Vuelta a casa

Paloma Herrera: “Quiero llevar al Colón los valores que formaron mi exitosa carrera”

A un año y medio de su adiós a los escenarios, la bailarina –uno de los exponentes más importantes de la cultura argentina en el mundo– vuelve al mítico teatro porteño como directora del Ballet Estable. Enamorada y reinstalada en Buenos Aires, confiesa: “No extraño la danza, quiero ayudar a construir talentos para el futuro”.

19/03/2017

Actualidad

Apoco más de un año de haber “colgado las zapatillas de punta”, Paloma vuelve al lugar que la vio nacer como bailarina. Para eso, hay que remontarse a 1982, cuando con apenas siete años subió uno a uno los peldaños de aquellas escaleras mientras su corazón latía con fuerza. Ese día arrancaban sus clases en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. El otro momento que la vincula con el mítico coliseo es cuando volvió al país luego de terminar sus estudios en la escuela de ballet de Minsk, en la actual Bielorrusia. Con tan sólo once años de edad, la eligieron para bailar Don Quijote. Fue una niña prodigio, un talento de los que aparecen cada tanto. Pero a ese don, Paloma Herrera le sumó sacrificio y así consiguió una carrera superlativa. A los 15 años fue contratada por el American Ballet Theatre, la compañía de ballet oficial de los Estados Unidos y una de las tres más prestigiosas del mundo. En 1999 fue elegida como una de las 10 bailarinas del siglo por la revista Dance Magazine, a la vez que la revista Time y la cadena CNN la distinguieron como “líder del milenio”. Tras 25 años de profesión, se despidió en el mismo lugar que la vio nacer: el Colón. Pero al parecer existe una suerte de magia que une a este lugar con la prestigiosa bailarina. Porque hoy, con 41 años, Paloma asumió como directora del Ballet Estable del teatro. Y la historia vuelve a comenzar. “Quiero llevar al Colón los mismos valores que formaron mi exitosa carrera”, confiesa en el inicio de la charla.

–Volviste a subir las escaleras del teatro, como lo hiciste a los siete años. ¿Recordaste en ese instante puntual aquella primera vez?

–¿Podés creer que sí? ¿Cómo adivinaste? Se me vino a la memoria la imagen mía ingresando a este lugar con los sueños a flor de piel…

–¿Quedó algo de aquella Paloma?

–Todo… En esencia me quedé congelada en esa época. Es lo que más maravillada me tiene. Esa pasión, ingenuidad, ganas, amor por la danza; todo sigue intacto.

–¿Qué cosas sentís que no cambiaron?

–Hasta el último día que bailé, siempre fui la primera en llegar al teatro, sin importar el rol que tuviera.

–Por todo lo que viviste y lo que significa el Teatro Colón en tu vida: ¿sentís que es un lugar hecho a tu medida?

–Totalmente. Yo me fui veinticinco años y, si bien nunca estuve en el Ballet Estable, siempre hablé maravillas de este lugar. Porque acá se brinda una educación gratis y llegan los mejores. Es un lugar que amo, de la misma forma que amo a mi país.

–¿Fue difícil dejar tu vida en Nueva York para volver a la Argentina?

–En los Estados Unidos tenía una carrera, mi departamento, todo. Pero jamás dudé en volver. Aunque vivía en un sitio privilegiado, siempre supe que el día que mi carrera terminara me daría a mi país. ¡Hasta mis novios siempre fueron argentinos!

–¿Nunca te enamoraste de un americano?

–Nunca… Yo sentía que mi lugar era acá, y que si me enamoraba de alguien de afuera y armaba una familia, me iba a costar mucho más volver.

–En 2015 le pusiste punto final a tu carrera. ¿Extrañás?

–Debo decirte que no, para nada. Te aseguro que las decisiones más importantes de mi vida siempre fueron súper fáciles. A los quince no dudé en irme a vivir sola a Nueva York. Y a los cuarenta, cuando decidí dejar, estaba totalmente convencida... Ahora no extraño para nada.

–Hoy volvés como directora del Ballet Estable. ¿Qué significa ese rol?

–Es un desafío muy grande que me llegó en un momento muy particular de mi vida. Terminé mi carrera, escribí mi autobiografía para Random House y cuando la entregué, me llegó esta propuesta.

–¿Dudaste en aceptar?

–Lo pensé mucho… Estaba muy feliz con mi nueva vida, armando mi casa en Palermo, y me llegó esta propuesta. Quería tener una vida más tranquila. Pensá que desde muy pequeña llevo una vida súper intensa. Por ejemplo, desde los siete años que no me tomo un día de vacaciones. Pero bueno, me gustó el desafío y lo acepté nomás.

–¿Qué cosas les querés transmitir a los bailarines que tengas a tu cargo?

–Principalmente los valores que deben tener. Independientemente del talento, hay muchas cosas que van a definir si llegan alto o no. Sólo se tienen que preocupar por el arte, no por ganar plata o ser famosos.

–¿Esos valores los traías de tu casa o fuiste adquiriéndolos?

–No, me los inculcó mi familia. Mis papás, Marisa y Alberto –la luz de mi vida– me acompañaron siempre, y me dijeron “Hacé lo que quieras”. Me dieron toda la libertad y confianza.

–Hay un debate en la Argentina sobre los valores: en muchos lugares parecen haberse perdido. De ser necesario, ¿creés que vas a poder motivar a quienes dirijas, para que cultiven esos valores?

–Estoy convencida de que sí. Porque viví 41 años así y quiero creer que existe gente idealista como yo que intentará pelear por esos valores.

–Maximiliano Guerra dejó el puesto que vos ocupás a raíz de una pelea pública con bailarines. ¿Hablaste con él antes de asumir?

–No, porque, si bien bailé con él, nunca tuvimos una relación muy personal. Sí me llamó Julio Bocca, me felicitó y se puso a disposición.

–Desde ahora, ¿vas a ser una de las responsables de que la Argentina siga formando grandes bailarines?

–Voy a trabajar mucho para que eso pase. Es fundamental que esa inspiración vuelva a florecer, que la gente muera por bailar acá y que no se quiera ir a estudiar al exterior. –Con tantos cambios en tu vida, ¿cómo anda tu parte sentimental? ¿Estás en pareja?

–Hace dos meses que lo estoy y, si bien no hablo de mi vida privada, te puedo decir que este hombre me hizo volver a creer en el amor.

–¿Ser mamá es algo que te quita el sueño?

–Mi vida es una caja de sorpresas y espero que las cosas lleguen, no planeo nada. Pero jamás me imaginé con el príncipe azul, el vestido de novia y los hijitos. Yo sólo soñé con el baile. Y así, mi vida me encanta.

–¿Vas a estar atenta por si otra Paloma de siete años sube las escaleras para comenzar sus primeras clases?

–Por supuesto, no hay nada más lindo que atraer al público y conseguir esa magia y esos talentos que te llenan el alma… ¡Yo los voy a buscar!

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