Marcelo Bielsa

"Me voy a quedar acá, en el campo, por un tiempo largo"

Al día siguiente de renunciar como técnico de la Selección, se refugió en el campo de su suegro en Máximo Paz, provincia de Santa Fe, y contrató a albañiles y pintores para hacer algunos arreglos. Sus amigos dicen que está de buen humor, mucho más distendido y que por ahora no piensa en volver a dirigir.

21/09/2004

Actualidad

En el campo que su suegro, Nieto Bracaletti, tiene en Máximo Paz, Marcelo Bielsa -el ex director técnico de la Selección nacional que el martes 14 sorprendió al mundo renunciando a su cargo- convive entre tachos de pintura, fratachos, cemento, cal y arena. Hace dos semanas, contrató a unos albañiles para hacer algunas remodelaciones: "Me voy a quedar acá, en el campo, por un tiempo largo", fue lo que les dijo antes de que pusieran manos a la obra, mientras él realizaba su habitual entrenamiento -una hora y cuarto de trote lento- por la cancha de fútbol que tiene en el lugar.

El miércoles 15, llegó a Máximo Paz, un pueblito de 4.200 habitantes a 80 kilómetros de Rosario, junto a dos camionetas que le trajeron desde el predio de la AFA "toda su ropa y cientos de videos que tenía de los equipos que enfrentaron a la Selección en estos seis años", contó uno de sus amigos. Lo primero que hizo fue visitar en Alcorta -a dos kilómetros de su casa- a sus conocidos de siempre. Después recibió la compañía de su familia, a quienes no veía desde hace varias semanas, y se dedicó a preparar en un anotador todo lo necesario para encarar las reformas del casco de la estancia. El sábado, a las 13, comió un asado con los albañiles y los caseros, y se animó, como nunca lo había hecho con ellos, a desgranar anécdotas de sus últimos viajes a Perú y a Grecia, pero sin relación con el fútbol.

"Lo vimos de muy buen humor. Nos confesó que en la Copa América, la noche previa al partido con Brasil, salió a correr a las cuatro de la mañana porque no podía dormir. Los encargados de la seguridad del lugar pensaron que era un ladrón y lo corrieron por todo el predio al grito de: 'Quieto o disparo'. Después hizo muchos chistes y nos regaló la parrillada que nos había prometido cuando llegó -contó uno de los comensales-. Nos pone muy contentos verlo tan feliz. Dentro de unos meses todos los argentinos nos vamos a dar cuenta del entrenador que perdimos: honesto y trabajador como ninguno."

Sergio Oviedo
fotos: Julio Ruiz

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