sigue la polémica por la tapa de GENTE

Osvaldo Laport: “Entiendo a Oreiro: el rol como embajador es visibilizar las crisis humanitarias”

A punto de cumplir 61 años, regresa como director de la obra Beatnik al teatro Ludé (jueves, 21 horas). Aquí habla sobre el espectáculo. Sostiene que “a mis personajes, como Guevara, los armé yo; no fueron escritos así”. Y como embajador de ACNUR se mete en la polémica por el viaje de Natalia Oreiro a Africa: “A los que critican, les preguntaría qué hacen ellos por los demás, y por sí mismos”.

12/08/2017

Actualidad

Está a punto de cumplir 61 años. Será el sábado 12 de agosto, y promete “hacer unas patas de cerdo al horno de barro” para sus íntimos. Sin embargo, lejos de quedarse en su casa recordando viejos éxitos, Osvaldo Laport no se detiene. Recién terminó la gira de Sálvese quien pueda, y este jueves a las 21.00, en el teatro Ludé (Montevideo 842) dará un golpe de timón, regresando como director de la obra Beatnik. Es la segunda vuelta de esta pieza ya que, dice, “nos quedamos con ganas de más. Fue muy cortita la temporada en el Cabaret del Maipo el año pasado, porque sólo tenían disponible un mes”.

–¿Qué te atrapó de esta obra?
–Es un espectáculo de texto, de culto. Hay muchos seguidores de la generación beat, cuyos máximos referentes son los escritores Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs. Fue un movimiento previo al hippismo, inspirador de muchas figuras del rock. Eran transgresores, buscaban la libertad sexual, protestaban contra la sociedad, estaba presente la droga... Además, tiene un texto donde no se puede ni se debe mentir. Con todo respeto por mis colegas, los actores a veces tenemos vicios a la hora de actuar. Y me incluyo. Como director, si eso sucede los cago a trompadas (ríe).

–Ah, si algo no te gusta sos de pegar cuatro gritos.
–No, jaja. Ellos dicen que estoy todo el tiempo dándoles amor y bajándoles las ansiedades. Me aseguran que nunca fueron dirigidos así. Eso me llena de alegría, es mi mejor cachet. Yo he sido víctima de directores con una estructura antigua, ortodoxa, con eso de “aprendete la letra y caminá de acá para allá” que no nos daba confianza. Yo no. Los ensayos los hacemos tomando
mate y tirados en el piso.

–¿Qué cosas te faltaban como actor que te impulsaron a dirigir?
–Me empujó Viviana (Sáez, su esposa).

–Estabas demasiado tiempo en casa...
–(Ríe) ¡Me manda a laburar! ¿Viste que con ella y mi hija Jazmín (que cumplió 22 el jueves 3 de agosto) estamos siempre apuntalándonos? Ella vio mi pasión, y que siempre estoy generando cosas nuevas.

–¿Nunca pensaste actuar en un proyecto tuyo?
–Me gustaría, pero no encontré el papel. Con humildad y respeto te digo: a todos mis personajes, como Guevara, los armé yo. No venían escritos así. Los directores en televisión, tal vez por mi trayectoria o por pudor, no se atreven a marcarme cosas, como hacen con los más nuevos.

–¿Con alguno te sentiste realmente dirigido?
–En Venezuela, con Luis Manso, y aquí con Sebastián Pivotto y Jorgito Bechara. Pero después, sin querer lastimar a nadie, no.

–¿Cómo terminó la experiencia de la gira de Sálvese quien pueda?
–Como grupo nos llevábamos bárbaro. Pero confieso: más que cansado, terminé fisurado. Reconozco que como fuente de laburo uno no debe renegar, y menos como está el país. Así que hubiese seguido. Pero la empresa definió eso.

–¿Les iba bien?
–Sí, aunque no tanto como el año pasado. Tengo entendido que de 30 compañías que salieron a hacer giras, quedábamos seis. Eso te habla de la realidad.

–El final de Fanny la fan propició una disputa sobre la falta de ficción en la televisión argentina. ¿Por qué creés que sucede?
–Yo viví épocas así. Pero la ficción no muere. Tiene etapas buenas y malas. En un momento, cuando estaba con Franco Buenaventura en Telefe, el 13 tenía a Miguel Angel Rodríguez. El canal estaba en crisis y recuerdo los titulares: “El fracaso de Laport”. Pero todo pasa. Hoy son las novelas turcas; antes eran las brasileñas, las mexicanas...

–Pero en México una ley protege la producción nacional.
–Deberíamos tener esa ley, así como salió SAGAI para proteger el derecho de los intérpretes. Pero como uno se ajusta el cinturón en su hogar por la realidad económica, las empresas hacen lo mismo. Y los canales de televisión son empresas.

–¿Por qué no estás en la pantalla?
–Yo estoy a la espera. Tal vez porque los productores saben que demando creatividad en los libros.

–Para terminar, y como sos embajador de ACNUR, quería tu opinión en la polémica que surgió después de la tapa de Natalia Oreiro en GENTE, donde se reflejó su viaje a Kenia con Unicef por la crisis humanitaria que sufre ese país a raíz de una tremenda sequía.
–Yo la entiendo. Como embajador de ACNUR (el organismo de la ONU que se ocupa de los refugiados) estuve en Africa, en Líbano, en Centroamérica... La oposición existió siempre, pero con las redes sociales está al alcance de todos y es más notoria. A mí también me dijeron por qué me iba tan lejos, pero mi rol como embajador, que va para once años, consiste precisamente en visibilizar las crisis humanitarias. La realidad argentina no es la de víctimas que huyen para salvar sus vidas, o de cataclismos. Si en algunas provincias hay hambre es responsabilidad del Estado, de los gobiernos de turno. No son crisis humanitarias. A los que critican, ni siquiera les preguntaría qué hicieron por los demás, sino qué hicieron por sí mismos, qué le pasa a su alma para agredir gratuitamente. En este caso, lo de Natalia es un aporte para tomar conciencia de que existen otras realidades. Son experiencias inolvidables. Y un privilegio.

–¿Y qué opinás sobre exponer una experiencia así en los medios?
–Sinceramente, no sé si a través de una tapa se puede lograr algo para Kenia... Ojalá se pueda. Pero como te dije antes, como mínimo se logra dar a conocer lo que sucede. Desde mi lado, en una visita que tuve con ACNUR a Pepe Mujica, se logró que Uruguay se sensibilice y acepte recibir a cinco familias sirias. De todas maneras, pese a que somos pueblos solidarios y sensibles, también tenemos instaladas la apatía y el desinterés. Hay egoísmo. Yo he venido de algún viaje humanitario y no siempre se me abrieron las puertas.

–¿Por ejemplo?
–Te cuento un caso de tantos. Tenía un living pactado en un programa de televisión. Y el remise en la puerta de mi casa. Pero de la producción no me atendían el teléfono. Al final me comuniqué con el canal, averiguaron con el programa y me dijeron: “No vengas. Les llegó un video de Maradona pegándole a su mujer en Dubai y vende más”. Esa agresión es igual o peor que las redes sociales. Así como cuento esto, poco tiempo atrás me llamó Osvaldo Santoro, de SAGAI. Pensé que era para un proyecto, pero no...

–¿Para qué era?
–Te confieso: cuando me lo dijo lloré, me quebré: SAGAI tomó la decisión de ocupar uno o dos puestos de laburo con refugiados que estén en la Argentina. Todo eso lleva un proceso, pero lo vamos a hacer. Igual ya sé: cuando suceda me van a bardear lo mismo que a esta piba.

Por Hugo Martin. Fotos: Christian Beliera y archivo Atlántida.

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