"Me niego a perder la inocencia"

Martina Stoessel, confesiones íntimas de la última adolescente romántica

A los 19 años –y cinco de suceso inédito– fue nombrada entre las veinte mujeres más poderosas de la televisión mundial. Mientras se prepara para un 2017 “intenso e inolvidable”, comparte con GENTE el shooting de su Got Me Started Tour. El peso de ser ejemplo en un “mundo tan raro”, la deseada dependencia familiar y su fe en el amor. Confesiones íntimas de la última adolescente romántica.

08/11/2016

Actualidad

En Milán, la ciudad del estilo, Martina Stoessel (19) suelta el tour promocional de Tini por cinco destinos europeos, tras rodar el clip de Got me started en Los Angeles, bajo la dirección de Fátima Robinson, responsable de trabajos de Prince, Rihanna y Hilary Duff, entre otras figuras.

–Tan lejos, ¿qué aspecto de ese ser argentino enorgullece?
–El corazón. Más allá de los momentos tan difíciles que nos toca vivir, los vínculos que logran los argentinos, ese sentir tan de hogar, no se encuentra en otras partes del mundo.

–¿Y qué prejuicio duele más?
–Más que prejuicio, la sorpresa. Sin dudas, de lo que más se habla es de corrupción e injusticia. Y por más que uno trate de defender, te das cuenta de que vivimos equivocados. La gente dice: “¡Qué pena que siendo Argentina un país tan rico deban cargar con esa fama...!”.

–Sé que no te gusta usar la palabra “ídola”...
–No. Suena a desmesura. Prefiero “inspiradora” o “referente”.

–OK. El punto es que ser una mujer poderosa te coloca en un sitio de referencia para los de tu edad. ¿Pesa ser ejemplo?
–Muchas veces me siento muy diferente al resto del mundo. Todo está tan raro, que a menudo me pregunto si los chicos de mi generación querrán escuchar lo que tengo para decir. Entonces dudo: “¿Sigo intentándolo? ¿Vale la pena?”. Y encuentro la respuesta en las cartas de las chicas que me siguen. De ahí saco aliento. Entonces, entiendo que esto que vivo es una gran oportunidad.

 

–¿Cuáles son esos valores personales que dan sentido a la oportunidad?
–Soy una chica sana. Es gratificante que en cualquier parte del mundo una mamá se me acerque diciendo: “Puedo dejar a mi hija sola frente al televisor viendo un video tuyo, una coreo o una entrevista, con total tranquilidad”. Hoy en día es difícil que eso suceda. Estoy orgullosa de la enseñanza de mis padres: manejarme en y con el amor. Y ahí está la oportunidad de la que hablaba: transmitir los valores de mi infancia; ese “sí, se puede”. Se puede ser buena persona. Se puede encontrar al amor de tu vida. La gente está perdiendo la esperanza, y yo estoy llena de fe.

–Es ese romanticismo lo que te diferencia de otras figuras juveniles de Disney, que apelaron a la transgresión extrema. ¿Sobrevivís al fin de la inocencia?
–Es difícil sostenerla en estos tiempos, cuando se calma el llanto de un chico de tres años con un iPad. Lo manejan mejor que un adulto. Tienen acceso a todo. Hoy se crece antes: a los 11 se entiende lo que debería comprenderse a los 15.

–¿Da miedo que ser “la chica blanca” te expulse del mercado?
–Cero. La música está para decir, como se quiere, lo que se siente. Y lo mejor que nos puede pasar es tener mucho para elegir. Si ocurriese, seguiría siendo igualmente feliz: jamás dejaría de ser fiel a mí misma por ser “cool” o “pertenecer”. Me mantengo al margen de los rebaños, como lo hago con el alcohol o el cigarrillo. Actúo y pienso como quisiera que mis hijos me vean el día de mañana.

–¿Cuál es la clave para salvarse de los excesos, en un medio y una edad en que los estimulantes se ofrecen con facilidad?
–Después de la euforia de un show, llegar al cuarto de hotel y estar solo puede ser devastador para un adolescente cuando estás lejos. Por eso, es importante que siempre haya alguien para abrirte la puerta. La clave es saber con quiénes rodearse, elegir a quiénes quiero escuchar: otra lección de mis padres. Mi abuela siempre decía: “Dime con quién andas...”. Sin cuestionar las lecciones ajenas, a mí me protege el amor. Antes hablábamos de las cosas que me hacen sentir una mujer poderosa... OK, una de ellas es la buena amistad. Conservo a las diez amigas de toda la vida (que conforman el chat), las que hicieron posible que no perdiese mi adolescencia.

–¿Hasta cuándo les seguirás pidiendo dinero a tus padres para salir?
–Recién ahora estoy comenzando a informarme sobre mis cuentas. Más allá de la confianza de saber que es un tema que está en manos de mis papás, es como que todavía prefiero no tener tanta conciencia de todo eso. Tengo mi auto y mi libertad (N. del R.: Aunque despotrique al negársele permiso para manejar hasta Cariló con sus amigas), pero me gusta ese ritual de pedirles para salir. Tanto como el dejarme mimar con un desayuno en la cama.

–Anteriormente dijiste que es posible encontrar al amor de tu vida. ¿Lo lograste?
–¡Sí! Soy de las chicas que piensan a futuro. Si elijo estar con alguien es porque me imagino toda mi vida con él. Abrí mi corazón a Pepe (Barroso Silva, 20) y quiero ir despacio, porque me gusta un montón. De todos modos, intento no presionarme: si no es, no es. La distancia se hace dura, pero es divertido extrañarse a los 20 años: cada reencuentro es como una primera vez. Cuando no coincidimos en alguna ciudad, seguimos conectados vía Facetime. Nos pusimos un máximo de tres meses: intentamos que no pase más tiempo sin vernos... ¡aunque nunca pasó ni un mes! (se ríe)

–¿Cómo se miran dos pop-teens? ¿Qué se subrayan uno al otro?
–Yo admiro la persona que es Pepe: maduro, centrado y sumamente caballero. Ve la vida diferente a los demás chicos de nuestra generación. (Le habla a él): ¿Y vos qué admirás de mí? Dice que le gusta verme arrancar el día con una sonrisa... (se oyen murmullos) Y que siempre quiero lo mejor para todo el mundo. Eso dice.

–En la última entrevista nos contaste que estaba pendiente la presentación oficial de los Stoessel. ¿Qué tal fue?
–¡Se cayeron súper bien! Pepe es muy educado. Mis padres, que nunca ocultan lo que piensan, le dijeron: “Gracias por hacer tan feliz a Tini”.

Por Sebastián Soldano. Fotos: Sean Gleason.

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