡sin consultarle a la mamá!

–¿Cómo enfrentaste al “sistema médico” en el nacimiento de Balta?
–¡Entrás en una lucha! Yo pedí que me lo dejasen encima durante una hora, piel con piel. Me decían: “Vamos a pesarlo y medirlo, mamá”. Y yo: “¡En un rato, maestro! ¿Qué necesidad de hacerlo ya, a las 5:30 de la mañana? Sólo necesita estar conmigo”. Prohibí que lo sacaran de la habitación. Lo vacunaron sobre mi pecho y lo bañé yo misma, una semana después y en mi casa. Porque eso de que están embadurnados de sangre pasa sólo en las películas. Los bebés nacen con una película blanca, que se absorbe a los veinte minutos y es súper buena para su piel.

–¿Cuál fue la gran lección de la llegada de Balta?
–Paradójicamente, que no puedo controlar todo. A los diez días tuvimos que internarlo en Neo. Se contagió un moco de Oli y no le bajaba la fiebre. Después de luchar tanto para que no me lo pinchen, estuve cuatro días durmiendo en la silla de una sala de espera. Como si la vida me dijera: “¡Aprendé a soltar un poco, nena!”.

 

–¿Qué obsesiones de mamá pudiste destrabar?
–Por el momento, ya no abrigo a mis hijos hasta la asfixia. Y a él (sostiene un pie de Balta) lo tengo en patas todo el día. Aprendí que es lo mejor, porque lo ayuda a regular su propia temperatura, ¿sabías?

–¿Consideraste volcar tus investigaciones y experiencias en un libro?
–En diciembre me anoté y no pude. Pero este año voy a hacer un curso de doula (mujer, que ya ha sido madre y está capacitada para apoyar física y emocionalmente a otras durante el embarazo, parto y posparto). Quiero acompañar de cerca, y con conciencia, otros embarazos.

–A Olivia la presentamos oficialmente en una gran tapa de GENTE. ¿Por qué no aceptaron hacer lo mismo con Baltazar?
–Porque nos asusta la agresión en las redes sociales: desde comentarios ofensivos por la forma de cargar a mi bebé o cuentas con la cara de mi hija. Es una energía que no estamos dispuestos a asimilar. Cuando Oli tenga diez años, ¿cómo voy a explicarle que fue meme? (los gestos de su última aparición en ShowMatch son usados para hacer bromas en la red). No haremos un misterio de
ellos, pero no vamos a posar adrede.

–Y en este rol tan casero, ¿en qué te graduaste con honores?
–En organización. Tengo un marido muy desbolado... ¡Date vuelta! (sobre la mesa del comedor hay una pila de ropa entre la que asoman, por ejemplo, un dentífrico y un desodorante). ¿Tiene que vaciar su bolso ahí? Es que sabe que estoy detrás. Soy maniática del orden... ¿Y sabés cuándo me doy cuenta de que puedo estar freak? Cuando escucho a Olivia decir: “Si entrás a mi cuarto descalzate, porque la alfombra es blanca”, o: “Papá, ¿tanto te cuesta poner la ropa sucia en el tacho?”. Además, me volví tan buena administradora que hasta le manejo la carrera...

–¿Sos la nueva manager de Pedro?
–¡Como Wanda con Icardi! (se ríe). Ya lo voy derivando a Multitalent. Pero estoy atenta a su contabilidad, reviso los contratos y hasta le cerré el de la película (Cantantes en guerra, con José María Listorti). Me reuní con Josema y los directores (Fabián Forte y Nicanor Loreti), acordé el caché y las condiciones. Ellos me pasan el cronograma y yo le ordeno las jornadas de trabajo. Todo comenzó con el TOC de mi marido: como no responde al WhatsApp, cada vez que quieren contactarlo me escriben a mí.

–¿Con qué te da más trabajo?
–Como muchos creativos, tiene serios problemas de concentración (se ríe). Su plazo de atención es tan corto que antes de que llegue tengo que preparar un solo tópico para desarrollar, ¡porque es cuestión de minutos!

–Ama de casa vs. Autoestima: ¿del 1 al 10, en qué nivel estás?
–Fluctúa. Soy toda una caricatura de las de Maitena. Hay noches en las que reacciono: “¡Uy, no me bañé! ¿Cuándo se fue el día?”. Y lo veo llegar a Pedro de rodar, espléndido, con su cresta (look del personaje que interpreta en el film)... ¡y yo en jogging y sin tapa-ojeras! Entonces se cuela algún reproche: “¡Claro, vos podés comer, salir, ver a tus amigos...!”. Colapso. Muchas veces me sorprendo: “¡Ay, soy mi vieja!”. Repito todo lo que decía ella: “¡¿Por qué dejan todo tirado?!...”.

–Nunca hablaste mucho de Alejandra. ¿Cómo es la relación con tu mamá?
–Ahora mejor. Yo tuve mis momentos y ella los suyos: altibajos, depresiones y demás. Pero nunca dejó de estar presente, como pudo... Tal vez menos de lo que a mí me hubiese gustado. Pedro no tiene mamá, y a veces pienso: “¡Si mi vieja estuviese acá me simplificaría tanto...!”. Hace poco pasamos un día genial en el Four Seasons... Y después nos matamos. Y volvemos a amarnos. Así somos.

–¿Cuál de tus versiones elige Pedro?
–Pepe me prefiere ama de casa. Lo seduce este rol. Cuando me veo más fea y detonada es cuando más me piropea. De repente se cuelga viéndome dar la teta, despeinada a más no poder y me dice: “¡Qué linda estás!”. Claro que tenemos ritmos cambiantes y hay que saber ser ingenioso y creativo para que todo explote en los reencuentros (se ríe y recuerda que no hablará de sexo ni derivados). Cuando la pareja se desdibuja, no hablamos de crisis o conflicto: preferimos pensar que éste es sólo un rato en nuestras vidas. Ya tendremos 50 y andaremos solos por el mundo. Hoy elegimos disfrutar de los chicos, abocarnos a ellos por completo. De hecho, no quisimos contratar una niñera nocturna ni dormir en cuartos separados. ¡Este es nuestro modo de crianza!

Pedro abre la puerta y Olivia anuncia otro plan con papá: “¡Ahora vamos a hacer las voces de Clover y Sofía!” (personajes de La princesita Sofía, Disney Channel). Pero antes se acerca a su hermano para darle ocho besos continuados. “¡Ya está, Oli! Oli...”, repite Paula. “Así está todo el día. Por suerte le pegó la faceta ‘madre’. Lo adora. A veces me meto en la ducha y se lo dejo en el piso con juguetes, o le digo ‘bailale un rato’, y se pone todos los brillos que encuentra para hacerle cada show...”.
 

–¿El campamento de tu cuarto admitirá a otro integrante?
–Me encantaría un tercer hijo, pero tengo que convencer a Pedro. ¿Viste? Siempre dijo que quería cinco... ¡pero ya se dio cuenta! De todos modos, antes quiero volver a casarme.

–¡¿Eh?!
–Sí. Entre el destete de Balta y mi tercer embarazo. ¡Así puedo tomar alcohol como loca! (se ríe). Lo haría cada dos o tres años, como una confirmación y exactamente con la misma fiesta con la que celebramos la primera vez. ¡Todo el mundo dijo que no hubo otra más divertida!

Por Sebastián Soldano. Fotos: Christian Beliera.

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