Natalia Oreiro

“Me siento más madura, más libre y más enamorada que nunca”

Encabeza junto a Facundo Arana, y por <I>Canal 13</I>, la ficción <I>Sos mi vida</I>, el gran éxito de 2006, que ven cada noche casi tres millones de personas, y asegura que transita “<I>una etapa mágica en lo personal y en lo laboral</I>”. A los 28 años, la actriz y cantante uruguaya cuenta, además, que sigue una religión “<I>verde</I>”, habla de manías, de su crecimiento personal, y se define respecto al sexo y su cuerpo: “<I>No soy recatada en nada, ni corpiño uso</I>”, lanza la mujer de Ricardo Mollo.

25/04/2006

Actualidad

No parece la dueña del rating. Cuadro de situación: atiende personalmente el timbre de su caserón del pasaje Santa Rosa, a cincuenta metros de la Plaza Serrano, en Palermo Soho. Abre el portón. Invita: “¿Vamos al estudio?”, y avanza informando sobre las bondades de las plantas y las flores que van surgiendo alrededor. Le pide a Coco, su labrador, que espere afuera, y deja que entre Tantra, la reciente madre de media docenas de canes, “de los cuales me quedaré uno, Simón”, anticipa la dueña de casa “¿Tomamos algo?”, ofrece. Y enfoca hacia la delicada bandeja que, apoyada sobre un tambor de batería, aguarda con una azucarera repleta de terrones de diversas formas (asoma uno en forma de corazón), dos tazas, varias galletas de chocolate y tentadores brownies. Acerca una caja de tés para optar. Ella elige uno de manzana y canela. Los sirve. Ofrece miel rusa. Entonces Natalia Marisa Oreiro (28, montevideana), la dueña del rating que, por su simpleza, no parece serlo, observa el grabador encendido y arranca: “Me encantan las producciones de fotos temáticas, meterme en la piel de un personaje. Sin embargo, no sé por qué, ahora necesitaba hacer algo natural, más de jean y camiseta, más reo, más como soy yo. Entonces me propuse: ‘¡Relajáte, nena!’. Y henos aquí, a punto de iniciar la entrevista”, se detiene, y aguarda.

–Celebramos su decisión consultándole: ¿qué le ocurre por dentro a la mujer más rea, más auténtica, que por fuera encabeza el éxito más fuerte, más resonante de la temporada?
–Supongo que tiene que ver con que, dentro de lo péndex que soy, ando cerca de los 30 y vengo viviendo un proceso de lógica maduración. Yo trabajo para ser consciente. A medida que crecía, fui dándome cuenta de que vivía las cosas con angustia o euforia. Ahora busco el término medio. Si bien me viene pasando algo súper bueno en lo profesional, estoy muy enamorada, y transito una etapa mágica. Aprendí que existen momentos altos, medios y bajos y que nada es gratuito, ni lo bueno ni lo malo. Y prefiero saberlo, además, para no vivir el éxito con pena por la presión y por la exposición.

–¿Cómo se controlan el ego y la soberbia en tiempos de 28 puntos promedio de rating?
–Reconozcamos que todos los actores somos egocéntricos. Descreo del que lo niegue. El tema es saber que existe y saber qué hacer con él. Es terrible esperar la aprobación continua para sentir satisfacción personal. Pobre del que a los 50 siga esperando la aprobación externa. Yo sigo combatiéndolo, pero creo que al ego ya empiezo a dominarlo.

–Ergo, ¿en qué cree Oreiro para no creérsela?
–Mi origen sencillo seguramente ayuda… Yo soy espirituosa, busco la armonía. Entonces prendo un sahumerio, leo cosas que me nutren. Tomo lo que me sirve y hago mi propia religión. Si tuviera que decirte qué religión sigo, pondría, aunque suene gracioso, una religión “verde”. Para mí no hay nada más importante que la tierra, la Pachamama. Soy feliz con la naturaleza. Como formo parte de esta locura del medio y demás, el contacto con la tierra me ayuda a saber que quiero interpretar personajes, no ser uno de ellos. Tampoco alimento la insalubre costumbre de mirar ansiosa los ratings. Hoy primero está mi corazón y después, el éxito y la televisión.

–¿Y por qué la iluminó a usted la varita y no a una doña Nadie? Algo distinto hay.
–Siempre escuché que tenía mucho ángel. Y al escucharlo sentía “¿Y por qué mucho ángel? ¿Por qué no que soy… no sé…?”. Ahora entiendo que la gente lo dice porque me siente cercana y me tiene cariño, y me encanta. Mi aporte extra es ser laburadora y prestar atención. Ricardo siempre me asegura: “Vos aprendés rápido, sos muy curiosa”. Y aprender me aporta para mi profesión.

–¿Huele a machismo el ambiente de la tele?
–Mirá: yo poseo buen humor y, al mismo tiempo, un fuerte carácter. Como trato de ser coherente, exijo coherencia. Cuando la coherencia no aparece, soy firme. Entonces me respetan. En verdad, o no siento el machismo o me mienten bien. Cuidado: no me alineo con el feminismo. Soy muy libre en mi manera de pensar.

–¿Qué le genera curiosidad del mundo de los hombres?
–Mmmm… yo no ando diciendo: “¿Qué pensarán de nosotras?” Ni ahí me parecen bichos raros. Si bien a veces el hombre –no todos, gracias a Dios–, es como más cuadrado, y la mujer tiene más redondez, hasta física, yo por suerte conozco varios que, por dentro, tienen la misma redondez que una mujer, y eso los hace doblemente atractivos.

–¿Le ha pegado un cachetazo a algún caballero?
–Imposible. Soy lo anti-agresiva. ¡No sabés lo que me costó aprender boxeo! Al principio, golpeaba y pedía perdón.

–Presumamos que se inventara una máquina que la convirtiera en señor, y entrara. ¿Se enamoraría de alguien como Natalia Oreiro?
–Creo que me daría miedo. Cuando estuve soltera, temía que nadie lograra conocerme. El primer impacto me importaba. Que me prejuzguen al descubrirme en la tapa de GENTE haciéndome la linda, por ejemplo. Porque yo soy sencilla, normal, ninguna loca.

–¿Ha roto algún espejo?
–Admito que me daban ganas de partir uno que otro cuando me salían granitos. Por suerte, ya superé la etapa adolescente.

–¿Dése un puntaje frente a él?
–Un 12 (carcajada)… Todo lo que tengo es mío. Cero operaciones. Y eso me enorgullece. No me sacaría ni me pondría nada. Me asusta la posibilidad de quedar deforme… Ah, y aunque también tengo una interesante espalda, considero que la zona irresistible de mi cuerpo es la cintura. Yo suelo dejar que me la agarren. Y si se pasan de rosca, escapo…

–¿Zona física de desastre?
–Mis uñas de las manos. No sé lo que es una manicura.

–¿En qué se ve insoportable, Natalia?
–En lo perfeccionista. Y en que me molesta que alguien me masque chicle con la boca abierta. No te rías. Viene desde piba. No lo soporto. Transpiro, se me aceleran los latidos, la sufro mal. Para equilibrar, duermo genial y desconozco lo que es una pesadilla.

–Puertas adentro de su hogar, ¿se prende el televisor?
–Poco. Yo duermo unas cinco horas. Amanezco tipo seis de la mañana, y el santo de Ricardo casi siempre me lleva a la productora. En el día nadie enciende el aparato. Nos reencontramos cuando él vuelve de ensayar. Charlamos, compartimos Sos mi vida.

–¿Comparten? ¿Juntos? ¿Y sus escenas ligera de ropaje, y sus besos con Arana?
–Por suerte, y se lo agradezco a Ricardo, me tiene un enorme respeto como profesional. Si no llego, me graba los capítulos. Es re-compañero, y seguro que algunas partes no lo divierten, pero se lo banca. Igual, yo le doy mucha confianza… Luego cenamos, estudio, ponemos Duro de domar, En síntesis y a apoliyar. En momentos libres me muestra sus canciones nuevas, me enseña de guitarras.

–¿Usted encabeza alguna actividad hogareña del estilo tender la cama, planchar, coser, cocinar?
–Blanca, que me conoce desde que pisé la Argentina, se encarga de eso, aunque los fines de semana la cama la estiro yo. Planchar, coser, cocinar, no me interesa. ¿Y? Hay un montón de otras cosas. Para el caso, soy muy cariñosa (risas).

–¿Cuán importante es el sexo en su vida?
–Representa esa clase de momentos mágicos que, acompañados por amor, conforman la combinación perfecta. Yo, por suerte, tengo aparte lindos momentos de charla, de compartir. Me parece que en la pareja uno busca que se arme el puzzle, que convivan el yin y el yan.

–Nunca se animó a contar cómo fue su primera vez… ¿Ahora?
–Olvidáte. Por mamá.

–Aceptado. ¿Y la última?
–Basta de chistes. Y evitá interrogantes respecto a fantasías sexuales, puntaje como amante, etcétera. La matemática no entra en los sentimientos. Yo me enamoro del combo completo.

–Sumergida en la intimidad, ¿es más o menos recatada de lo que la gente sospecha?
–¿Qué sospecha la gente? En nada soy recatada. El otro día una chica me contó que le contó otra: “¿Natalia no usa corpiño?”. “No”. “¿Y el marido no le dice nada?”. Y no. Yo, que nunca usé porque tengo una medida tranquila, lo vivo con naturalidad.

–Imaginemos que no fuera Natalia Oreiro, con su suceso mediático. ¿Qué sería de su vida?
–Jamás lo pensé. Quizá en la actualidad diseñaría ropa, y a lo mejor residiría en el Uruguay, o en algún pueblito de Italia. Lo que sí, me agrada pensar que aunque me dedicara a la moda o la zapatería, sería una mujer feliz. Mi fórmula para ser feliz es conocerme, saber lo que me gusta, lo que no; poner límites; escucharme antes que escuchar. ¿A quién no le pasa buscar estímulos afuera, en la comida, en la ropa, en el gimnasio, en lugar de buscarlos adentro? Debemos buscarlos adentro.

–¿Sabe qué fue en su otra vida? ¿Sabe qué desearía ser en la próxima?
–Verdaderamente, no sé qué fui. En ésta, al llenar el formulario de Migración, escribo Artista. Y en la próxima me encantaría volar.

–¿También la maternidad quedará para la próxima vida?
–¡Malo! Tres amigas se convirtieron en madres durante 2005. Las miro con sus hijos a upa y pienso: “¡Guau! ¡Qué genial!”. Todas tienen más de 35.

–¿Su defensa para no encargar?
–De ninguna manera arrastré ni arrastraré el mandato de: “Me voy a casar”, “Voy a hacer la fiesta”, “Voy a encargar un niño”. Desembarqué acá sola, con 16 años. Di el sí en un barco. Sacá los mandatos de delante mío. Ya te lo mencioné: me siento más madura, más libre y más enamorada que nunca... El hijo vendrá cuando tenga ganas.

–Seguro. No obstante, hay que ayudarlo un poco…
–Bueno, para eso ya venimos practicando bastante.